Como ya adelantábamos hace unos meses, el proceso de dar voz a los presos en el Sínodo ha llegado a su fin y se ha volcado en un documento. El resultado final es entusiasmante Los presos, extrañados que se les consulte sobre la Iglesia, han respondido positivamente a esta invitación, con la confianza que sus opiniones se escuchen y no se pierdan en el camino. A pesar de las dificultades que la pandemia nos creó, han participado 20 prisiones, la cuarta parte de las consultadas, 773 presos/as y 171 voluntarios. Sus respuestas han sido claras, directas y sin “adornos” lingüísticos. Los presos valoran mucho la Iglesia dentro de la cárcel, la Pastoral Penitenciaria, y piden cambios a la Iglesia más institucional. Léelo también en Alfa y Omega: Los presos se sienten Iglesia dentro de la cárcel, fuera no Descarga el documento:
El próximo Encuentro de Juristas y Pastoral Penitenciaria abordará la prisión permanente revisable
Florencio Roselló: «Una condena sin futuro no es una condena humana: es una tortura», estas fueron las palabras del Papa Francisco sobre la prisión permanente revisable, aunque no todas las personas en la Iglesia piensan igual. “Límites, posibilidades y retos del Sistema Penitenciario» es el tema que encabeza este año el programa del encuentro de juristas y pastoral penitenciaria que tendrá lugar, en formato online, las tardes del 6 y 7 de junio de 2022. Estas jornadas, que llegan este año a su 25 edición, las convoca el área jurídica del departamento de Pastoral penitenciaria. Juristas de Instituciones penitenciarias, ponentes de las jornadas El encuentro comenzará la tarde del lunes 6 de junio planteando un interrogante: ¿Constitucionalidad de la Prisión Permanente Revisable? Dará la respuesta el profesor de Derecho Penal de la Universidad Rey Juan Carlos y Letrado del Tribunal Constitucional, José Miguel Sánchez Tomás. Para las otras tres ponencias programadas se ha invitado a participar a tres especialistas de Instituciones Penitenciarias. El director general de Ejecución Penal y Reinserción Social, Miguel Ángel Vicente Cuenca, explicará los “Límites y retos de la ejecución de la Prisión Permanente Revisable en el sistema penitenciario”. La jurista Puerto Solar Calvo expondrá las “Posibilidades y límites de ingreso directo en tercer grado de tratamiento». Y Adoración Gutiérrez Agudo, jefa del área de Desarrollo y Sistemas de Información, planteará las “Posibilidades y límites de las nuevas tecnologías durante el cumplimiento de la pena de prisión”. ¿Qué opina la Iglesia sobre la prisión permanente revisable?
Florencio Roselló hace entrega al papa Francisco de una barquita hecha por los presos
El mercedario P. Florencio Roselló, Director del Departamento de Pastoral Penitenciaria y capellán de la prisión de Castellón I, el 6 de mayo saludó al Papa Francisco y le regaló una barca hecha con materiales reciclados por los presos de Castellón I. Los materiales eran una lata de sardinas vacía, que hacía de cascarón, plásticos, gomas, palillos, de mástil un palo de helado, pajitas de beber zumos. El Papa al verlo se sorprendió y exclamó, «¡hombre, qué curioso!», al explicarle el trabajo preguntó «¿dónde están las sardinas» y el P. Florencio le contestó, «se las han comido los presos», y esbozó una sonrisa. Le comentó al padre, «de las gracias a los presos y salúdeles de mi parte». El Papa tomó el regalo, lo miró fijamente, miró al P. Florencio y se despidieron. Léelo también en: Ecclesia-COPE: El Papa Francisco a Florencio Roselló: «Salude de mi parte a los presos de España” El mercedario Florencio Roselló, director del Departamento de Pastoral Penitenciaria y capellán de la prisión de Castellón I, tuvo la ocasión de saludar al Papa Francisco, a quien entregó como regalo una barca hecha con