Jornadas online de capellanes y delegados de Pastoral Penitenciaria: La Iglesia, al pie de la Cruz en tiempo de pandemia ¿Qué efectos ha tenido la pandemia en las cárceles? Este es uno de los interrogantes a los que han respondido los capellanes y delegados de Pastoral penitenciaria en las jornadas que han tenido lugar, en formato online, las mañanas del 9 y 10 de marzo de 2022. Las Jornadas fueron presentadas por Monseñor Fernando García Cardiñanos, Obispo de Mondoñedo Ferrol, actual responsable de Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española. “La Iglesia, al pie de la cruz, en tiempo de pandemia” “La Iglesia, al pie de la cruz, en tiempo de pandemia” es el tema que encabeza el programa de estas jornadas, que convoca el Departamento de Pastoral Penitenciaria. Esta ponencia, prevista para abrir las Jornadas, finalmente tuvo lugar el jueves 10 por cambios en el programa y estuvo a cargo del anterior obispo responsable de esta pastoral y actualmente al frente de Migraciones en la Conferencia Episcopal Española Mons. José Cobo. En una ponencia calificada por los delegados de la Pastoral Penitenciara como emocionante, José Cobo propuso la figura del Buen Ladrón, a quien ha descubierto como maestro de espiritualidad en la pandemia: «El buen ladrón, del que vosotros conocéis muchos nombres, se convierte en maestro de espiritualidad: Compartirás conmigo la Gloria después de haber compartido el sufrimiento. Así, Cristo, que no se baja de la Cruz (algo que debemos pensar y hacer vida) no se sitúa en el poder sino en la entrega. Esa debe ser nuestra mirada. Esa ha sido una de las formas que Monseñor Cobo ha propuesto como aprendizaje de esta pandemia. En la segunda ponencia, el director General de Ejecución Penal y Reinserción Social de Instituciones Penitenciarias, Miguel Ángel Vicente Cuenca, explicó los “Cambios que está generando la pandemia en prisión”. También el miércoles 10 tuvo lugar la intervención de la subdirectora general de Tratamiento y gestión penitenciaria, Lourdes Gil Paisán. Presentó los “Programas específicos para delitos específicos, que se están desarrollando en prisión”. La última sesión de trabajo se ha reservó para las reuniones por grupos en las que se dio respuesta a los interrogantes: ¿Cómo estamos viviendo la pandemia?; ¿Cómo está afectando al voluntariado?; ¿Cómo está afectando a personas privadas de libertad y a sus familias?; Si se prolonga en el tiempo, ¿generará cambios en prisión?; ¿Cambios en Pastoral Penitenciaria?; y ¿Cambios detectados en prisión por la pandemia?
Una Cuaresma para sembrar el bien sin cansarse
Comentario al Mensaje de Cuaresma del papa Francisco En el actual contexto de crisis, de degradación medioambiental y aumento de la pobreza, de tensión y polarización social y política, de una pandemia que nos ha hecho palpar nuestra propia fragilidad y vulnerabilidad, y de una guerra que desafía nuestra común humanidad, recibimos esta Cuaresma la invitación a poner en práctica las palabras del apóstol Pablo: «No nos cansemos de hacer el bien» (Gal 6,9). La Cuaresma -nos recuerda el papa Francisco- es un kairos, un tiempo decisivo que nos llama a la conversión, a cambiar nuestra manera de ver la vida y de andar por la vida, nuestro modo de mirar la realidad y de relacionarnos con ella. Es, en definitiva, una invitación a preguntarnos