El papa Francisco ha querido dedicar la audiencia de este 13 de septiembre de 2023 a la figura del beato venezolano José Gregorio Hernández Cisneros. Laico a su pesar, puesto que su estado de salud no le permitió ordenarse, dedico toda su vida a los más débiles y a la paz. El beato Hernández Cisneros es conocido en su tierra como «el médico de los pobres». Destaca de él el Santo Padre que «en los pobres, en los enfermos, en los migrantes, en los que sufren, José Gregorio veía a Jesús». El beato estudió Medicina, guiado por su sensibilidad a las necesidades de los demás. Dice Francisco que «llegó a acoger la medicina como un sacerdocio». Pero, se pregunta el Papa, ¿de dónde venía a José Gregorio todo este entusiasmo, todo este celo? De la gracia de Dios. «Era un hombre de oración: cotidianamente participaba en la misa y recitaba el rosario. En la misa unía a la ofrenda de Jesús todo lo que vivía: llevaba a los enfermos y a los pobres que ayudaba, a sus estudiantes, las investigaciones que emprendía, los problemas que tenía en el corazón». Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, José Gregorio se sintió llamado a ofrecer su vida por la paz. Quiso inmolarse por la paz en Europa, a pesar de que no era su continente. Cuando en junio de 1919 se entera de que se había firmado el tratado de paz, explica Francisco, «su ofrenda de paz ha sido acogida, y es como si él presagia que su tarea en la tierra se ha terminado». Esa mañana, continúa el Pontífice, «había ido a misa y entonces baja por la calle para llevar una medicina a un enfermo. Pero mientras atraviesa la calle, es atropellado por un vehículo; llevado al hospital, muere pronunciando el nombre de la Virgen». Ante este testimonio, ha concluido el papa Francisco la Audiencia, debemos preguntarnos: «yo, delante de Jesús presente en los pobres cerca de mí, frente a quien en el mundo sufre más, ¿cómo reacciono?¿hago algo o me quedo como espectador?» La figura del beato José Gregorio es de gran actualidad ante las grandes cuestiones de hoy. Pero el cristiano, insiste el Santo Padre, «no está llamado a hablar mal sino a ocuparse, a ensuciarse las manos (…) y después, a comprometerse no en chismorreos, sino a promover el bien, a construir la paz y la justicia en la verdad». Revista Ecclesia Además puedes ver
Francisco: El mundo necesita jóvenes fuertes y ancianos sabios
Serie de catequesis sobre los mayores 16 de Marzo de 2022: ¿En qué sentido la vejez puede salvar el mundo? Esta fue la pregunta al centro de la catequesis del Santo Padre, de este miércoles 16 de marzo, en el cual reflexionó sobre la figura de Noé como ejemplo de la vejez que genera vida, que no se queja ni recrimina, sino que mira al futuro con confianza, respeta la creación y cuida la vida de todos. Renato Martinez – Ciudad del Vaticano “La vejez está en condiciones de captar el engaño de esta normalización de una vida obsesionada por el disfrute y vacía de interioridad: vida sin pensamiento, sin sacrificio, sin interioridad, sin belleza, sin verdad, sin justicia, sin amor”, lo dijo el Papa Francisco en la Audiencia General de este miércoles, 16 de marzo, continuando con su ciclo de catequesis sobre el sentido y el valor de la vejez, meditando en es esta ocasión sobre la ancianidad como un recurso para la eterna juventud. Noé elegido para salvar al hombre del diluvio En su catequesis de este miércoles, Santo Padre comentó el capítulo 6 del Libro del Génesis, que no habla de como Noé, que era el más anciano de todos, fue elegido por Dios para salvar al hombre de la corrupción y del diluvio. “Dios estaba tan amargado por la difundida maldad de los hombres, que se había convertido en una forma de vida normal, que pensó que se había equivocado al crearlos y decidió eliminarlos. Una solución radical – precisó el Papa – incluso podría tener un giro paradójico de misericordia. No más humanos, no más historia, no más juicio, no más condena. Y muchas víctimas predestinadas por la corrupción, la violencia, la injusticia se salvarían para siempre”. Tensiones opuestas: juventud eterna y catástrofe final En este sentido, el Papa Francisco señaló que, a veces también a nosotros – abrumados por el sentido de impotencia contra el mal o desmoralizados por los “profetas de la fatalidad” – nos sucede lo mismo, pensamos que seria mejor no haber nacido. “De hecho, estamos bajo presión, expuestos a tensiones opuestas que nos confunden. Por un lado, tenemos el optimismo de una juventud eterna, encendido por los progresos extraordinarios de la técnica, que pinta un futuro lleno de máquinas más eficientes y más inteligentes