Carta pastoral de Fernando García, Obispo de Mondoñedo-Ferrol y Responsable de la Pastoral Penitenciaria de la CEE, con motivo de la la Fiesta de la Merced, patrona de las prisiones La Virgen de la Merced, cuya fiesta se celebra este domingo, está vinculada al mundo de la cárcel. Bajo esta advocación y bajo su protección se sitúa todo el mundo penitenciario, formado por las personas privadas de libertad, sus familias, los funcionarios que trabajan en este campo y todo el voluntariado, especialmente tantos cristianos que regalan su tiempo, su escucha y su compromiso en la pastoral penitenciaria. Una presencia de Iglesia fuertemente valorada en la cárcel, tanto por la propia institución como por las personas privadas de libertad. Esta fiesta nos permite poner nuestra mirada ante esta realidad de la cárcel: un mundo muy desconocido para el gran público, marcado por clichés cinematográficos y condicionado por los casos más mediáticos. Un mundo alejado de la vida cotidiana, situado siempre en el extrarradio de la sociedad y, lo que es más triste, sepultado ante nuestra indiferencia y nuestro olvido. Vivimos en una sociedad fuertemente vindicativa. Aunque parezca que hemos desterrado el “ojo por ojo”, nuestro concepto de justicia sigue buscando más la venganza que la redención. A veces miramos más con las emociones que con la razón, miramos más el delito que la persona. Ello nos impide acercarnos con una mirada serena a esta realidad de sufrimiento y marcada por la pobreza y la enfermedad. La Virgen de la Merced, sin embargo, nos habla de misericordia: la misericordia que define a nuestro Dios y que es la única capaz de generar vida allá donde se implanta. La misericordia que permite fijarse y centrarse en la persona para que, desde el cariño tan ausente en muchas vidas, y desde la libertad, se pueda engendrar un futuro nuevo y diferente. Un futuro que supere el pasado y que posibilite la plena integración en la sociedad. La celebración de este año para nuestra diócesis de Mondoñedo-Ferrol es especialmente significativa. Aunque en el territorio de nuestra diócesis no existe ninguna cárcel física, sí que existen personas privadas de libertad que proceden de nuestras parroquias, de nuestras familias, de nuestras comunidades. Por eso, tras un largo proceso de gestación en el que han estado muy comprometidas Cáritas Diocesana y la Pastoral Penitenciaria, surge un piso de acogida para personas privadas de libertad. Se trata de un nuevo recurso que la Iglesia pone al servicio de los últimos para acompañarlos y posibilitar su proceso de reinserción social. Con la ayuda de los técnicos y de un grupo de voluntarios, se permitirá a gentes de nuestra diócesis que cumplen condena en la cárcel de Teixeiro que puedan disfrutar de sus permisos de segundo grado más cerca de su familia, lo que redundará en un mejor proceso. De esta manera, este recurso se convierte en un nuevo espacio de misericordia situado en la ciudad de Ferrol para hacerla más humana y habitable. El proyecto ha sido bautizado con el nombre de “Alborada”: es el tiempo de amanecer, de rayar el día. Me viene a la memoria aquella parábola en la que el maestro preguntó a sus discípulos cuándo terminaba la noche y comenzaba el día. Un discípulo contestó: “Cuando hay suficiente luz para distinguir un perro de una oveja”. Otro le dijo: “Cuando puedes distinguir una morera de un higo”. Entonces el maestro respondió: “Cuando puedes reconocer a tu hermano en el rostro de otro ser humano. Hasta entonces será de noche”. Me parece un nombre hermoso para un proyecto que nos invita a salir de la noche y acompañar el rostro de hermanos nuestros que un día se equivocaron y que están llamados a vivir su tiempo de condena como tiempo de redención. Mi agradecimiento a los voluntarios de nuestra diócesis que se acercan a la cárcel de Teixeiro, de Bonxe o de Monterroso, por ser las manos de una Iglesia que quiere acoger y escuchar. Mi gratitud también a los voluntarios y agentes que van a poner en marcha este nuevo recurso. Que la Virgen de la Merced acompañe y arrope vuestros esfuerzos. Vuestro hermano y amigo. +Fernando, obispo de Mondoñedo-Ferrol
¿Por qué la Virgen de la Merced es Patrona de las prisiones?
