Porque nada de este mundo nos resulta indiferente, hace 33 años, en el año 1990, los obispos de las Islas Baleares publicaban una Carta Pastoral titulada «Ecología y Turismo en nuestras Islas» junto con unas «Pautas para una actuación cristiana» que ayudasen a una forma de comportamiento según el Evangelio y el pensamiento social de la Iglesia. La escribieron después de una extensa consulta en cada diócesis, a todos los estamentos de cada isla y a todos los niveles tanto seculares como eclesiales, para que hubiese la máxima participación. Y así fue. Salió a luz un documento muy valorado que hoy puede ser leído, reflexionado y vivido como actual en casi su totalidad. Decían: «La Ecología y el Turismo. Dos temas en los cuales nos jugamos el presente y el futuro de nuestros pueblos y de nuestra tierra». La intención era «la iluminación de nuestra realidad desde la fe en Jesucristo y la sugerencia de las actuaciones coherentes con esta visión creyente». La reflexión sigue abierta y tenemos que continuarla hoy más que nunca por la urgencia de respuestas coherentes. El tema de la ecología ha sido tratado siempre por el pensamiento social de la Iglesia. El Compendio de Doctrina Social, en el capítulo décimo, cuando se refiere a «Salvaguardar el medio ambiente», se fija en cuestiones como los aspectos bíblicos, el hombre y el universo de las cosas, la crisis en las relaciones entre el hombre y el medio ambiente, el medio ambiente: un bien colectivo, el uso de las biotecnologías, medio ambiente y el compartir los bienes, nuevos estilos de vida. Todo ello ha hecho que los Papas, sobre todo los últimos, se fijasen en la incidencia que el comportamiento ecológico tiene en la paz, la justicia y el bienestar de los pueblos. Ahora, recogiendo este legado, el papa Francisco dice que «frente al deterioro ambiental global, quiero dirigirme a cada persona que habita este planeta» (LS 3). Conviene leerlo con detalle y extraer convicciones y conclusiones. Por eso, hace ahora 8 años, en 2015, el papa Francisco escribe la Carta Encíclica Laudato si’ (Alabado seas) sobre el cuidado de la casa de todos, donde comienza citando a san Francisco de Asís en su Canto de las Criaturas: «En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos» (LS 1). Ya en el año 1971, san Pablo VI se había referido a la problemática ecológica presentándola como una crisis, consecuencia dramática de la actividad descontrolada del ser humano. Subrayando la urgencia y la necesidad de un cambio radical en el comportamiento de la humanidad, deja claro que «los progresos científicos más extraordinarios, las proezas técnicas más sorprendentes, el crecimiento económico más prodigioso, si no van acompañados por un auténtico progreso social y moral, se vuelven en definitiva contra el hombre» (LS 4). Os sugiero nuevamente la lectura de esta encíclica de cara a asegurar una mejor formación y actuación. Del 1 de septiembre al 4 de octubre, los cristianos en todo el mundo estamos llamados a celebrar que vivimos hermanados con la Creación. Francisco de Asís es el patrono de la ecología, el santo que veneraba la naturaleza como un don maravilloso que Dios ha regalado a la humanidad. Su fiesta es una nueva ocasión para reflexionar sobre nuestra relación con el universo, como él lo hacía. Tenemos que seguir maravillándonos con la belleza de todo lo que nos rodea y trabajar sin descanso para que -como dice el papa Francisco- en este Tiempo de la Creación, como seguidores de Cristo en nuestro camino sinodal común, vivamos, trabajemos y oremos para que nuestra casa común se llene nuevamente de vida. Que el Espíritu Santo siga aleteando sobre las aguas y nos guíe a la «renovación de la superficie de la tierra» (cf. Sal 104,30). +Sebastià Taltavull Obispo de Mallorca
Mensaje para la Jornada Mundial del Turismo 2023