que nosotros, que curarán nuestros males y pensarán por nosotros las mejores soluciones para no morir. Por otro lado, nuestra fantasía parece cada vez más concentrada en la representación de una catástrofe final que nos extinguirá. El ‘día después’ – si aún habrá días y seres humanos – se deberá empezar de cero”. “No quiero hacer banal el tema del progreso, naturalmente. Pero parece que el símbolo del diluvio esté ganando terreno en nuestro inconsciente. La pandemia actual, además, hipoteca, de forma no leve, nuestra representación despreocupada de las cosas que importan, para la vida y para su destino” ¿La vejez salvará el mundo? En el pasaje bíblico, explicó el Santo Padre, cuando se trata de poner a salvo de la corrupción y del diluvio la vida de la tierra, Dios encomienda el trabajo a la fidelidad del más anciano de todos, el “justo” Noé. En este contexto, una palabra de Jesús, que evoca “los días de Noé”, y que lo encontramos en el Evangelio de Lucas (Lc 17,26-27), nos ayuda a profundizar el sentido de la página bíblica que hemos escuchado. “De hecho, comer y beber, tomar mujer o marido, son cosas muy normales y no parecen ejemplos de corrupción”. En realidad, Jesús destaca el hecho de que los seres humanos, cuando se limitan a disfrutar de la vida, pierden incluso la percepción de la corrupción, que mortifica la dignidad y envenena el sentido. Y viven sin preocupación también la corrupción, como si fuera parte de la normalidad del bienestar humano. “Los bienes de la vida son consumidos y disfrutados sin preocupación por la calidad espiritual de la vida, sin cuidado por el hábitat de la casa común. Sin preocuparse por la mortificación y del abatimiento que muchos sufren, y tampoco del mal que envenena la comunidad” La corrupción puede volverse normalidad Lamentablemente, el Santo Padre indicó que la corrupción puede volverse normalidad. “La corrupción obtiene gran ventaja de esta despreocupación que no es buena: ablanda nuestras defensas, ofusca la conciencia y nos hace – también involuntariamente – cómplices”. Ante ello, la vejez está en condiciones de captar el engaño de esta normalización de una vida obsesionada por el disfrute y vacía de interioridad: vida sin pensamiento, sin sacrificio, sin interioridad, sin belleza, sin verdad, sin justicia, sin amor. La sensibilidad especial de la edad anciana por las atenciones, los pensamientos y los afectos que nos hacen más humanos, debería volver a ser una vocación para muchos. Y será una elección de amor de los ancianos hacia las nuevas generaciones. La bendición de Dios elige la vejez, por este carisma tan humano y humanizador. Noé es el ejemplo de esta vejez generativa Noé, precisó el Pontífice, no hace predicaciones, no se lamenta, no recrimina, pero cuida del futuro de la generación que está en peligro. Construye el arca de la acogida y hace entrar hombres y animales. En el cuidado por la vida, en todas sus formas, Noé cumple el mandamiento de Dios repitiendo el gesto tierno y generoso de la creación, que en realidad es el pensamiento mismo que inspira el mandamiento de Dios: una bendición, una nueva creación. La vocación de Noé permanece siempre actual. Y nosotros, mujeres y hombres de cierta edad, no olvidemos que tenemos la posibilidad de la sabiduría, de decir a los demás: «Mira, este camino de corrupción no lleva a ninguna parte». Debemos ser como el buen vino -el buen vino- que al final, cuando es viejo, puede dar un buen mensaje y no uno malo. Por ello, el Papa hizo un llamamiento a todos los que tienen «cierta edad», que tienen la responsabilidad de denunciar la corrupción humana en la que vivimos y en la que
Catequesis sobre la vejez, Francisco: «Perder el tiempo» con los niños y personas mayores
Vatican News: En su catequesis del 2 de marzo, Miércoles de Ceniza, comienzo del tiempo litúrgico penitencial de la Cuaresma y Jornada de ayuno y oración por la paz en Ucrania, Francisco compartió su segunda reflexión del ciclo sobre el valor de la vejez: invitó a descubrir la belleza del ritmo de la vida de los ancianos, a “perder tiempo” con los niños y las personas mayores. “La alianza entre las dos generaciones en los extremos de la vida –los niños y los ancianos- ayuda también a las otras dos –los jóvenes y los adultos- a vincularse para hacer la existencia de todos más rica en humanidad”. Así el Santo Padre se refería este miércoles 2 de marzo a la riqueza intrínseca del vínculo entre las generaciones, durante su catequesis en la Audiencia General celebrada en el Aula Pablo VI del Vaticano. En este día tan especial, Miércoles de Ceniza, que coincide con el