1.- En este año en el que por el impulso del papa Francisco la Iglesia está trabajando de manera especial sobre los problemas de los “menores migrantes, vulnerables y sin voz” queremos manifestar nuestra preocupación sobre las consecuencias de las recientes medidas que la Comisión Europea aprobó el 2 de marzo pasado donde se invita a expulsar de la forma más rápida posible a migrantes en situación de irregularidad, entre los que probablemente se encuentren niños. Esta propuesta puede suponer, de hecho, que prime la condición de inmigrante antes que la de ser menor, con lo cual se podrían conculcar los derechos de los menores. De entre las medidas, la más sorprendente es la de prolongar los períodos de detención. Los niños no deberían ser detenidos porque la detención nunca les beneficia. Y hay que recordar que solicitar asilo no es un acto ilegal. Debemos ver a los menores migrantes – especialmente a los no acompañados – como una oportunidad, “un reto y una esperanza “, no como un problema. Así lo manifestábamos en nuestro Mensaje del 16 de enero de 2017 con motivo de la Jornada de las Migraciones. También decíamos que “Alguien ha de gritar con ellos y en su nombre” .Por eso pedimos que se les trate como lo que son: personas inocentes y vulnerables por lo que merecen un trato especial. Insistimos, una vez más, en que los países deben tomar en serio este asunto y tratar el fenómeno de las migraciones con responsabilidad tanto en el origen como en la acogida. Observamos con inmensa tristeza cómo se están construyendo muros y tomando medidas para impedir el flujo migratorio. Las Administraciones públicas tienen la responsabilidad de ordenar las corrientes migratorias; pero teniendo en cuenta siempre la protección de los derechos de los más indefensos y vulnerables. No olvidemos que los menores son muchas veces, junto con las mujeres, víctimas inocentes de la trata de personas con fines de explotación laboral, sexual, de extracción de órganos etc. La Iglesia desea colaborar con la sociedad y caminar junto a estos niños migrantes para dar solución justa a este problema. Para ello cuenta en España con una generosa red de ayuda a estos sectores de la población dentro de las diócesis y de las congregaciones religiosas e institutos de vida consagrada así como de asociaciones laicales. Desde la Comisión Episcopal de Migraciones estamos alentado y apoyando la coordinación de las instituciones eclesiales y su trabajo relacionado con la Infancia y Juventud en riesgo. 2.- Por otro lado, queremos recordar que hace un año los obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones ante el acuerdo alcanzado entre la Unión Europea y Turquía para devolver a este último país a los refugiados que habían llegado a Europa, manifestábamos “el inmenso dolor ante esta y todas las últimas tragedias humanitarias que afectan a emigrantes y refugiados”. Queremos de nuevo recordar – como dice el Santo Padre – que “detrás de estos flujos migratorios, en continuo aumento, está siempre la inhumanidad de un sistema económico injusto en que prevalece el lucro sobre la dignidad de la persona y el bien común; o la violencia y la ruina que genera la guerra, la persecución o el hambre”. Por eso reiteramos de nuevo el deseo de acompañar como pastores de la Iglesia a las organizaciones eclesiales que trabajan con inmigrantes y refugiados las cuales han hecho pública una nueva Nota el 21 de Marzo, titulada “Un año desde el acuerdo UE- Turquía: pasos en la mala dirección”. En ella han hecho oír su voz en defensa de los derechos de estas personas desvalidas que reclaman con justicia nuestra solidaridad. 3.- Por último, deseamos que se cumplan, cuanto antes, las propuestas que nuestro Gobierno asumió en la acogida de los migrantes, invitándole a una más amplia generosidad en las mismas. La Iglesia, en una labor subsidiaria a la del Estado, está dispuesta a colaborar siempre dando respuestas integrales para responder a estos flujos de migrantes y refugiados. A través de sus instituciones apoya diferentes ofertas de acogida, acompañamiento e integración, como las que especialmente propone la red Migrantes con Derechos (Caritas, Confer, Justicia y Paz y la propia Comisión Episcopal de Migraciones) y la Comunidad de San Egidio con los pasillos humanitarios. A todos los que impulsados por las palabras de Jesús “Fui forastero y me acogisteis” (Mt 25,35) o movidos por la buena voluntad, trabajan por y con los inmigrantes, emigrantes y refugiados, nuestro sincero agradecimiento. Y nuestra bienvenida de todo corazón a los mismos inmigrantes y refugiados. Sabed que la Iglesia también es vuestra familia y vuestra casa. Los obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones Madrid, 27 de marzo de 2017
