Comunicado de las XXII Jornadas Generales de Pastoral Obrera Convocados por el Departamento de Pastoral Obrera de la Conferencia Episcopal Española, nos hemos reunido en Ávila, los días 19 y 20 de noviembre, delegados diocesanos, miembros de los Movimientos Apostólicos Obreros, y de equipos de Pastoral obrera, para celebrar las XXII Jornadas de Pastoral Obrera, bajo el lema IGLESIA COMPROMETIDA POR EL TRABAJO DECENTE, para dialogar, reflexionar, compartir experiencias, y abordar propuestas pastorales para seguir impulsando la tarea de ser y hacer visible una Iglesia comprometida por el trabajo decente. En línea de continuidad con jornadas anteriores, hemos abordado este año la reflexión sobre la actual configuración del trabajo, que nos ha invitado a tomar conciencia de su realidad y hemos propuesto retos pastorales para la Iglesia española en el mundo del trabajo. Hemos presentado, igualmente, una propuesta de formación para los equipos de Pastoral obrera. Hemos presentado, también, la iniciativa Iglesia unida por el trabajo decente, impulsada por un conjunto de organizaciones eclesiales, que ha hecho surgir una experiencia de trabajo eclesial a través de la cual se ha puesto de manifiesto la necesidad de seguir apoyando la justa reclamación y la necesaria consecución de un trabajo decente, en el sentido que el papa Benedicto XVI ya describió en Cáritas un veritate 63. Como Iglesia en el mundo obrero y del trabajo, seguimos haciendo nuestro el sufrimiento que la lógica de este sistema genera en las y los trabajadores y sus familias, a quienes vamos acompañando con misericordia. Desempleados de larga duración, jóvenes, mujeres, inmigrantes, trabajadores precarios… conforman el rostro sufriente del mundo obrero. Nuestro empeño de seguir acompañando con misericordia sus vidas ha de seguir siendo prioritario. Como dice el papa Francisco, para contrarrestar la desesperanza, la comunidad cristiana “se mete con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, achica distancias… y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo[1] Es necesario, al término del año de la Misericordia, seguir uniendo misericordia y justicia, seguir denunciando la inmoralidad radical, la inhumanidad profunda con la que se organiza el sistema económico cuando no está al servicio de las personas, de sus necesidades humanas, especialmente de los más pobres. Seguimos clamando contra la lógica inmisericorde de un capitalismo sin entrañas, de un sistema económico que descarta a las personas y, como recuerda con insistencia el papa Francisco, priva radicalmente de dignidad a las personas cuando las priva de su humanidad, impidiéndoles realizar un trabajo decente. Uno de los graves problemas hoy, es que el empleo precario, sin derechos, mal pagado, sin que permita salir de la pobreza, se ha convertido en el empleo normal. La economía, y la política, no están al servicio de las personas, y necesitamos una economía y una política profundamente humanas y humanizadoras. Reclamarlas, y trabajar para que vayan siendo posibles, son exigencias de las implicaciones políticas de nuestra fe cristiana. Hace milenios[2] la Iglesia y los profetas dijeron lo que tanto escandaliza que repita el Papa en este tiempo cuando todo aquello alcanza expresiones inéditas. “Toda la doctrina social de la Iglesia y el magisterio se rebelan contra el ídolo-dinero que reina en lugar de servir, tiraniza y aterroriza a la humanidad.” Nos sentimos nuevamente convocados a ser Iglesia comprometida por el trabajo decente, al servicio de nuestras hermanas y hermanos, de su intrínseca dignidad de hijos e hijas de Dios, que nos urge a trabajar con misericordia, por la justicia. Seguimos invitando a todas las instancias eclesiales a sentirse convocadas a un empeño continuo en favor del trabajo decente, y seguimos reclamando de los poderes públicos un empeño sincero por ir generando condiciones objetivas que lo hagan posible, poniendo en el centro de sus políticas económicas la prioridad del servicio a las personas, no al capital. Nuestra esperanza en Jesucristo, Misericordia de Dios, nos sigue impulsando a una vida de servicio, solidaridad y humildad en favor del mundo obrero, y en especial de los que más sufren.[3] Ávila, 20 de noviembre de 2016 [1] EG 24 [2] Francisco. discurso en el III Encuentro de Movimientos Populares, 5 nov 2016 [3] ídem[/fusion_builder_column][/fusion_builder_row][/fusion_builder_container]
Dignidad y esperanza en el mundo del trabajo