Pedro Nolasco percibe a comienzos del siglo XIII una necesidad social y eclesialmente desatendida: había cristianos que eran hechos cautivos, prisioneros por su fe en tierra musulmana; escuchó la voz de Dios y de María que le pedía que fuese a liberar a los que se encontraban privados de libertad, en cautividad y fundó la Orden de la Merced en el año 1218: la redención de los cautivos se convierte en misión pastoral de la Iglesia y de la Orden de la Merced, a través de los mercedarios. Fueron 561 años de redenciones y libertades donde la Merced empeñó dinero, pero sobre todo empeñó vidas de religiosos mercedarios, que por su consagración religiosa se comprometían a quedarse rehenes por liberar a los cautivos. La última redención de cautivos por los mercedarios tuvo lugar en Argel y Túnez el año 1779. Así continuó la historia de las redenciones por parte de la Merced hasta el siglo XVIII, fecha de la supresión legal de la esclavitud. Una historia que está regada con la sangre de numerosos mercedarios, entre 300 y 500 religiosos de la Merced murieron en los inicios de la Orden de la Merced por quedarse de rehenes y no llegar el dinero establecido en el tiempo comprometido, que guiados por su compromiso religioso ofrecieron su vida por la libertad de los cautivos. Una sangre que no fue derramada en vano, pues historiadores de la Merced manejan la cifra de 60.000 personas liberadas por medio de redenciones mercedarias. Abolida la esclavitud, se nos exige una nueva respuesta, un ejercicio de adaptación a las nuevas formas de cautividad. ¿Qué lugar ocupa la Merced en la Iglesia y en la sociedad? ¿cuál debe de ser el quehacer de los mercedarios en nuestros días?. En la actualidad no hay esclavitud, ni cautividad. Iluminados por el carisma de redención, descubrimos unos nuevos cautivos, nuevos oprimidos, nuevos hombres y mujeres que necesitan de María de la Merced, son los presos. Abolida la esclavitud en el siglo XVIII los mercedarios van a visitar a las personas que viven en cautividad, atienden a sus familias, y acompañan procesos de prisión y de libertad. Tanto la sociedad como la Iglesia así lo han entendido, y el 27 de abril de 1939, la Virgen de la Merced fue declarada en España y en muchas partes del mundo, patrona de las prisiones: presos, familias, trabajadores de la institución penitenciaria celebran su fiesta. Mientras exista un preso la presencia de María de la Merced será necesaria en las cárceles, y la Iglesia deberá poner al servicio del cautivo su vida y su ser. Merced, palabra que significa y nos indica misericordia, beneficio, regalo, favor gratuito, solidaridad…, para las personas cautivas y oprimidas, es lo que pretende ser la Virgen de la Merced para los presos y sus familias, cuando cada 24 de Septiembre se celebra en todas las cárceles su fiesta, su recuerdo y su memoria. Misericordia es una palabra rica que significa tener un corazón con el pobre, con el necesitado, con el cautivo de hoy. María en este contexto nos sugiere una mirada al Evangelio, a descubrir a Cristo en el rostro de cada hermano encarcelado. Cada 24 de septiembre las cárceles se visten de fiesta, aunque parezca mentira es así. También hay fiesta en cautividad, en la cárcel. En torno a María de la Merced se organizan actividades, concursos, festivales… todo sabe a fiesta que culmina con la celebración de la eucaristía. Impresiona ver a un preso cantar a la Virgen, emocionarse cuando dice “Madre óyeme, mi plegaria es un grito en la noche…”. Y allí está ella, María de la Merced, arropando con su manto al hombre y mujer en prisión. Que cada año la Virgen de la Merced sea la protagonista de la Institución, de la prisión, eso nos recordará que la misericordia sigue viva, que la esperanza no está perdida y que la libertad nos estáesperando. P. Florencio Roselló Avellanas, mercedario, Director de la Pastoral Penitenciara de la la CEE
