La Casa de la Iglesia en Zaragoza ha acogido este jueves, 21 de septiembre, la presentación oficial de la nueva delegación episcopal de Ecología Integral, en un acto presidido por el arzobispo, Mons. Carlos Escribano. La nueva delegación de Ecología Integral nace como una novedad en la Iglesia aragonesa, auspiciada por el papa Francisco tras la publicación de su encíclica Laudato Si donde aborda las causas de las crisis sociales en el mundo desde una perspectiva medioambiental. La archidiócesis de Zaragoza, conocedora de las desigualdades que genera la explotación irresponsable de los recursos naturales en el mundo, promueve una conciencia social ante los retos que plantea la emergencia climática. Junto a los religiosos y laicos que ya trabajan en los países más desfavorecidos, la Iglesia zaragozana impulsa este instrumento de sensibilización con el objetivo de establecer un diálogo con la sociedad en su conjunto, a la vez que favorezca el encuentro entre ecología y espiritualidad. “Tiempo de la creación” La presentación de la delegación episcopal de Ecología Integral coincide con el Tiempo de la Creación, que se celebra bajo el lema “Que la justicia y la paz fluyan” desde el 1 de septiembre, Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la creación, hasta el 4 de octubre, fiesta de San Francisco de Asís. La delegación de Ecología Integral es una oportunidad de diálogo para la Iglesia con la sociedad Mons. Escribano ha expresado su satisfacción por la puesta en marcha de una nueva delegación que «abre nuevos espacios pastorales», y ha definido la encíclica Laudato si como «una propuesta interesante q se convierte en un gran reto para la Iglesia». Mons. Escribano ha agradecido el trabajo realizado por el equipo de personas que hay detrás de la puesta en marcha de la delegación. «Contamos con una herramienta que nos permite establecer puentes de diálogo con muchas realidades que nos rodean», ha concluido. Por su parte, el delegado de Ecología Integral, Carlos Revuelto, ha recordado los orígenes del proyecto, que tiene su génesis en la Red “Enlázate por la justicia”, que engloba a varias organizaciones de la Iglesia que ya trabajan desde hace tiempo por la justicia social. Revuelto ha explicado que el principal objetivo de la delegación es «promover una conversión ecológica en la diócesis, escuchando el clamor de la Tierra; de los pobres -las personas más vulnerables son las que más sufren la degradación medioambiental-; estar al lado de las víctimas de la injusticia social y climática; promover una economía ecológica, adoptando estilos de vida sostenibles y un consumo responsable; impulsando una educación ecológica y una espiritualidad Ecológica». La delegación se plantea tres líneas de acción: la sensibilización y formación social; el diálogo con el resto de la sociedad, especialmente con aquellos que llevan años trabajando como la Universidad, las organizaciones ecológicas y las asociaciones vecinales; y la “denuncia profética”. «Nos gustaría que las parroquias intervinieran en este proceso donde se puedan compartir experiencias y trabajar en red», ha dicho Revuelto, quien ha tenido un recuerdo para el medio rural aragonés. «Tenemos muy presente al mundo rural, que es una parte muy importante de la diócesis», ha declarado. Primeros actos: La delegación ha adelantado algunos de los primeros actos que se han organizado ya para las próximas semanas, como una oración comunitaria el próximo 23 de septiembre, en el Parque del Agua. Será a las 11:00 de la mañana y contará con la intervención de un naturalista que llevará a cabo un anillamiento de aves. La siguiente actividad tendrá lugar el 1 octubre, en el monasterio de las Canonesas del Santo Sepulcro, donde tendrá lugar una oración ecuménica a las 19:00 h. Finalmente, se llevará a cabo una vigilia de oración el 20 de octubre a las 19:00 h. En la iglesia de San Pedro Apóstol de Zuera. Conferencia La presentación ha contado también con la intervención de Sebastián Mora, profesor en la Universidad de Comillas, que ha impartido la charla ‘Hacia una ecología integral: compromiso, conversión y espiritualidad’. Mora lamenta que «son muchos los ciudadanos que asumen el discurso ecologista pero luego lo ponen poco en práctica. Esto exige un trabajo de “conversión ecológica”, un término que fue acuñado por San Juan Pablo II». Según Mora, esta conversión exige un cambio de mentalidad, un cambio en nuestras prácticas