En España El Departamento de Pastoral de Turismo celebrará la Eucaristía en la Catedral de Murcia el 17 de septiembre, presidida por Monseñor Lorca Planes y será retransmitida por 13TV Ofrecemos a continuación el mensaje que S.E. Mons. Rino Fisichella, Pro-Prefecto del Dicasterio para la Evangelización, Sección para las cuestiones fundamentales de la evangelización en el mundo, ha enviado con motivo de la Jornada Mundial del Turismo, que se celebra cada año el 27 de septiembre: Mensaje “Turismo e inversiones verdes” 1. “Turismo e inversiones verdes”. Es con esta expresión, propuesta por la Organización Mundial del Turismo, que nos preparamos a celebrar la 44ª Jornada Mundial del Turismo, el próximo 27 de septiembre. La Iglesia desea compartir con los Estados, las Asociaciones y con tantas realidades involucradas, este momento de especial compromiso, para que con el Magisterio del Papa Francisco, pueda incrementar de manera más eficaz y positiva el cuidado de la creación, objetivo esencial para la vida de las personas. Inversiones sostenibles para la tutela de la creación 2. En la Encíclica Laudato si’ el Papa Francisco subraya la necesidad de comprometerse en favor de inversiones sostenibles: “Ha habido algunas inversiones en formas de producción y de transporte que consumen menos energía y requieren menos cantidad de materia prima, así como en formas de construcción o de saneamiento de edificios para mejorar su eficiencia energética. Pero estas buenas prácticas están lejos de generalizarse” (n. 26). Favorecer las inversiones sostenibles es también un testimonio de fe, que se fortalece con el respeto por la naturaleza, creada y confiada a nosotros por Dios. De hecho, la atención por la creación y su salvaguardia pertenece al mensaje bíblico. Es suficiente retomar la primera página de la Sagrada Escritura para evidenciar esta dimensión. La acción creadora de Dios es, ante todo, expresión de su amor que se difunde y que pretende alcanzar el culmen involucrando al hombre y a la mujer en el mismo proyecto: “Creó Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo Dios: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra». Dijo Dios: «Ved que os he dado toda hierba de semilla que existe sobre la haz de toda la tierra, así como todo árbol que lleva fruto de semilla; para vosotros será de alimento»” (Gen 1, 27-29). La hospitalidad cristiana 3. La comunidad cristiana experimenta directamente la exigencia de madurar encuentros sobre las temáticas en objeto, sobre todo en los momentos vacacionales en los cuales, de tantas partes del mundo, las personas se ponen en viaje para un período de descanso, de contacto con la naturaleza y contemplación de la belleza artística. Es difícil no ver en este movimiento, una ocasión propicia para la comunidad cristiana, no solo para apoyar a las diversas organizaciones responsables para permitir que el tiempo de vacaciones sea vivido mejor, sino sobre todo para expresar el sentido de hospitalidad que caracteriza el espíritu de nuestras comunidades en virtud de la fe vivida. El turista es particularmente sensible a la manera en que es acogido. Él, percibe inmediatamente el estilo familiar de quienes lo atienden, y sabe distinguir de la formal hospitalidad frecuentemente separada de quien lo considera solamente un cliente. En un contexto cultural donde se excede en la indiferencia, es decisivo que los cristianos sean testigos de una hospitalidad que haga sentir a la persona como en casa y le haga experimentar la fraternidad. Detenerse para dialogar, interesarse en que las vacaciones sean una experiencia de paz, agilizar las formas para que se tenga entre las manos el Evangelio o lecturas que despiertan interés por la oración y la espiritualidad, son algunos signos para dar sentido al tiempo de vacaciones. Economía sostenible y dignidad humana 4. La atención a la creación permite a los cristianos promover también una forma de economía que no tiene como objetivo maximizar el beneficio que lleva frecuentemente a la violencia hacia la naturaleza, con fuertes repercusiones en la dignidad de la persona. El primado de la ética no puede ser oscurecido por la sed de ganancias. No se pretende con esto bloquear el progreso tecnológico ni