qué necesitamos transformar, cambiar y renovar en nosotros. El Mensaje de Francisco este año nos propone: Una invitación a hacer de esta Cuaresma un tiempo de oración: para aprender a ver, pensar y sentir la realidad desde Dios, a reconocer su presencia y su actividad en nuestro mundo; para dejarnos interpelar por Él; para dejar que su siembra arraigue en nosotros, fecunde nuestra vida, y nos prepare para ponernos al servicio del bien. Una llamada a la «conversión ecológica», que nos lleve a priorizar el ser sobre el tener, acumular y consumir; que nos haga anteponer el dar y el compartir sobre el poseer y acumular. En el marco de una cultura consumista y en un contexto de crisis medioambiental el Mensaje del papa Francisco se convierte en una invitación a revisar nuestros estilos de vida y de consumo, a «vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios» (LS 217). El sueño de participar en la magnanimidad de Dios. En la entrevista que concedió al inicio de su pontificado, Francisco definía así la magnanimidad: «es hacer las cosas pequeñas de cada día con el corazón grande y abierto a Dios y a los otros. Es dar valor a las cosas pequeñas en el marco de los grandes horizontes, los del Reino de Dios». En un mundo en que prevalecen como criterio el éxito, la productividad y la rentabilidad y la eficacia, Dios nos invita a desafiar esa lógica y actuar magnánimamennte, con gratuidad, sin conducirnos por la lógica del beneficio personal, sembrando con generosidad aunque sepamos que serán otros quienes recojan los frutos. Una interpelación a practicar la caridad activa, evitando la tentación del escapismo espiritual y viviendo una fe comprometida y activa. Nos interpela a visibilizar nuestra conversión con gestos, hechos concretos y actitudes nuevas y hacerlo de modo que hablen de la presencia de Dios. Nos recuerda la importancia de cultivar y cuidar las relaciones humanas y construir fraternidad: a buscar, llamar, visitar, escuchar, no abandonar, amar, en definitiva, a todo aquello que nos lleva a «aprojimarnos» a los demás, a no pasar de largo y refugiarnos en la indiferencia, a sembrar justicia y solidaridad, a practicar el cuidado y la ternura, a ser sanadores y a aceptar sin reservas a quienes el mundo ha rechazado, pues en ellos se revela el rostro de Dios. Un requerimiento a vivir con esperanza, a no desfallecer, a ser perseverantes porque «el bien, como el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día». Esta Cuaresma nos invita a vivir con la actitud del agricultor, desarrollando su paciente constancia, sin cansarnos de sembrar el bien. Los agricultores saben que el cultivo es un proceso lento y paciente, que requiere preparar la tierra para que la semilla pueda germinar, que hay que regar y abonar para que pueda crecer, que a veces es necesario podar, y que el tiempo es necesario para que el sol madure el fruto. La siembra del bien tiene también su proceso: «el ayuno prepara el terreno, la oración riega, la caridad fecunda», nos recuerda Francisco. La Cuaresma nos invita además a mantener la esperanza porque «Dios sigue derramando en la humanidad semillas de bien», y porque sabemos que Cristo ha vencido a la muerte y que su resurrección nos trae semillas de salvación. Carmen Márquez Beunza. Facultad de Teología. Universidad de Comillas
Salud Mental: ¿nueva pandemia?
