Nota de los obispos de la Subcomisión Episcopalpara las Migraciones y movilidad humana Desde el año 2001, la Asamblea General de las Naciones Unidas acordó que cada 20 de junio fuera el Día Mundial de los Refugiados. Con este motivo, los obispos de la Subcomisión para las Migraciones y movilidad humana de la Conferencia Episcopal Española queremos llamar la atención sobre este colectivo de población de más de 30 millones de personas, y que es uno de los más afectados por las consecuencias derivadas de la crisis del coronavirus. En cada continente millones de familias y personas se ven obligadas a huir, entre otros tantos peligros, del hambre, la guerra, la pobreza y la explotación, con el anhelo de buscar un lugar seguro donde poder construir una vida mejor para ellos y sus seres queridos. Retos que plantea el Papa ante las migraciones Acogemos las justas demandas de estas personas que llaman a nuestras puertas, y a quienes en este momento acompañamos desde las parroquias y otras entidades, sobre todo cuando lamentablemente quedan fuera de los dispositivos de acogida y viviendo con graves incertidumbres legales. En esta jornada invitamos a todos a buscar con urgencia vías eficaces, solidarias y creativas para acoger los retos que el Papa Francisco lanza con el fin de atender a quienes escapan de las graves crisis humanitarias: “Incrementar y simplificar la concesión de visados, adoptar programas de patrocinio privado y comunitario, abrir corredores humanitarios para los refugiados más vulnerables, ofrecer un alojamiento adecuado y decoroso, garantizar la seguridad personal y el acceso a los servicios básicos, asegurar asistencia consular, el derecho a tener siempre consigo los documentos personales de identidad, un acceso equitativo a la justicia, la posibilidad de abrir cuentas bancarias y la garantía de lo básico para la subsistencia vital, darles la posibilidad de movimiento y la posibilidad de trabajar, proteger a los menores de edad y asegurarles el acceso regular a la educación, prever programas de custodia temporal o de acogida, garantizar la libertad religiosa, promover la inserción social, favorecer la reagrupación familiar y preparar a las comunidades para los procesos integrativos” (FT n. 130).
Turismo y desarrollo rural
41.ª Jornada Mundial del Turismo La 41.ª Jornada Mundial del Turismo se celebra este año en el contexto incierto que está marcado por la evolución de la pandemia de Covid-19, cuyo final aún no se vislumbra. El resultado es una drástica reducción de la movilidad humana y del turismo, tanto internacional como nacional, que ha caído a mínimos históricos. La suspensión de los vuelos internacionales, el cierre de aeropuertos y fronteras, la adopción de estrictas restricciones en los viajes, incluso internos, está provocando una crisis sin precedentes en muchos sectores relacionados con la industria turística. Se teme que, en el peor de los casos, a finales de 2020 habrá una disminución aproximadamente de mil millones de turistas internacionales, con una pérdida económica mundial de casi 1.2 billones de dólares. El resultado sería una pérdida enorme de empleos en todo el sector turístico. Según el Secretario General de la Organización Mundial del Turismo, Zurab Pololikashvili: «El turismo ha sido el sector más afectado por el bloqueo mundial, con millones de puestos de trabajo en peligro en uno de los sectores de la economía con mayor número de mano de obra».[1] Este preocupante escenario —incluso impensable hace unos meses—, no debe paralizarnos y privarnos de una visión positiva del futuro. En este sentido, el Papa Francisco afirmó: «Porque peor que esta crisis, es solamente el drama de desaprovecharla […]. Y así, en el gran esfuerzo que supone comenzar de nuevo, qué dañino es el pesimismo, ver todo negro y repetir que nada volverá a ser como antes».