Comunicado final de las XX Jornadas Generales de Pastoral Obrera Los días 15 y 16 de noviembre, el Departamento de Pastoral Obrera, presidido por Mons. Antonio Algora Hernando, nos ha convocado en Madrid a la Iglesia que peregrina en España en medio de la vida del mundo obrero, para celebrar las XX Jornadas Generales de Pastoral Obrera. Este año bajo el lema: «A los veinte años de la pastoral obrera de toda la Iglesia. Dignidad y Esperanza en el mundo del trabajo». Hemos acudido a esa convocatoria más de ciento cincuenta personas de 37 diócesis, con el objetivo de profundizar desde las experiencias compartidas, y desde la reflexión y la oración común, en: La acción de gracias por el camino evangelizador recorrido en el mundo obrero a lo largo de estos últimos veinte años La propuesta del Evangelio como alegría y esperanza para nuestros hermanos ante la nueva configuración del trabajo humano La presencia eclesial y la tarea evangelizadora en el mundo del trabajo que estamos llamados a seguir realizando. Nos han acompañado militantes de los movimientos apostólicos, religiosos y religiosas presentes en el mundo obrero; hemos contado también con las palabras de aliento de Mons. Carlos Osoro, Arzobispo de Madrid. Iluminados por las reflexiones de los distintos ponentes, empujados por la fuerza del Espíritu, hemos dado gracias al Padre por la riqueza del camino recorrido por la pastoral obrera de toda la Iglesia a lo largo de más de sesenta años, y especialmente por el regalo que supuso la publicación del documento «La Pastoral Obrera de toda la Iglesia». En estos últimos veinte años el mundo del trabajo ha sufrido unos cambios profundos, que dotan de una configuración absolutamente nueva al trabajo, y que afectan a todas las dimensiones de la existencia. Conscientes de la realidad dolorosa que hoy vivimos en el mundo del trabajo, queremos compartir con todos, un mensaje de denuncia y esperanza: Con las mismas palabras del papa Francisco, denunciamos, una vez más, que esta economía mata. Que el sometimiento de la vida de los pobres a la codicia de unos pocos ha generado un sistema inhumano que antepone el beneficio a la dignidad sagrada de las personas. Queremos denunciar que este sistema económico empobrece, precariza la vida de las mujeres y hombres trabajadores, hiere radicalmente su dignidad, frustra proyectos de vida personales y familiares, excluye, descarta y siembra de muerte los caminos de la existencia humana. Queremos denunciar que negar la dignidad humana, impidiendo el trabajo decente que haga posible una vida digna, es negar a Dios mismo, de quien tenemos en los pobres el rostro sufriente. Este sistema construye una forma de ser hombre y mujer hoy que deshumaniza. Queremos denunciar que el actual sistema político no está al servicio del bien común y de los más pobres, no está al servicio de la vida de las personas, sino que se ha convertido en amparo de corruptos y amorales. Necesitamos regenerar y dignificar la política al servicio del bien común. Ni podemos, ni queremos permanecer impasibles e indiferentes ante el sufrimiento humano que la nueva configuración del trabajo humano, y de la sociedad, están generando. Nos urge a responder evangélicamente el mismo amor de Cristo, que se hizo pobre por nosotros hasta dar su vida para que todos tuviéramos vida, porque la persona humana es siempre lo primero en el proyecto del Reino de Dios. Por eso como signo de esperanza, nos comprometemos: A vivir la conversión pastoral a la que nos llama el papa Francisco para seguir siendo Iglesia encarnada en el mundo obrero. Nuestra propia vida personal, y nuestra vida eclesial han de ser testimonio encarnado del amor preferente de Dios por los empobrecidos. Por eso estamos dispuestos a trabajar con nuestros obispos para que la presencia pastoral y samaritana, la presencia compasiva de la Iglesia acompañe especialmente a desempleados y a trabajadores precarios, a sus familias, a los jóvenes, mujeres y migrantes, a las víctimas de accidentes laborales y sus familias, a los trabajadores de la economía informal y sumergida. A seguir anunciando la propuesta de liberación de Jesucristo para el mundo obrero. A esta tarea somos enviados por nuestra Iglesia para recorrer solidariamente los caminos en cuyas cunetas quedan hermanos nuestros, Estamos convocados a una nueva imaginación de la caridad y la justicia, llegando hasta las periferias del mundo obrero. A generar espacios de encuentro que devuelvan el protagonismo vital a quienes son excluidos por este sistema económico y político, que posibiliten otra economía, otro trabajo posible, en clave de humanización, que ponga siempre en el centro a las personas. Estamos convocados a ser Iglesia, casa de todos. Queremos invitar a toda la Iglesia a poner en marcha, de manera creativa, posibilidades concretas de economía de comunión que muestren que podemos establecer nuevas relaciones sociales y económicas basadas en la lógica del don y la gratuidad. A trabajar por, y a seguir reclamando proféticamente, un trabajo decente para todos, que haga posible la vida digna personal y familiar, y la construcción de proyectos sociales, económicos, y políticos de fraternidad, solidaridad y justicia, cuyo eje sean los más débiles y los descartados de nuestro mundo. Del mismo modo nos comprometemos, y animamos a sostener y apoyar aquellas iniciativas que ya existen y que hacen posible otra economía, otro trabajo, otra sociedad, acorde con la que Dios, Padre de Misericordia, sueña para todos sus hijos e hijas. Queremos llevar este mensaje de esperanza a nuestras diócesis y movimientos, ofrecerlo como propuesta a nuestras comunidades, a trabajadores y empresarios, a creyentes y no creyentes, a hombres y mujeres de buena voluntad, a todos aquellos dispuestos a seguir abriendo caminos de esperanza para recuperar la dignidad en el mundo del trabajo. A María, Madre de los pobres, madre del divino obrero de Nazaret, confiamos nuestra tarea. Madrid, 16 de noviembre de 2014