«Redescubrir el don de la hospitalidad»
Comunicado final del Encuentro de obispos y delegados responsables de la pastoral de los migrantes de las Conferencias Episcopales de Europa La gente conoce cada vez más el drama que viven miles de migrantes que cada día se arriesgan tratando de alcanzar el territorio europeo, cruzando el Mediterráneo en barcos en mal estado y el desierto en largas marchas de la muerte; en cambio son menos conocidas las historias de generosidad, historias donde se comparte y se acoge genuinamente, historias que acompaña el fenómeno migratorio de los últimos tiempos. Después de la urgencia de acoger, la Iglesia Católica está en primera línea en la emergencia relacionada con la integración de miles de migrantes. En Madrid, los obispos y los delegados responsables de la pastoral de los migrantes en Europa han dialogado sobre los «modelos» de integración, las buenas prácticas y los desafíos para la sociedad europea. Después de haber afrontado la cuestión de la acogida en el año 2015, los directores nacionales de la pastoral de los migrantes se han focalizado en el Año de la Misericordia en el desafío de la integración. El encuentro tuvo lugar en Madrid desde el 26 al 27 de septiembre invitados por el obispo de Albacete, Mons. Ciriaco Benavente Mateos, Presidente de la Comisión Episcopal de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española. La integración de los migrantes y de los refugiados es un fenómeno complejo y de múltiples facetas donde no existe un modelo único, sino diferentes experiencias relacionadas con las necesidades y las posibilidades del territorio que acoge. La Iglesia Católica, como han testimoniado los participantes, está comprometida en todos los países con diferentes actividades y programas. Sin embargo, ya sea la acogida como la integración no son prerrogativas de un sector particular de la sociedad civil y/o de instituciones de la iglesia, sino de toda la sociedad, porque es la persona en su totalidad – es decir, es una persona que necesita un trabajo, una casa pero también necesita el afecto de una familia y un apoyo espiritual – que debe ser acogida. Tampoco es un asunto solamente del migrante o de quién pide asilo, sino que corre por un camino paralelo poniendo en juego también la responsabilidad y la capacidad de la comunidad que acoge, llamada a dar espacio a la diversidad. Con su enfoque, la Iglesia siempre busca promover esta doble dimensión, con un trabajo que tenga en cuenta tanto las necesidades de los migrantes, en su integralidad y en su dignidad de persona, como también las necesidades de la comunidad que acoge. Los muros, antes de ser realidades físicas, son los muros que se elevan en los corazones humanos. La ignorancia y el miedo son, de hecho, los primeros obstáculos que hay que superar. Las personas tienen que comprender qué significa ser un refugiado, qué significa tener la propia vida contenida en una simple mochila. Por lo tanto, es claro que el verdadero desafío de la integración pasa antes que nada a través de un trabajo educativo de toda la sociedad. Es necesario educar a la gente al diálogo y al encuentro. De hecho, el encuentro con los que son diferentes a nosotros, si se realiza con la disposición apropiada, es siempre enriquecedor y se inserta en la óptica del intercambio de dones. Este acompañamiento de la comunidad que acoge debe realizarse junto a todas las realidades sociales y eclesiales presentes en el territorio. Sólo una educación al encuentro y al diálogo permitirá erradicar temores injustificados, sostenidos frecuentemente por estereotipos y cliché, que alimentan cada vez más sentimientos xenófobos en Europa. Entre las distintas experiencias presentadas por los participantes, el medio pedagógico-pastoral privilegiado para promover una real integración parece ser “trabajar juntos”. Es en el hacer juntos, acciones y actividades concretas que el migrante y la comunidad que acoge se perciben como una sóla cosa. En el espíritu del Año de la Misericordia, los directores nacionales luego han recordado la necesidad de volver a descubrir el significado y el valor de la hospitalidad que ayuda a los cristianos a responder mejor al desafío de la integración. En esta óptica, la parroquia es, sin duda, el espacio privilegiado donde se puede