tampoco el desarrollo económico. La atención y el apoyo a las inversiones sostenibles, entonces, no pueden ser considerados como un estorbo; constituyen más bien una visión de futuro que abre a proyectos a largo plazo, sin caer en una miopía de la ganancia inmediata. Es necesario dar espacio a la creatividad de las generaciones para permitir redescubrir la dignidad de cada persona. De hecho, como recuerda el Papa Francisco en la Encíclica Laudato si’: “Es más digno usar la inteligencia, con audacia y responsabilidad, para encontrar formas de desarrollo sostenible y equitativo, en el marco de una noción más amplia de lo que es la calidad de vida.” (n. 192). En este recorrido, es urgente sobre todo que la política sostenga con convicción y confianza los caminos que se descubren, para discernir con sabiduría los proyectos más adecuados, que miran al bien de todos y que incrementan la calidad de la vida, en particular de las personas que pertenecen a los sectores más débiles. Inversiones y salvaguardia cultural y espiritual 5. La Iglesia siempre ha reconocido y sostenido el valor y la importancia del arte, de la cultura y de su salvaguardia, porque favorecen conocer a Dios y mantener vivas las raíces cristianas. La vía de la belleza es parte integrante de nuestra misión de anunciar el Evangelio y de promover el crecimiento espiritual de los creyentes. Por este motivo, es necesario que las inversiones no miren solo al turismo de masa, que es posible vehículo para la pérdida de identidad cultural y religiosa. Al contrario, es oportuno que mientras se concentran las inversiones en las infraestructuras, se promueva la dignidad de todos los trabajadores del sector turístico, de modo que contribuyan a aumentar la calidad
Jornada Mundial del Turismo 2022: Repensar el turismo
Mensaje del Cardenal Czerny, Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral El Día Mundial del Turismo 2022 está dedicado a: “Repensar el turismo”. La crisis sanitaria, que comenzó a finales de 2019 y aún no ha terminado, nos ha obligado a todos a hacer frente a problemas que vienen de lejos y ha planteado otros nuevos e inesperados. Sin lugar a dudas, nos ha tomado por sorpresa. El turismo ha sido una de las actividades humanas más gravemente afectadas por esta crisis, sin embargo, paradójicamente, puede convertirse ahora en uno de los motores de la reconstrucción de un mundo más justo, sostenible e integral. La Iglesia, por tanto, tiene la mirada puesta también en el renacimiento y la renovación del turismo, una mirada llena de esperanza. Un turismo más justo La reanudación del turismo puede tener una referencia en los principios que han inspirado el Código Ético Mundial para el Turismo, que concibe esta actividad, entre otras cosas, como “una fuerza viva al servicio de la paz y un factor de amistad y comprensión entre los pueblos”, “un factor de desarrollo sostenible”, “un factor de aprovechamiento y enriquecimiento del patrimonio cultural de la humanidad”, “una actividad beneficiosa para los países y las comunidades de destino”. Se trata de elementos fundamentales para la edificación de la fraternidad y la amistad social, pero sobre todo para el servicio a un desarrollo humano integral. Esto significa, y por ello es necesario que se produzca un cambio de rumbo, gracias al cual se demuestre que somos capaces de salir mejor de una crisis que ha puesto de manifiesto tantas desigualdades e injusticias, que la actividad turística, como verdadera industria económica, debe realizarse según principios de equidad y de transformación social. Esto ocurre, por ejemplo, cuando se respetan los derechos laborales de quienes trabajan en el sector, a todos los niveles y en todos los países, y cuando el turismo mismo, como actividad de ocio y de recreo, se desarrolla respetando plenamente los derechos fundamentales y la dignidad de las personas[1]. Justicia, significa también repartir los beneficios de forma equitativa, superando una lógica depredadora, sobre todo en lo que respecta a las poblaciones