«No os dejéis robar la esperanza»
Comunicado de las XIX Jornadas de Pastoral Obrera Bajo el lema “No os dejéis robar la esperanza” se han celebrado, en Ávila, los días 16 y 17 de noviembre, las decimonovenas Jornadas Generales de Pastoral Obrera, que organiza el Departamento de Pastoral Obrera de la CEAS, presidido por Mons. Antonio Algora Hernando, Obispo prior de Ciudad Real, con asistencia de delegaciones y secretariados diocesanos de pastoral obrera de 40 diócesis, y participación de los Movimientos Apostólicos Obreros. Hemos contado con la presencia y las palabras de ánimo de Mons. Jesús García Burillo, Obispo de Ávila. Constatamos que el desempleo, las condiciones indignas de trabajo, y la falta de esperanza asociada a esta larga crisis, generan precariedad y vulnerabilidad no solo laboral, sino precariedad vital. Nuestra sociedad es una sociedad fracturada, que genera exclusión, que deshumaniza, porque ha puesto al dinero en el centro de la vida económica, social y política. Nuestra sociedad ha olvidado que la persona es siempre lo primero, y que sólo el servicio al bien común de toda la persona y de todas las personas legitima la acción política y el dinamismo económico.[1] Y constatamos que esta situación es fruto de la acción interesada de poderes financieros, económicos y políticos, cuya acción inhumana hemos de seguir denunciando, por ser contraria al Evangelio. Constatamos que la precariedad afecta no solo a las personas individualmente consideradas, sino a las familias enteras, a los niños y jóvenes, a los mayores, y a la misma estructura de la convivencia social. El deterioro humano que el desempleo creciente y la precariedad constante van generando clama ante el Dios de la Vida. Donde no hay trabajo, falta la dignidad. No podemos seguir recorriendo esos caminos. En nombre de Dios pedimos, como clamaba recientemente el Papa Francisco: ¡trabajo, trabajo, trabajo! [2] Como miembros de la Iglesia somos conscientes de la necesidad de seguir reivindicando un trabajo decente para todos que sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer: un trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad; un trabajo que, de este modo, haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación; un trabajo que permita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos sin que se vean obligados a trabajar; un trabajo que consienta a los trabajadores organizarse libremente y hacer oír su voz; un trabajo que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, familiar y espiritual; un trabajo que asegure una condición digna a los trabajadores que llegan a la jubilación.[3] (CV 63) Nuestra sociedad debe buscar caminos para hacer posible un trabajo humano digno para todas las personas. Queremos reconocer, valorar, y agradecer cuantos esfuerzos de solidaridad y humanización, y en pro de estructuras políticas y económicas más justas van surgiendo en nuestro mundo, y a cuantas personas –creyentes o no- hacen de la solidaridad con los últimos y de la lucha por la justicia, su camino de vida. Por eso: -Reafirmamos la dignidad inalienable de todas las personas. El trabajo humano es digno porque son los hombres y las mujeres quienes lo realizan. -Queremos abrir horizontes más allá de la precariedad. En Cristo Resucitado, vencedor de la muerte, podemos avanzar en nuevas posibilidades de vida para todos. Hemos de seguir alumbrando, nuevas formas de organización social, económica y política, más justas y humanas. -Hemos de sostener la utopía del Reino, y fomentar el discernimiento cristiano que nos ayude a articular lo utópico, lo posible, y lo concreto. -Queremos ayudar a que las personas descubran y activen sus fortalezas y se abran a la esperanza; queremos suscitar la esperanza en los demás. -Queremos potenciar espacios y experiencias de encuentro y acompañamiento de quienes sufren. Solo desde la solidaridad demostrada seremos capaces de suscitar esperanza. A esta tarea invitamos de corazón a los militantes obreros cristianos, a los miembros de los movimientos apostólicos obreros, de las congregaciones religiosas, de las comunidades parroquiales, de nuestras diócesis, para seguir haciendo “una pastoral obrera de toda la Iglesia”. Ávila, 17 de noviembre de 2013 [1] Cfr. CDSI 398. Cfr. Papa Francisco, Viaje pastoral a Cagliari, Encuentro con el mundo del trabajo 22.09.2013; Discurso 03.10.2013 en el aniversario de Pacem in Terri;, y Discurso 25.05.2013 a la Fundación Centessimus Annus. [2] Papa Francisco. Viaje pastoral a Cagliari. Encuentro con el mundo del trabajo 22.09.2013 [3] Cáritas in Veritate 63
