A continuación os ofrecemos los materiales de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2022 que se celebrará el 25 de Septiembre. Este año el lema elegido por el papa Francisco es «Construir el futuro con los migrantes y los refugiados«. Ese día, además de la celebración presidida por el papa Francisco desde Roma, también la 2 de Televisión Española retransmitirá la eucaristía presidida por José Cobo, Obispo Auxiliar de Madrid y Responsable del Departamento de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española. Puedes consultar otros materiales editados por la sección Migrantes y Refugiados del Vaticano.
Jornada del migrante y refugiado 2021
El Departamento de Migraciones, dentro de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y la Movilidad humana, hace públicos los materiales para la Jornada mundial del migrante y del refugiado 2021. «Hacia un <nosotros> cada vez más grande» es el lema con el que se celebrará esta Jornada el próximo 26 de septiembre. Y el objetivo, tomar conciencia de la situación del mundo en el que vivimos ante el desafío de las migraciones y las oportunidades que nos ofrecen de cara al futuro. ¿Cuál es el mensaje de los obispos? Centrándose en el tema de la Jornada, los obispos de esta Subcomisión, que está integrada en la Comisión Episcopal para la Pastoral social y Promoción humana, explican que «para responder en clave de <nosotros> se nos llama a poner todo el esfuerzo en constituir, con todos, un sistema que normalice la migración legal y segura a largo plazo, y que se base plenamente en una ética apoyada en los derechos humanos, en el horizonte de fraternidad universal y en el derecho internacional». «Esto -puntualizan- nos abre a la tarea de ayudar a recrear el modelo de ciudadanía que propicie una cultura de la integración que, además, aprenda a globalizar la responsabilidad de vivir juntos en esta casa común». En esta línea, señalan como ejemplo las propuestas del papa Francisco en el capítulo que dedica a «la mejor política» dentro de la encíclica Fratelli tutti. «Es hora de incorporar el grito de tantos y de acoger las huellas ya marcadas», afirman los obispos; además agradecen «todo el camino emprendido en este tiempo por quienes hacen de puentes de esperanza para tantos desde sus comunidades». Crisis migratorias en pandemia Pero un año complicado por la pandemia, los obispos también quieren hacer presente en su mensaje las dramáticas crisis migratorias, tanto en las fronteras de Canarias como en Ceuta y Melilla. «Las personas vulnerables en movimiento -recuerdan- siguen llamando a nuestras fronteras. Con ellas sentimos que estamos juntos en un mundo plagado de catástrofes, de guerras y consecuencias del cambio climático que siguen obligando a muchos a salir de su tierra». También muestran su preocupación y rezan «por el dolor de quienes, a poco de llegar, intentan abrirse paso en nuestra sociedad y que, en poco tiempo, ha agrandado sustancialmente su desigualdad». En este tiempo, «hemos aprendido a constatar que todos estamos interconectados, que compartimos destino y viaje. Sabemos que estamos en el mismo barco en medio de muchas tormentas, donde o permanecemos juntos, o perecemos juntos», añaden los obispos. Puedes ver la Rueda de prensa para presentar la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado aquí Materiales disponibles
“Hacia un nosotros cada vez más grande”
Mensaje del Santo Padre Franciscopara la 107ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2021[26 de septiembre de 2021] Queridos hermanos y hermanas: En la Carta encíclica Fratelli tutti expresé una preocupación y un deseo que todavía ocupan un lugar importante en mi corazón: «Pasada la crisis sanitaria, la peor reacción sería la de caer aún más en una fiebre consumista y en nuevas formas de autopreservación egoísta. Ojalá que al final ya no estén “los otros”, sino sólo un “nosotros”» (n. 35). Por eso pensé en dedicar el mensaje para la 107.ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado a este tema: “Hacia un nosotros cada vez más grande”, queriendo así indicar un horizonte claro para nuestro camino común en este mundo. La historia del «nosotros» Este horizonte está presente en el mismo proyecto creador de Dios: «Dios creó al ser humano a su imagen, lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer. Dios los bendijo diciendo: “Sean fecundos y multiplíquense”» (Gn 1,27-28). Dios nos creó varón y mujer, seres diferentes y complementarios para formar juntos un nosotros destinado a ser cada vez más grande, con el multiplicarse de las generaciones. Dios nos creó a su imagen, a imagen de su ser uno y trino, comunión en la diversidad. Y cuando, a causa de su desobediencia, el ser humano se alejó de Dios, Él, en su misericordia, quiso ofrecer un camino de reconciliación, no a los individuos, sino a un pueblo, a un nosotros destinado a incluir a toda la familia humana, a todos los pueblos: «¡Esta es la morada de Dios entre los hombres! Él habitará entre ellos, ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos» (Ap 21,3). La historia de la salvación ve, por tanto, un nosotros al inicio y un nosotros al final, y en el centro, el misterio de Cristo, muerto y resucitado para «que todos sean uno» (Jn 17,21). El tiempo presente, sin embargo, nos muestra que el nosotros querido por Dios está roto y fragmentado, herido y desfigurado. Y esto tiene lugar especialmente en los momentos de mayor crisis, como ahora por la pandemia. Los nacionalismos cerrados y agresivos (cf. Fratelli tutti, 11) y el individualismo radical (cf. ibíd., 105) resquebrajan o dividen el nosotros, tanto en el mundo como dentro de la Iglesia. Y el precio más elevado lo pagan quienes más fácilmente pueden convertirse en los otros: los extranjeros, los migrantes, los marginados, que habitan las periferias existenciales. En realidad, todos estamos en la misma barca y estamos llamados a comprometernos para que no haya más muros que nos separen, que no haya más otros, sino sólo un nosotros, grande como toda la humanidad. Por eso, aprovecho la ocasión de esta Jornada para hacer un doble llamamiento a caminar juntos hacia un nosotros cada vez más grande, dirigiéndome ante todo a los fieles católicos y luego a todos los hombres y mujeres del mundo. Una iglesia cada vez más católica Para los miembros de la Iglesia católica este llamamiento se traduce en un compromiso por ser cada vez más fieles a su ser católicos, realizando lo que san Pablo recomendaba a la comunidad de Éfeso: «Uno solo es el Cuerpo y uno solo el Espíritu, así como también una sola es la esperanza a la que han sido llamados. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo» (Ef 4,4-5). En efecto, la catolicidad de la Iglesia, su universalidad, es una realidad que pide ser acogida y vivida en cada época, según la voluntad y la gracia del Señor que nos prometió estar siempre con nosotros, hasta el final de los tiempos (cf. Mt 28,20). Su Espíritu nos hace capaces de abrazar a todos para crear comunión en la diversidad, armonizando las diferencias sin nunca imponer una uniformidad que despersonaliza. En el encuentro con la diversidad de los extranjeros, de los migrantes, de los refugiados y en el diálogo intercultural que puede surgir, se nos da la oportunidad de crecer como Iglesia, de enriquecernos mutuamente. Por eso, todo bautizado, dondequiera que se encuentre, es miembro de pleno derecho de la comunidad eclesial local, miembro de la única Iglesia, residente en la única casa, componente de la única familia. Los fieles católicos están llamados a comprometerse, cada uno a partir de la comunidad en la que vive, para que la Iglesia sea siempre más inclusiva, siguiendo la misión que Jesucristo encomendó a los Apóstoles: «Vayan y anuncien que está llegando el Reino de los cielos. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, limpien a los leprosos y expulsen a los demonios. Lo que han recibido gratis, entréguenlo también gratis» (Mt 10,7-8). Hoy la Iglesia está llamada a salir a las calles de las periferias existenciales para curar a quien está herido y buscar a quien está perdido, sin prejuicios o miedos, sin proselitismo, pero dispuesta a ensanchar el espacio de su tienda para acoger a todos. Entre los habitantes de las periferias encontraremos a muchos migrantes y refugiados, desplazados y víctimas de la trata, a quienes el Señor quiere que se les manifieste su amor y que se les anuncie su salvación. «Los flujos migratorios contemporáneos constituyen una nueva “frontera” misionera, una ocasión privilegiada para anunciar a Jesucristo y su Evangelio sin moverse del propio ambiente, de dar un testimonio concreto de la fe cristiana en la caridad y en el profundo respeto por otras expresiones religiosas. El encuentro con los migrantes y refugiados de otras confesiones y religiones es un terreno fértil para el desarrollo de un diálogo ecuménico e interreligioso sincero y enriquecedor» (Discurso a los Responsables Nacionales de la Pastoral de Migraciones, 22 de septiembre de 2017). Un mundo cada vez más inclusivo A todos los hombres y mujeres del mundo dirijo mi llamamiento a caminar juntos hacia un nosotros cada vez más grande, a recomponer la familia humana, para construir juntos nuestro futuro de justicia y de paz, asegurando que nadie quede excluido. El futuro de nuestras sociedades es un futuro “lleno de color”, enriquecido por la diversidad y las relaciones interculturales. Por eso debemos aprender hoy a vivir juntos, en armonía y paz. Me es particularmente querida la imagen de los habitantes de
“Como Jesucristo, obligados a huir”