y zonas geográficas especialmente afectadas por las múltiples crisis que afligen al mundo contemporáneo[2]. A este respecto, queremos expresar nuestra cercanía a todos los operadores del sector turístico que ya actúan movidos por una conciencia recta y han construido, no sólo su profesión sino su propia vida en torno a la acogida. No faltan los empresarios atentos a los más vulnerables y a los trabajadores expuestos a la explotación, en particular el personal temporal que realiza tareas humildes al servicio de los turistas. Sin embargo, una vez más hay que denunciar que “muchos operan en condiciones de precariedad y, a veces, de ilegalidad, con salarios injustos, obligados a un duro trabajo, a menudo lejos de la familia, con alto riesgo de estrés y sometidos a las reglas de una competitividad agresiva”[3]. A los cristianos, se les pide que formen alianzas con todas las mujeres y hombres de buena voluntad, porque esto debe cambiar. Un turismo más sostenible Volver a empezar significa también no olvidar que el impacto que el turismo tiene sobre el medio ambiente es muy importante. El paradigma imperante de la maximización de los consumos puede llegar a desfigurarlo de manera rápida y feroz[4]. Debido a la pandemia y a la actual crisis energética, se ha hecho más evidente la conveniencia de apostar, ante todo, por el turismo de proximidad: saber mirar a nuestro alrededor, reconocer y apreciar los tesoros del patrimonio, la gastronomía, el folclore e incluso la espiritualidad que las regiones vecinas tienen para compartir. Hoy día, las políticas locales pueden replantearse profundamente, en términos de hospitalidad y calidad de vida para los habitantes históricos, los recién llegados y los vecinos más inmediatos. Además, a escala mundial, los flujos de mercancías, los desplazamientos de personas con fines turísticos y los ritmos de consumo deben, sin duda, recalibrarse, en la dirección de una relación correcta entre el ser humano y la creación. La sostenibilidad del turismo, de hecho, se mide no sólo en términos de contaminación, sino también en el impacto sobre la biodiversidad de los ecosistemas naturales y sociales: se necesita una sensibilidad que amplíe la protección de los ecosistemas de una forma concreta, para garantizar un paso armonioso de los turistas por entornos que no les pertenecen, como tampoco pertenecen a una única generación. Por otra parte, el cambio climático, en una perspectiva a medio plazo, puede afectar negativamente al atractivo de numerosos destinos tradicionales, con el riesgo de penalizar aún más, también desde este punto de vista, a regiones ya de por sí económicamente frágiles. Así pues, la protección de la biodiversidad y el estupor ante las maravillas de la creación deben coexistir en el turismo “repensado”. Un turismo integral El turismo ofrece enormes posibilidades para que el espíritu humano y el Espíritu de Dios interactúen, activando un encuentro entre las diversidades[5]. Existen ciertamente resistencias y elementos de signo opuesto. Podemos observar cómo, por ejemplo, culturalmente se están reduciendo los espacios para incluir diferentes formas de pensar y de vivir. El sistema de producción, incluso en el sector turístico industrial, avanza rápidamente hacia la estandarización de los contenidos, sobre todo a través de la contingentación de los tiempos de visita, de viaje, de estancia, dando lugar así a una experiencia más individualista y menos colectiva. Un turismo que se vuelve a poner en marcha, necesita tener presente la “visión integral de la persona”, que, tal y como destaca el Papa Francisco, no es una teoría, sino “una forma de vivir y actuar. En primer lugar esta visión no se encuentra en un manual, sino en las personas que viven con este estilo: con los ojos abiertos al mundo, con las manos entrelazadas con otras manos, con el corazón sensible a las debilidades de sus hermanos”[6]. Sólo así se puede conocer una cultura diferente, preguntar por su historia, descubrir los valores profundos que encierra.