realizar una verdadera pedagogía del diálogo y del encuentro. En sus distintas realidades, la comunidad parroquial puede convertirse en un gimnasio de la hospitalidad, el lugar donde se realiza el intercambio de experiencias y de dones, donde se forja la convivencia pacífica que todos aspiramos. En Madrid, los directores nacionales también discutieron algunas cuestiones afrontadas anteriormente y que aún existen, como el tráfico de seres humanos (el trabajo que lleva adelante el Santa Marta Group), la presencia de los inmigrantes católicos chinos en Europa y la dinámica de la evangelización de los chinos en Europa. En la Parroquia “Santa María del Silencio” junto a una delegación de la diócesis de la pastoral de los migrantes de Madrid, los participantes celebraron la Eucaristía, animada por un coro africano y presidida por el arzobispo de la ciudad, S. E. Mons. Carlos Osoro Sierra. Más tarde, en el centro de acogida ‘San Ignacio’ de los padres Jesuitas de Madrid se reunió un numeroso grupo de jóvenes africanos, donde fue posible apreciar concretamente las distintas iniciativas que se realizan en el Centro Ignaciano para promover la integración, especialmente a través del trabajo y la educación. Los trabajos se concluyeron encontrando el Presidente de la Conferencia Episcopal Española, el Cardenal Ricardo Blázquez Pérez, en la sede de la Conferencia Episcopal en Madrid y un encuentro en Toledo – ciudad particularmente comprometida en el trabaja con los migrantes – con el arzobispo local, Mons. Braulio Rodríguez Plaza.
Encuentro en Madrid de los responsables de migraciones de las Conferencias Episcopales de Europa
Los obispos y delegados responsables de la pastoral de migraciones de las Conferencias Episcopales de Europa van a celebrar en Madrid su reunión anual. El encuentro tendrá lugar los días 26 y 27 de septiembre con el objetivo de analizar los desafíos de la integración de los refugiados después de la acogida. Organiza este encuentro el Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE), con la ayuda de la COMECE. Misa de la clausura en la sede la Conferencia Episcopal Durante dos días los responsables de migraciones de las Conferencias Episcopales de Europa analizarán la respuesta de la Iglesia ante el flujo migratorio en Europa, tratando de integrarla en el Año de la Misericordia. Los trabajos tendrán lugar en la residencia de la Asunción, en Madrid. El martes, día 27 de septiembre, se trasladarán a la sede de la Conferencia Episcopal Española (CEE), donde se celebrará la Eucaristía de clausura presidida por el cardenal Ricardo Blázquez Pérez, presidente de la CEE. > Nota del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa > Programa del Encuentro > Lugar de la celebración de las jornadas: Residencia la Asunción (Calle de los Olivos, 19-23, 28003 Madrid)
Nota de la Comisión Episcopal de Migraciones ante los últimos acontecimientos en Europa
Los obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones ante el acuerdo alcanzado ayer en Bruselas entre la Unión Europea y Turquía para devolver a este último país a todos los refugiados que últimamente han llegado a Europa desde las costas del Egeo, manifiesta su inmenso dolor ante esta y todas las ultimas tragedias humanitarias que afectan a emigrantes y refugiados. Nos olvidamos que «detrás de estos flujos migratorios, en continuo aumento, está siempre la inhumanidad de un sistema económico injusto en que prevalece el lucro sobre la dignidad de la persona y el bien común; O la violencia y la ruina que genera la guerra, la persecución o el hambre». Tal y como manifestamos ante la Jornada Mundial de Migraciones del pasado 17 de Enero de 2016 Queremos unir nuestra voz de pastores de la Iglesia a la de las organizaciones eclesiales que trabajan con inmigrantes y refugiados, que han hecho oir su voz en defensa de los derechos de estas personas desvalidas que reclaman con justicia nuestra solidaridad…» Celebramos asimismo como también escribíamos entonces que “ el trabajo, la reflexión y la toma de posturas en común, que se viene realizando entre las diversas organizaciones eclesiales que trabajan con especial preferencia en el campo socio-caritativo, ha sido un signo elocuente de fraternidad y de comunión eclesial». Y tal y como los obispos señalábamos en el citado mensaje, «mantener un discurso común contribuirá más eficazmente a haceros oír, a sensibilizar a nuestra comunidades en la defensa de los derechos de refugiados e inmigrantes y a avanzar en el cultivo de la cultura de