materiales reciclados realizada por los presos de dicha prisión. Los materiales eran una lata de sardinas vacía, que hacía de cascarón, plásticos, gomas, palillos, de mástil un palo de helado, pajitas de beber zumos. El Papa al verlo se sorprendió y exclamó, “¡hombre, qué curioso!”, al explicarle el trabajo preguntó “¿dónde están las sardinas” y el P. Florencio le contestó, “se las han comido los presos”, y esbozó una sonrisa. Le comentó al padre, “de las gracias a los presos y salúdeles de mi parte”. El Papa tomó el regalo, lo miró fijamente, miró al P. Florencio y se despidieron. Labor de la Pastoral Penitenciaria en España La Pastoral Penitenciaria es la acción evangelizadora de la Iglesia dirigida a las personas que viven encarceladas o relacionadas con el mundo penitenciario. Es la presencia de la Iglesia que asume la opción preferencial por los pobres, reconociendo en los destinatarios de la Pastoral Penitenciaria a Cristo que sufre; y hace suyos los sufrimientos de estos hermanos. Uno de los objetivos del sínodo es dar voz a los excluidos. Entre ellos están las personas privadas de libertad. ¡Es nuestro tiempo!, y también ¡nuestra oportunidad!.¡Los presos también son sinodales! “Debemos llegar personalmente a las periferias, a los que han abandonado la Iglesia…a los que experimentan pobreza o marginación, a los refugiados, a los excluidos a los que no tienen voz, etc.” (4.1. Vademecum). Nos emociona cuando en otro punto el mismo Vademecum del sínodo nos dice, “Que se haga un esfuerzo por llegar a las periferias y a aquellas voces que rara vez se escuchan” (3.1. Vademecum). Desde el Departamento de Pastoral Penitenciaria se ha elaborado un dossier «Sinodalidad desde la Pastoral Penitenciaria» donde se recogen los diez núcleos temáticos que ofrece la secretaría del Sínodo. Unos núcleos temáticos adaptados a la realidad penitenciaria, donde preguntamos a los presos, “si se sienten Iglesia”, “si la Iglesia también los juzga, como la sociedad”, “si las celebraciones en la cárcel les dicen algo”, “si se sienten escuchados por la Iglesia” y otras preguntas cuyas respuestas conviene que tenga en cuenta la Iglesia. Los presos también son sinodales. Esta creación y otras las realizan con el apoyo del equipo de docentes de la cárcel, que, cada año desde hace doce, organizan un concurso de objetos realizados con material reciclado. Antes se les proveía de los materiales, ahora son ellos los que tienen que recogerlos. Léelo en Alfa y Omega
De pandillero a capellán de prisiones
Álvaro Sicán era pandillero en Guatemala, pero el ejemplo de un sacerdote le cambió. Hoy es mercedario y trabaja con internos en Zaragoza. Su historia forma parte de la última campaña de Xtantos Alfa y Omega: Álvaro Sicán es hoy capellán de la cárcel de Zuera (Zaragoza), pero bien podría haber acabado recluido en ella. «Me tocó alguna vez pegar a alguien o agarrar un bate. Incluso llegué a tener un arma en mis manos, pero, gracias a Dios, no controlé el pulso y el disparo salió mal», confiesa. De hecho, muchos de los chicos con los que Sicán se movía en su juventud, en su Guatemala natal, acabaron muertos o entre rejas. «Algunos se suicidaron, otros murieron de sobredosis y unos pocos acabaron en la cárcel», recuerda el sacerdote, que es uno de los rostros de la última campaña de Xtantos, que anima a marcar la casilla de la Iglesia en la renta. «Detrás de cada X hay una historia: personas con nombres, apellidos y rostros concretos –como Álvaro– que en la Iglesia han encontrado una mano tendida cuando sus vidas estaban rotas o a punto de estallar», explican desde la entidad. Para Álvaro esa mano tendida fue, además de la de su familia, que se empeñó en educarlo en la fe desde pequeño, la de un franciscano al que el joven veía recorrer