Mensaje de apoyo de los obispos al sector del turismo: no sirven promesas o proyectos faraónicos
Es posible que este difícil momento nos ofrezca la gran oportunidad d repensar toda la realidad del turismo Los Obispos de la Subcomisión para las Migraciones y Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Española, queremos hacer presente nuestro afecto y cercanía a todos los que han padecido el flagelo del Covid-19, de manera especial a aquellos que han perdido a algún ser querido, a todos, empezando por el personal sanitario en todos sus niveles y formas que se han hecho prójimo de los enfermos y sus familias, a los que con su afecto, cariño y oración han aliviado el sufrimiento y la angustia de cada hermano en este tiempo complejo y difícil para todos. A nuestras Cáritas, Manos Unidas y tantas otras expresiones del amor hacia el pobre y necesitado que, no pocas veces, superando miedos y dificultades, no han bajado los brazos en este momento tan complejo y difícil para todos. Es nuestro deseo hacer una especial mención, que pone de manifiesto nuestro afecto y reconocimiento, a los que trabajan y construyen sus vidas en torno al mundo del turismo, hoy puesto a prueba de una manera particular a causa de la pandemia y sus consecuencias. Vaya nuestro reconocimiento a los trabajadores y trabajadoras, a los que prestan múltiples servicios, a las pequeñas y grandes actividades comerciales, a quienes se ocupan de la hostelería y hotelería, a los empresarios y dirigentes; a vosotros que brindáis acogida cordial a los que llegan y a todos los españoles y españolas que quieren descansar y hacer turismo en nuestro país. La crisis que estamos atravesando nos ha hecho más conscientes de la importancia que vuestra labor reviste para la vida de España y de todos los españoles, valorando vuestro servicio no solo en la acogida, sino también en la integración de los millones de personas, que cada año eligen y vuelven a elegir a nuestra tierra como el espacio donde descansar y recobrar fuerzas. Ellos lo hacen motivados por una cantidad de factores, entre los cuales sobresalen nuestro enorme patrimonio artístico, intelectual e histórico, que no puede explicarse ni comprenderse prescindiendo de la fe que anima a nuestro pueblo. Un pueblo que, con su riquísima y variada gastronomía, pero sobre todo con el buen talante, la alegría de vivir y la empatía de nuestras gentes, conforman ese inigualable entramado cultural, que hace de nuestra patria el primer destino vacacional y de ocio del mundo. Los amigos turistas vienen a encontrarnos, pero también nosotros los encontramos a ellos, y en ellos, también tocamos de cerca su vida, su historia, su cultura, su arte, su fe, es decir, sus personas. Sabemos que, dolorosamente, muchos de vosotros habéis perdido vuestros trabajos y muchos otros ven peligrar el suyo, las empresas en las que colocaron patrimonio, sacrificio, e ilusión. Por ello os animamos a no bajar los brazos y a seguir trabajando juntos, al tiempo que solicitamos a las autoridades públicas la necesidad de generar proyectos de verdadera reactivación del sector, y a hacerlo consultando y trabajando aunadamente con quienes más conocen la realidad del mundo transversal del turismo. No sirven promesas o proyectos faraónicos que prescindan de la participación de todos los afectados. Es un problema de todos, y somos todos los que debemos colaborar juntos para salir adelante. Es posible que este difícil momento nos ofrezca la gran oportunidad de repensar toda la realidad del turismo, escapando de la masificación y sus repercusiones negativas, para ganar en personalización, calidad y valores que lo hagan sostenible y absolutamente positivo. Finalmente, queremos recordaros la necesidad de fortalecer ese valor tan nuestro de la hospitalidad, que cuando se asume desde la fe y la caridad, adquiere dimensión sagrada, ya que, «…no os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella, algunos sin saberlo, hospedaron ángeles» (Hb 13, 2). Con nuestra oración, afecto y reconocimiento. Descargar mensaje
Turismo y desarrollo rural
