El Papa pide que el agua no sea objeto de desperdicio, abusos y guerra Vatican News: En el Día Mundial del Agua, Francisco, al final de la Audiencia General, rezó por el éxito de los trabajos de la Conferencia de las Naciones Unidas en Nueva York: «Que acelere las iniciativas en favor de quienes sufren la escasez de este recurso», dijo y exhortó a preservarlo «en beneficio nuestro y de las generaciones futuras». «Alabado seas, Señor mío, por la Hermana Agua, que es muy útil, humilde, preciosa y casta». El Papa Francisco citó este pasaje del Cántico de las Criaturas de San Francisco de Asís para reiterar la importancia del agua, un «bien primario» cada vez más en peligro y objeto de disputa. Lo hizo antes de finalizar la Audiencia General de este miércoles 22 de marzo, en el Día Internacional del Agua. La Conferencia de Nueva York En las «sencillas palabras» del Poverello «sentimos la belleza de la Creación y la conciencia de los desafíos que implica su cuidado», dijo el Pontífice. Luego, dirigió su mirada hacia la II Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua, que comienza hoy en Nueva York y se extiende hasta el 24 de marzo. «Rezo por el éxito de los trabajos -sostuvo- y espero que este importante evento pueda acelerar las iniciativas en favor de los que sufren la escasez de agua, de este bien primario». Según la ONU, este evento es «una oportunidad única para buscar soluciones a la crisis actual del agua y su saneamiento». La conferencia reúne a gobiernos y actores sociales para asumir compromisos voluntarios que aceleren el progreso en el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 6 (agua y saneamiento) y otras metas vinculadas con el agua acordadas internacionalmente. Son precisamente estos compromisos los que forman la llamada Agenda de Acción del Agua, un plan rápido y transformador en el que también puede estar reflejada la acción de cada persona. Llamamiento universal Francisco lanzó, por tanto, un llamamiento que interpela a todos: a quienes tienen papeles de responsabilidad en el mundo, así como a los ciudadanos de a pie: El agua no puede ser malgastada, abusada o motivo de guerras, sino que debe ser preservada en nuestro beneficio y en el de las generaciones futuras. La alarma de la ONU Esta mañana, la ONU ha dado la voz de alarma en un informe -dado a conocer con motivo de la Conferencia de Nueva York- sobre el riesgo de una crisis mundial del agua: la escasez de esta «sangre vital» de la humanidad es cada vez mayor debido al desarrollo excesivo y al consumo «vampírico», ha dicho el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres. El riesgo inminente es el de una crisis global, subrayó: el mundo está «caminando ciegamente por una senda peligrosa en la que el uso insostenible del agua, la contaminación y el calentamiento global están drenando la sangre vital de la humanidad». Según el informe de la ONU, unos 2.000 millones de personas carecen de acceso a agua potable segura, mientras que 3.600 millones carecen de acceso a un saneamiento fiable. «La escasez de agua se está convirtiendo en un problema endémico», reza el documento, que señala que el uso del agua ha aumentado en todo el mundo alrededor de un 1% cada año durante los últimos 40 años y se espera que mantenga tasas de crecimiento similares hasta 2050.
Nota de la CE de Migraciones ante la cumbre de las Naciones Unidas sobre Refugiados y Migrantes
Las organizaciones eclesiales Cáritas, CONFER y Justicia y Paz se han sumado al llamamiento conjunto que Caritas Internationalis y el Servicio Jesuita a Refugiados han dirigido a los líderes de todo el mundo que van a participar el 19 de septiembre, en Nueva York, en una Cumbre de las Naciones Unidas sobre Refugiados y Migrantes. La Comisión Episcopal de Migraciones se une al llamamiento de estas organizaciones pidiendo que las deliberaciones de la citada Cumbre se traduzcan en acuerdos efectivos, que velen por un reconocimiento, acogida, trato y protección lo más dignos posibles en favor de los emigrantes y refugiados. Como manifestábamos ante la Jornada Mundial de Migraciones del pasado 17 de enero, así como en la Nota del pasado 8 de marzo, no debemos de olvidar que “detrás de estos flujos migratorios, en continuo aumento, está siempre la inhumanidad de un sistema económico injusto en que prevalece el lucro sobre la dignidad de la persona y el bien común; o la violencia y la ruina que genera la guerra, la persecución o el hambre”. También hemos de recordar, ante las medidas de devoluciones sumarias en nuestras fronteras en estos días, lo pronunciado a propósito de la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado 2015. En dicho Mensaje además de mostrar la tristeza cuando nos llegan noticias como las devoluciones sumarias nos adheríamos “a la denuncia contra cualquier actuación en que no se tengan en cuenta los derechos humanos”. Y pedíamos que se cumplieran los tratados internacionales y se verificara “al menos, si las personas pudieran ser acreedoras del asilo político, ser víctimas de la ´trata´ o necesitadas de asistencia sanitaria urgente”. El Santo Evangelio –“ fui forastero y me acogisteis” (Mt 25, 35 )-, la consecuente Doctrina Social de la Iglesia, las reiteradas llamadas del Papa Francisco, las recientes orientaciones de la Conferencia Episcopal Española, contenidas en la Instrucción Pastoral “Iglesia, servidora de los pobres” (24 de abril de 2015), así como la línea mantenida por esta misma Comisión nos estimulan a seguir trabajando en favor de los emigrantes y refugiados y a pedir a las autoridades pertinentes “ser generosas en la acogida y en la cooperación con los países de origen en orden a lograr unas sociedades más humanas y más justas”. Madrid, 19 de septiembre de 2016 Los Obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones