Este documento, publicado por la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales, ofrece un conjunto de principios y criterios, así como de indicaciones prácticas y metodológicas dirigidas a quienes trabajan en el mundo de las finanzas, tanto desde las instituciones como a título individual, y que se esfuerzan por vivir su fe con coherencia, contribuyendo a la promoción de un desarrollo inclusivo e integral de las personas. Una brújula no solo para los creyentes, sino para los que no profesan explícitamente ninguna religión, tal y como escribe el cardenal Turkson en el prefacio, que ofrece un punto de partida sobre las inversiones sostenibles y responsables para quienes trabajan en el sector. El documento es el resultado de un trabajo de varios años, al menos seis, en el que han participado diversos expertos del mundo de la ciencia y de las finanzas, además de inspirarse en las principales experiencias ya realizadas en diversas conferencias episcopales, sobre todo en las de Europa y Estados Unidos. Sigue la línea de toda tradición de la Doctrina Social de la Iglesia, con un enfoque específico en el mundo de las finanzas. Principios y método El documento se divide en dos partes. En el primero, se recogen los pilares de la fe y de la Doctrina Social de la Iglesia, a partir de los cuales se orientan las distintas actividades de inversión con visión y responsabilidad, para el desarrollo humano integral. La segunda parte, en cambio, contiene respuestas operativas, presentando un método para las inversiones coherentes con la fe (FCI) con indicaciones sobre cómo aplicarlo: pasos a seguir, herramientas a utilizar, etc. El apéndice también contiene algunos «criterios de exclusión» sobre temas sensibles que requieren un cuidadoso discernimiento de fe, que ya han sido evaluados en las Conferencias Episcopales. Por ejemplo, los ámbitos del armamento, las armas nucleares, la pornografía, las violaciones de los derechos humanos, la corrupción, las amenazas del cambio climático, etc. deberían quedar excluidos de las inversiones financieras. Buenas medidas que requerirán más reflexión y estudio, pero que representan un primer paso para superar las tensiones y mejorar la sociedad, empezando por cada creyente. Ofrecemos la versión original íntegra publicada por la Academia Pontificia de Ciencias Sociales y la traducción en español, realizada por el Comité Ético Financiero de la Fundación Pablo VI. Formato PDF (inglés) | Formato PDF (castellano)
Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial del enfermo 2023
MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCOPARA LA XXXI JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO 11 de febrero de 2023 «Cuida de él».La compasión como ejercicio sinodal de sanación Queridos hermanos y hermanas: La enfermedad forma parte de nuestra experiencia humana. Pero, si se vive en el aislamiento y en el abandono, si no va acompañada del cuidado y de la compasión, puede llegar a ser inhumana. Cuando caminamos juntos, es normal que alguien se sienta mal, que tenga que detenerse debido al cansancio o por algún contratiempo. Es ahí, en esos momentos, cuando podemos ver cómo estamos caminando: si realmente caminamos juntos, o si vamos por el mismo camino, pero cada uno lo hace por su cuenta, velando por sus propios intereses y dejando que los demás “se las arreglen”. Por eso, en esta XXXI Jornada Mundial del Enfermo, en pleno camino sinodal, los invito a reflexionar sobre el hecho de que, es precisamente a través de la experiencia de la fragilidad y de la enfermedad, como podemos aprender a caminar juntos según el estilo de Dios, que es cercanía, compasión y ternura. En el libro del profeta Ezequiel, en un gran oráculo que constituye uno de los puntos culminantes de toda la Revelación, el Señor dice así: «Yo mismo apacentaré mis ovejas y las llevaré a descansar —oráculo del Señor—. Buscaré a la oveja perdida, haré volver a la descarriada, vendaré a la herida y curaré a la enferma […]. Yo las apacentaré con justicia» (34,15-16). La experiencia del extravío, de la enfermedad y de la debilidad forman parte de nuestro camino de un modo natural, no nos excluyen del pueblo de Dios; al contrario, nos llevan al centro de la atención del Señor, que es Padre y no quiere perder a ninguno de sus hijos por el camino. Se trata, por tanto, de aprender de Él, para ser verdaderamente una comunidad que camina unida, capaz de no dejarse contagiar por la cultura del descarte. La Encíclica Fratelli tutti, como ustedes saben, propone una lectura actualizada de la parábola del buen samaritano. La escogí como eje, como punto de inflexión, para poder salir de las “sombras de un mundo cerrado” y “pensar y gestar un mundo abierto” (cf. n. 56). De hecho, existe una conexión profunda entre esta parábola de Jesús y las múltiples formas en las que se niega hoy la fraternidad. En particular, el hecho de que la persona golpeada y despojada sea abandonada al borde del camino, representa la condición en la que se deja a muchos de