[2] Turismo y desarrollo rural es el tema que la OMT, antes de la emergencia por el Covid-19, eligió para la presente Jornada y señala providencialmente uno de los caminos hacia una posible recuperación del sector turístico. Comienza con la invitación a tomar en serio y poner en práctica el desarrollo sostenible que, en el ámbito del turismo, significa un mayor interés por los destinos turísticos extraurbanos, los pueblos pequeños, las aldeas, los caminos y lugares poco conocidos y menos frecuentados. Esos lugares más escondidos para descubrir o redescubrir, precisamente porque son más encantadores e inexplorados. El mundo rural vive en estos lugares, lejos de las rutas del turismo masivo. Se trata, por tanto, de la promoción de un turismo sostenible y responsable que, realizado según los principios de la justicia social y económica, y en el pleno respeto del medio ambiente y de las culturas, reconozca la centralidad de la comunidad local anfitriona y su derecho a ser protagonista y socialmente responsable en el desarrollo sostenible del propio territorio; un turismo que favorezca, por lo tanto, la interacción positiva entre la industria turística, la comunidad local y los viajeros.[3] Este tipo de turismo puede convertirse en un motor para apoyar la economía rural, que se basa en la agricultura y, a menudo, en haciendas familiares de pequeñas dimensiones, en zonas marginales y con bajos ingresos producidos por el sector alimentario. El turismo y la agricultura rural pueden convertirse así en dos componentes esenciales de un mundo nuevo que se espera construir. Un turismo realizado por y a través de las personas. Por otra parte, los pequeños agricultores son los primeros guardianes de la creación, a través de su paciente y arduo trabajo de la tierra. Los turistas son los visitantes que pueden convertirse en defensores del ecosistema, si viajan de forma consciente y sobria. Entonces, viajar a destinos rurales puede significar, concretamente, apoyar la producción local de las pequeñas explotaciones agrícolas, que se lleva a cabo de manera compatible con las leyes de la naturaleza. De esta manera, un viaje podrá tener el sabor de la historia y abrir el corazón al amplio horizonte de la fraternidad y la solidaridad. El turismo que sabe mirar y compartir los dones de la tierra en el ámbito rural se convierte también en un modo concreto para aprender nuevos estilos de vida. Ciertamente, la sabiduría de quien cultiva la tierra, hecha de observación y espera, puede ayudar al agitado mundo moderno a armonizar los tiempos de la vida diaria con los de la naturaleza. Acercar el turismo y el desarrollo rural es una buena manera de aprender nuevas culturas, de dejarse contagiar por los valores del cuidado y la protección de la creación que, hoy en día, representan no sólo un deber moral sino una urgencia de acción colectiva. El “turismo rural” se convierte así en el lugar donde se aprende una nueva forma de relacionarse con los demás y con la naturaleza. Y todo cambio personal debe comenzar por comportamientos verdaderamente transformadores; para ello, es necesario ponerse en marcha, y para hacerlo se necesita un objetivo: el mundo rural puede ser todo esto. El turismo se desarrolla si se realiza de manera cuidadosa, tranquila y sostenible, esto significa respetar las actividades agrícolas, los ritmos de vida de las poblaciones rurales, apreciando la autenticidad que todavía se conserva en zonas enteras del interior, dejándose sorprender por las muchísimas pequeñas cosas que se pueden ver, eligiendo productos agrícolas locales. De esta manera se pueden apreciar las diferencias, pequeñas o grandes, entre las tradiciones, lugares y comunidades que se encuentren. Entonces, ¿por qué no recurrir a un turismo que promueva las zonas rurales y marginales conociéndolas a pie? Esto nos permitirá frenar y evitar los riesgos del frenesí.[4] Precisamente en este período, el turismo puede convertirse en un instrumento de proximidad. Sí, nuestro mundo postmoderno necesita proximidad, es decir, cercanía en las relaciones y, por ende, de los corazones. Y el turismo, que en cualquier caso implica el movimiento de personas y bienes, debe mostrar ahora su faceta transformadora, como actividad recreativa que haga crecer el espíritu de fraternidad entre los pueblos. En un periodo de incertidumbre por los movimientos de personas, de los que el turismo sufre las mayores consecuencias de forma inmediata y directa, creemos que es necesario tomar medidas para apoyar los ingresos de los trabajadores de este sector, como también para cuidar y defender las comunidades rurales más vulnerables de cada territorio. De esta manera,
Pastoral Penitenciaria, en el encuentro internacional del Dicasterio del Desarrollo Humano e Integral
Tendrá lugar los días 7 y 8 de noviembre de 2019 en la sede de este Dicasterio en Roma con el objetivo de afrontar juntos los retos de la pastoral penitenciaria.