1 de cada 4 personas tendrá algún trastorno mental a lo largo de su vida. La Organización Mundial de la Salud habla de que los problemas de salud mental serán la principal causa de discapacidad en el mundo en 2030, con unas cifras que se han disparado por la pandemia del COVID-19. Según el CIS, en España un 6,4 % de la población ha acudido a un profesional de la salud desde que se inició la pandemia, la mayoría de ellos por depresión (35,5%) o ansiedad (43,7%). Las cifras de suicidios están alcanzando niveles dramáticos, 3.941 en 2020 (la cifra más alta de la historia, según el INE), de los que 1.479 son jóvenes y adolescentes. Unos datos que desbordan un sistema ya, en sí mismo, insuficiente, con 11 psiquiatras y 6 psicólogos clínicos por cada 100.000 habitantes, y un colectivo sanitario saturado y agotado por las sucesivas olas. La Fundación Pablo VI organizó el 9 de febrero de 2022 un foro con los siguientes expertos: José Luis Carrasco, catedrático de Psiquiatría de la UCM y presidente de la Sociedad de Psiquiatría de Madrid; Montserrat Esquerda, pediatra, experta en prevención de suicidio y directora del Institut Borja de Bioética; Manuela García Romero, vicepresidenta segunda de la Organización Médica Colegial; y Esteban Sánchez Moreno, sociólogo, director Instituto Universitario Desarrollo y Cooperación de la UCM. Te ofrecemos la grabación del Foro:
Sobre la situación social creada por la pandemia
Informe de la Comisión Episcopal de Pastoral Social y Promoción Humana a la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española presentado el pasado 17 de noviembre. Introducción El objetivo de este informe pretende ser una humilde contribución al conocimiento de la situación social del país en relación con la pandemia en la que estamos inmersos. Para ello, la Comisión Episcopal de Pastoral Social y Promoción Humana realizó, durante el pasado mes de octubre, una consulta a los distintos organismos y departamentos de la Comisión con el fin de tener una información directa y precisa sobre la situación de las personas más vulnerables de nuestra sociedad. Muchas de estas personas están siendo atendidas por las comunidades cristianas y por los organismos eclesiales de la acción caritativa y social. Las fuentes de información que han participado en esta consulta son las siguientes: Cáritas Migraciones Pastoral del Trabajo Departamento de Turismo Departamentos de movilidad humana: gitanos, ferias, circos y carreteras Apostolado del Mar “Stella Maris” Pastoral Penitenciaria Trata Justicia y Paz Semanas Sociales El Informe, aunque se centra fundamentalmente en la situación real de los grupos afectados y atendidos pastoralmente por estos departamentos y organismos, toma también en cuenta la publicación de la reciente encíclica del Papa Francisco, “Fratelli tutti”, el desarrollo de la fraternidad universal (FT,9). Por ello, el análisis no es meramente sociológico y descriptivo, sino que tiene en cuenta la mirada a las personas en su situación de “Descarte” (ver números 18 y ss. de “Fratelli tutti”), pues en el fondo “no se considera ya a las personas como un valor primario que hay que respetar y amparar, especialmente si son pobres o discapacitadas, si “todavía no son útiles” –como los no nacidos-, o si “ya no sirven” – como los ancianos” (FT,18). A lo largo de la reflexión, se propone también una síntesis de las “respuestas” que se están ofreciendo desde los ámbitos políticos, económicos y desde la Iglesia. El informe no pretende ser exhaustivo, pero sí significativo en lo que se refiere a la realidad de pobreza y marginación, contemplada por nuestros agentes pastorales y por los organismos directamente implicados en la pandemia. Con estos datos, se pretende orientar la misión evangelizadora de la Iglesia ante las realidades sociales más urgentes. 1. La crisis ha generado una rápida y profunda herida en nuestra sociedad La pandemia se ha convertido en un hecho social totalizante. No solo ha afectado a la salud de la población, sino que ha trastocado todas las dimensiones de la existencia. Desde los aspectos sociales y económicos a los familiares y religiosos. Nada ha quedado inmune a los efectos de una pandemia que ha acelerado e intensificado procesos sociales existentes, como la desigualdad y la exclusión, y ha creado enormes campos de incertidumbre para una ética de la vida. La convivencia ciudadana y los comportamientos políticos están sufriendo profundas alteraciones en todo el mundo por lo novedoso de la realidad y