y un cambio en nuestras relaciones con la realidad, con la madre Tierra. «Todo está interconectado», ha dicho. Mora ha destacado también la importancia de que la Iglesia dé ejemplo a través de comportamientos responsables y prácticas sostenibles. Y ha denunciado que los más desfavorecidos sufren más los efectos del cambio climático y la contaminación. «La explotación irresponsable de los recursos naturales afecta sobre todo a los más pobres», ha dicho. Por otra parte, el conferenciante ha animado a la nueva delegación para que trabaje en que la Pastoral de la Iglesia esté conectada. «La Ecología Integral tiene que ver con la Catequesis, la Liturgia, Cáritas…». La charla ha culminado con un diálogo entre el conferenciante y el público asistente. Léelo en su fuente original
De pandillero a capellán de prisiones
Álvaro Sicán era pandillero en Guatemala, pero el ejemplo de un sacerdote le cambió. Hoy es mercedario y trabaja con internos en Zaragoza. Su historia forma parte de la última campaña de Xtantos Alfa y Omega: Álvaro Sicán es hoy capellán de la cárcel de Zuera (Zaragoza), pero bien podría haber acabado recluido en ella. «Me tocó alguna vez pegar a alguien o agarrar un bate. Incluso llegué a tener un arma en mis manos, pero, gracias a Dios, no controlé el pulso y el disparo salió mal», confiesa. De hecho, muchos de los chicos con los que Sicán se movía en su juventud, en su Guatemala natal, acabaron muertos o entre rejas. «Algunos se suicidaron, otros murieron de sobredosis y unos pocos acabaron en la cárcel», recuerda el sacerdote, que es uno de los rostros de la última campaña de Xtantos, que anima a marcar la casilla de la Iglesia en la renta. «Detrás de cada X hay una historia: personas con nombres, apellidos y rostros concretos –como Álvaro– que en la Iglesia han encontrado una mano tendida cuando sus vidas estaban rotas o a punto de estallar», explican desde la entidad. Para Álvaro esa mano tendida fue, además de la de su familia, que se empeñó en educarlo en la fe desde pequeño, la de un franciscano al que el joven veía recorrer las calles de su barrio a diario con un morral repartiendo comida a los más necesitados. Ese ejemplo silencioso hizo brotar infinidad de preguntas en el alma de un Sicán que todavía era capaz de admirar a alguien que ayudaba a los demás, a pesar de que su vida, en ese momento, parecía ir en dirección contraria. Álvaro era miembro de una de las peligrosas pandillas guatemaltecas. Pero cómo acaba el hijo de una familia católica involucrado en este mundo. Antes de responder, el guatemalteco aclara que «las pandillas de antes no eran como las de ahora». «Había drogas y violencia», pero no en grado superlativo y, «además, había un cierto sentido de hermandad». Fue esto, de alguna manera, lo que le llevó a la pandilla. «Solo tenía hermanas y siempre buscaba algún chico con el que jugar. Eso me hizo acercarme a un grupo de niños de la calle. Se dedicaban a lustrar zapatos y yo trataba de ayudarles en lo que podía». Sicán forjó una amistad especial con dos hermanos, cuyos padres solían dejar encerrados en una habitación mientras se iban a trabajar. «Un día, al volver de la escuela, vi a los bomberos. Me dijeron que la casa de estos dos hermanos estaba ardiendo, que la puerta estaba cerrada y uno de ellos estaba dentro». No pudieron hacer nada por él. Su cuerpo apareció totalmente calcinado y acurrucado sobre lo que antes debía de ser una cama. Este drama marcó un antes y un después en la vida del pequeño Álvaro. «Me desorienté e inconscientemente me volqué mucho más con aquellos chicos. El sentimiento de pertenencia, de hermandad, era muy fuerte». Hasta que se topó con aquel franciscano, el del morral, al que abordó en una ocasión. «Le pregunté por qué lo hacía». En aquella conversación, «me invitó a dejar atrás la vida que llevaba y a hacer nuevos amigos. “¿Conoces el grupo juvenil de los mercedarios?”, me dijo». Con el tiempo, Álvaro Sicán terminó profesando en la orden mercedaria. El fraile ha trabajado en las cárceles de su país, también en las de El Salvador –donde además pudo colaborar en un hogar para hijos de pandilleros– o de Mozambique. «Desde hace cinco años soy el capellán de la cárcel de Zuera, y también llevo el Hogar Mercedario, donde acogemos a gente que sale de prisión y no tienen familia. La idea es ayudarlos en su proceso de reinserción». Una labor, concluye, que «me hace recordar todo el proceso que yo he pasado».