“Turismo y empleo: un futuro mejor para todos”
Mensaje para la Jornada Mundial del Turismo – 2019 “Turismo y empleo: un futuro mejor para todos” es el tema del Día Mundial del Turismo, que se celebra el 27 de septiembre, promovido por la Organización Mundial del Turismo (OMT). Un tema que recuerda la iniciativa: “El futuro del trabajo”, deseada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que este año celebra su centenario. La elección de tratar el tema del turismo desde la perspectiva del trabajo parece particularmente apropiada en vista del enraizamiento del estado crítico que caracteriza la dimensión laboral en la vida de muchas personas, en todas las latitudes. Los deseados objetivos de paz, seguridad, promoción e inclusión social no se pueden alcanzar si se descuida el esfuerzo conjunto para garantizar a todos un trabajo decente, equitativo y libre, construido en torno a la persona y a sus necesidades primarias de desarrollo humano integral”. Trabajar es propio de la persona humana. Expresa su dignidad de haber sido creado a imagen de Dios”(1), ha afirmado el Papa Francisco. Donde no hay trabajo, no puede haber progreso, no puede haber prosperidad y, seguramente, no puede haber un futuro mejor. El trabajo, que no es solo el empleo, sino la forma en que el hombre se realiza a sí mismo en la sociedad y en el mundo, es una parte esencial para determinar el desarrollo integral tanto de la persona como de la comunidad en que vive. “Estamos llamados al trabajo desde nuestra creación”, escribe el Papa Francisco en la encíclica Laudato si’, señalando que “el trabajo es una necesidad, parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de maduración, de desarrollo humano y de realización personal”(2). “Sin trabajo- ha reiterado en el mensaje de video a los participantes en la 48ª Semana Social de los Católicos Italianos (Cagliari, 26-29 de octubre de 2017)- no hay dignidad”. Como recuerda el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia: “La persona es el criterio de la dignidad del trabajo” y, citando la Encíclica Laborem exercens, “En efecto, no hay duda de que el trabajo humano tiene un valor ético, el cual está vinculado completa y directamente al hecho de que quien lo lleva a cabo es una persona”(3). Con especial referencia al turismo, en su Mensaje para el XXIV Día Mundial del Turismo(4) San Juan Pablo II explicaba también que este sector “se ha de considerar como una expresión particular de la vida social, con implicaciones económicas, financieras, culturales y con consecuencias decisivas para las personas y los pueblos. Su relación directa con el desarrollo integral de la persona debería orientar su servicio, como el de las demás actividades humanas, a la edificación de la civilización en el sentido más auténtico y completo, es decir la edificación de la “civilización del amor” (ver Sollicitudo rei socialis, No. 33)”. En el día de hoy no son pocos los problemas relacionados con el trabajo en el sector del turismo, que se caracteriza por su variada profesionalidad y sus tareas específicas. Consultores de viajes y guías turísticos, chefs, sommeliers y camareros, azafatas, animadores, expertos en marketing turístico y redes sociales: muchos operan en condiciones de precariedad y, a veces, de ilegalidad, con salarios injustos, obligados a un duro trabajo, a menudo lejos de la familia, con alto riesgo de estrés y sometidos a las reglas de una competitividad agresiva. Indigna, además, la explotación del trabajo en los países pobres pero con una alta vocación turística en virtud del rico patrimonio ambiental e histórico-cultural que los caracteriza, donde rara vez son las poblaciones nativas las que se benefician del uso de los recursos locales. Inaceptables son también las violencias contra su población, la ofensa de su identidad cultural y todas las actividades que causan la degradación y la explotación voraz del ambiente. En este sentido, en 2003, siempre San Juan Pablo II señalaba que “la actividad turística puede desempeñar un papel relevante en la lucha contra la pobreza, tanto desde el punto de vista económico, como social y cultural. Viajando se conocen lugares y situaciones diversas, y se cae en la cuenta de cuán grande es la brecha entre los países ricos y pobres. Además, se pueden valorar mejor los recursos y las actividades locales, favoreciendo la participación de los sectores más pobres de la población”(5). En este sentido, las posibilidades de desarrollo que ofrece el sector turístico son considerables, tanto en términos de oportunidades de empleo como de promoción humana, social y cultural. Oportunidades especialmente abiertas a los jóvenes y que fomentan su participación como protagonistas de su desarrollo, quizás a través de iniciativas empresariales en propio en los países desfavorecidos. Los datos publicados por la Organización Mundial del Turismo (OMT) muestran que de 11 puestos de trabajo en el mundo, al menos 1 es generado, -directa o indirectamente-, por el turismo, y registran un crecimiento constante del fenómeno que involucra a millones de personas en todos los rincones del mundo. Se habla de un ciclo expansivo, con enormes implicaciones a nivel social, económico y cultural, que ha superado las expectativas más optimistas. Basta con decir que en 1950 los turistas internacionales eran algo más de 25 millones, mientras que en la próxima década se estima que podrían alcanzar la cifra de dos mil millones de viajeros en todo el mundo. Frente a estos flujos, resulta alentadora la dimensión de encuentro que puede brindar el trabajo en el sector turístico. En muchos casos en el desempeño de sus tareas diarias los operadores del sector en todos los niveles, tienen la oportunidad de encontrarse con personas de los países más diversos y comenzar ese conocimiento, que es el primer paso para el abandonando de prejuicios y estereotipos y para construir relaciones basadas en la amistad. El pasado mes de marzo, dirigiéndose a los jóvenes del Centro de Turismo Juvenil con motivo del 70 aniversario de la fundación de esa asociación el Papa Francisco ha hablado del turismo como una oportunidad para encontrarse. El Pontífice expresó su aprecio por el esfuerzo en promover un “turismo lento”, “no
