El próximo 21 de noviembre la Iglesia celebrará la Jornada Mundial de la Pesca 2023 que tiene por tema “Tiren la red”, lema inspirado en el pasaje del Evangelio de San Juan (Jn 21, 6). Por este motivo, el prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, Cardenal Michael Czerny, publicó un mensaje previo a esta Jornada Mundial que invita a todos los cristianos a rezar “por los pescadores y sus familias”. En el mensaje, el Cardenal Czerny cita en diversas ocasiones la reciente Exhortación Apostólica del Papa Francisco Laudate Deum documento en el que el Santo Padre aborda nuevamente la importancia del cuidado de la creación de Dios y advierte las consecuencias de la crisis climática. “Las comunidades de pescadores en muchas partes del mundo están sufriendo. Hay problemas económicos y de competencia desleal que amenazan la supervivencia del oficio, sobre todo de los barcos de pesca familiares”, reconoció el Purpurado. Luego, el prefecto agradeció a los pescadores por el valioso trabajo que realizan porque son “son centinelas de delicados equilibrios y posibles pioneros de la ecología integral” debido que realizan “una actividad fatigosa, agotadora y, a menudo, no plenamente reconocida socialmente”. Además, el Cardenal Czerny recordó que “la pesca alimenta a muchas poblaciones en todo el mundo. Por eso también es necesario que el gesto de ‘tirar las redes’ se renueve cada día, con un profundo respeto “Queridos pescadores, su fe sencilla es una riqueza para la Iglesia que atraviesa un tiempo de Sínodo. Ustedes construyen la Iglesia, uniendo fe y trabajo cada día…. Con inteligencia y libertad cuiden, con la Iglesia, de esta humanidad. Custodios del mar y trabajadores honestos, ayuden a la Iglesia a no cansarse de ‘tirar las redes’, para hacer de la humanidad una familia de hermanos y hermanas; de la tierra, el cielo y el mar una nueva creación”, concluyó el Purpurado.
Carta del Obispo de Mallorca: «Educación, espiritualidad ecológica y cambios de estilos de vida»
«La matanza de los inocentes» es el título que podríamos aplicar a cualquier guerra del siglo XXI, guerras conocidas y desconocidas. No hay nada que sea proporcionado, todo supera cualquier previsión y el odio gana terreno, las posibilidades de hacer mal y extenderlo son cada vez más infinitas. Nadie sabe cuál es la solución a tantos conflictos, los grupos en conflicto se culpabilizan mutuamente, mientras los políticos defienden sus propios intereses bastantes veces tan lejos de la defensa de los derechos humanos y las necesidades del pueblo. Entonces, cuando las cosas son así, es la gente, es el pueblo inocente el que es masacrado. ¿Es posible que haya más de mil niños que, con muchos más muertes y heridos, sean las víctimas inocentes más numerosas? Con el corazón encogido y la mente perpleja recibimos cada instante noticias que nos sitúan en el desconcierto. Los medios de comunicación hacen que contemplemos con dolor unas guerras en directo, la retransmisión de conflictos bélicos que suceden al momento. Esta inmediatez nos hace ver que no se trata de una película, ni de una representación escénica. Son guerras reales, en las que el mundo entero contempla con horror a los que matan y a los que mueren. ¡Inconcebible! ¿Es posible que el odio organizado y declarado genere tanta violencia y la obsesión por un poder injusto sea la causa de tanta destrucción? ¿Por qué se rehúsa el diálogo, la negociación, la apertura de corredores humanitarios? ¿Por qué se obstaculiza la entrada de camiones con alimentos y víveres de primera necesidad, al mismo tiempo que no paran los bombardeos sobre la población civil? ¡En una guerra, todos perdemos! Desde el primer momento del conflicto entre Israel y Hamás, como a lo largo de tantas otras guerras como la de Ucrania, no hemos parado de acudir a la plegaria respondiendo a tantas voces que nos invitan y que provienen del clamor angustioso de un pueblo que sufre y pide ayuda. También aquí, en nuestra Iglesia de Mallorca, somos sensibles y estamos preocupados por cómo se suceden los acontecimientos en la tierra de Jesús, una tierra por la que los cristianos católicos sentimos una estima especial, por eso hemos intensificado la plegaria y manifestado el rechazo a toda acción violenta, venga de quien venga, y condenamos cualquier ataque o acto terrorista a instituciones y personas. Nos unimos -así nos lo ha pedido el papa Francisco con insistencia- en la oración por la paz en Israel y Palestina, mostrando así nuestra solidaridad con las comunidades judías, cristianas y musulmanas y con todas las personas afectadas por la escalada de la violencia, especialmente concentrada en la castigada