por la improvisación de las respuestas a los problemas. Todos constatamos que mecanismos políticos excepcionales, como puede ser el estado de alarma, se ha convertido en un instrumento casi permanente en nuestra precaria democracia. Los cambios profundos que hemos vivido desde el inicio de la crisis son todavía demasiado cercanos para analizar en profundidad sus consecuencias. Después de ocho meses de propagación del virus solo podemos observar los primeros impactos de una crisis que se caracteriza fundamentalmente por haber generado una profunda herida en nuestra sociedad con tres síntomas: la limitación de derechos, el incremento de la desigualdad en la sociedad y la desvinculación de la moral. 1º La limitación de derechos humanos El virus amenaza la vida y tensa al máximo desde los cuidados en el hogar hasta el sistema residencial de atención a los mayores, desde las atenciones en los hospitales hasta la muerte en soledad. La economía se ha hundido como consecuencia del desempleo y de la necesidad de paralizar el sistema productivo en determinados momentos para frenar la pandemia. 2º El incremento de la desigualdad en la sociedad española Hace poco más de un año, el VIII Informe FOESSA nos alertaba, en un contexto de crecimiento económico, de que 8,5 millones de personas estaban en una situación de exclusión social en nuestro país. De estas personas, 1,2 millones viven en la supervivencia pura y dura, y otros seis millones temían que la próxima sacudida se los llevara por delante. Pues bien, la pandemia ha venido a agravar la situación, a evidenciar las rupturas, tendencia y fallos de nuestra sociedad. Así ha dejado al descubierto una estructura social precaria, una desigualdad profunda, una falta de oportunidades para los últimos, una protección social claramente insuficiente y una comunidad debilitada que, aunque resurgió en el primer momento de la crisis, no es capaz de mantener la llama viva para avanzar hacia la “nueva normalidad”. 3º Cambios sociales y políticos que denotan su desvinculación de la moral Los escenarios sociales y políticos han cambiado profundamente generando una comprensión nueva del espacio público. Como bien subraya el Papa Francisco (FT, capítulo 1 “Sombras de un mundo cerrado”), la globalización, el mundo digital, la fatiga civil y política que llega hasta el hastío de las sociedades civiles, la desafección por la política y los políticos, la propia mercantilización de la sociedad o la falta de liderazgos sociales y políticos marcan una concepción de la vida pública diversa, compleja y enmarañada. Esta situación se ha visto acelerada e intensificada por la pandemia del COVID19 que ha alterado la vida pública. Si miramos el sustrato antropológico que predomina en la sociedad, podemos constatar que la cultura dominante tanto en el ámbito político como económico ha configurado un nuevo modelo social, cuyos axiomas principales son el relativismo, el individualismo y, como consecuencia, la búsqueda de la máxima ganancia sin tener en cuenta la situación y los problemas de los demás. 2. Manifestaciones del descarte en la crisis 2.1.- Desempleo y reducción de ingresos Antes de la aparición de la pandemia, nuestro país ya sufría una grave enfermedad en el ámbito laboral con
La Pastoral del Circo necesita una parroquia personal
Religión Digital: José Aumente lleva 20 años al servicio de la Pastoral de Circos y Ferias aunque hace 10 años que está al frente como director del departamento de la Conferencia Episcopal dedicado a este colectivo. Vive con preocupación el futuro de su particular feligresía tras el largo parón de la actividad por el confinamiento. Hace años que lleva reclamando que la atención pastoral a los feriantes y gentes del Circo tengan un tratamiento en la Iglesia acorde a su singularidad, como lo tiene el ejército o el Opus Dei. El Circo, como el resto de actividades artísticas ha sido duramente golpeado por los efectos de la pandemia. ¿Cuál y cómo ha sido su labor en estos meses de confinamiento? Mi feligresía siempre está dispersa por toda la geografía. Afortunadamente entre enero y febrero me recorrí prácticamente toda España y pude administrar sacramentos. Los últimos bautizos y confirmaciones los hice en Granada a finales de febrero. Cuando nos mandaron a todos quedarnos en casa ellos se quedaron en sus caravanas, viviendas de pocos metros cuadrados. En algunos sitios no pudieron o tuvieron incluso que desmontar la carpa recién montada. En esos momentos mi pensamiento era “de qué