nuestros hermanos y hermanas cuando más necesitados están de ayuda. No es fácil distinguir cuáles agresiones contra la vida y su dignidad proceden de causas naturales y cuáles, en cambio, provienen de la injusticia y la violencia. En realidad, el nivel de las desigualdades y la prevalencia de los intereses de unos pocos ya afectan a todos los entornos humanos, hasta tal punto que resulta difícil considerar cualquier experiencia como “natural”. Todo sufrimiento tiene lugar en una “cultura” y en medio de sus contradicciones. Sin embargo, lo importante aquí es reconocer la condición de soledad, de abandono. Se trata de una atrocidad que puede superarse antes que cualquier otra injusticia, porque, como nos dice la parábola, todo lo que se necesita para eliminarla es un momento de atención, el movimiento interior de la compasión. Dos transeúntes, considerados religiosos, ven al herido y no se detienen. El tercero, en cambio, un samaritano, objeto de desprecio, sintió compasión y se hizo cargo de aquel forastero en el camino, tratándolo como a un hermano. Obrando de ese modo, sin siquiera pensarlo, cambió las cosas, generó un mundo más fraterno. Hermanos, hermanas, nunca estamos preparados para la enfermedad. Y, a menudo, ni siquiera para admitir el avance de la edad. Tenemos miedo a la vulnerabilidad y la cultura omnipresente del mercado nos empuja a negarla. No hay lugar para la fragilidad. Y, de este modo, el mal, cuando irrumpe y nos asalta, nos deja aturdidos. Puede suceder, entonces, que los demás nos abandonen, o que nos parezca que debemos abandonarlos, para no ser una carga para ellos. Así comienza la soledad, y nos envenena el sentimiento amargo de una injusticia, por el que incluso el Cielo parece cerrarse. De hecho, nos cuesta permanecer en paz con Dios, cuando se arruina nuestra relación con los demás y con nosotros mismos. Por eso es tan importante que toda la Iglesia, también en lo que se refiere a la enfermedad, se confronte con el ejemplo evangélico del buen samaritano, para llegar a convertirse en un auténtico “hospital de campaña”. Su misión, sobre todo en las circunstancias históricas que atravesamos, se expresa, de hecho, en el ejercicio del cuidado. Todos somos frágiles y vulnerables; todos necesitamos esa atención compasiva, que sabe detenerse, acercarse, curar y levantar. La situación de los enfermos es, por tanto, una llamada que interrumpe la indiferencia y frena el paso de quienes avanzan como si no tuvieran hermanas y hermanos. La Jornada Mundial del Enfermo, en efecto, no sólo invita a la oración y a la cercanía con los que sufren. También tiene como objetivo sensibilizar al pueblo de Dios, a las instituciones sanitarias y a la sociedad civil sobre una nueva forma de avanzar juntos. La profecía de Ezequiel, citada al principio, contiene un juicio muy duro acerca de las prioridades de quienes ejercen el poder económico, cultural y de gobierno sobre el pueblo: «Ustedes se alimentan con la leche, se visten con la lana, sacrifican a las ovejas más gordas, y no apacientan el rebaño. No han fortalecido a la oveja débil, no han curado a la enferma, no han vendado a la herida, no han hecho volver a la descarriada, ni han buscado a la que estaba perdida. Al contrario, las han dominado con rigor y crueldad» (34,3-4). La Palabra de Dios es siempre iluminadora y actual. No sólo en su denuncia, sino también en su propuesta. De hecho, la conclusión de la parábola del buen samaritano nos sugiere cómo el ejercicio de la fraternidad,
En Memoria de Benedicto XVI: Nota de Justicia y Paz
El difunto Papa emérito hizo un llamamiento a «proteger al hombre contra la destrucción de sí mismo». Siempre, con especial atención a las personas más pobres. Acabamos de asistir al anunciado fallecimiento del papa Benedicto XVI y, mediante estas líneas, nos unimos a la familia católica en la oración por Benedicto XVI, en su memoria y brillante dignidad humana. A la vez, queremos mostrar nuestro agradecimiento por su incalculable aportación a la Iglesia desde su sabiduría teológica y la permanente oración y servicio que ha prestado. Participamos del dolor de sus amistades. Para Justicia y Paz es de destacar la defensa de la ecología por parte de la Iglesia que subrayó en la encíclica Caritas in veritate. La idea de que la degradación de la naturaleza está estrechamente vinculada a la cultura, y que por ello se debe dar forma a la convivencia de las personas, caminando hacia una verdadera «ecología humana», no solo para «defender los dones de la creación que pertenecen a todos» y a las generaciones futuras, sino en el afán de «proteger al hombre contra la destrucción de sí mismo». Siempre, con especial atención a las personas más pobres. Creemos como él en el mensaje liberador del Evangelio para el mundo de hoy, siempre proyectado hacia lo nuevo, porque «Dios hace nuevas todas las cosas». Unifica la dedicación ética, social y ambiental como era la seña de Benedicto XVI. Él ha llegado a la meta del Amor y ha procurado manifestar esta omnipresencia que le impulsaba a transmitir: «En ello se toca lo esencial del ser humano que se encuentra a sí mismo cuando se siente amado y, como respuesta, es capaz de salir de sí mismo al encuentro de los demás, especialmente de los necesitados, y de la trascendencia». Seguimos en la unidad de oración por él con toda la Iglesia. Que el Espíritu nos siga acompañando con alegría, humor y mucho Amor. Comisión General Justicia y Paz Lee la noticia en la página web de Justicia y Paz