Mensaje de los Obispos de la Subcomisión de Migraciones y Movilidad humanapara la 106ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado Queridos amigos: De entrada, algunas precisiones que nos pueden ayudar. Aunque normalmente se hable de personas refugiadas y migrantes indistintamente, no todas las personas que migran son refugiadas. Un migrante es una persona que abandona su país para ir a otro. Puede ser de forma voluntaria o se puede ver forzado a ello por una situación de violencia. Un refugiado es una persona que abandona su país porque quedarse supone un peligro para su vida. No todas las personas que corren peligro en sus casas abandonan su país. La gran mayoría opta por trasladarse a otra región más segura, ya sea porque la violencia no se ha extendido hacia esa parte, porque no tienen recursos o porque no se les permite cruzar las fronteras. Esas personas se conocen como desplazados internos. El papa Francisco ha decidido dedicar esta Jornada y este año al drama de los desplazados internos, un drama a menudo invisible, que la crisis mundial causada por la pandemia del COVID-19 ha agravado. La Iglesia española quiere secundar las directrices del pontífice como directrices generales, porque en nuestro país no existen propiamente desplazados internos. ¿Pero no son desplazados internos las víctimas de trata que en nuestro país se desplazan huyendo de las mafias? ¿No son desplazados internos quien por las consecuencias económicas de la pandemia han tenido que cambiar de provincia, ciudad, barrio o casa? Y quienes han quedado al margen del sistema, engrosando el colectivo de pobreza severa ¿no son desplazados internos? ¿Cómo llamamos a los que han seguido llegando a nuestra patria en estos días terribles de la crisis sanitaria y deambulan de lugar en lugar? ¿No es deber nuestro darles visibilidad? La Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado trata de poner rostro a estas personas vulnerables rescatándoles de las listas anónimas de cifras. Se trata de sensibilizar a la comunidad cristiana que reconoce a Jesús en cada persona obligada a huir. Se trata de sensibilizar a la sociedad española para que asegure los derechos de la dignidad humana a toda persona obligada a desplazarse. Todo lo que trabajemos por ellos y con ellos será poco. Los obispos de la Subcomisión de Migraciones y Movilidad humana acompañamos a todos nuestros desplazados internos: migrantes, refugiados, víctimas de trata, menores en riesgo, feriantes, gentes del mar, gitanos y trabajadores del turismo y de la carretera. La situación en Europa y en España es muy preocupante dado que las previsiones para el tratamiento del fenómeno migratorio, van a afectar muy dolorosamente a las personas en movilidad humana ya sea por la enfermedad y sus secuelas, y por la previsible crisis social, económica, etc. que se avecina. Ya está afectándoles ahora mismo, en unos momentos en que las personas migrantes de todos los colectivos de la movilidad humana han soportado con ejemplar entereza los efectos de la pandemia y han respondido a ella con ejemplar dedicación y generosidad. El futuro va a suponer una dificultad mayor, entre otras causas, por los nuevos problemas en las fronteras y por el riesgo de que se produzcan situaciones de expulsiones de migrantes u otras medidas que puedan afectarles en su situación de migrantes forzosos. Confiamos, como hemos repetido en otras ocasiones, que todas las medidas que se adopten respeten la sagrada dignidad de las personas migrantes. Para ello, apoyándonos en los claros principios de la Doctrina Social de la Iglesia, creemos que es imprescindible el trabajo en Red entre todas las instituciones de Iglesia uniéndonos al esfuerzo de las otras instituciones de la sociedad civil. Queremos conjugar, para los colectivos que acompañamos, en estas circunstancias de emergencia por el COVID-19, los nuevos verbos propuestos por el Papa. “Acercarnos como prójimos”. «Los miedos y los prejuicios -tantos prejuicios-, nos hacen mantener las distancias con otras personas y a menudo nos impiden “acercarnos como prójimos” y servirles con amor. Acercarse al prójimo significa, a menudo, estar dispuestos a correr riesgos, como nos han enseñado tantos médicos y personal sanitario en los últimos meses». “Escuchar”. Hoy el mundo de hoy se multiplican los mensajes, pero se está perdiendo la capacidad de escuchar. «Durante el 2020, el silencio se apoderó por semanas enteras de nuestras calles. Un silencio dramático e inquietante, que, sin embargo, nos dio la oportunidad de escuchar el grito de los más vulnerables, de los desplazados y de nuestro planeta gravemente enfermo. Y, gracias a esta escucha, tenemos la oportunidad de reconciliarnos con el prójimo, con tantos descartados, con nosotros mismos y con Dios, que nunca se cansa de ofrecernos su misericordia». “Compartir”. Hay que aprender a compartir para crecer juntos, sin dejar fuera a nadie. La pandemia nos ha recordado que todos estamos en el mismo barco. Darnos cuenta que tenemos las mismas preocupaciones y temores comunes, nos ha demostrado, una vez más, que nadie se salva solo. “Involucrar”. La pandemia nos ha recordado cuán esencial es la corresponsabilidad y que sólo con la colaboración de todos -incluso de las categorías a menudo subestimadas- es posible encarar la crisis. Debemos «motivar espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir nuevas formas de hospitalidad, de fraternidad y de solidaridad» (Meditación en la Plaza de San Pedro, 