Comunicado de las XVIII Jornadas de Pastoral Obrera
Bajo el lema “Testigos de la Fe para evangelizar el mundo obrero” se han celebrado, en Ávila, los días 17 y 18 de noviembre, las decimoctavas Jornadas Generales de Pastoral Obrera, que organiza el Departamento de Pastoral Obrera de la CEAS, presidido por monseñor Antonio Algora Hernando, Obispo prior de Ciudad Real, con asistencia de delegaciones y secretariados diocesanos de pastoral obrera de 40 diócesis, y participación de los Movimientos Apostólicos Obreros. En el contexto de la celebración del Año de la Fe, de la conmemoración del 50 aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y en el vigésimo aniversario de la publicación del Catecismo, fruto del Concilio, hemos querido sentirnos, una vez más, interpelados por la vida del mundo obrero y del trabajo, y preguntarnos cómo ser testigos de la fe para evangelizar el mundo obrero en las actuales circunstancias. Como mujeres y hombres trabajadores, somos portadores nosotros mismos del dolor y el sufrimiento del mundo del trabajo: el desempleo creciente, la precariedad, las cambiantes condiciones de trabajo, el miedo y la incertidumbre, las condiciones de vida de las familias obreras, cada vez más difíciles; los desahucios que afectan a las familias más empobrecidas, víctimas de la crisis. Como cristianos, miembros de la Iglesia, somos conscientes de cómo todo ello afecta a la propia vida familiar, y cómo dificulta la propia vivencia de la fe y su transmisión. La vida familiar es el primer lugar en el cual el Evangelio se encuentra con la vida ordinaria y muestra su capacidad de transfigurar las condiciones fundamentales de la existencia en el horizonte del amor. Ponemos de manifiesto con nuestros obispos que “la situación de crisis genera en muchas personas sentimientos de malestar y de desencanto, de irritación y de rechazo ante unas instituciones sociales y políticas que, aun disponiendo de tantos medios económicos y técnicos, no han sido capaces de ordenar la vida en común de un modo verdaderamente justo y humano. Los jóvenes sufren de un modo muy intenso los efectos de la crisis y se ven afectados por la falta de trabajo en porcentajes difíciles de soportar. Es éste uno de los aspectos más dolorosos y preocupantes de la actual situación.”(Ante la crisis, solidaridad. Declaración de la Comisión Permanente de la CEE) Nosotros confiamos en la inspiración y en la fuerza del Espíritu, que nos enseñará lo que debemos decir y lo que debemos hacer, aun en las circunstancias más difíciles. Es nuestro deber, por eso, vencer el miedo con la fe, el cansancio con la esperanza, la indiferencia con el amor. Encontramos en este mundo obrero y del trabajo una invitación del Resucitado a ser testigos de su nombre. Junto al mismo Cristo, el otro signo de autenticidad de la nueva evangelización tiene el rostro de los empobrecidos. Por eso percibimos las llamadas urgentes que surgen a la luz del Evangelio en nuestro mundo: liberar el trabajo de aquellas condiciones que no pocas veces lo transforman en un peso insoportable con una perspectiva incierta, amenazada a menudo por el desempleo, especialmente entre los jóvenes; poner a la persona humana en el centro del desarrollo económico; y pensar este mismo desarrollo como una ocasión de crecimiento de la humanidad en justicia y unidad. El hombre, a través del trabajo con el que transforma el mundo, está llamado también a salvaguardar el rostro que Dios ha querido dar a su creación. En esta situación, como Iglesia nos sentimos convocados a renovar nuestra presencia íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia llamados a seguir denunciando los mecanismos perversos de esta economía que impiden que esté al servicio de las personas y su dignidad. Nos sentimos llamados a testimoniar la fe en Jesucristo, único Señor, y a vivir la vida personal, familiar y comunitaria desde la fe en Jesucristo, que nos llama a poner en el centro de la vida las necesidades de los más pobres. Ávila, 18 de noviembre de 2012
Comunicado final de las XVI Jornadas Generales de Pastoral Obrera