Gaza y en otros lugares donde las sofisticadas bombas caen constantemente sobre gente inocente. Cada celebración de la Eucaristía ha sido el lugar privilegiado para elevar al Dios de la Paz una plegaria confiada y hemos manifestado así nuestra confianza en que Dios puede cambiar los corazones más endurecidos y convertirlos en actores de paz. Así, os invito a que lo hagamos ahora también con las palabras de la liturgia eucarística: «Pues, en una humanidad dividida por las violencias y las discordias, túdiriges las voluntades para que se dispongan a la reconciliación. Tu Espíritu mueve los corazones para que los enemigos vuelvan a la amistad, los adversarios se den la mano y los pueblos busquen la unión. Con tu acción eficaz consigues que las luchas se apacigüen y crezca el deseo de la paz; que el perdón venza al odio y la indulgencia a la venganza». Una vez más, desde este espacio de comunicación y plegaria, pidamos que se acabe la violencia y se abran nuevos y definitivos caminos de paz. + Sebastià Taltavull Obispo de Mallorca
Carta del Obispo de Mallorca: «Implicados en el presente y el futuro del planeta»
Porque nada de este mundo nos resulta indiferente, hace 33 años, en el año 1990, los obispos de las Islas Baleares publicaban una Carta Pastoral titulada «Ecología y Turismo en nuestras Islas» junto con unas «Pautas para una actuación cristiana» que ayudasen a una forma de comportamiento según el Evangelio y el pensamiento social de la Iglesia. La escribieron después de una extensa consulta en cada diócesis, a todos los estamentos de cada isla y a todos los niveles tanto seculares como eclesiales, para que hubiese la máxima participación. Y así fue. Salió a luz un documento muy valorado que hoy puede ser leído, reflexionado y vivido como actual en casi su totalidad. Decían: «La Ecología y el Turismo. Dos temas en los cuales nos jugamos el presente y el futuro de nuestros pueblos y de nuestra tierra». La intención era «la iluminación de nuestra realidad desde la fe en Jesucristo y la sugerencia de las actuaciones coherentes con esta visión creyente». La reflexión sigue abierta y tenemos que continuarla hoy más que nunca por la urgencia de respuestas coherentes. El tema de la ecología ha sido tratado siempre por el pensamiento social de la Iglesia. El Compendio de Doctrina Social, en el capítulo décimo, cuando se refiere a «Salvaguardar el medio ambiente», se fija en cuestiones como los aspectos bíblicos, el hombre y el universo de las cosas, la crisis en las relaciones entre el hombre y el medio ambiente, el medio ambiente: un bien colectivo, el uso de las biotecnologías, medio ambiente y el compartir los bienes, nuevos estilos de vida. Todo ello ha hecho que los Papas, sobre todo los últimos, se fijasen en la incidencia que el comportamiento ecológico tiene en la paz, la justicia y el bienestar de los pueblos. Ahora, recogiendo este legado, el papa Francisco dice que «frente al deterioro ambiental global, quiero dirigirme a cada persona que habita este planeta» (LS 3). Conviene leerlo con detalle y extraer convicciones y conclusiones. Por eso, hace ahora 8 años, en 2015, el papa Francisco escribe la Carta Encíclica Laudato si’ (Alabado seas) sobre el cuidado de la casa de todos, donde comienza citando a san Francisco de Asís en su Canto de las Criaturas: «En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos» (LS 1). Ya en el año 1971, san Pablo VI se había referido a la problemática ecológica presentándola como una crisis, consecuencia dramática de la actividad descontrolada del ser humano. Subrayando la urgencia y la necesidad de un cambio radical en el comportamiento de la humanidad, deja claro que «los progresos científicos más extraordinarios, las proezas técnicas más sorprendentes, el crecimiento económico más prodigioso, si no van acompañados por un auténtico progreso social y moral, se vuelven en definitiva contra el hombre» (LS 4). Os sugiero nuevamente la lectura de esta encíclica de cara a asegurar una mejor formación y actuación. Del 1 de septiembre al 4 de octubre, los cristianos en todo el mundo estamos llamados a celebrar que vivimos hermanados con la Creación. Francisco de Asís es el patrono de la ecología, el santo que veneraba la naturaleza como un don maravilloso que Dios ha regalado a la humanidad. Su fiesta es una nueva ocasión para reflexionar sobre nuestra relación con el universo, como él lo hacía. Tenemos que seguir maravillándonos con la belleza de todo lo que nos rodea y trabajar sin descanso para que -como dice el papa Francisco- en este Tiempo de la Creación, como seguidores de Cristo en nuestro camino sinodal común, vivamos, trabajemos y oremos para que nuestra casa común se llene nuevamente de vida. Que el Espíritu Santo siga aleteando sobre las aguas y nos guíe a la «renovación de la superficie de la tierra» (cf. Sal 104,30). +Sebastià Taltavull Obispo de Mallorca
Exhortación apostólica «Laudate Deum»
El Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano e Integral ha publicado hoy la exhortación apostólica del papa Francisco «Laudate Deum» sobre el cuidado del medio ambiente. El nuevo documento del Pontífice se hace público en la misma fecha en la que se celebra la fiesta de San Francisco de Asís que también coincide con la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos. El texto está compuesto por seis capítulos: En el primero, titulado “la crisis climática global”, el papa Francisco advierte que el cambio climático es innegable y sus efectos se hacen cada vez más evidentes “a pesar de algunos intentos de minimizarlos o ridiculizarlos”. Además, lamenta que la principal causa de este problema es la actividad humana. En el segundo capítulo, el Santo Padre aborda el “paradigma tecnocrático” y subraya que la naturaleza no es un recurso a explotar sin fin, por lo que exhorta a reconocer que la ambición desmedida no es sostenible éticamente. En el tercer capítulo, Francisco se refiere a “la debilidad de la política internacional” y destaca la urgente necesidad de la cooperación global a través de nuevos acuerdos multilaterales entre los Estados porque los enfoques actuales y pasados son insuficientes. En el cuarto capítulo, el Papa reflexiona acerca de “las conferencias sobre el clima: avances y fracasos” y alienta a superar las posturas egoístas de los países en beneficio del bien común. En el último capítulo, “las motivaciones espirituales”, el Santo Padre hace un llamado a las personas de todas las confesiones religiosas a reaccionar. Finalmente, el Papa Francisco invita a caminar en comunión, juntos, sinodalmente, y al compromiso en la “reconciliación con el mundo que nos alberga”. DESCARGAR DOCUMENTO EXHORTACIÓN APOSTÓLICA LAUDATE DEUM DEL SANTO PADRE FRANCISCO A TODAS LAS PERSONAS DE BUENA VOLUNTAD SOBRE LA CRISIS CLIMÁTICA «nuestro cuidado mutuo y nuestro cuidado de la tierra están íntimamente unidos. El cambio climático es uno de los principales desafíos a los que se enfrentan la sociedad y la comunidad mundial. Los efectos del cambio climático son soportados por las personas más vulnerables, ya sea en casa o en todo el mundo». [1] En pocas palabras lo dijeron también los obispos en el Sínodo para la Amazonia: «Los atentados contra la naturaleza tienen consecuencias contra la vida de los pueblos». [2] Y para expresar de modo contundente que ya no se trata de una cuestión secundaria o ideológica sino de un drama que nos daña a todos, los obispos africanos afirmaron que el cambio climático pone de manifiesto «un impactante ejemplo de pecado estructural». [3] 1. La crisis climática global Resistencias y confusiones Las causas humanas millón. [7] Más del 42% del total de las emisiones netas a partir del año 1850 se produjeron después de 1990. [8] Daños y riesgos 2. Más paradigma tecnocrático y posibilidades podrían ser ampliadas hasta el infinito gracias a la tecnología. Así, el paradigma tecnocrático se retroalimenta monstruosamente. Repensar nuestro uso del poder [18] de manera que «el mundo no se contempla desde fuera sino desde dentro». [19] sus fuerzas internas y de su equilibrio. El aguijón ético 3. La debilidad de la política internacional Reconfigurar el multilateralismo Todavía no ha logrado generar un modelo de diplomacia multilateral que responda a la nueva configuración del mundo, pero, si sabe reconfigurarse, debe ser parte de la solución, porque la experiencia de siglos tampoco puede ser desechada. 4. Las conferencias sobre el clima: avances y fracasos compensarlos por los daños ya sufridos. Esta cuestión fue objeto de importantes discusiones en varias COP. porque no se establecieron adecuados mecanismos de control, de revisión periódica y de sanción de los incumplimientos. Los principios enunciados siguen reclamando caminos eficaces y ágiles de ejecución práctica». [32] También que «las negociaciones internacionales no pueden avanzar significativamente por las posiciones de los países que privilegian sus intereses nacionales sobre el bien común global. Quienes sufrirán las consecuencias que nosotros intentamos disimular recordarán esta falta de conciencia y de responsabilidad». [33] 5. ¿Qué se espera de la COP28 de Dubai? ambiental que surja es aislar cosas que en la realidad están entrelazadas y esconder los verdaderos y más profundos problemas del sistema mundial». [34] Es verdad que son necesarios los esfuerzos de adaptación frente a los males que son irreversibles en el corto plazo. También son positivas algunas intervenciones y avances tecnológicos que permitan absorber o capturar los gases emitidos. Pero corremos el riesgo de quedarnos encerrados en la lógica de emparchar, colocar remiendos, atar con alambre, mientras por lo bajo avanza un proceso de deterioro que continuamos alimentando. Suponer que cualquier problema futuro podrá ser resuelto con nuevas intervenciones técnicas es un pragmatismo homicida, como patear hacia adelante una bola de nieve. 6. Las motivaciones espirituales A la luz de la fe Caminar en comunión y compromiso Dado en Roma, en la Basílica de San Juan de Letrán, el 4 de octubre, Fiesta de san Francisco de Asís, del año 2023, décimo primero de mi Pontificado. FRANCISCO [1] Conferencia de los Obispos Católicos de Estados Unidos, Global Climate Change Background, 2019. [2] Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la Región Panamazónica, Documento final, octubre 2019, 10: AAS 111 (2019), 1744. [3] Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (Sceam), African climate dialogues communiqué, Nairobi, 17 octubre 2022. [4] Cf. Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC), Climate Change 2021, The Physical Science Basis, Cambridge and New York 2021, B.2.2. [5] Cf. Íd., Climate Change 2023, Synthesis Report, Summary for Policymakers, B.3.2. Para el Informe 2023 se hace referencia a https://www.ipcc.ch/report/ar6/syr/downloads/report/IPCC_AR6_SYR_SPM.pdf. [6] Cf. United Nations Environment Program, The Emissions Gap Report 2022: https://www.unep.org/resources/emissions-gap-report-2022. [7] Cf. Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica, Earth System Research Laboratories, Global Monitoring Laboratory, “Trends in Atmospheric Carbon Dioxide”: https://www.gml.noaa.gov/ccgg/trends/ [8] Cf. IPCC, Climate Change 2023, Synthesis Report, Summary for Policymakers, A.1.3. [9] Cf. ibíd., B.5.3. [10] Estos datos del Intergovernmental Panel on Climate Change se basan en aproximadamente 34.000 estudios; cf. IPCC, Synthesis Report of the Sixth Assessment Report (20/03/2023): AR6 Synthesis Report: Climate Change 2023. [11] Cf. IPCC, Climate Change 2023, Synthesis Report, Summary for Policymakers, A.1.2. [12] Cf. ibíd. [13] Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 101: AAS 107 (2015), 887. [14] Ibíd., 105: AAS 107 (2015), 889. [15] Ibíd., 106: AAS 107 (2015), 890. [16] Ibíd., 104: AAS 107 (2015), 888-889. [17] Ibíd., 105: AAS 107 (2015), 889.
Aqua fons vitae: Orientaciones sobre el agua
Aqua fons vitae El Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral publica «Aqua fons vitae: Orientaciones sobre el Agua, símbolo del grito del pobre y del grito de la Tierra», como contribución a la reflexión sobre el tema. Este nuevo documento está enraizado en la Enseñanza Social de los Pontífices; y se inspira en el trabajo que miembros de las Iglesias nacionales y locales han venido realizando en varios países. «Agua» es un vocablo que llama la atención sobre varios desafíos para la familia humana. Cabe señalar que, aunque «todo está relacionado», como enseña el Papa Francisco (LS, nn. 16, 117), en este documento se describen tres aspectos o dimensiones del uso del agua: 1) el agua para uso humano; 2) el agua como recurso utilizado en muchas actividades humanas, especialmente en la agricultura y la industria; 3) el agua como superficie, es decir, los ríos, los acuíferos subterráneos, los lagos y, sobre todo, los mares y océanos. Para cada aspecto o dimensión, el documento presenta desafíos conexos y propuestas operativas para la sensibilización y el compromiso a nivel local. La parte final del documento ofrece una reflexión sobre la educación y la integridad. DESCARGA
Mensaje de los obispos ante la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación
QUE LA JUSTICIA Y LA PAZ FLUYAN 1 de septiembre de 2023 Obispos de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social El día 1 de septiembre celebramos la Jornada Mundial de Oración por el cuidado de la Creación bajo el lema “Que la justicia y la paz fluyan”. Ese día se inicia el Tiempo de la Creación, que finaliza el 4 de octubre, día de san Francisco de Asís. En su mensaje para esta Jornada, el papa Francisco nos regala esta bella imagen eclesial: “La Iglesia es una comunión de innumerables Iglesias locales, comunidades religiosas y asociaciones que se alimentan de la misma agua. Cada manantial añade su contribución única e insustituible, para que todas confluyan en el vasto océano del amor misericordioso de Dios. Como un río es fuente de vida para el ambiente que lo circunda, así nuestra Iglesia sinodal debe ser fuente de vida para la casa común y para todos aquellos que la habitan”[1]. Para lograr “que el derecho corra como el agua, y la justicia como un torrente inagotable” (Am 5, 24), se hace preciso responder a lo que San Juan Pablo II, ya en el año 2001 formulaba como conversión ecológica [2], que no es otra cosa que realizar “una renovación de nuestra relación con la creación, de modo que no la consideremos como un objeto del que aprovecharnos, sino por el contrario, la custodiemos como un don sagrado del Creador” [3]. Vivir este Tiempo de la Creación es vivir en ese convencimiento de que nuestras acciones son oportunidades de construir modos de existencia respetuosos con la preciosa obra de Dios que nos rodea y con los hermanos y hermanas que comparten con nosotros la casa común. La gozosa sobriedad a la que se nos llama no es otra cosa que saber vivir en comunión con las necesidades de los demás, convencidos de que la Tierra es suficiente para todos y en esa virtud de compartir nos felicitamos. Por eso, la conversión ecológica es un asunto de todos y cada uno de nosotros, no solo por urgencia planetaria, sino también como camino de plenitud, felicidad y sentido. Al igual que proponemos esa mirada personal hacia lo común, también somos conscientes de que existen, como dice el papa Francisco, “políticas económicas que favorecen riquezas escandalosas para unos pocos y condiciones de degradación para muchos” [4]. Estas acciones producen verdaderas deudas ecológicas que deben constituir el centro del debate público y que nos urgen a modificar estructuralmente nuestros modos de funcionar como sociedad. Es necesario habilitar medidas nuevas, valientes y audaces, que reorienten las decisiones y las iniciativas que nos afectan globalmente bajo el prisma de la justicia humana, la sostenibilidad global y la ecología integral. Queremos transmitir la necesidad de concienciarnos como creyentes del vínculo indisoluble entre el cuidado y la justicia, como únicos caminos de paz y, posiblemente, de felicidad. Los cristianos sabemos que el mensaje de Jesús es una Buena Noticia para todos, y que el deseo del Señor es que todas las personas tengan vida, y vida en abundancia (Jn 10,10). En el contexto y coyuntura histórica en la que hoy estamos, no nos cabe duda de que esa vida pasa por entender que detrás de gran parte del sufrimiento humano se intuye una cosmovisión utilitarista del mundo y de su riqueza. La sobreexplotación de los recursos conduce a un escenario de escasez y de pobreza, que se traduce en desastre y dolor para comunidades enteras de personas. Si la gloria de Dios es que el hombre viva (S. Ireneo), nosotros debemos favorecer el cuidado del hermano para ser cocreadores y partícipes de esa gloria divina. No habrá paz sin justicia. Cada rostro, víctima del deterioro de la creación no cuidada, es una acusación de pecado que tendremos que enfrentar como sociedad, y de lo que tendremos que dar razón a las futuras generaciones. La pregunta de Caín “¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?” (Gén 4, 9) tiene hoy sentido entre padres e hijos. Porque además de aquellos que ahora están en los márgenes de la historia, los grandes perdedores y las víctimas de este modo de explotar la Tierra que nos ha sido dada serán nuestros hijos. Nos unimos al clamor del papa Francisco y “levantamos la voz para detener esta injusticia hacia los pobres y hacia nuestros hijos, que sufrirán las peores consecuencias del cambio climático” [5]. La exigencia evangélica de fraternidad y solidaridad se cifra hoy en un nuevo modo de entender nuestra relación con el resto de los seres vivientes, expresión y belleza de Dios en el mundo. Por eso denunciamos las prácticas que atentan y pervierten el vínculo sagrado de las personas con el planeta. Un ejemplo es la realidad sangrante y doliente de la migración por causas climáticas. Poblaciones enteras, sometidas a condiciones de vida inequívocamente injustas, están pagando en sus vidas las transformaciones rápidas y extremas de los fenómenos naturales que aparecen por la emisión de gases con efecto invernadero. Esto nos causa gran dolor y lo denunciamos como una de las mayores injusticias de la historia. En nuestro país vemos que la gestión del agua está dibujando un futuro claro de carestía, escasez y conflicto. Con un clima cada vez más seco y caluroso, en determinados territorios va a ser imposible fijar población y pervivir. El agua que nos provee de vida es un bien común que debe ser preservado y compartido. Rogamos a los poderes públicos y a nuestros gobiernos que integren la mirada de lo comunitario, del valor intrínseco del agua y de sus múltiples ramificaciones en lo social, para el diseño de planes hidrológicos, agrícolas y de gestión que sean sostenibles y responsables con todas las dimensiones de este preciado recurso. No se puede hacer política con el agua de todos sin tener en cuenta a las personas y comunidades que enraízan sus historias y sus proyectos vitales en ella: desde la realidad rural de la España vaciada hasta la preservación de nuestros recursos hídricos y agroforestales. El agua y su manejo atraviesa todas estas dimensiones. Por eso pedimos
Tiempo de la Creación 2022: Los obispos españoles llaman la atención sobre la crisis energética y la paz
Del 1 de septiembre al 4 de octubre la Iglesia celebra el Tiempo de la Creación, una iniciativa ecuménica del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral que promueve la celebración de la vida y la protección de la creación de Dios. Este es un tiempo en que los cristianos de todo el mundo, rezan, desarrollan proyectos y otros se movilizan para proteger la creación. Se trata de acciones urgentemente necesarias. El papa Francisco nos invita en en su mensaje de este año a practicar una espiritualidad ecológica, como ya hiciera en Laudato Si. También pone enfásis en los clamores amargos: los de la «hermana Madre tierra», los más pobres, los pueblos nativos y nuestros propios hijos. El Departamento de Ecología Integral de la Conferencia Episcopal Española centra su atención este año en la crisis energética y la paz, un aspecto que también recuerda el papa Francisco: Lo repito: «Quiero pedirles en nombre de Dios a las grandes corporaciones extractivas —mineras, petroleras—, forestales, inmobiliarias, agro negocios, que dejen de destruir los bosques, humedales y montañas, dejen de contaminar los ríos y los mares, dejen de intoxicar los pueblos y los alimentos»[5]. V Seminario de Ecología Integral Igualmente, en su V Seminario de Ecología Integral, el Departamento ha querido abordar esta problemática tan urgente y necesaria en este momento histórico: Retos para el cuidado de la casa común: «Sostenibilidad, crisis energética y extractivismo». Se contará con intervenciones desde América Latina, con quien el departamento pudo estrechar lazos en abril de 2022, ya que sus responsables del se entrevistaron como un grupo de la «Caravana latinoamericana para la Ecología Integral«, encabezados por por Monseñor Vicente de Paula Ferreira, Obispo auxiliar de la Archidiócesis de Belo Horizonte y Secretario de la Comisión para la Ecología Integral de la Comisión Nacional de los Obispos de Brasil. A continuación ofrecemos el Mensaje íntegro de los Obispos de la Subcomisión de Acción Caritativa y Social de la Conferencia Episcopal Española Visualiza todas las sesiones Primera sesión: Segunda sesión: Tercera Sesión: Cuarta sesión: El Mensaje de los obispos españoles Mensaje ante la jornada mundial de oración por el cuidado de la Creación 1 de Septiembre de 2022 Crisis energética, paz y cuidado de la creación El día 1 de septiembre celebramos la Jornada Mundial de Oración por el cuidado de la Creación. Es un momento especial en la vida de las naciones y en la vida de la Iglesia. Vivimos el Tiempo de la Creación, que finaliza el 4 de octubre, día de san Francisco de Asís, en un contexto de conflicto bélico de gran repercusión en la vida de Europa y especialmente en Ucrania. Es el momento oportuno para renovar nuestra fe y nuestra oración, pues se ha puesto en cuestión la paz internacional y se están provocando graves daños a la casa común. La guerra en Europa nos ha sorprendido a todos y ha puesto sobre la mesa la profunda interconexión entre la seguridad energética, el riesgo de un conflicto armado y el peligro de destrucción de toda forma de vida, que ya diagnosticó hace casi 60 años San Juan XXIII (1). Incluso, vuelven de nuevo amenazas y riesgos que parecían ya olvidados, pues en esta encrucijada emerge de nuevo con fuerza la “cuestión nuclear”, tanto en el caso del conflicto entre Rusia y Ucrania, como en otras partes del mundo. La Carta encíclica Pacem in terris de San Juan XXIII hacía ya una llamada a “todos los hombres de buena voluntad” (2) a no sembrar el miedo en la humanidad y a no destruir la vida, una llamada que, desgraciadamente, sigue siendo actual en un tiempo como el nuestro, marcado por la guerra y la degradación medioambiental: “Los pueblos viven bajo un perpetuo temor, como si les estuviera amenazando una tempestad que en cualquier momento puede desencadenarse con ímpetu horrible. No les falta razón, porque las armas son un hecho”(3). En la década de 1960 fue precisamente cuando emergió también