Espiritualidad ecológica: Aprender a vivir de otra manera
Comunicado de Justicia y Paz Durante los días 18, 19 y 20 de noviembre de 2022, nos hemos reunido en la Cueva de San Ignacio de Manresa, unas sesenta personas de Justicia y Paz, junto a las entidades hermanas Cáritas Española y CONFER; D. Romà Casanova, obispo de Vic; y D. Javier Vilanova, obispo acompañante de la Comisión General. Hemos elegido este lugar para las jornadas anuales con motivo del quinto centenario del peregrinaje de San Ignacio de Loyola a Manresa. Además de compartir la celebración de la familia ignaciana, hacemos propia la intención de «ver nuevas las cosas en Cristo» porque las heridas se convierten en bendición y el daño que causamos a las personas y a la madre Tierra necesita ser transformado en perdón para llegar a la plenitud absoluta, visto de forma espiritual, a la vez que progresamos en la eliminación de los combustibles fósiles, que son el principal causante de la crisis climática, y que continua constituyendo otra gran decepción de la COP27, terminada al comenzar las jornadas. Desde la ecología integral, a la que nos invita el papa Francisco en Laudato si’ y Fratelli tutti, y la espiritualidad ignaciana profundizamos en el compromiso con los diversos modos de presencia e incidencia en la sociedad global, «examinándonos para ver lo hecho hasta aquí y lo que todavía nos queda por hacer» (Cfr. OA 48) en favor del desarrollo integral y solidario de la humanidad. Las jornadas transcurrieron realizando una peregrinación a través de las fases de los ejercicios espirituales ignacianos. Javier Melloni, jesuita, nos acompañó en una ponencia sobre la primera semana para destacar que la ruptura de lo que somos se produce en las pulsiones de depredación y apropiación que destruyen los principios de reciprocidad y de relación. María Toscano, profesora de filosofía, insiste desde distintas aportaciones históricas, culturales y disciplinares que todo el universo grita, de todas las formas posibles, que él es la expresión de lo invisible. Somos el hijo de la trinidad y lo somos con la tierra y con el árbol, por eso, nuestro ser hace sagrado lo que mira, pisa, come o viste. Todo ser es parte de una realidad sacramental que evoluciona y cambia, y que forma parte de un proceso divino. Enrique Lluch, profesor de economía, comparte el cambio necesario de la economía que mata la dignidad, la esperanza y la naturaleza y la llama economicismo. Nuestra espiritualidad cristiana nos invita a vivir de otro modo y a colaborar para evitar las desigualdades, incrementadas por las formas de consumo sin límite, por la falta de control del excedente y por la economía globalizada, depredadora de recursos y personas. Esta lógica economicista es una nueva forma colonialista que provoca un aumento de la violencia, produce estragos en las distintas guerras y destruye de forma acelerada el sustrato de vida de nuestra casa común, dejando a un mayor número de personas al margen, al tiempo que aumenta la contaminación y los residuos, e ignora a quienes no pueden seguir el ritmo, así como la pérdida de biodiversidad. «La conversión ecológica se hace apremiante. Urge un nuevo modo de habitar el mundo, desde una ética de lo suficiente» [1]. La cuarta fase de los ejercicios nos lleva al compromiso y estas jornadas nos impulsan en la defensa de los derechos humanos, la paz y el cuidado de la naturaleza, considerando a las generaciones futuras, desde los valores y principios del evangelio y la Doctrina social de la Iglesia. Vemos urgente actuar en los distintos niveles de compromiso local, nacional y global dejando patente nuestra realidad interdependiente, tanto humana, como social y ecológica. La conclusión del proceso espiritual es la contemplación para alcanzar amor donde lo que en la primera semana – alabanza, reverencia y co-creación – es un enunciado o un marco, en la contemplación se convierte en una transparencia y un modo de vivir. La tarde del sábado realizamos un paseo hasta el Pozo de Luz donde, en Íñigo de Loyola, se produjo la inspiración que simbolizó el nacimiento de la misión apostólica ignaciana a través de una nueva percepción del mundo. Al igual que él, también descubrimos nuevos caminos y tenemos disposición de transitarlos. En este encuentro escuchamos la invitación a mirar con ojos y sentidos nuevos, profundizar en la grave crisis ecológica que no está separada de la crisis social y que nos interpela. Necesitamos transformar de forma creativa la actitud depredadora en otra cuidadora; no basta con poner parches