Concluye el encuentro con sindicatos en el Vaticano en el que ha participado pastoral Obrera de la CEE
El dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral del Vaticano, cuyo responsable es el cardenal Peter Turkson, ha convocado un Encuentro Internacional de Organizaciones Sindicales, que ha reunido a los principales sindicatos del mundo los días 23 y 24 de noviembre, en el Aula Nueva del Sínodo. Está previsto que participen, entre otros, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los sindicatos Comisiones Obreras (CCOO) y la Unión General de Trabajadores (UGT), el Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC), al que pertenece la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC); y la Comisión Episcopal de Pastoral Obrera de la Conferencia Episcopal Española (CEE). Por parte de la Pastoral Obrera de la CEE han participado el obispo emérito de Ciudad Real y responsable de esta Pastoral, Mons. Antonio Algora, y el Consiliario General de la HOAC, Fernando Díaz. Doctrina social de la Iglesia Con el lema “De Populorum progressio a Laudato si”, el encuentro ha reflexionado sobre los temas “el trabajo y el movimiento de los trabajadores en el centro del desarrollo humano integral, sostenible y solidario” o “¿Por qué el mundo del trabajo sigue siendo la clave del desarrollo en el mundo global?”. En la propuesta y documento preparatorio se hace referencia a las encíclicas ‘Populorum progressio’, sobre el desarrollo de los pueblos; ‘Sollicitudo rei socialis’, sobre la preocupación social de la Iglesia, ‘Laborem exercens’, sobre el trabajo humano, ‘Caritas in veritate’, sobre el desarrollo humano integral y ‘Laudato si’, sobre el cuidado de la creación. El Movimiento de Trabajadores Cristianos (MTC) y la Hermandad obrera de Acción Católica (HOAC) explican la importancia y actualidad de este encuentro. “La aportación de cinco Papas ponen en valor la vigencia del pensamiento social de la Iglesia en relación con el trabajo y el desarrollo humano integral, sostenible y solidario”, afirman desde los movimientos de trabajadores cristianos. La Iglesia vuelve a poner el foco en el trabajo humano y en la dignidad de la persona. El papa Francisco insistente en la importancia del trabajo digno en la lucha contra la pobreza, priorizando la atención evangélica en las periferias, entre quienes sufren «la cultura del descarte» .
Pastoral Obrera de la CEE, en el encuentro con sindicatos en el Vaticano
El dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral del Vaticano, cuyo responsable es el cardenal Peter Turkson, ha convocado un Encuentro Internacional de Organizaciones Sindicales, que reunirá a los principales sindicatos del mundo los días 23 y 24 de noviembre, en el Aula Nueva del Sínodo. Está previsto que participen, entre otros, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los sindicatos Comisiones Obreras (CCOO) y la Unión General de Trabajadores (UGT), el Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC), al que pertenece la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC); y la Comisión Episcopal de Pastoral Obrera de la Conferencia Episcopal Española (CEE). Por parte de la Pastoral Obrera de la CEE participarán el obispo emérito de Ciudad Real y responsable de esta Pastoral, Mons. Antonio Algora, y el Consiliario General de la HOAC, Fernando Díaz. Está prevista la asistencia, según indican la MMTC y la HOAC, del director general de la OIT, Guy Ryder; la copresidenta del MMTC, Fátima Almeida; el director de la revista Noticias Obreras, Abraham Canales, además de los responsables de Internacional de CCOO, Cristina Faciaben, y de UGT, y Jesús Gallego. Doctrina social de la Iglesia Con el lema “De Populorum progressio a Laudato si”, el encuentro reflexionará sobre los temas «el trabajo y el movimiento de los trabajadores en el centro del desarrollo humano integral, sostenible y solidario» o «¿Por qué el mundo del trabajo sigue siendo la clave del desarrollo en el mundo global?». En la propuesta y documento preparatorio se hace referencia a las encíclicas ‘Populorum progressio’, sobre el desarrollo de los pueblos; ‘Sollicitudo rei socialis’, sobre la preocupación social de la Iglesia, ‘Laborem exercens’, sobre el trabajo humano, ‘Caritas in veritate’, sobre el desarrollo humano integral y ‘Laudato si’, sobre el cuidado de la creación. El Movimiento de Trabajadores Cristianos (MTC) y la Hermandad obrera de Acción Católica (HOAC) explican la importancia y actualidad de este encuentro. «La aportación de cinco Papas ponen en valor la vigencia del pensamiento social de la Iglesia en relación con el trabajo y el desarrollo humano integral, sostenible y solidario”, afirman desde los movimientos de trabajadores cristianos. La Iglesia vuelve a poner el foco en el trabajo humano y en la dignidad de la persona. El papa Francisco insistente en la importancia del trabajo digno en la lucha contra la pobreza, priorizando la atención evangélica en las periferias, entre quienes sufren «la cultura del descarte» .