la preocupación por la cuestión medioambiental; fue la época en la que las primeras voces científicas alertaron de la importancia del cuidado de la naturaleza y del profundo vínculo entre ese cuidado, la salud humana y la paz. El Consejo Mundial de la Iglesias inició, poco después, la iniciativa ecuménica “Justicia, Paz e Integridad de la Creación” con la que la Iglesia Católica, con el paso del tiempo, se ha identificado (4). Crisis energética y crisis alimentaria Hay una interdependencia evidente entre los atentados contra la paz y su incidencia en la casa común, en el orden de la Creación. Cuando ya estaba naciendo un cierto consenso para afrontar los problemas de fondo de la humanidad en el orden energético y en el orden alimentario, con la guerra se ha puesto en peligro el equilibrio en la disponibilidad de recursos alimentarios para numerosas poblaciones que dependen de los graneros sometidos a la violencia del conflicto y, sobre todo, están en riesgo alimentario importantes poblaciones de los países más pobres, pues son preferentemente esos países los que se están viendo especialmente afectados por las múltiples crisis sanitarias, geopolíticas y climáticas. También los expertos, en su reciente Informe sobre Desarrollo Sostenible del año 2022, confirman el camino para superar el delicado momento actual: paz, diplomacia y cooperación internacional son las condiciones necesarias para que el mundo progrese hacia la consecución de los objetivos de la Agenda 2030. La guerra de Ucrania y otros conflictos militares son tragedias humanitarias que tienen un gran impacto en la prosperidad y en las sociedades del mundo entero, especialmente en los pobres, y tienen la capacidad de ampliar las crisis climáticas y de biodiversidad (5). La comunidad internacional, y también nuestro país, se ha comprometido en estos últimos años, a realizar una transición hacia el uso de energía no contaminante y lograr una agricultura sostenible, pues “sabemos que la tecnología basada en combustibles fósiles muy contaminantes – sobre todo el carbón, pero aún el petróleo y, en menor medida, el gas – necesita ser reemplazada progresivamente y sin demora” (6). Afrontar
Tiempo de la Creación. Carta pastoral de Agustí Cortés
Carta Pastoral de Agustí Cortés, Obispo de Sant Feliu de Llobregat Tiempo de la Creación (I) Nos hacemos eco de la invitación que nos llega, vía el papa Francisco, de adherirnos a celebrar “el Tiempo de la Creación”. Una celebración con carácter ecuménico que ya goza de una cierta tradición. Desde 1989, por iniciativa del Patriarcado Ecuménico, se viene celebrando, entre el 1 de septiembre y el 4 de octubre, el precioso don de la Creación, mediante una llamada a reflexionar y orar. Este año nuestro lema es “¿Un hogar para todos?” Nadie podrá negar la oportunidad, y hasta la urgencia, de esta celebración. Algunos la presentan como una forma de “tomar conciencia” del grave problema ecológico y favorecer compromisos a favor de la conservación del planeta. Sería un muy buen deseo que se dieran estos frutos. Pero debemos antes ser conscientes de dos importantes factores. El primero es que, si hablamos de “Creación”, ya estamos interpretando la realidad de la naturaleza y el cosmos como resultado de un acto, el acto creador de Dios. Este supuesto no es compartido hoy por muchos, para quienes el cosmos y la naturaleza solo son el resultado de una evolución casual desde un punto de acumulación y explosión de energía… Quienes piensan así, también buscan, quizá, la conservación de la naturaleza. ¿Por qué? Cada uno sabrá, quizá por instinto de conservación o por un buen sentimiento de compasión, etc. Quienes creemos en Dios Padre Creador entendemos la naturaleza y el cosmos como un don que Dios hace a la persona humana, también creada por Él, por amor. De ello se deducen consecuencias decisivas: – Afirmamos que el cosmos, el ser humano y la naturaleza no son dios (como creen algunas religiones). La naturaleza está para el ser humano (de ahí su dignidad y valor) y no al revés. – El ser humano vive en el mundo como en “su casa”. Así fue la voluntad del Creador, de forma que de ella depende su existencia. – Esta casa (naturaleza, cosmos) es de Dios y, por tanto, de todos; todos la hemos de cuidar y compartir. De ahí que su cuidado es un acto de justicia y de amor hacia los seres humanos actuales y futuros. Cuidando el “oikos”, la “domus”, la casa de Dios, alabamos a Dios y servimos a la humanidad concreta, especialmente a quienes menos pueden disfrutar de la creación. El segundo factor es que la gran iniciativa del “Tiempo de la creación” consiste, entre otras cosas, en una llamada a la oración en