Convocados por el Departamento de Pastoral Obrera de la CEAS, y reunidos en San Lorenzo del Escorial los días 20 y 21 de noviembre, bajo la presidencia de D. Antonio Algora Hernando, Obispo de Ciudad Real y Obispo Responsable del Departamento de Pastoral Obrera de la Conferencia Episcopal Española, 70 delegados y delegadas diocesanos, y presidentes y presidentas de los movimientos apostólicos obreros, procedentes de 34 diócesis, participantes en las decimosextas Jornadas Generales de Pastoral Obrera, con el lema “CON LOS BRAZOS ALZADOS A DIOS Y ABIERTOS A LOS TRABAJADORES” queremos compartir con el resto de la Iglesia y con nuestra sociedad las siguientes reflexiones: Pese a cuanto escuchamos, hemos de constatar que el mundo obrero sigue existiendo, y sigue existiendo en conflicto. Un conflicto generado por la primacía dominadora del capital que alcanza todos los ámbitos de la vida humana, haciéndola a veces imposible, por no reconocer la prioridad del trabajo sobre el capital, y la fundamental dignidad y primacía del ser humano, varón y mujer. (LE 3) Esta existencia deshumanizada se agrava con la crisis económica y de valores, que estamos padeciendo de forma global, y que padecen, como siempre, de manera permanente los más pobres del mundo obrero desde quienes queremos mirar esta realidad: desempleados, jubilados, jóvenes, trabajadores precarios, víctimas de accidentes laborales, mujeres, e inmigrantes… (Cf. LE 6) Con los brazos alzados a Dios, la Iglesia quiere ser casa de acogida de quienes sufren las condiciones de vida y trabajo que hoy impera en nuestra sociedad, haciendo un llamamiento a mirar la realidad desde el lugar de los pobres, que es lugar de Dios en la historia. Es decisivo desde el punto de vista pastoral mostrar la capacidad que tiene la Palabra de Dios para dialogar con los problemas que el hombre, varón y mujer, ha de afrontar en la vida cotidiana[…] debemos saber mostrar que Dios escucha la necesidad del ser humano y su clamor. (cf. Verbum Domini n. 23). Queremos compartir con toda la Iglesia la “pastoral obrera de toda la Iglesia” como eje de acción pastoral frente a la crisis, para que con voz profética denuncie con valentía las causas que generan el pecado estructural que a tantos empobrece. Queremos invitar a toda la Iglesia a reconocer y acoger la vida sufriente del mundo obrero como parte innegable de la historia de salvación. (Cf. POTI) Queremos exigir de los poderes públicos una acción constante, comprometida con la causa de los pobres, que dignifique y haga posible la vida humana, que devuelva al trabajo la dignidad propia de quien lo realiza, y que con ello pueda hacer posible la vida personal, familiar y social de todos. (CA 48) Reconociendo que las organizaciones sindicales son factor constructivo de orden social y de solidaridad y, por ello, un elemento indispensable de la vida social (CDSI 305), queremos pedirles una acción, también constante, que tenga en cuenta a los más empobrecidos del mundo obrero, para recuperar la dignidad del trabajo humano y la defensa de la dignidad de los trabajadores. Y una acción decidida para afianzar estas organizaciones como servidoras del mundo obrero. (LE 20) Llamamos a nuestras respectivas comunidades diocesanas y a los militantes de los Movimientos Apostólicos Obreros a vivir un nuevo dinamismo evangelizador que genere nuestra propia conversión personal y comunitaria, para hacer visible un nuevo modo de ser, de sentir, de pensar y de vivir, que haga cercana a todos, la salvación que nos trae Jesucristo, el único liberador, y que transformando las estructuras ayude a crecer el Reino de Dios y su justicia. Con los brazos abiertos a los trabajadores, invitamos a todos a revisar nuestras maneras de vivir. Hemos de recuperar caminos de vida más austeros, fraternos y solidarios, y les decimos que con ellos, encarnados en sus condiciones de vida, en sus problemas y situaciones, la Iglesia quiere seguir haciéndose presente como compañera de camino, compartiendo sus gozos y esperanzas, sus luchas y sus penas, dispuesta a escuchar y a aprender, a dialogar, y a plantar la semilla del Evangelio que es fuente de vida para todos. A Jesucristo, el divino obrero de Nazaret, por intercesión de María, Madre de los pobres, pedimos Vida, y vida en abundancia. (Jn 10,10) El Escorial, 21 de noviembre de 2010 Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo
XV Jornadas de Pastoral Obrera
Convocados por el Departamento de Pastoral Obrera de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar de la Conferencia Episcopal Española, presididos por Monseñor Antonio Ángel Algora Hernando, Obispo de Ciudad Real, Responsable de Pastoral Obrera en la CEAS, y con la asistencia de D. Jesús García Burillo, Obispo de Ávila, hemos celebrado, durante los días 21 y 22 de noviembre de 2009, las XV Jornadas de Delegados Diocesanos de Pastoral Obrera y Presidentes de los Movimientos Apostólicos Obreros, encontrándonos representantes de 34 diócesis, y de las Comisiones Permanentes de los Movimientos Apostólicos (JOC, HOAC, Hermandades del Trabajo, Mujeres Trabajadoras Cristianas), para renovar nuestro compromiso de encarnación, y evangelización, entre los pobres del mundo obrero y del trabajo. Bajo el lema “Al servicio de la verdad que libera”[1] Evangelizar el trabajo en tiempos de crisis, e iluminados por la reflexión presentada por Luis González-Carvajal nos hemos sentido convocados, en