las calles de su barrio a diario con un morral repartiendo comida a los más necesitados. Ese ejemplo silencioso hizo brotar infinidad de preguntas en el alma de un Sicán que todavía era capaz de admirar a alguien que ayudaba a los demás, a pesar de que su vida, en ese momento, parecía ir en dirección contraria. Álvaro era miembro de una de las peligrosas pandillas guatemaltecas. Pero cómo acaba el hijo de una familia católica involucrado en este mundo. Antes de responder, el guatemalteco aclara que «las pandillas de antes no eran como las de ahora». «Había drogas y violencia», pero no en grado superlativo y, «además, había un cierto sentido de hermandad». Fue esto, de alguna manera, lo que le llevó a la pandilla. «Solo tenía hermanas y siempre buscaba algún chico con el que jugar. Eso me hizo acercarme a un grupo de niños de la calle. Se dedicaban a lustrar zapatos y yo trataba de ayudarles en lo que podía». Sicán forjó una amistad especial con dos hermanos, cuyos padres solían dejar encerrados en una habitación mientras se iban a trabajar. «Un día, al volver de la escuela, vi a los bomberos. Me dijeron que la casa de estos dos hermanos estaba ardiendo, que la puerta estaba cerrada y uno de ellos estaba dentro». No pudieron hacer nada por él. Su cuerpo apareció totalmente calcinado y acurrucado sobre lo que antes debía de ser una cama. Este drama marcó un antes y un después en la vida del pequeño Álvaro. «Me desorienté e inconscientemente me volqué mucho más con aquellos chicos. El sentimiento de pertenencia, de hermandad, era muy fuerte». Hasta que se topó con aquel franciscano, el del morral, al que abordó en una ocasión. «Le pregunté por qué lo hacía». En aquella conversación, «me invitó a dejar atrás la vida que llevaba y a hacer nuevos amigos. “¿Conoces el grupo juvenil de los mercedarios?”, me dijo». Con el tiempo, Álvaro Sicán terminó profesando en la orden mercedaria. El fraile ha trabajado en las cárceles de su país, también en las de El Salvador –donde además pudo colaborar en un hogar para hijos de pandilleros– o de Mozambique. «Desde hace cinco años soy el capellán de la cárcel de Zuera, y también llevo el Hogar Mercedario, donde acogemos a gente que sale de prisión y no tienen familia. La idea es ayudarlos en su proceso de reinserción». Una labor, concluye, que «me hace recordar todo el proceso que yo he pasado».
La grandeza de la Pastoral Penitenciaria es que vemos a Jesús encarnado en cada preso
Es necesario humanizar nuestro sistema penal Es posible otro mundo y otro cumplimiento de pena, y eso es algo que nos ha demostrado la pandemia: hasta 5.000 presos cumplieron condena en casa y no pasó nada, no aumentó la tasa de criminalidad. El Periódico El Debate ha realizado una entrevista realizada por Guillermo Altarriba a Florencio Roselló tras 40 años en la Pastoral Penitenciaria. Es el actual director del Departamento de la Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española. «La Iglesia en la cárcel hace mucho más que celebrar misa», adelanta Florencio Roselló, sacerdote mercedario y director del departamento de Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española. Lidera una red de más de 160 capellanes y 2.500 voluntarios que tiene presencia en todas las prisiones españolas. Hace casi 40 años que se involucró con esta labor, y en esta entrevista para El Efecto Avestruz insiste: es necesario que la sociedad mire con más compasión a los internos .–Más de 1.500 actuaciones, 82 casas de acogida, ayudas al peculio para más de 6.000 internos… las cifras de la memoria anual impresionan, pero muchos no conocen esta pastoral. ¿Falta visibilizar?