la acogida e integración de estos hermanos». Y en este mismo sentido desearíamos para toda Europa proyectos como los que alabó el Santo Padre en el ángelus del pasado 5 de marzo: «Como signo concreto de compromiso por la paz y la vida quisiera citar y expresar admiración por la iniciativa de los pasillos humanitarios para los refugiados, iniciada recientemente en Italia. Este proyecto piloto, que une la solidaridad y la seguridad, consiente ayudar a personas que huyen de la guerra y de la violencia, como los cien de refugiados ya trasladados en Italia, entre los cuales niños enfermos, personas discapacitadas, viudas de guerra con hijos y ancianos. Me alegro también porque esta iniciativa es ecuménica, siendo sostenida por la Comunidad de San Egidio, Federaciones de las Iglesias Evangélicas Italianas, Iglesias Valdenses y Metodistas». Los obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones Madrid 8 de marzo de 2016
Por una mayor generosidad en la acogida de los refugiados y desplazados en Europa
Día tras día somos golpeados por las noticias de numerosas personas, que, huyendo de la guerra o del hambre, acaban dejando la vida de manera trágica, en mar o en tierra, o se encuentran en situaciones extremas. Son hombres, mujeres y niños, en no pocos casos familias enteras, que lo han perdido todo. Sólo les queda la vida, y ésta amenazada. Sería horrible que la repetición de los hechos acabara anestesiándonos; que, como dice el Papa Francisco, «la globalización de la indiferencia acabara por secarnos las lágrimas»; que dejáramos de clamar contra «este grave crimen contra la familia humana», como ha sido calificado también por el mismo Papa Francisco. Situaciones como las que se están viviendo, que muchos califican de verdadera catástrofe humanitaria, reclaman respuestas urgentes, eficaces y generosas. Europa, a cuyas puertas llaman angustiadas estas personas pidiendo refugio, ha de implicarse con mayor empeño en buscar soluciones globales. Han de comprometerse manera efectiva en primer lugar los gobiernos, pero también los ciudadanos. En nuestro mensaje para la Jornada de las Migraciones, decíamos los obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones que » hay que ponerse dentro de la piel del otro para entender qué esperanzas y deseos les mueven a dejar su tierra, su familia, los lugares conocidos; de qué situaciones busca escapar». Clama al cielo constatar, junto a las abismales desigualdades de renta media per cápita y de esperanza media de vida, la violencia y las persecuciones desatadas por fanatismos inhumanos o por otras razones políticas. Desde la Comisión Episcopal de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española, nos unimos, una vez más, al clamor de tantas organizaciones y comunidades cristianas, a hombres y mujeres de buena voluntad, que se sienten interpelados por esta dramática realidad que nos llega al corazón. No queremos quedar en el silencio para no ser cómplices de la indiferencia y de la llamada política del descarte que denuncia el Papa Francisco. Hace dos años, ya pedimos al Gobierno desde la Conferencia Episcopal, sin obtener respuesta, la acogida en España de algún grupo de refugiados sirios. Reiteramos nuestra petición de la más amplia generosidad en este momento, para la acogida de quienes piden refugio y acogida de manera urgente. Pedimos también la comprensión y colaboración de todos los ciudadanos, a la vez que ofrecemos la de nuestras comunidades y centros de acogida. Los cristianos tenemos por razones humanitarias y evangélicas un especial deber de justicia y caridad, distintivo de nuestra condición. Invitamos a orar para que nuestro Dios, el Dios de la Misericordia, conceda la paz y el gozo eterno a los que han muerto buscando un mundo mejor. Pedimos el consuelo de la esperanza para sus familiares, así como la luz y la generosidad para todos los responsables de encontrar las repuestas que, en actual situación, reclaman, a gritos y con lágrimas, tantos hermanos desplazados ante nuestras fronteras de Europa, como un día lo hicieron compatriotas nuestros. 1 de Septiembre de 2015 COMISION EPISCOPAL DE MIGRACIONES
Encuentro de Directores de Pastoral de Inmigrantes de Europa en Vilnius (Lituania)