inicio de la Cuaresma y en el que se celebra la Jornada de Oración y Ayuno por la paz en Ucrania, Francisco tomó como punto de partida el pasaje bíblico de las genealogías de los antepasados (Génesis 5, 1-5). En ese relato, “sorprende enseguida su enorme longevidad: ¡se habla de siglos! ¿Cuándo empieza, aquí, la vejez? ¿Y qué significa el hecho de que estos antiguos padres vivan tanto después de haber generado los hijos? ¡Padres e hijos viven juntos, durante siglos! Esta cadencia secular de la época, narrada en estilo ritual, otorga a la relación entre longevidad y genealogía un significado fuerte, muy fuerte”, interpeló. Buscar el diálogo entre generaciones como exigencia humana “Es como si la transmisión de la vida humana –continúa el Sucesor de Pedro- tan nueva en el universo creado, pidiera un lenta y prolongada iniciación. Todo es nuevo, en los inicios de la historia de una criatura que es espíritu y vida, conocimiento y libertad, sensibilidad y responsabilidad”. Añadió que esto “pide un largo tiempo de iniciación, en el que es indispensable el apoyo recíproco entre las generaciones, para descifrar las experiencias y confrontarse con los enigmas de la vida”. “En este largo tiempo, lentamente, es cultivada también la calidad espiritual del hombre”, agregó. Francisco insistió en la relevancia del diálogo entre las generaciones: “Si no hay diálogo entre jóvenes y ancianos, entre adultos, cada generación permanece aislada y no puede transmitir el mensaje”. El Papa se detuvo en un ejemplo: invitó a pensar en un joven que no está relacionado con sus raíces, que son los abuelos. Esa persona “no recibe la fuerza, como el árbol, la fuerza de las raíces y crece mal, crece enfermo, crece sin referencias. Por esto, es necesario buscar, como exigencia humana, el diálogo entre las generaciones. Y este diálogo es importante entre los abuelos y los nietos, que son los dos extremos”, afirmó. Ritmos más lentos, no solo de inercia Francisco recordó que la vejez impone ritmos más lentos, “pero no son solo tiempos de inercia”, pues “la medida de estos ritmos abre para todos espacios de sentido de la vida desconocidos por la obsesión de la velocidad”, sostuvo. “Perder el contacto con los ritmos lentos de la vejez cierra estos espacios para todos”, aseguró el Pontífice, quien remarcó que, en este horizonte, fue que decidió establecer la Fiesta de los Abuelos en el último domingo de julio. Al proponer que imaginemos una ciudad donde la convivencia de las diferentes edades forme parte integral del proyecto global de su hábitat, Francisco aseveró que “la superposición de las generaciones se convertiría en fuente de energía para un humanismo verdaderamente visible y vivible”. En contraposición, aludió a la ciudad moderna y cómo tiende a ser más hostil con los ancianos: “El exceso de velocidad nos mete en una centrífuga que nos barre como confeti”. En este contexto, “la mirada de conjunto se pierde por completo”, expresó. “Cada uno se aferra a su propia pieza, que flota sobre los flujos de la ciudad-mercado, para la cual los ritmos lentos son pérdidas y la velocidad es dinero. El exceso de velocidad pulveriza la vida, no la hace más intensa”, dijo. “La alianza de las generaciones es indispensable” “La alianza visible de las generaciones, que armoniza los tiempos y los ritmos, nos devuelve la esperanza de no vivir la vida en vano. Los ritmos de la vejez son un recurso indispensable para captar el sentido de la vida marcada por el tiempo. Gracias a esta mediación, se hace más creíble el destino de la vida en el encuentro con Dios: un diseño que está escondido en la creación del ser humano ‘a su imagen y semejanza’ y está sellado en el hacerse hombre del Hijo de Dios”. Francisco consideró que la frase clave es «perder el tiempo» y preguntó: «¿Tú sabes perder el tiempo, o tú estás siempre apurado por la velocidad? “No, tengo prisa, no puedo…”? ¿Sabes perder el tiempo con los abuelos, con los ancianos? ¿Sabes perder el tiempo jugando con tus hijos, con los niños? Este es el punto de referencia. Piensen un poco». El Papa mencionó que hoy se verifica una mayor longevidad de la vida humana, que “ofrece la oportunidad de aumentar la alianza entre todas las etapas de la vida; y también con el sentido de su vida en su totalidad”. “Que el Espíritu nos conceda la inteligencia y la fuerza para esta reforma: la prepotencia del tiempo del reloj debe convertirse en la belleza de los tiempos de la vida”, puntualizó. “La alianza de las generaciones es indispensable. Que Dios nos ayude a encontrar la música adecuada para esta armonización”, concluyó Francisco.