van a poder vivir estas gentes. Si no actúan no tienen ingresos.” Y esa ha sido mi principal preocupación. Algunos han podido aguantar con sus recursos; a otros hemos tenido que ayudarles bien a través de Cáritas, Cruz Roja, Asistentes sociales, y en no pocos lugares personas de los pueblos, los parroquianos del barrio donde les pilló el estado de alarma han sido quienes han dado de comer a estas gentes del Circo. ¿El mundo del Circo, por lo general, suele ser muy religioso, pero se distingue por algo la relación de las gentes del circo de las ferias con Dios? Es una religiosidad diferente. Un niño del Circo es muy difícil, prácticamente imposible, que oiga en su casa un domingo, “vamos prepárate para ir a misa” pero sí verá rezar antes de comer, por las noches o antes de las funciones. Es una religiosidad de transmisión oral, de padres a hijos. Es una religiosidad con nula influencia externa. Puede que sea de baja participación celebrativa, pero está cargada de valores evangélicos. El mundo de las ferias, del Circo es un mundo de ilusión y a veces de ilusionismo. En unas circunstancias como las que estamos con una pandemia que se ha llevado vidas por delante, con duelos sin hacer, con una crisis económica que amenaza, … ¿que lugar puede tener un mundo de ilusiones en esta sociedad castigada por la pandemia? Hoy son necesarios más que nunca. En público y en privado siempre lo he reconocido y a ellos les he dicho “Os necesitamos”. La fiesta rompe con la monotonía, por eso es importante, y los feriales aportan el marco a esa fiesta. Es lógico que el recinto de los feriales se convierta en el lugar de la ilusión. Las luces de colores, la música, las atracciones, los números que solo los puedes ver en el Circo, … todo es un mundo de ilusión. Las entradas a los circos son puertas a un mundo de ilusión. ¡Ojo! esto no quiere decir que las gentes del Circo y de las ferias sean ajenas a un mundo que sufre, ellos viven en sus carnes las mismas penurias, pero hacen de tripas corazón por mantener ese mundo de ilusión. Son fabricantes de ilusiones, pero no son ilusos. La prohibición de los animales en los circos fue un duro golpe ¿verdad? Así es. La mayoría se han visto obligados a deshacerse de ellos. ¡ojo! que ha sido una decisión política, no del público. Los animalistas han realizado una injusta campaña en contra de los circos con animales. Los han condenado injustamente. Ya había leyes, y más se podían haber propuesto. Pero en esta sociedad de libertades resulta que son los políticos los que deciden por nosotros que podemos o no podemos hacer. Nos tratan como niños. Cuando la gente va al circo aplaude porque quiere aplaudir, y no porque nadie les mande aplaudir. Puedo asegurarte que a los artistas del Circo les gusta más el aplauso del público que el dinero. El dinero lo necesitan para vivir, como todos, el aplauso para seguir sintiéndose artista. Si lo hiciesen sólo por dinero hace tiempo que muchos lo habrían dejado. Recientemente recibió un premio y en el acto de entrega reivindicó que la Iglesia debería cuidar más a las gentes del Circo y de las Ferias. ¿Cómo? ¿Qué tiene que hacer la Iglesia con estas personas? Bueno, la Iglesia tiene que estar donde están los hijos de Dios. Y allí, en las ferias están, por eso yo les atiendo como pastor. Ahora bien, lo que yo he querido reivindicar, y lo llevo haciendo desde hace años, es que si el mundo de las ferias y circos es singular, también lo debe ser el modo de atenderlos pastoralmente. Cierto que para conocer el mundo del circo hay que conocerlo de cerca. Uno de los grandes problemas que me encuentro al atender pastoralmente es que no tengo una potestad jurídica, canónica, sobre esta feligresía. La parroquia de referencia es la que en el momento del sacramento esté más cerca. Y eso es un problema. Porque es una feligresía itinerante. Por eso sería importante que, a quien le corresponda, revise esta cuestión y conceda el estatus canónico que mejor sirva para atenderles, que se haga pensando en el bien de ellos. Entiendo que lo que está pidiendo es una capellanía con rango de diócesis como tiene el ejército, o una prelatura como la que tiene el Opus Dei. Sí, algo de eso podría ser. Yo le llamo una “parroquia personal”. Hasta ahora las actas de los sacramentos que se les imparten han de quedar en la parroquia de referencia, que es la que corresponda a donde está plantada la carpa. Al final el sacramento queda registrado en una parroquia que nada tiene que ver con la persona. Lo que pido