palabras del Papa Benedicto XVI,[2] a acoger la verdad del sufrimiento de tantos hombres y mujeres a quienes este modelo de vida personal y de sociedad deshumanizados en el que nos movemos, rompe existencialmente. Desde la verdad del Evangelio, vivida en la Iglesia, les queremos acompañar y ayudar a salir adelante como mujeres y hombres nuevos con los que podamos transformar también la sociedad. Hemos reafirmado nuestra necesidad de mirar la historia desde los últimos, desde abajo, desde los pobres, situados como creyentes en su perspectiva para abordar la tarea de iluminar la construcción de un mundo nuevo. Nos hemos sentido llamados a la conversión en la vida personal y comunitaria de modo que con el testimonio de vida el Evangelio pueda ser creído. Y nos hemos sentido interpelados en la tarea de anunciar el Evangelio a los hombres y mujeres que sufren la precariedad, la siniestralidad laboral, la dureza de la inmigración, que son víctimas de los mecanismos de producción y consumo de nuestra sociedad, necesitada de una renovación radical de los valores que hoy la mueven. Las experiencias de las distintas diócesis nos han mostrado caminos de encarnación, presencia y evangelización en el mundo obrero y del trabajo, como levadura en medio de la masa, desde acciones pequeñas, capaces de sembrar vida y esperanza, en el marco de las líneas ya puestas en marcha en el Plan de acción del trienio: Intensificando la cercanía y solidaridad a los conflictos del mundo obrero y a las víctimas de la crisis (inmigrantes, víctimas de la siniestralidad, desempleados, trabajadores precarios, mujeres y jóvenes…) Potenciando la formación de militantes obreros cristianos Generando un nuevo dinamismo evangelizador, una nueva cultura, una nueva manera de vivir. Denunciando las situaciones injustas, y anunciando la novedad del Evangelio mediante nuestras acciones. La andadura de la Pastoral Obrera en la Iglesia española, desde la publicación del documento La Pastoral Obrera de toda la Iglesia[3], actualizada desde la reflexión sobre el conflicto social hoy, que vio la luz en el libro “El Trabajo Humano, Principio de Vida”, fruto de largos años de trabajo, ha recorrido un camino fructífero en la misión de plantar la Iglesia en medio del mundo obrero y del trabajo. La pastoral obrera de toda la Iglesia tiene su garantía de novedad evangelizadora en el compromiso apostólico de la comunidad cristiana. Es toda la comunidad la que debe sentirse comprometida en esta acción misionera con el mundo del trabajo.[4] Debemos, como cristianos, impulsar una cultura de la solidaridad y de la gratuidad. Debemos abrir caminos de humanización. Por eso ponemos en manos de Dios Padre, por medio de María, la Virgen Madre, obrera de Nazaret nuestro trabajo. Que por su intercesión se llenen de vida las tareas en las que nos empeñamos para vivir al servicio de la verdad que libera, que no es otra que la del Evangelio de Jesucristo, que estamos llamados a anunciar, con toda la Iglesia, a los hombres y mujeres del mundo del trabajo. [1] Cfr. Caritas in Veritate, Benedicto XVI [2] cfr. CV 9 [3] LXII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española [4] Derechos sociales y Caridad Política, Carlos Amigo Vallejo
Que con la fuerza del Espíritu Santo desbordéis de esperanza
“La crisis económica preocupa a la pastoral obrera” Durante los días 22 y 23 de noviembre de 2008 se han celebrado en Madrid, las Jornadas Generales de los Delegados Diocesanos de Pastoral Obrera y Presidentes de los Movimientos Obreros Cristianos, presididos por Mons. D. Antonio Algora, Obispo de Ciudad Real y Responsable del Departamento de Pastoral Obrera, de la CEAS y con la presencia de 32 diócesis, con el lema “Con la fuerza del Espíritu Santo desbordéis de esperanza”. Durante éstas, Francisco Pérez, economista y miembro del Equipo de la Delegación Pastoral Obrera de Zaragoza, ha impartido la ponencia “Crisis económica, causas y consecuencias para el Mundo Obrero y lectura desde la Revelación y la Doctrina Social de la Iglesia”. Hemos compartido experiencias de diferentes diócesis que nos han animado a seguir con esperanza en la misión que la Iglesia nos ha encomendado. También nos hemos planteado las líneas de acción del Departamento de Pastoral Obrera para los próximos años.En estas Jornadas hemos constatado que: Vivimos en una sociedad con profundas convulsiones, que se nos presenta con grandes amenazas para la vida de los hombres y mujeres del mundo obrero, pero también con posibilidades para la vida humana. En esta situación comprobamos cómo el sistema neoliberal de producción y consumo, que domina la sociedad y los cambios sociales, se ha manifestado incapaz de solucionar los graves problemas de la humanidad y ha seguido generando empobrecimiento en amplios sectores del mundo obrero. Esta realidad está rompiendo la sociabilidad humana, provocando un radical empobrecimiento de las personas