para no superar los límites físicos de la vida. Esto nos hará crecer integralmente en la dimensión espiritual y nos permitirá construir de forma abierta, incorporando las nuevas expresiones de las generaciones. Para ello, hemos utilizado el símbolo de una espiral que se itera hacia la trascendencia. El camino ecológico constituye una mediación innovadora para establecer vínculos de cuidado con los entornos vivos que favorezcan una sociedad más enfocada al cuidado y al respeto, basada en relaciones fundamentales estrechamente conectadas entre sí: la persona en relación consigo misma, con el entorno eco-social y con Dios. «Cada dimensión necesita de las otras. Hay una realidad múltiple y diversa en la que no se sabe dónde están los límites de cada parte» [2]. Sin que las personas nos imbriquemos en «un mundo más que humano», en el que lo humano y la naturaleza estén integrados, no puede haber ningún cambio [3]. Queremos «alimentar la pasión por el cuidado del mundo» (LS 216) y no entramparnos en la dinámica globalizadora; tejer las relaciones de la vida exige responder a: «Parte de una adecuada comprensión de la espiritualidad consiste en ampliar lo que entendemos por paz, que es mucho más que la ausencia de guerra. La paz interior de las personas tiene mucho que ver con el cuidado de la ecología y con el bien común, porque, auténticamente vivida, se refleja en un estilo de vida equilibrado unido a una capacidad de admiración que lleva a la profundidad de la vida». (LS, 225) Más información: https://www.juspax-es.org/l/espiritualidadecojyp/ [1] V. Martín, Soñar con una fraternidad abierta y universal. Claves pastorales de acción caritativa y social a la luz de Fratelli tutti. Pág. 141. Madrid 2022 Edt. Cáritas Española. [2] Raimon Panikkar, Ecosofía. [3] Cristianismo y Justicia. Cuaderno 228. «El desperdicio de alimentos» Pág. 13. José
VI Jornada Mundial de los Pobres
Nota de Cáritas y la Conferencia Episcopal Española: El papa Francisco lanza un llamamiento a la solidaridad en medio de un mundo herido por la violencia y la guerra. MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO VI JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario13 de noviembre de 2022 Jesucristo se hizo pobre por ustedes (cf. 2 Co 8,9) 1. “Jesucristo se hizo pobre por ustedes” (cf. 2 Co 8,9). Con estas palabras el apóstol Pablo se dirige a los primeros cristianos de Corinto, para dar fundamento a su compromiso solidario con los hermanos necesitados. La Jornada Mundial de los Pobres se presenta también este año como una sana provocación para ayudarnos a reflexionar sobre nuestro estilo de vida y sobre tantas pobrezas del momento presente. Algunos meses atrás, el mundo estaba saliendo de la tempestad de la pandemia, mostrando signos de recuperación económica que traerían alivio a millones de personas empobrecidas por la pérdida del empleo. Se vislumbraba un poco de serenidad que, sin olvidar el dolor por la pérdida de los seres queridos, prometía finalmente poder regresar a las relaciones interpersonales directas, a reencontrarnos sin limitaciones o restricciones. Y es entonces que ha aparecido en el horizonte una nueva catástrofe, destinada a imponer al mundo un escenario diferente. La guerra en Ucrania vino a agregarse a las guerras regionales que en estos años están trayendo muerte y destrucción. Pero aquí el cuadro se presenta más complejo por la directa intervención de una “superpotencia”, que pretende imponer su voluntad contra el principio de autodeterminación de los pueblos. Se repiten escenas de trágica memoria y una vez más el chantaje recíproco de algunos poderosos acalla la voz de la humanidad que invoca la paz. 2. ¡Cuántos pobres genera la insensatez de la guerra! Dondequiera que se mire, se constata cómo la violencia afecta a los indefensos y a los más débiles. Deportación de miles de personas, especialmente niños y niñas, para desarraigarlos e imponerles otra identidad. Se vuelven actuales las palabras del Salmista ante la destrucción de Jerusalén y el exilio de los jóvenes hebreos: «Junto a los ríos de Babilonia / nos sentábamos a llorar, / acordándonos de Sión. / En los sauces de las orillas / teníamos colgadas nuestras cítaras. / Allí nuestros carceleros / nos pedían cantos, / y nuestros opresores, alegría. / […] ¿Cómo podíamos cantar un canto del Señor / en tierra extranjera?» (Sal 137,1-4). Son millones las mujeres, los niños, los ancianos obligados a desafiar el peligro de las bombas con tal de ponerse a salvo buscando amparo como refugiados en los países vecinos. Los que permanecen en las zonas de conflicto, conviven cada día con el miedo y la falta de alimentos, agua, atención médica y sobre todo de cariño. En estas situaciones, la razón se oscurece y quienes sufren las consecuencias son muchas personas comunes, que se suman al ya gran número de indigentes. ¿Cómo dar una respuesta adecuada que lleve alivio y paz a tantas personas, dejadas a merced de la incertidumbre y la precariedad? 3. En este contexto tan contradictorio se enmarca la VI Jornada Mundial de los Pobres, con la invitación —tomada del apóstol Pablo— a tener la mirada fija en Jesús, el cual «siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza» (2 Co 8,9). En su visita a Jerusalén, Pablo se había encontrado con Pedro, Santiago y Juan, quienes le habían pedido que no se olvidara de los pobres. La comunidad de Jerusalén, en efecto, se encontraba en graves dificultades por la carestía que azotaba al país, y el Apóstol se había preocupado inmediatamente de organizar una gran colecta en favor de los pobres. Los cristianos de Corinto se mostraron muy sensibles y disponibles. Por indicación de Pablo, cada primer día de la semana recogían lo que habían logrado ahorrar y todos eran muy generosos. Como si el tiempo no hubiera transcurrido desde aquel momento, también nosotros cada domingo, durante la celebración de la Santa Eucaristía, realizamos el mismo gesto, poniendo en común nuestras ofrendas para que la comunidad pueda proveer a las exigencias de los más pobres. Es un signo que los cristianos siempre han realizado con alegría y sentido de responsabilidad, para que a ninguna hermana o hermano le falte lo necesario. Lo atestigua ya san Justino, que, en el segundo siglo, explicando la celebración dominical de los cristianos al emperador Antonio Pío, escribía así: «En el día llamado “del Sol” se reúnen todos juntos, habitantes de la ciudad o del campo, y se leen las memorias de los Apóstoles o los escritos de los profetas según el tiempo lo permita. […] Luego se hace la fracción y distribución de los elementos consagrados a cada uno y a través de los diáconos se envía a los ausentes. Los adinerados y los que lo desean dan libremente, cada uno lo que quiere y lo que se recoge viene depositado con el sacerdote. Este socorre a los huérfanos, a las viudas, y a quien es indigente por enfermedad o por cualquier otra causa, a los encarcelados, a los extranjeros que se encuentran entre nosotros: en resumen, tiene cuidado de cualquiera que esté en necesidad» (Primera Apología, LXVII, 1-6). 4. Regresando a la comunidad de Corinto, después del entusiasmo inicial, su compromiso comenzó a disminuir y la iniciativa propuesta por el Apóstol perdió fuerza. Es este el motivo que estimula a Pablo a escribir de manera apasionada insistiendo en la colecta, «llévenla ahora a término, para que los hechos respondan, según las posibilidades de cada uno, a la decisión de la voluntad» (2 Co 8,11). Pienso en este momento en la disponibilidad que, en los últimos años, ha movido a enteras poblaciones a abrir las puertas para acoger millones de refugiados de las guerras en Oriente Medio, en África central y ahora en Ucrania. Las familias han abierto de par en par sus casas para hacer espacio a otras familias, y las comunidades han recibido con generosidad tantas mujeres y niños para ofrecerles la debida dignidad. Sin embargo, mientras más
VI Jornada Mundial de los Pobres: Jesucristo se hizo pobre por ustedes
MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO VI JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario13 de noviembre de 2022 Jesucristo se hizo pobre por ustedes (cf. 2 Co 8,9) 1. “Jesucristo se hizo pobre por ustedes” (cf. 2 Co 8,9). Con estas palabras el apóstol Pablo se dirige a los primeros cristianos de Corinto, para dar fundamento a su compromiso solidario con los hermanos necesitados. La Jornada Mundial de los Pobres se presenta también este año como una sana provocación para ayudarnos a reflexionar sobre nuestro estilo de vida y sobre tantas pobrezas del momento presente. Algunos meses atrás, el mundo estaba saliendo de la tempestad de la pandemia, mostrando signos de recuperación económica que traerían alivio a millones de personas empobrecidas por la pérdida del empleo. Se vislumbraba un poco de serenidad que, sin olvidar el dolor por la pérdida de los seres queridos, prometía finalmente poder regresar a las relaciones interpersonales directas, a reencontrarnos sin limitaciones o restricciones. Y es entonces que ha aparecido en el horizonte una nueva catástrofe, destinada a imponer al mundo un escenario diferente. La guerra en Ucrania vino a agregarse a las guerras regionales que en estos años están trayendo muerte y destrucción. Pero aquí el cuadro se presenta más complejo por la directa intervención de una “superpotencia”, que pretende imponer su voluntad contra el principio de autodeterminación de los pueblos. Se repiten escenas de trágica memoria y una vez más el chantaje recíproco de algunos poderosos acalla la voz de la humanidad que invoca la paz. 2. ¡Cuántos pobres genera la insensatez de la guerra! Dondequiera que se mire, se constata cómo la violencia afecta a los indefensos y a los más débiles. Deportación de miles de personas, especialmente niños y niñas, para desarraigarlos e imponerles otra identidad. Se vuelven actuales las palabras del Salmista ante la destrucción de Jerusalén y el exilio de los jóvenes hebreos: «Junto a los ríos de Babilonia / nos sentábamos a llorar, / acordándonos