– La prisión es un medio cerrado, con autorizaciones y controles de seguridad, y es mejor que los pisos que ponemos a disposición de los presos fuera de los centros sean discretos. Eso hace difícil visibilizar nuestro trabajo: no solo acompañamos a los presos en el ámbito religioso. No puedes celebrar la eucaristía si un preso hace tiempo que no sabe nada de su madre o de sus hijos. Humanizar nuestro sistema penal. Apostar, también como sociedad, por la reinserción. Antes se decía que en las cárceles no se hacía más que entrar y salir, pero si miramos las estadísticas de los últimos diez años, vemos que cerca del 70 % de los presos que han salido de prisión no ha vuelto a entrar. Es posible otro mundo y otro cumplimiento de pena, y eso es algo que nos ha demostrado la pandemia: hasta 5.000 presos cumplieron condena en casa y no pasó nada, no aumentó la tasa de criminalidad. Continúa leyendo
Aniversario de la beatificación de la primera beata gitana
Madre, esposa, joven pobre y analfabeta de 19 años. En la cárcel dio a luz y allí murió sin asistencia médica. Allí descubrió la fe católica y allí se convirtió en mártir por no delatar a su catequista. El 25 de marzo se cumple el quinto aniversario de la beatificación de Emilia Fernández, «La canastera». Los gitanos de todo el mundo y especialmente la Pastoral con los Gitanos recuerdan a su beata. Emilia Fernández Rodríguez era una joven gitana procedente de las cuevas de Tíjola (Almería), recién casada y embarazada, cuando estando en plena guerra civil española los militares fueron a por su marido para formar parte de filas. Ella se ingenió aplicarle un ungüento en los ojos para dejarlo ciego por un tiempo y así poder librar su reclutamiento. Pero se descubrió el engaño y quedaron arrestados los dos. Ella ingresó en la prisión “Gachas colorás” de Almería en 1938, tenía 19 años. Condenada a seis años de cárcel; su marido Juan, condenado a cinco años. Emilia estaba embarazada, se encontraba por primera vez presa entre no gitanos. Y en ese ambiente es cuando descubrió la amistad y la belleza de la fe. Y que las otras presas, castellanas, (no gitanas) eran buenas personas, que se respetaban y trataban bien entre sí y también a ella, que era gitana. Una de las presas, María de los Ángeles Roda, (una de las principales testigos de la que tenemos su testimonio presencial) recuerda su llegada: Estaba cayendo la tarde cuando llegó un camión con guardias y varios presos y entre ellos se encontraba Emilia. Venía embarazada y dos señoras, llamadas Lola del Olmo y Antolina Miró, se acercaron a ella para ayudarla. Emilia llegó a la prisión desolada. Y no era para menos: recién casada, detenida como una delincuente, separada de su marido, embarazada, en la cárcel, sin nadie conocido y rodeada de castellanas. No había gitanas como ella. Así que se aproximó a un jergón que había en un ángulo y se puso a llorar. Dolores del Olmo, que tenía una edad parecida a la de Emilia se le acercó y le intentó consolar. Será el inicio de una amistad, y con el paso de los meses de un auténtico cambio y conversión. El rosario se fue convirtiendo en un camino de auténtica transformación de Emilia. Conforme Emilia se fue haciendo amiga de Dolores y de las demás y rezaba todas las tardes con ellas; volvió a ser la joven alegre, pero ahora su alegría era distinta. Pilar Salmerón, la funcionaria de la prisión, se dio cuenta de que la gitana Emilia había aprendido a rezar y rezaba a diario el rosario. ¿Quién le habría enseñado? Dolores del Olmo en su declaración dice que ella enseñó a rezar a Emilia a petición suya, y “que estos hechos llegaron a oídos de la Jefe de la prisión y que al tener conocimiento de este hecho llamó a la repetida Emilia y le propuso que si le decía quien le había enseñado a rezar y la delataba ante un tribunal la pondría en libertad y sería debidamente atendida dado su estado avanzado de