Del 29 de junio al 2 de julio se ha celebrado en Vilnius (Lituania) la reunión de responsables de la Pastoral de Inmigrantes en las conferencias episcopales de Europa, organizado por la CCEE. En representación de la Conferencia Episcopal Española (CEE) han asistido Mons. Juan Antonio Menéndez, obispo auxiliar de Oviedo y miembro de la Comisión Episcopal de Migraciones, y el P. José Luis Pinilla sj., director del secretariado de la citada Comisión. El P. José Luis Pinilla realizó una intervención sobre el trabajo de la Iglesia española contra la trata de personas, donde presentó algunos materiales sobre la trata de personas que se han realizado en colaboración con la Comisión Episcopal de Migraciones de la CEE. También presentó un vídeo sobre esta tema elobrado por la misma Comisión: — Guía didáctica «Trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual» — Trafficking in persons for sexual exploitation and proposed social and pastoral action — Vídeo sobre la trata de la Comisión Episcopal de Migraciones de la CEE Al finalizar el encuentro, se ha hecho pública una nota final con las conclusiones del mismo: — «Acogida del migrante: el desafío educativo» (Vilnius, Lituania, 30 junio – 2 julio 2015)
Comunicado final de la Comisión Mixta del Mediterráneo
Del 3 al 5 de mayo 2015, se ha celebrado en Madrid la reunión de la Comisión Mixta del Mediterráneo que reunió a trece obispos, cinco sacerdotes, dos laicos y una religiosa. Todos ellos, provenientes del norte de África (Marruecos, Túnez, Argelia), de Francia, Portugal, Italia y España, son los responsables de la pastoral de los migrantes, del diálogo islámico-cristiano y de la misión universal de la Iglesia. Y junto a ellos participaron en la reunión directores y técnicos de los servicios nacionales. El Encuentro se clausuró con una Eucaristía en la Catedral de Toledo, presidida por el Sr. Arzobispo D. Braulio González. Este Comisión se reúne cada dos años desde 1989 para compartir información, experiencias y orientación sobre cuestiones y eventos que afectan a cuestiones pastorales comunes a ambas orillas del Mediterráneo. Este año hemos trabajado el tema de la recepción y el acompañamiento de los catecúmenos que vienen de otras religiones. Cuando se producen estas peticiones especiales se requiere un camino catecumenal que debe tener en cuenta sus tradiciones religiosas y culturales. Asimismo fueron presentadas herramientas de catequesis específicas que pueden ayudar a los nuevos conversos a seguir un rico itinerario de encuentro con Cristo, insertados en la vida de la Iglesia. También se trató la cuestión de los matrimonios entre cónyuges cristianos y de otras religiones constatando la complejidad de las situaciones a causa de las diferencias culturales y las tradiciones de la familia sobre el matrimonio, o por la distinta situación social y la legislación de cada país, o por el interés en la elección de la educación religiosa de los niños etc. Un punto importante de atención en el plano pastoral fue estudiar la recepción, preparación y celebración de los matrimonios y como acompañar mejor en su proceso a estas familias También pudimos intercambiar noticias sobre la situación de los países del norte de África. Estamos muy preocupados por lo que está ocurriendo en Libia y las consecuencias dramáticas que sufren los cristianos en este país. También abordamos la presión migratoria creciente en el Mediterráneo con resultados extremadamente peligrosos y trágicos para la vida de los emigrantes. Tras los muchos naufragios, algunos de ellos muy recientes, los miembros de la Comisión llaman fuertemente la atención e interpelan a los Estados y a la Unión Europea para que asuman conscientemente su responsabilidad no sólo para que promuevan todos los recursos necesarios para los caminos y rescates humanitarios en todas sus modalidades , sino sobre todo, para que promuevan políticas globales de migración y asilo con el total respeto y defensa de la dignidad y de los derechos humanos fundamentales, incluido , por supuesto, el derecho a la integridad de la vida, de los migrantes. El trabajo de estos días será tenido muy en cuenta por los distintos servicios nacionales de nuestros países. Y así poder contribuir en cada país y en cada Iglesia con las mejores propuestas para nuestras prácticas pastorales y sociales en el ámbito de las migraciones. +Arzobispo Laurent Dognin, Obispo auxiliar de Burdeos. +Arzobispo Vincent Landel , Arzobispo de Rabat Co-presidentes de la Comisión Mixta Nota : Por parte de la Conferencia Episcopal Española participaron, Monseñor D. Ciriaco Benavente, Presidente de la Comisión Episcopal de Migraciones, Monseñor D. Rafael Zornoza, Obispo de Cadiz-Ceuta, el P. Jose Luis Pinilla S.J. , Director del Secretariado de la CEM , y la Hermanita de Jesus Maria Jesús Arandia.