de Sión. / En los sauces de las orillas / teníamos colgadas nuestras cítaras. / Allí nuestros carceleros / nos pedían cantos, / y nuestros opresores, alegría. / […] ¿Cómo podíamos cantar un canto del Señor / en tierra extranjera?» (Sal 137,1-4). Son millones las mujeres, los niños, los ancianos obligados a desafiar el peligro de las bombas con tal de ponerse a salvo buscando amparo como refugiados en los países vecinos. Los que permanecen en las zonas de conflicto, conviven cada día con el miedo y la falta de alimentos, agua, atención médica y sobre todo de cariño. En estas situaciones, la razón se oscurece y quienes sufren las consecuencias son muchas personas comunes, que se suman al ya gran número de indigentes. ¿Cómo dar una respuesta adecuada que lleve alivio y paz a tantas personas, dejadas a merced de la incertidumbre y la precariedad? 3. En este contexto tan contradictorio se enmarca la VI Jornada Mundial de los Pobres, con la invitación —tomada del apóstol Pablo— a tener la mirada fija en Jesús, el cual «siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza» (2 Co 8,9). En su visita a Jerusalén, Pablo se había encontrado con Pedro, Santiago y Juan, quienes le habían pedido que no se olvidara de los pobres. La comunidad de Jerusalén, en efecto, se encontraba en graves dificultades por la carestía que azotaba al país, y el Apóstol se había preocupado inmediatamente de organizar una gran colecta en favor de los pobres. Los cristianos de Corinto se mostraron muy sensibles y disponibles. Por indicación de Pablo, cada primer día de la semana recogían lo que habían logrado ahorrar y todos eran muy generosos. Como si el tiempo no hubiera transcurrido desde aquel momento, también nosotros cada domingo, durante la celebración de la Santa Eucaristía, realizamos el mismo gesto, poniendo en común nuestras ofrendas para que la comunidad pueda proveer a las exigencias de los más pobres. Es un signo que los cristianos siempre han realizado con alegría y sentido de responsabilidad, para que a ninguna hermana o hermano le falte lo necesario. Lo atestigua ya san Justino, que, en el segundo siglo, explicando la celebración dominical de los cristianos al emperador Antonio Pío, escribía así: «En el día llamado “del Sol” se reúnen todos juntos, habitantes de la ciudad o del campo, y se leen las memorias de los Apóstoles o los escritos de los profetas según el tiempo lo permita. […] Luego se hace la fracción y distribución de los elementos consagrados a cada uno y a través de los diáconos se envía a los ausentes. Los adinerados y los que lo desean dan libremente, cada uno lo que quiere y lo que se recoge viene depositado con el sacerdote. Este socorre a los huérfanos, a las viudas, y a quien es indigente por enfermedad o por cualquier otra causa, a los encarcelados, a los extranjeros que se encuentran entre nosotros: en resumen, tiene cuidado de cualquiera que esté en necesidad» (Primera Apología, LXVII, 1-6). 4. Regresando a la comunidad de Corinto, después del entusiasmo inicial, su compromiso comenzó a disminuir y la iniciativa propuesta por el Apóstol perdió fuerza. Es este el motivo que estimula a Pablo a escribir de manera apasionada insistiendo en la colecta, «llévenla ahora a término, para que los hechos respondan, según las posibilidades de cada uno, a la decisión de la voluntad» (2 Co 8,11). Pienso en este momento en la disponibilidad que, en los últimos años, ha movido a enteras poblaciones a abrir las puertas para acoger millones de refugiados de las guerras en Oriente Medio, en África central y ahora en Ucrania. Las familias han abierto de par en par sus casas para hacer espacio a otras familias, y las comunidades han recibido con generosidad tantas mujeres y niños para ofrecerles la debida dignidad. Sin embargo, mientras más dura el conflicto, más se agravan sus consecuencias. A los pueblos que acogen les resulta cada vez más difícil dar continuidad a la ayuda; las familias y las comunidades
Conclusiones del X Congreso de la Pastoral Penitenciaria: Superar los muros de la cárcel
Como Iglesia en salida y con espíritu sinodal, que este año se ha vivido en muchas prisiones de España, nos dirigimos a la Iglesia y a la sociedad para que reflexione y articule medidas de cumplimiento de la pena que supere los muros de la cárcel. La Pastoral penitenciaria ha celebrado del 21 al 23 de octubre en El Escorial (Madrid) su X Congreso Nacional de esta Pastoral con el tema “Otro cumplimiento de pena es posible”. Después de un año de espera, al tener que retrasar su celebración con motivo de la pandemia, este Congreso ha sido un momento para que todos los implicados en la Pastoral penitenciaria se vuelvan a encontrar. Y juntos, aprender, escuchar, acoger y reflexionar. Después de estos tres días de trabajo, el departamento de Pastoral penitenciaria hace públicas la siguiente Declaración Final. Declaración final del X Congreso Nacional de Pastoral PenitenciariaEl Escorial (Madrid) 21-23 de octubre de 2022 Convocados por el Departamento