embarazo». Continúa Dolores del Olmo: “esta muchacha a pesar de las falsas promesas de Pilar Salmerón y que ella creía ciertas, se negó en absoluto a delatar a la que le había enseñado a rezar; sin tomar en cuenta su estado la recluyó en una celda dejándole en el mayor abandono muriendo a consecuencia de esto a los ochos días. Dio a luz en un jergón de esparto. No tuvo ningún tipo de asistencia médica. Nació Ángeles, siendo bautizada por sus compañeras de prisión. Ella volvió al Hospital y como seguía sin querer delatar a su catequista, volvió a ser puesta en la celda de castigo. Por su debilidad fue conducida de nuevo al hospital donde falleció abandonada y sola. Emilia aprendió la caridad cristiana. Había comenzado a entender lo que ya había rezado en numerosas veces en los misterios dolorosos del Rosario. Dios nos quiere. Nos ha creado por amor. Nos perdona. El sufrimiento tiene sentido. También lo puedes leer en COPE religión Esta reseña está tomada del libro «Emilia «La canastera», Mártir del Rosario» de Martín Ibarra Benlloch También te puede interesar: La Memoria de Emilia Fernández se celebra el 20 de Noviembre
Monseñor José Cobo: El buen ladrón, maestro de espiritualidad en la pospandemia
Jornadas online de capellanes y delegados de Pastoral Penitenciaria: La Iglesia, al pie de la Cruz en tiempo de pandemia ¿Qué efectos ha tenido la pandemia en las cárceles? Este es uno de los interrogantes a los que han respondido los capellanes y delegados de Pastoral penitenciaria en las jornadas que han tenido lugar, en formato online, las mañanas del 9 y 10 de marzo de 2022. Las Jornadas fueron presentadas por Monseñor Fernando García Cardiñanos, Obispo de Mondoñedo Ferrol, actual responsable de Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española. “La Iglesia, al pie de la cruz, en tiempo de pandemia” “La Iglesia, al pie de la cruz, en tiempo de pandemia” es el tema que encabeza el programa de estas jornadas, que convoca el Departamento de Pastoral Penitenciaria. Esta ponencia, prevista para abrir las Jornadas, finalmente tuvo lugar el jueves 10 por cambios en el programa y estuvo a cargo del anterior obispo responsable de esta pastoral y actualmente al frente de Migraciones en la Conferencia Episcopal Española Mons. José Cobo. En una ponencia calificada por los delegados de la Pastoral Penitenciara como emocionante, José Cobo propuso la figura del Buen Ladrón, a quien ha descubierto como maestro de espiritualidad en la pandemia: «El buen ladrón, del que vosotros conocéis muchos nombres, se convierte en maestro de espiritualidad: Compartirás conmigo la Gloria después de haber compartido el sufrimiento. Así, Cristo, que no se baja de la Cruz (algo que debemos pensar y hacer vida) no se sitúa en el poder sino en la entrega. Esa debe ser nuestra mirada. Esa ha sido una de las formas que Monseñor Cobo ha propuesto como aprendizaje de esta pandemia. En la segunda ponencia, el director General de Ejecución Penal y Reinserción Social de Instituciones Penitenciarias, Miguel Ángel Vicente Cuenca, explicó los “Cambios que está generando la pandemia en prisión”. También el miércoles 10 tuvo lugar la intervención de la subdirectora general de Tratamiento y gestión penitenciaria, Lourdes Gil Paisán. Presentó los “Programas específicos para delitos específicos, que se están desarrollando en prisión”. La última sesión de trabajo se ha reservó para las reuniones por grupos en las que se dio respuesta a los interrogantes: ¿Cómo estamos viviendo la pandemia?; ¿Cómo está afectando al voluntariado?; ¿Cómo está afectando a personas privadas de libertad y a sus familias?; Si se prolonga en el tiempo, ¿generará cambios en prisión?; ¿Cambios en Pastoral Penitenciaria?; y ¿Cambios detectados en prisión por la pandemia?