Francisco: La vida es un derecho, no la muerte, que debe ser acogida, no suministrada
Catequesis de la audiencia general En la catequesis de la audiencia general dedicada a San José, patrono de la «buena muerte», el Santo Padre agradece por los progresos de la medicina en los cuidados paliativos para acompañar el final de la vida, recordando que la eutanasia y el suicidio son “inaceptables”. Vatican News En la catequesis de la audiencia general del segundo miércoles de febrero, el Papa Francisco continuó profundizando sobre la figura de San José, centrándose hoy en la devoción especial que el pueblo cristiano siempre ha tenido por él como “patrono de la buena muerte”, considerando que “José murió en presencia de la Virgen María y de Jesús”. Una devoción aconsejada por el Papa Benedicto XV hace un siglo, recuerda Francisco, en su Motu proprio Bonum sane, en el que animaba pías prácticas en honor de San José a favor de los moribundos. El Pontífice inició su reflexión afirmando que nuestra relación con la muerte no se refiere nunca al pasado, sino siempre al presente. “La llamada cultura del ‘bienestar’ – evidenció – trata de eliminar la realidad de la muerte, pero de forma dramática la pandemia del coronavirus la ha vuelto a poner en evidencia. Muchos hermanos y hermanas han perdido a personas queridas sin poder estar cerca de ellas, y esto ha vuelto la muerte todavía más dura de aceptar y de elaborar”. La fe ayuda a afrontar la muerte A pesar de esto, Francisco constata que se trata por todos los medios de alejar el pensamiento de nuestra finitud, engañándonos así para quitarle su poder a la muerte y ahuyentar el miedo. Pero – precisa –“la fe cristiana no es una forma de exorcizar el miedo a la muerte, sino que nos ayuda a afrontarla. La verdadera luz que ilumina el misterio de la muerte viene de la resurrección de Cristo”. Por la resurrección de Jesús, miramos con ojos nuevos toda la vida Y asegura que “solo por la fe en la resurrección nosotros podemos asomarnos al abismo de la muerte sin que el miedo nos abrume”. La muerte, “iluminada por el misterio de Cristo –añade el Santo Padre – “ayuda a mirar con ojos nuevos toda la vida”. ¡Nunca he visto, detrás de un coche fúnebre, un camión de mudanzas! No tiene sentido acumular si un día moriremos. Lo que debemos acumular es la caridad, es la capacidad de compartir, de no permanecer indiferentes delante de las necesidades de los otros. O, ¿qué sentido tiene pelear con un hermano, con una hermana, con un amigo, con un familiar, o con un hermano o hermana en la fe si después un día moriremos? Delante de la muerte muchas cuestiones se redimensionan. Está bien morir reconciliados, ¡sin dejar rencores y sin arrepentimientos! Inmoral el encarnizamiento terapéutico “El Evangelio nos dice que la muerte llega como un ladrón” – prosigue el Papa – recordando que aunque intentemos querer tener bajo control su llegada, quizá programando nuestra propia muerte, “permanece un evento con el que tenemos que rendir cuentas y delante al cual también hacer elecciones”. Y señala dos consideraciones “para nosotros cristianos”. La primera, presente en el Catecismo de la Iglesia Católica: No podemos evitar la muerte, y precisamente por esto, después de haber hecho todo lo que humanamente es posible para cuidar a la persona enferma, resulta inmoral el encarnizamiento. Acompañar a la muerte, no provocarla La segunda consideración tiene que ver con la calidad de la muerte misma, del dolor, del sufrimiento: Debemos estar agradecidos por toda la ayuda que la medicina se está esforzando por dar, para que a través de los llamados “cuidados paliativos”, toda persona que se prepara para vivir el último tramo del camino de su vida, pueda hacerlo de la forma más humana posible. Pero debemos estar atentos a no confundir esta ayuda con derivas inaceptables que llevan a la eutanasia. Debemos acompañar a la muerte, pero no provocar la muerte o ayudar al suicidio asistido. Cuidado para todos, en especial para los más débiles Francisco insiste en que se debe “privilegiar siempre el derecho al cuidado y al cuidado para todos, para que los más débiles, en particular los ancianos y los enfermos, nunca sean descartados. La vida es un derecho, no la muerte, que debe ser acogida, no suministrada. Y este principio ético concierne a todos, no solo a los cristianos o a los creyentes. Una experiencia de la misericordia de Dios “Que San José pueda ayudarnos a vivir el misterio de la muerte de la mejor forma posible”, reza finalmente el Papa. “Para un cristiano – subraya – la buena muerte es una experiencia de la misericordia de Dios, que se hace cercana a nosotros también en ese último momento de nuestra vida”. Y recuerda que “también en la oración del Ave María, nosotros rezamos pidiendo a la Virgen que esté cerca de nosotros “ahora y en la hora de nuestra muerte”. Por eso invita a concluir rezando todos juntos un Ave María “por los agonizantes y por los que están viviendo un luto”.