de Pastoral Penitenciaria de la Comisión Episcopal de Pastoral Social y Promoción Humana de la Conferencia Episcopal Española, nos hemos reunido 240 congresistas para debatir y reflexionar sobre el lema “Otro cumplimiento de pena es posible”. Este ha sido el objeto de reflexión de nuestro X Congreso Nacional de Pastoral Penitenciaria celebrado los días 21 al 23 de octubre de 2022 en el Escorial, en Madrid. Un tema sugerente, que ha sido consecuencia de la pandemia sufrida a nivel mundial. Muchos presos han cumplido condena a través de medidas alternativas: tercer grado, control telemático, suspensión de condena, TBC, talleres…Lo sorprendente de estas medidas es que en ningún caso han generado más delitos ni más aumento de internos en prisión. Esto nos ha llevado al convencimiento de que, otro cumplimiento de la pena es posible, sin pasar necesariamente por la cárcel. Un Congreso que ha tenido una variada y plural participación: capellanes, delegados diocesanos, voluntarios, abogados, trabajadores de la Administración Penitenciaria…. Han participado personas de todos los agentes que intervienen en el mundo de la prisión. Unas jornadas enriquecidas por las ponencias, testimonios y reflexiones de los trabajos en grupos. Como Iglesia en salida y con espíritu sinodal, que este año se ha vivido en muchas prisiones de España, nos dirigimos a la Iglesia y a la sociedad para que reflexione y articule medidas de cumplimiento de la pena que supere los muros de la cárcel. En este X Congreso Nacional de Pastoral Penitenciaria hemos trabajado las tres áreas que configuran nuestra pastoral; Religiosa, Social y Jurídica. Desde ellas queremos seguir trazando el futuro de nuestra Pastoral Penitenciaria. Un esperanzador horizonte se abre ante nosotros, donde el hombre y mujer, con sentencia, no necesariamente han de pasar por la prisión. También somos conscientes del gran reto que se presenta ante nosotros, pues la sociedad en la que nos ha tocado vivir, sigue presionando para el endurecimiento de las penas. Llegando al final de nuestro Congreso queremos compartir nuestras reflexiones que emanan de las ponencias, mesas redondas y trabajo de los grupos. Queremos decir que: CONSTATAMOS: APOSTAMOS: PEDIMOS: A LA IGLESIA: A LA SOCIEDAD: A LA JUSTICIA A LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL Como Pastoral Penitenciaria soñamos con un mundo donde cada vez haya menos presos. Un mundo positivo que vaya superando la prisión como recuperación de la persona para la sociedad, en la cual lo normal sean sentencias que se cumplan a través de medidas alternativas en un entorno social y familiar positivo para la persona, y nunca sean la excepción.. Conscientes de que el apartar a una persona de la sociedad no ayuda a su recuperación ni tampoco resuelve el problema social que le pudo llevar a prisión. Creemos que los entornos positivos ayudan a cumplir y hacer realidad el espíritu de la ley que apuesta por la reinserción y recuperación social en el cumplimiento de la pena. El Escorial (Madrid) a 23 de octubre de 2022 ¿Cómo se ha desarrollado el Congreso? El Congreso se ha estructurado en torno a las tres áreas de la Pastoral penitenciaria. En cada jornada, la ponencia marco y la mesa redonda han abordan el tema del Congreso, pero desde la visión del área religiosa, social y jurídica. Se ha contado con especialistas que con sus aportaciones ayuden a avanzar en el trabajo que se realiza en cada uno de estos campos. Este viernes, 21 de octubre, a las 11.30 horas, tenía lugar la sesión inaugural. Este primer día estuvo dedicado a la visión del área religiosa y ofreció la ponencia marco el presidente de la Conferencia Episcopal Española, cardenal Juan José Omella. En la mesa redonda intervinieron José Luis Segovia Bernabé, vicario episcopal de Pastoral Social e Innovación de la diócesis de Madrid; Carmen Martínez de Toda Terrero, hija de la Caridad, ex-coordinadora del área social de Pastoral penitenciaria, y Francisco Javier Sánchez González, capellán de Navalcarnero (Madrid). Además se presentó una experiencia de trabajo en beneficio de la comunidad (TBC). Mercedes Gallizo Llamas, presidenta de SIEPSE y exsecretaria general de Instituciones Penitenciarias, presentó la ponencia marco del sábado 22, dedicada a la visión del área social. En la mesa redonda se sentaron la directora general de la Fundación Integra, Ana Muñoz de Dios; el director de la Fundación Cesal, Pablo Llano Torres; y la subdirectora general de Medio Abierto y de Penas y Medidas Alternativas, Guadalupe Rivera González. La tercera sesión del Congreso, el domingo 23, se centró en el área jurídica, con una ponencia marco a cargo del magistrado Arturo Beltrán Núñez. Han participado en la mesa redonda el coordinador del Servicio de Orientación Jurídica (SOJ) penitenciario de Madrid, Carlos García Castaño; el especialista en Mediación general, penal y familiar, Pepe Castilla; y el director general de Ejecución Penal y Reinserción Social de Instituciones Penitenciarias, Ángel Vicente Cuenca.