27 marzo de 2020). “Colaborar”. «Este no es el tiempo del egoísmo, porque el desafío que afrontamos nos une a todos y no hace acepción de personas». (Mensaje Urbi et Orbi, 12 abril 2020). Para preservar la casa común y hacer todo lo posible para que se parezca, cada vez más, al plan original de Dios, debemos comprometernos a garantizar la cooperación internacional, la solidaridad global y el compromiso local, sin dejar fuera a nadie. Todos nos necesitamos para seguir conjugando estos verbos tan comprometidos. La experiencia de Jesús, obligado a huir, es fundante. Sabemos que él entiende, acompaña y fortalece a cada persona obligada a desplazarse. Es una suerte poder colaborar con él como pobres mediaciones. Estamos a vuestra disposición. Agradecemos a las Delegaciones de Migraciones,
Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado
«Como Jesucristo, obligados a huir» es el lema de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2020 que se celebra el 27 de septiembre. La Subcomisión Episcopal de Migraciones y movilidad humana ha editado los materiales para preparar esta Jornada. Entre estos materiales -que se recogen en la revista Migraciones– se puede leer el mensaje de los obispos de la Subcomisión. La Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado trata de poner rostro a las personas vulnerables «rescatándoles de las listas anónimas de cifras», recuerdan los obispos. «Se trata -continúan.- de sensibilizar a la comunidad cristiana que reconoce a Jesús en cada persona obligada a huir. Se trata de sensibilizar a la sociedad española para que asegure los derechos de la dignidad humana a toda persona obligada a desplazarse. Todo lo que trabajemos por ellos y con ellos será poco». Respetar la dignidad de las personas migrantes Materiales disponibles 25 de agosto de 2020
Respetar la dignidad de las personas migrantes
El Papa Francisco ha dedicado su mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y Refugiado a los desplazados internos, un drama a menudo invisible que la crisis mundial causada por la pandemia de la Covid-19 ha agravado. La Iglesia española quiere secundar las directrices del Papa Francisco como directrices generales, en materia de migración, a pesar de que en España no existen propiamente «desplazados internos». Con motivo de esta jornada, los obispos de la Subcomisión de Migraciones y Movilidad han publicado un mensaje, en el que caben destacar 3 puntos fundamentales:
29 de septiembre, Jornada Mundial del Migrante y Refugiado
«No se trata solo de migrantes» es el lema de la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado 2019. Este año se celebra con una novedad: la Santa Sede hacía publico el pasado mes de noviembre la decisión de cambiar de enero al último domingo de septiembre la Jornada, respondiendo a la petición de varias Conferencias Episcopales. Este año será el próximo domingo día 29. La fecha es distinta, pero el objetivo es el mismo: sensibilizar sobre la acogida a los migrantes y refugiados que «no son un peligro, sino una ayuda que nos enriquece», recuerdan los obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones en su mensaje para la Jornada. También reclaman en su escrito que se traten de erradicar y prevenir situaciones de vulnerabilidad o la desatención de los derechos humanos (texto completo en la revista de la campaña 2019). La Comisión Episcopal de Migraciones, además de seguir actuando en conjunción con la Red Migrantes con derechos, está elaborando este año materiales con la Comisión hermana de la Conferencia Episcopal Dominicana según indicación de la Sección vaticana Migrantes y Refugiados . «No se trata solo de migrantes»
“No se trata solo de migrantes”, lema de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2019
La Conferencia Episcopal Española presenta el miércoles 18 de septiembre la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado 2019, que se celebra el 29 de septiembre bajo el lema “No se trata solo de migrantes”.
Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado 2018
La Comisión Episcopal de Migraciones ha editado los materiales de la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado que este año se celebra el 14 de enero con el lema, «Acoger, proteger, promover e integrar a los emigrantes y refugiados«. Los obispos de esta Comisión recuerdan que «a cada ser humano que se ve obligado a dejar su patria en busca de un futuro mejor, el Señor lo confía al amor maternal de la Iglesia. Esta solicitud ha de concretarse en cada etapa de la experiencia migratoria: desde la salida y a lo largo del viaje, desde la llegada hasta el regreso. Es una gran responsabilidad que la Iglesia quiere compartir con todos los creyentes y con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que están llamados a responder con generosidad, diligencia, sabiduría y amplitud de miras -cada uno según sus posibilidades- a los numerosos desafíos planteados por las migraciones contemporáneas». «Acoger, proteger, promover e integrar a los emigrantes y refugiados»