Reunión de la Comisión Mixta de Obispos del Norte de África y Sur de Europa
La Comisión Mixta de Obispos del Norte de África y Sur de Europa (CERNA) está celebrando en Madrid, del 3 al 5 de mayo, su encuentro bianual apoyados por la Comisión de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española, que preside el obispo de Albacete, Mons. Ciriaco Benavente. La reunión está copresidida por el Arzobispo de Rabat, Mons. Vicent Landel, y el obispo auxiliar de Burdeos, Mons. Laurent Dognin, Presidente de la Comisión Episcopal para la Misión Universal en Francia. Participan otros ocho obispos y arzobispos de Francia, Portugal, Italia, Túnez, Argelia y Marruecos; así como distintos expertos en el tema de Francia. La CEE está representada por Mons. Ciriaco Benavente, por el obispo de Cádiz y Ceuta, Mons. Rafael Zornoza, y por el director del secretariado de la Comisión Episcopal de Migraciones, P. José Luis Pinilla, S.J. El encuentro está centrado en dos temas principales. Por un lado, reflexionan sobre cómo acoger y acompañar a los catecúmenos inmigrantes que vienen de tradición árabe-musulmana y/o de culturas de África sub-sahariana. Además, abordan, distintos temas de pastoral familiar desde la perspectiva del próximo Sínodo de la Familia de octubre de 2015. La reunión de la Comisión Mixta de Obispos del Norte de África y Sur de Europa concluirá mañana, martes 5 de mayo, en Toledo, con una Eucaristía en la Catedral presidida por su arzobispo, Mons. Braulio Rodríguez, a partir de las 18.30 h. Desde el año 1989 se organizan estos encuentros cada dos años entre los obispos de ambas orillas del Mediterráneo, con la participación de distintos expertos en migraciones y en relaciones interreligiosas, con el fin de intercambiar información sobre temas que afectan a las iglesias de las dos orillas del Mediterráneo en sus dimensiones pastorales.
El cuidado pastoral de los migrantes y refugiados en Europa: una propuesta de comunión
Los obispos y delegados responsables de los migrantes de las Conferencias Episcopales de Europa han mantenido un encuentro en Malta, del 2 al 4 de diciembre de 2013, sobre el cuidado pastoral de los migrantes y refugiados en Europa: una propuesta de comunión. En este encuentro ha ofrecido una ponencia el presidente de la Comisión Episcopal de Migraciones de la CEE y obispo de Albacete, Mons. Ciriaco Benavente, que reproducimos a continuación. También se incluye la ponencia introductoria, las conclusiones y una crónica del encuentro. «Cooperación entre las Iglesias para el cuidado de los emigrantes y refugiados» Mons. D. Ciriaco Benavente Mateos, obispo de Albacete Presidente de la Comisión Episcopal de Migraciones “La Iglesia no ha llegado a ser universal y multicultural en el curso de su historia, lo es por su origen de comunidad de creyentes abierta al mundo entero. La Buena nueva se dirige a toda la creación, no está restringida a un grupo cultural o ciertas razas. Nunca es una Iglesia nacional, siempre es universal…. Tenemos que estar siempre listos para rechazar la tentación de Babel, para poder buscar los caminos que nos permitan vivir Pentecostés. La unidad que buscamos no es la de la uniformidad. Nos inspiramos en la unidad del Dios trino, a la vez uno y distinto, religado esencialmente por el amor (Kurt Koch, obispo de Bâles) 1.- Introducción Probablemente en todas nuestras Conferencias Episcopales hemos tratado reiteradamente el tema de la cooperación entre Iglesias. Tengo delante un texto de la Conferencia Episcopal Española, de 3 de marzo de 2011, cuyo título coincide casi literalmente con el que me ha sido asignado para esta intervención. Bastaría con cambiar lo de cooperación “misionera” por cooperación “para el cuidado de los emigrantes y refugiados”. Todo lo que se ha dicho sobre cooperación, referido a la missio ad gentes , es válido también en el campo de las migraciones. La experiencia de la misión ad gentes puede ser paradigmática tanto en lo referente a la cooperación entre Iglesias como en el trabajo evangelizador. Las gentes no sólo están allende los mares; muchos