Nuestra Señora de la Merced: el alma de la Pastoral Penitenciaria
Carta pastoral de Mario Iceta, Arzobispo de Burgos Queridos hermanos y hermanas: «Que la cárcel sea laboratorio de esperanza, no solo lugar de pena». Estas palabras del Papa Francisco, pronunciadas en su última visita al personal de la prisión romana Regina Coeli, nos recuerdan la festividad de Nuestra Señora de la Merced, patrona de las instituciones penitenciarias, que celebramos la próxima semana. Esta advocación mariana, que insta a trabajar en comunión para transformar los centros penitenciarios en lugares de redención y pone el foco de manera especial en los internos, sus familias y los trabajadores, evoca la misericordia de Dios. «Tú, oh Dios, haciendo maravillas, mostraste tu poder a los pueblos y con tu brazo has rescatado a los que estaban cautivos y esclavizados». Estas palabras del Salmo 76 fueron repetidas por san Pedro Nolasco, fundador de la Orden de Nuestra Señora de la Merced (los Mercedarios), poco antes de morir. Tenía 77 años y, en la primera mitad del siglo XIII, dejaba a sus espaldas un legado de gracia, compasión y perdón que da sentido a un apostolado que sigue transformando vidas rotas en hogares de luz y salvación. La vida de Pedro Nolasco, llamado para salvar vidas y a preservar la fe, marca el alfa y la omega de una orden religiosa que guarda un detalle sumamente especial: los mercedarios se comprometen con un cuarto voto, añadido a los tradicionales de pobreza, obediencia y castidad de las demás congregaciones, que es el de liberar a otros debilitados en la fe, aunque su vida corra peligro. El fundador, que llegó incluso a comprar esclavos para rescatarlos, jamás dudó en entregar su propia vida si fuera necesario, cumpliendo así ese cuarto voto que distingue a esta Congregación religiosa. Y así se lo hizo saber a todos y cada uno de los hermanos que decidían entrar a formar parte de la Orden. Y así lo hicieron, en aquellas épocas difíciles, ocupando el lugar de algún cautivo que estuviese en peligro de perder la vida y la fe, en caso de que el dinero no alcanzase a pagar por su liberación. Un gesto que hoy, en los tiempos en los que vivimos, interpelan nuestro ser cristiano y que, tal vez, sobrepasan nuestra razón. En los comienzos de este año 2023, la primera celebración del sacramento de la Confirmación que realicé fue precisamente en la cárcel. Todavía hoy recuerdo con especial cariño aquel encuentro, así como el rostro de quienes participaron en aquella celebración donde el Espíritu Santo inundó de luz y calor aquél lugar necesitado de esta presencia que conforta y llena de esperanza. La Pastoral Penitenciaria, que acompaña a las personas privadas de libertad y sus familias a través de diferentes talleres, encuentros y actividades formativas, sella un compromiso de acompañar a quienes atraviesan esos momentos difíciles que marcan la vida. Y ahora me refiero a vosotros, voluntarios que os entregáis a este servicio, porque sois un regalo que siempre está presente para los demás, que acompaña y sana las pobrezas personales y espirituales. Pedro Nolasco reconoció siempre a la Virgen María como la auténtica fundadora de la Orden Mercedaria. Le pedimos a la Virgen de la Merced, patrona de las instituciones penitenciarias, que nos enseñe a amar a su manera y a no claudicar ante las dificultades; para que siempre estemos dispuestos a visitar al Señor sin que sea necesario preguntarle cuándo le vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verle; porque Él ya ha dejado escrito en nuestros corazones el mandamiento de nuestras vidas: «En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25, 39-40). Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga. + Mario Iceta Gavicagogeascoa Arzobispo de Burgos Consulta la memoria de la Pastoral penitenciaria 2023