41.ª Jornada Mundial del Turismo La 41.ª Jornada Mundial del Turismo se celebra este año en el contexto incierto que está marcado por la evolución de la pandemia de Covid-19, cuyo final aún no se vislumbra. El resultado es una drástica reducción de la movilidad humana y del turismo, tanto internacional como nacional, que ha caído a mínimos históricos. La suspensión de los vuelos internacionales, el cierre de aeropuertos y fronteras, la adopción de estrictas restricciones en los viajes, incluso internos, está provocando una crisis sin precedentes en muchos sectores relacionados con la industria turística. Se teme que, en el peor de los casos, a finales de 2020 habrá una disminución aproximadamente de mil millones de turistas internacionales, con una pérdida económica mundial de casi 1.2 billones de dólares. El resultado sería una pérdida enorme de empleos en todo el sector turístico. Según el Secretario General de la Organización Mundial del Turismo, Zurab Pololikashvili: «El turismo ha sido el sector más afectado por el bloqueo mundial, con millones de puestos de trabajo en peligro en uno de los sectores de la economía con mayor número de mano de obra».[1] Este preocupante escenario —incluso impensable hace unos meses—, no debe paralizarnos y privarnos de una visión positiva del futuro. En este sentido, el Papa Francisco afirmó: «Porque peor que esta crisis, es solamente el drama de desaprovecharla […]. Y así, en el gran esfuerzo que supone comenzar de nuevo, qué dañino es el pesimismo, ver todo negro y repetir que nada volverá a ser como antes».[2] Turismo y desarrollo rural es el tema que la OMT, antes de la emergencia por el Covid-19, eligió para la presente Jornada y señala providencialmente uno de los caminos hacia una posible recuperación del sector turístico. Comienza con la invitación a tomar en serio y poner en práctica el desarrollo sostenible que, en el ámbito del turismo, significa un mayor interés por los destinos turísticos extraurbanos, los pueblos pequeños, las aldeas, los caminos y lugares poco conocidos y menos frecuentados. Esos lugares más escondidos para descubrir o redescubrir, precisamente porque son más encantadores e inexplorados. El mundo rural vive en estos lugares, lejos de las rutas del turismo masivo. Se trata, por tanto, de la promoción de un turismo sostenible y responsable que, realizado según los principios de la justicia social y económica, y en el pleno respeto del medio ambiente y de las culturas, reconozca la centralidad de la comunidad local anfitriona y su derecho a ser protagonista y socialmente responsable en el desarrollo sostenible del propio territorio; un turismo que favorezca, por lo tanto, la interacción positiva entre la industria turística, la comunidad local y los viajeros.[3] Este tipo de turismo puede convertirse en un motor para apoyar la economía rural, que se basa en la agricultura y, a menudo, en haciendas familiares de pequeñas dimensiones, en zonas marginales y con bajos ingresos producidos por el sector alimentario. El turismo y la agricultura rural pueden convertirse así en dos componentes esenciales de un mundo nuevo que se espera construir. Un turismo realizado por y a través de las personas. Por otra parte, los pequeños agricultores son los primeros guardianes de la creación, a través de su paciente y arduo trabajo de la tierra. Los turistas son los visitantes que pueden convertirse en defensores del ecosistema, si viajan de forma consciente y sobria. Entonces, viajar a destinos rurales puede significar, concretamente, apoyar la producción local de las pequeñas explotaciones agrícolas, que se lleva a cabo de manera compatible con las leyes de la naturaleza. De esta manera, un viaje podrá tener el sabor de la historia y abrir el corazón al amplio horizonte de la fraternidad y la solidaridad. El turismo que sabe mirar y compartir los dones de la tierra en el ámbito rural se convierte también en un modo concreto para aprender nuevos estilos de vida. Ciertamente, la sabiduría de quien cultiva la tierra, hecha de observación y espera, puede ayudar al agitado mundo moderno a armonizar los tiempos de la vida diaria con los de la naturaleza. Acercar el turismo y el