viene viven ya aquí, entre nosotros, son inmigrantes . En numerosos documentos se nos exhorta a los obispos a esta cooperación. El Pontificio Consejo nos señala posibilidades diversas, desde la “Exul Familia” hasta “Erga migrantes caritas Christi”. Me propongo tres pasos : primero, recordar alguno textos significativos del Magisterio en que se nos exhorta a la cooperación. La rememoración intensifica las convicciones y ablanda las resistencias que en nosotros pudieran existir. Son tantos los campos que reclaman nuestra solicitud pastoral que, sin darnos cuenta, los límites de nuestro horizonte pueden acabar coincidiendo con los de la Diócesis. En segundo lugar recordaré algunas experiencias de colaboración ya realizadas. Finalmente apuntaré algunas otras posibles pistas de colaboración. Nuestra iglesia ha recibido la gracia y, por tanto, la gozosa obligación de ser signo de comunión y colaboración en medio de un mundo globalizado, pero con fuertes divisiones y con intereses nacionalistas fuertes: ”La sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos”(Caritas inveritate,19) La globalización, con el creciente fenómeno de la movilidad y la imposibilidad de responder individualmente a los desafíos, reclaman intensificar en cantidad y en calidad la colaboración entre Iglesias. La Iglesia no tiene fronteras. La llamada a la colaboración resuena, pues, con especial fuerza hoy. 2.- La cooperación en el Magisterio de la Iglesia En la carta apostólica “Novo Millenio Ineunte” de le Beato Juan Pablo II, que trazaba los rasgos del programa pastoral para el nuevo milenio, leemos: «Otro aspecto importante, en que será necesario poner un decidido empeño programático en el ámbito tanto de la Iglesia universal como de las Iglesias particulares, es el de la comunión (koinonía) que encarna y manifiesta la esencia misma de la Iglesia. La comunión es el fruto y la manifestación de aquel amor que, surgiendo del corazón del eterno Padre, se derrama en nosotros a través del Espíritu que Jesús nos da (cf. Rom 5, 5), para hacer de todos nosotros «un solo corazón y una sola alma» (Hch. 4, 32). Realizando esta comunión de amor, la Iglesia se manifiesta como «sacramento», o sea, «signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad del género humano». Con estas palabras el Beato Juan Pablo II no sólo recogía y sintetizaba la doctrina del Vaticano II sobre la Iglesia como comunión, sino que le hacía dar un paso adelante: «La comunión encarna y manifiesta la esencia misma del misterio de la Iglesia», dice el Papa. La Iglesia es, pues, comunión. La comunión tiene su expresión en la cooperación. El texto citado señala la fuente de que mana esta corriente de comunión y la consiguiente exigencia de colaboración: De “aquel amor que, surgiendo del corazón del eterno Padre, se derrama en nosotros a través del Espíritu que Jesús nos da”. La cooperación no es demandada, pues, sólo por exigencias sociológicas o de eficacia. Está en juego el ser y la identidad de la Iglesia. La Exhortación postsinodal “Ecclesia in Europa” se expresaba con idéntico sentido, refiriéndose, en este caso, a las Iglesias de Europa: “La fuerza del anuncio del Evangelio de la esperanza será más eficaz si se une al testimonio de una profunda unidad y comunión en la Iglesia. Las Iglesias particulares no pueden estar solas a la hora de afrontar el reto que se les presenta. Se necesita una auténtica colaboración entre todas las Iglesias particulares del Continente, que sea expresión de su comunión esencial; colaboración exigida también por la nueva realidad europea. En este contexto se debe situar la contribución de los organismos eclesiales continentales, comenzando por el Consejo de las Conferencias Episcopales Europeas. Este es un instrumento eficaz para buscar juntos vías idóneas para evangelizar Europa (cf. Discurso a los Presidentes de las Conferencias Episcopales Europeas , 16 de abril 1993) . Mediante el “intercambio de dones” entre las diversas Iglesias particulares , se ponen en común las experiencias y las reflexiones de Europa del Oeste y del Este , del