El Papa Francisco ha dedicado su mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y Refugiado a los desplazados internos, un drama a menudo invisible que la crisis mundial causada por la pandemia de la Covid-19 ha agravado. La Iglesia española quiere secundar las directrices del Papa Francisco como directrices generales, en materia de migración, a pesar de que en España no existen propiamente «desplazados internos». Con motivo de esta jornada, los obispos de la Subcomisión de Migraciones y Movilidad han publicado un mensaje, en el que caben destacar 3 puntos fundamentales:
Nota de la CE de Migraciones ante la cumbre de las Naciones Unidas sobre Refugiados y Migrantes
Las organizaciones eclesiales Cáritas, CONFER y Justicia y Paz se han sumado al llamamiento conjunto que Caritas Internationalis y el Servicio Jesuita a Refugiados han dirigido a los líderes de todo el mundo que van a participar el 19 de septiembre, en Nueva York, en una Cumbre de las Naciones Unidas sobre Refugiados y Migrantes. La Comisión Episcopal de Migraciones se une al llamamiento de estas organizaciones pidiendo que las deliberaciones de la citada Cumbre se traduzcan en acuerdos efectivos, que velen por un reconocimiento, acogida, trato y protección lo más dignos posibles en favor de los emigrantes y refugiados. Como manifestábamos ante la Jornada Mundial de Migraciones del pasado 17 de enero, así como en la Nota del pasado 8 de marzo, no debemos de olvidar que “detrás de estos flujos migratorios, en continuo aumento, está siempre la inhumanidad de un sistema económico injusto en que prevalece el lucro sobre la dignidad de la persona y el bien común; o la violencia y la ruina que genera la guerra, la persecución o el hambre”. También hemos de recordar, ante las medidas de devoluciones sumarias en nuestras fronteras en estos días, lo pronunciado a propósito de la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado 2015. En dicho Mensaje además de mostrar la tristeza cuando nos llegan noticias como las devoluciones sumarias nos adheríamos “a la denuncia contra cualquier actuación en que no se tengan en cuenta los derechos humanos”. Y pedíamos que se cumplieran los tratados internacionales y se verificara “al menos, si las personas pudieran ser acreedoras del asilo político, ser víctimas de la ´trata´ o necesitadas de asistencia sanitaria urgente”. El Santo Evangelio –“ fui forastero y me acogisteis” (Mt 25, 35 )-, la consecuente Doctrina Social de la Iglesia, las reiteradas llamadas del Papa Francisco, las recientes orientaciones de la Conferencia Episcopal Española, contenidas en la Instrucción Pastoral “Iglesia, servidora de los pobres” (24 de abril de 2015), así como la línea mantenida por esta misma Comisión nos estimulan a seguir trabajando en favor de los emigrantes y refugiados y a pedir a las autoridades pertinentes “ser generosas en la acogida y en la cooperación con los países de origen en orden a lograr unas sociedades más humanas y más justas”. Madrid, 19 de septiembre de 2016 Los Obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones
«Necesitamos pasar de las palabras a los hechos»
La Comisión episcopal de Migraciones, reunida el 20 de Abril de 2016 desea con esta nota informativa seguir insistiendo en la necesaria y urgente toma de medidas de acogida, hospitalidad, y acompañamiento a refugiados. A ella se comprometió el Gobierno Español a quien la Iglesia española se ofreció y se sigue ofreciendo para lo que necesitara y pudiera ofrecer. En las diócesis españoles se han establecido ya los mecanismos y previsiones generosas y necesarias para colaborar y sensibilizar en dicha acogida. Y en el trabajo posterior para su integración social . Del trabajo ya hecho estamos seguros se beneficiarán emigrantes, refugiados y demás personas en situaciones de especial vulnerabilidad como lo vienen haciendo hasta la fecha Agradecemos la labor incisiva y solidaria que está haciendo la Red de Entidades eclesiales que trabajan con emigrantes (CEM, Confer, Caritas, Justicia y Paz y Sector Social de la Compañía de Jesús) y la de tantas organizaciones y entidades de Iglesia y otras a propósito de las personas concretas a quienes tan gravemente afecta esta crisis humanitaria necesitada de repuestas eficaces. Deseamos que no se ponga en cuestión la imprescindible necesidad de ayuda a los que huyen de la guerra o del hambre, refugiados e inmigrantes. Muchos en su camino hacia Europa son víctimas de la trata de personas y de muchos otros tipos de violencia. Y deseamos también que no caigamos en estereotipos ni en estigmatizaciones que afecten a su dignidad y a la fraterna y evangélica acogida. Tal y como recientemente ha hecho nuestro Santo Padre Francisco debemos pasar de las declaraciones formales y pronunciamientos a los hechos. Con los refugiados y emigrantes en Europa y con los que están en lugares de conflictos, origen de la gran tragedia que vivimos. Y necesitamos hacerlo con urgencia porque está en juego la vida de muchas personas sobre todo las más vulnerables. Estamos ante una situación muy urgente que necesita también celeridad y eficacia en la toma de decisiones. Mientras tanto continuaremos con nuestra labor humanitaria, de servicio, de acompañamiento y de defensa de los derechos de todos los emigrantes y refugiados. De los que vendrán y de los que ya están entre nosotros, favoreciendo su integración social, cultural y religiosa. Los Obispos de la Comisión episcopal de Migraciones