desarrollo rural es una buena manera de aprender nuevas culturas, de dejarse contagiar por los valores del cuidado y la protección de la creación que, hoy en día, representan no sólo un deber moral sino una urgencia de acción colectiva. El “turismo rural” se convierte así en el lugar donde se aprende una nueva forma de relacionarse con los demás y con la naturaleza. Y todo cambio personal debe comenzar por comportamientos verdaderamente transformadores; para ello, es necesario ponerse en marcha, y para hacerlo se necesita un objetivo: el mundo rural puede ser todo esto. El turismo se desarrolla si se realiza de manera cuidadosa, tranquila y sostenible, esto significa respetar las actividades agrícolas, los ritmos de vida de las poblaciones rurales, apreciando la autenticidad que todavía se conserva en zonas enteras del interior, dejándose sorprender por las muchísimas pequeñas cosas que se pueden ver, eligiendo productos agrícolas locales. De esta manera se pueden apreciar las diferencias, pequeñas o grandes, entre las tradiciones, lugares y comunidades que se encuentren. Entonces, ¿por qué no recurrir a un turismo que promueva las zonas rurales y marginales conociéndolas a pie? Esto nos permitirá frenar y evitar los riesgos del frenesí.[4] Precisamente en este período, el turismo puede convertirse en un instrumento de proximidad. Sí, nuestro mundo postmoderno necesita proximidad, es decir, cercanía en las relaciones y, por ende, de los corazones. Y el turismo, que en cualquier caso implica el movimiento de personas y bienes, debe mostrar ahora su faceta transformadora, como actividad recreativa que haga crecer el espíritu de fraternidad entre los pueblos. En un periodo de incertidumbre por los movimientos de personas, de los que el turismo sufre las mayores consecuencias de forma inmediata y directa, creemos que es necesario tomar medidas para apoyar los ingresos de los trabajadores de este sector, como también para cuidar y defender las comunidades rurales más vulnerables de cada territorio. De esta manera,
“Turismo y empleo: un futuro mejor para todos”
Mensaje para la Jornada Mundial del Turismo – 2019 “Turismo y empleo: un futuro mejor para todos” es el tema del Día Mundial del Turismo, que se celebra el 27 de septiembre, promovido por la Organización Mundial del Turismo (OMT). Un tema que recuerda la iniciativa: “El futuro del trabajo”, deseada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que este año celebra su centenario. La elección de tratar el tema del turismo desde la perspectiva del trabajo parece particularmente apropiada en vista del enraizamiento del estado crítico que caracteriza la dimensión laboral en la vida de muchas personas, en todas las latitudes. Los deseados objetivos de paz, seguridad, promoción e inclusión social no se pueden alcanzar si se descuida el esfuerzo conjunto para garantizar a todos un trabajo decente, equitativo y libre, construido en torno a la persona y a sus necesidades primarias de desarrollo humano integral”. Trabajar es propio de la persona humana. Expresa su dignidad de haber sido creado a imagen de Dios”(1), ha afirmado el Papa Francisco. Donde no hay trabajo, no puede haber progreso, no puede haber prosperidad y, seguramente, no puede haber un futuro mejor. El trabajo, que no es solo el empleo, sino la forma en que el hombre se realiza a sí mismo en la sociedad y en el mundo, es una parte esencial para determinar el desarrollo integral tanto de la persona como de la comunidad en que vive. “Estamos llamados al trabajo desde nuestra creación”, escribe el Papa Francisco en la encíclica Laudato si’, señalando que “el trabajo es una necesidad, parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de maduración, de desarrollo humano y de realización personal”(2). “Sin trabajo- ha reiterado en el mensaje de video a los participantes en la 48ª Semana Social de los Católicos Italianos (Cagliari, 26-29 de octubre de 2017)- no hay dignidad”. Como recuerda el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia: “La persona es el criterio de la dignidad del trabajo” y, citando la Encíclica Laborem exercens, “En efecto, no