Fratelli Tutti con ojos de Pastoral Penitenciaria
Los que trabajamos en la Pastoral Penitenciaria vibramos con esta encíclica Reflexión de Florencio Roselló Avellanas, Director de Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española: Para los que trabajamos en el mundo de la marginación, la pobreza, y laPastoral Penitenciaria, vemos en la Fratelli Tutti, una oportunidad para analizartodas las situaciones de pobreza y marginación que presenta nuestra sociedad.El Papa no tiene ni puede tener la solución para cada situación de injusticia detodos los colectivos necesitados y descartados. Pero esta reflexión nos permiteidentificarnos plenamente con la encíclica, vibramos con ella porque tienepalabras directas para todos los vulnerables, y tiene actuaciones globales paratoda situación de marginación e injusticia social y política. Unas actuaciones quevemos con buenos ojos desde la Pastoral Penitenciaria.
El proceso sinodal da voz a los presos
En este momento hay 20 prisiones, más de 200 presos, trabajando en el sínodo. Porque son Iglesia, y porque su palabra es importante y debe de ser escuchada Desde el Departamento de Pastoral Penitenciaria llevamos varios años trabajando para visibilizar el mundo de la cárcel y su entorno. No siempre lo conseguimos por el rechazo innato de nuestra sociedad hacia esta realidadsocial y pastoral. Aprovechamos todas oportunidades que se nos ofrecen: conferencias, testimonios, jornadas, charlas, visitas a las prisiones. Y el Sínodo es otra oportunidad que no queremos desaprovechar ni dejar pasar. Uno de los objetivos del sínodo es dar voz a los excluidos. Entre ellos están las personas privadas de libertad. ¡Es nuestro tiempo!, y también ¡nuestra oportunidad!.¡Los presos también son sinodales! “Debemos llegarpersonalmente a las periferias, a los que han abandonado la Iglesia…a los que experimentan pobreza o marginación, a los refugiados, a los excluidos a los que no tienen voz, etc.” (4.1. Vademecum). Nos emociona cuando en otro punto el mismo Vademecum del sínodo nos dice, “Que se haga un esfuerzo por llegar a las periferias y a aquellas voces que rara vez se escuchan” (3.1. Vademecum). Desde el Departamento de Pastoral Penitenciaria se ha elaborado un dossier «Sinodalidad desde la Pastoral Penitenciaria» donde se recogen los diez núcleos temáticos que ofrece la secretaría del Sínodo. Unos núcleos temáticos adaptados a la realidad penitenciaria, donde preguntamos a los presos, “si se sienten Iglesia”, “si la Iglesia también los juzga, como la sociedad”, “si las celebraciones en la cárcel les dicen algo”, “si se sienten escuchados por la Iglesia” y otras preguntas cuyas respuestas conviene que tenga en cuenta la Iglesia. Los presos también son sinodales. En este momento hay 20 prisiones, más de 200 presos, trabajando en el sínodo. Porque son Iglesia, y porque su palabra es importante y debe de ser escuchada. Florencio Roselló AvellanasDepartamento de Pastoral PenitenciariaConferencia Episcopal Española ECOS EN LA PRENSA Alfa y Omega: Más de 200 presos en 20 cárceles trabajan ya en el Sínodo Religión Digital: Cuántos más presos tenga un país más se evidencia su fracaso social COPE: El Sínodo llega a las cárceles: Entrevista a la delegada de Pastoral Penitenciaria de la Diócesis de Santiago de Compostela y a Florencio Roselló, Director de la la Pastoral Penitenciaria de la CEE. El proceso sinodal en Teixero (Coruña). La Linterna de la Iglesia: El proceso sinodal llega a las cárceles. El proceso sinodal en el Penal del Dueso (Santander)