y de las relaciones que se dan entre ellas. Esto se ve agravado con la crisis económica que estamos padeciendo. Esta crisis no es solo un problema económico sino, sobre todo, un problema moral que pone de manifiesto “los valores éticos” y las bases sobre las que está construida la economía y la sociedad. La crisis es también un problema político ya que la liberalización de la economía ha impedido e impide el bien común de la humanidad. Los Estados anteponen la economía a las personas y premian a los culpables a costa de las víctimas. La Doctrina Social de la Iglesia nos reclama que desarrollemos la acción política como una realidad constitutiva de nuestra humanidad concretada en la dignidad de la persona y en el bien común. Por eso es necesario reconstruir la dimensión política de la naturaleza humana, especialmente de las víctimas del sistema de producción y consumo. Por nuestra parte, movidos por el Espíritu, fuente de esperanza, nos comprometemos a impulsar en el mundo obrero y en la Iglesia un diálogo que responda al proyecto de humanización que Jesucristo nos ofrece. Pedimos al Señor, el Obrero de Nazaret, que nos dé la fuerza y la espiritualidad necesaria para que, a través de las Líneas de Acción de la Pastoral Obrera de Toda la Iglesia, sigamos contribuyendo a la liberación de los empobrecidos de todas las crisis. Sólo desde una vida y un compromiso evangelizador, como respuesta agradecida al amor de Dios, seremos capaces de caminar en nuestro servicio al mundo obrero.
Nueva dinámica evangelizadora al servicio de la esperanza en Cristo
Durante los días 23 Y 24 de febrero de 2008 se han celebrado en El Escorial (Madrid), organizadas por el Departamento de Pastoral Obrera (CEAS) y presididas por Monseñor Antonio Algora Hernando, Obispo de Ciudad Real y Obispo responsable de Pastoral Obrera de la Conferencia Episcopal, las XIII Jornadas de Delegados, Directores de Secretariados de Pastoral Obrera y responsables generales y de formación de los Movimientos Obreros Cristianos (Hermandad Obrera de Acción Católica –HOAC-, Juventud Obrera Cristiana –JOC-, Hermandades del Trabajo –HHT-, Mujeres Trabajadoras Cristianas –MTC- Y Acción Católica Obrera –ACO-) y de los Equipos Parroquiales de Pastoral Obrera (EPPOs). Bajo el lema “Nueva dinámica evangelizadora al servicio de la esperanza en Cristo”, alrededor de 100 personas, procedentes de la mayoría de las diócesis españolas, y de los distintos movimientos apostólicos hemos estado reflexionando sobre algunos de los aspectos del contenido del libro “El trabajo humano, principio de vida” publicado por el Departamento de Pastoral Obrera de la Conferencia Episcopal Española, y editado por Alfonso Alcaide Maestre. Hemos profundizado en la concreción de la evangelización desde el compromiso de los militantes, con los testimonios de Toni Martínez Santamaría, María Luisa Martín, Laura Arjona y José Pinteño que viven su compromiso en distintos ambientes (sindical, inmigración, trabajo juvenil y problemática del calzado en el Valle del Vinalopóo en Alicante). Francisco Porcar (Militante de la HOAC) nos planteó algunas sugerencias para la revisión de nuestra experiencia en tres aspectos: (en los problemas concretos del Mundo Obrero y del trabajo, para extender nuestra manera de entender la Pastoral Obrera y para promover el acompañamiento comunitario de la Pastoral Obrera). Una vez más hemos constatado que el sistema económico actual (el sistema de producción y consumo que predomina en nuestra sociedad) se ha convertido en sistema social y cultural, de manera que está alterando gravemente la realización personal, familiar, social, cultural, espiritual y religiosa, al invadir el trabajo el tiempo de vida, al imponer el consumo como ideal de felicidad y al inducir al ocio evasivo como válvula de escape. Nos proponemos un nuevo dinamismo para anunciar a la mayoría social que formamos los trabajadores y trabajadoras el proyecto de felicidad de Jesucristo y a denunciar las situaciones que vulneran la dignidad de la persona, implicando a otros, haciendo protagonistas a quienes sufren estas situaciones y a fortalecer en la sociedad aquellas instituciones que se encargan de promover la justicia y la igualdad entre todos los/las trabajadores/as: sindicatos, partidos políticos y asociaciones civiles. Con el propósito de trasladar todas estas reflexiones y propuestas a cada una de las diócesis y en un ambiente de oración y comunión que ha tenido presente en todo el encuentro la vida, el sufrimiento y las situaciones de conflicto del mundo obrero, especialmente nos solidarizamos con la situación de las familias de “Pasta de Conchos” (Méjico), donde todavía siguen pendiente de rescate los cadáveres de 63 mineros fallecidos hace ya 2 años. Todo nuestro apoyo y solidaridad con las familias afectadas. Que Jesús, el obrero de Nazaret nos guíe, oriente e ilumine en la puesta en marcha de todo este proceso.
Nueva comprensión del Mundo Obrero, nueva evangelización, nueva espiritualidad
Durante los días 24 Y 25 de febrero se han celebrado en El Escorial (Madrid), organizadas por el Departamento de Pastoral Obrera (CEAS) y presididas por Mons. D. Antonio Algora Hernando, Obispo de Ciudad Real y Obispo responsable de Pastoral Obrera de la Conferencia Episcopal, las XII Jornadas de Delegados, Directores de Secretariados de Pastoral Obrera y responsables generales y de formación de los Movimientos Obreros Cristianos (Hermandad Obrera de Acción Católica –HOAC-, Juventud Obrera Cristiana –JOC-, Hermandades del Trabajo –HHT-, Mujeres Trabajadoras Cristianas –MTC-) y de los Equipos Parroquiales de Pastoral Obrera (EPPOs). Bajo el lema “Nueva Comprensión del Mundo Obrero, Nueva Evangelización, Nueva Espiritualidad”, 60 personas, procedentes de la mayoría de las diócesis españolas, continuando la reflexión iniciada en “El Trabajo Humano, Principio de Vida” y teniendo muy en cuenta el documento “La Pastoral Obrera de Toda la Iglesia” hemos constatado que el sistema económico actual (el sistema de producción y consumo que predomina en nuestra sociedad) se ha convertido en sistema social y cultural, de manera que está alterando gravemente la realización personal, familiar, social, cultural, espiritual y religiosa, al invadir el trabajo el tiempo de vida, al imponer el consumo como ideal de felicidad y al inducir al ocio evasivo como válvula de escape. La consecuencia de todo ello es que, además de producir cada vez más pobres, rompe a la persona y su posibilidad de ejercer la comunión para con otras al proponer un proyecto de realización humana adaptado a las necesidades del mercado. Esto reduce a la persona a mera herramienta o mercancía negociable sin otra perspectiva al margen de la tenencia, el consumo y el disfrute individual (ganar, gastar y gozar). Hemos denunciado esta situación como radicalmente contraria al bien del ser humano, que excluye a los humanismos y, en la práctica, lo incapacita para trascenderse a sí mismo, en su relación con los demás y con Dios. Ante esta realidad, la respuesta que desde la Pastoral Obrera (P. O.) hemos de dar no es otra que: Ofrecer un modelo de vida diferente, centrado en la vivencia de la caridad cristiana, en clave de justicia y de servicio a los empobrecidos desde los problemas concretos del mundo del trabajo. Afirmar que nuestra preocupación y ocupación es la cercanía con quienes más están sufriendo esos problemas y en entregar nuestra existencia a que sea posible una vida digna para ellos y sus familias. Ofrecer lo que, para nosotros está siendo fuente de dignidad, humanización y felicidad: El Evangelio, la buena noticia de Jesucristo, como propuesta de liberación humana. Con el propósito de trasladar todas estas reflexiones y propuestas a cada una de las diócesis y en un ambiente de oración y comunión que ha tenido presente en todo el encuentro la vida, el sufrimiento y las situaciones de conflicto del mundo obrero, especialmente el cierre de la empresa Delphi-Puerto Real en Cádiz que no ha dudado en dejar a la intemperie a más de 4.000 familias entre puestos de trabajo directos e indirectos. Todo nuestro apoyo y solidaridad a los trabajadores y familias afectadas. Que Jesús, el obrero de Nazaret nos guíe, oriente e ilumine en la puesta en marcha de todo este proceso.