hay duda de que el trabajo humano tiene un valor ético, el cual está vinculado completa y directamente al hecho de que quien lo lleva a cabo es una persona”(3). Con especial referencia al turismo, en su Mensaje para el XXIV Día Mundial del Turismo(4) San Juan Pablo II explicaba también que este sector “se ha de considerar como una expresión particular de la vida social, con implicaciones económicas, financieras, culturales y con consecuencias decisivas para las personas y los pueblos. Su relación directa con el desarrollo integral de la persona debería orientar su servicio, como el de las demás actividades humanas, a la edificación de la civilización en el sentido más auténtico y completo, es decir la edificación de la “civilización del amor” (ver Sollicitudo rei socialis, No. 33)”. En el día de hoy no son pocos los problemas relacionados con el trabajo en el sector del turismo, que se caracteriza por su variada profesionalidad y sus tareas específicas. Consultores de viajes y guías turísticos, chefs, sommeliers y camareros, azafatas, animadores, expertos en marketing turístico y redes sociales: muchos operan en condiciones de precariedad y, a veces, de ilegalidad, con salarios injustos, obligados a un duro trabajo, a menudo lejos de la familia, con alto riesgo de estrés y sometidos a las reglas de una competitividad agresiva. Indigna, además, la explotación del trabajo en los países pobres pero con una alta vocación turística en virtud del rico patrimonio ambiental e histórico-cultural que los caracteriza, donde rara vez son las poblaciones nativas las que se benefician del uso de los recursos locales. Inaceptables son también las violencias contra su población, la ofensa de su identidad cultural y todas las actividades que causan la degradación y la explotación voraz del ambiente. En este sentido, en 2003, siempre San Juan Pablo II señalaba que “la actividad turística puede desempeñar un papel relevante en la lucha contra la pobreza, tanto desde el punto de vista económico, como social y cultural. Viajando se conocen lugares y situaciones diversas, y se cae en la cuenta de cuán grande es la brecha entre los países ricos y pobres. Además, se pueden valorar mejor los recursos y las actividades locales, favoreciendo la participación de los sectores más pobres de la población”(5). En este sentido, las posibilidades de desarrollo que ofrece el sector turístico son considerables, tanto en términos de oportunidades de empleo como de promoción humana, social y cultural. Oportunidades especialmente abiertas a los jóvenes y que fomentan su participación como protagonistas de su desarrollo, quizás a través de iniciativas empresariales en propio en los países desfavorecidos. Los datos publicados por la Organización Mundial del Turismo (OMT) muestran que de 11 puestos de trabajo en el mundo, al menos 1 es generado, -directa o indirectamente-, por el turismo, y registran un crecimiento constante del fenómeno que involucra a millones de personas en todos los rincones del mundo. Se habla de un ciclo expansivo, con enormes implicaciones a nivel social, económico y cultural, que ha superado las expectativas más optimistas. Basta con decir que en 1950 los turistas internacionales eran algo más de 25 millones, mientras que en la próxima década se estima que podrían alcanzar la cifra de dos mil millones de viajeros en todo el mundo. Frente a estos flujos, resulta alentadora la dimensión de encuentro que puede brindar el trabajo en el sector turístico. En muchos casos en el desempeño de sus tareas diarias los operadores del sector en todos los niveles, tienen la oportunidad de encontrarse con personas de los países más diversos y comenzar ese conocimiento, que es el primer paso para el abandonando de prejuicios y estereotipos y para construir relaciones basadas en la amistad. El pasado mes de marzo, dirigiéndose a los jóvenes del Centro de Turismo Juvenil con motivo del 70 aniversario de la fundación de esa asociación el Papa Francisco ha hablado del turismo como una oportunidad para encontrarse. El Pontífice expresó su aprecio por el esfuerzo en promover un “turismo lento”, “no