común, ecuménica. Una oración que culminará para nosotros en la celebración que tendrá lugar el próximo 3 de octubre, en la Sagrada Familia. Pero la oración se justifica, tiene valor, por sí misma, en cuanto comunicación de amor con Dios. Eso es lo esencial de la oración. La oración tiene también otros efectos: mentaliza y educa, realizada públicamente constituye un testimonio y una difusión de la causa que la convoca. Pero la oración no se puede instrumentalizar para lograr este objetivo, no es herramienta para sensibilizar. Perdería su valor real y auténtico. Mejor buscar otro tipo de manifestaciones y de difusión del mensaje. Hoy esta iniciativa es abrazada por la vasta comunidad ecuménica. Quienes creemos en Dios Padre Creador le alabamos y le pedimos que su obra llegue a ser realmente un hogar para todos. Tiempo de la Creación (II) He de confesar, sin que ello suponga minusvaloración de otras aportaciones, que la verdadera ecología cristiana posee una belleza y una profundidad que no he hallado en ningún otro sistema de pensamiento. Kilian Jornet, el mejor corredor de montaña del mundo, ganador de mil competiciones y campeón batiendo récords en su especialidad, explicaba desde un escenario público su “filosofía de la vida”. “Ser libre es no seguir a nadie… Lo que me gusta de la montaña es la incertidumbre, elegir la ruta por la que bajarás, tú creas tu destino. Y, si es en solitario, mejor… La soledad es como estar delante de un espejo”. A renglón seguido, proclamaba, junto a su austeridad, su decidido ecologismo y su lucha por la conservación de la naturaleza. Esta fue una declaración sorprendente. Una persona que se había criado en plena naturaleza, que hallaba su identidad en su relación con la montaña, admirado por tantos, no solo a causa de sus triunfos, sino también por sus valores vinculados al deporte, reivindicaba la soledad como garantía de libertad y afirmaba su lucha ecológica. Esto en la ecología cristiana sería una contradicción. La mirada de este gran deportista ve en una montaña, además quizá de una elemental belleza, un desafío. Es lo que se suele sentir cuando alcanzamos una cumbre: junto al disfrute del paisaje, una satisfacción, una especie de afirmación de uno mismo. Por extensión, podríamos decir que “una prueba del triunfo del ser humano sobre el cosmos”. Por suerte este disfrute tiene un efecto positivo: ayuda a valorar y respetar la misma naturaleza. También, por suerte, este buen sentido ecológico, en general, no cultiva proyectos individualistas, sino que ha dado lugar a movimientos sociales y políticos… El análisis de la realidad social que suelen hacer estos movimientos tiene en su punto de mira crítico aquellos sistemas de producción que explotan la naturaleza, destruyéndola. Los cristianos damos a esto una sincera bienvenida. Descubrimos además una rendija por donde el hombre moderno supera un materialismo cerrado. Los cristianos propugnamos una ecología integral. Para nosotros es una concreción de las virtudes. Por eso tiene su fuente en la fe, que nos permite mirar todo con unos ojos nuevos. Estos ojos de la fe mirando el mundo, en realidad, son muy antiguos en el tiempo (recordamos, por ejemplo, el himno inicial de la Carta a Colosenses, San Basilio de Cesarea y San Gregorio Nacianceno, en el siglo IV, y hace apenas 60 años con la teología de Teilhard de Chardin y su reflejo en el Concilio Vaticano II). Son ojos nuevos en el sentido de distintos, novedosos, respecto a la mirada del mundo pagano.
Carta Pastoral de Francisco Cerro: ¡Cuidemos la Creación!
Alabado seas mi Señor, (Laudato Si´, mi´ Signore), con estas palabras del cántico de las criaturas de san Francisco de Asís, con las que comenzaba el Papa Francisco su encíclica “LaudatoSi´”, quiero iniciar yo también esta carta pastoral sobre el cuidado de la creación con el objeto de revitalizar nuestra fe en Dios Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, e impulsar nuestro papel como custodios de la creación y buenos administradores de la casa común en que vivimos. De hecho, el curso pastoral lo abrimos en la Iglesia con el denominado Tiempo de la Creación , un tiempo para unirnos en oración con todos los cristianos y pedirle al Señor santidad de vida en nuestra relación con la creación, para que vivamos responsablemente, sin dañarla y atendiendo siempre al clamor de los más pobres. Y por ese motivo el curso pasado creé la nueva delegación episcopal para el cuidado de la creación, para que nuestra archidiócesis renueve su compromiso en este ámbito y colabore en la medida de sus posibilidades con las estrategias más sensatas y respetuosas con el medio ambiente. CONTINÚA LEYENDO