Tiempo de la Creación 2022: Los obispos españoles llaman la atención sobre la crisis energética y la paz
Del 1 de septiembre al 4 de octubre la Iglesia celebra el Tiempo de la Creación, una iniciativa ecuménica del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral que promueve la celebración de la vida y la protección de la creación de Dios. Este es un tiempo en que los cristianos de todo el mundo, rezan, desarrollan proyectos y otros se movilizan para proteger la creación. Se trata de acciones urgentemente necesarias. El papa Francisco nos invita en en su mensaje de este año a practicar una espiritualidad ecológica, como ya hiciera en Laudato Si. También pone enfásis en los clamores amargos: los de la «hermana Madre tierra», los más pobres, los pueblos nativos y nuestros propios hijos. El Departamento de Ecología Integral de la Conferencia Episcopal Española centra su atención este año en la crisis energética y la paz, un aspecto que también recuerda el papa Francisco: Lo repito: «Quiero pedirles en nombre de Dios a las grandes corporaciones extractivas —mineras, petroleras—, forestales, inmobiliarias, agro negocios, que dejen de destruir los bosques, humedales y montañas, dejen de contaminar los ríos y los mares, dejen de intoxicar los pueblos y los alimentos»[5]. V Seminario de Ecología Integral Igualmente, en su V Seminario de Ecología Integral, el Departamento ha querido abordar esta problemática tan urgente y necesaria en este momento histórico: Retos para el cuidado de la casa común: «Sostenibilidad, crisis energética y extractivismo». Se contará con intervenciones desde América Latina, con quien el departamento pudo estrechar lazos en abril de 2022, ya que sus responsables del se entrevistaron como un grupo de la «Caravana latinoamericana para la Ecología Integral«, encabezados por por Monseñor Vicente de Paula Ferreira, Obispo auxiliar de la Archidiócesis de Belo Horizonte y Secretario de la Comisión para la Ecología Integral de la Comisión Nacional de los Obispos de Brasil. A continuación ofrecemos el Mensaje íntegro de los Obispos de la Subcomisión de Acción Caritativa y Social de la Conferencia Episcopal Española Visualiza todas las sesiones Primera sesión: Segunda sesión: Tercera Sesión: Cuarta sesión: El Mensaje de los obispos españoles Mensaje ante la jornada mundial de oración por el cuidado de la Creación 1 de Septiembre de 2022 Crisis energética, paz y cuidado de la creación El día 1 de septiembre celebramos la Jornada Mundial de Oración por el cuidado de la Creación. Es un momento especial en la vida de las naciones y en la vida de la Iglesia. Vivimos el Tiempo de la Creación, que finaliza el 4 de octubre, día de san Francisco de Asís, en un contexto de conflicto bélico de gran repercusión en la vida de Europa y especialmente en Ucrania. Es el momento oportuno para renovar nuestra fe y nuestra oración, pues se ha puesto en cuestión la paz internacional y se están provocando graves daños a la casa común. La guerra en Europa nos ha sorprendido a todos y ha puesto sobre la mesa la profunda interconexión entre la seguridad energética, el riesgo de un conflicto armado y el peligro de destrucción de toda forma de vida, que ya diagnosticó hace casi 60 años San Juan XXIII (1). Incluso, vuelven de nuevo amenazas y riesgos que parecían ya olvidados, pues en esta encrucijada emerge de nuevo con fuerza la “cuestión nuclear”, tanto en el caso del conflicto entre Rusia y Ucrania, como en otras partes del mundo. La Carta encíclica Pacem in terris de San Juan XXIII hacía ya una llamada a “todos los hombres de buena voluntad” (2) a no sembrar el miedo en la humanidad y a no destruir la vida, una llamada que, desgraciadamente, sigue siendo actual en un tiempo como el nuestro, marcado por la guerra y la degradación medioambiental: “Los pueblos viven bajo un perpetuo temor, como si les estuviera amenazando una tempestad que en cualquier momento puede desencadenarse con ímpetu horrible. No les falta razón, porque las armas son un hecho”(3). En la década de 1960 fue precisamente cuando emergió también la preocupación por la cuestión medioambiental; fue la época en la que las primeras voces científicas alertaron de la importancia del cuidado de la naturaleza y del profundo vínculo entre ese cuidado, la salud humana y la paz. El Consejo Mundial de la Iglesias inició, poco después, la iniciativa ecuménica “Justicia, Paz e Integridad de la Creación” con la que la Iglesia Católica, con el paso del tiempo, se ha identificado (4). Crisis energética y crisis alimentaria Hay una interdependencia evidente entre los atentados contra la paz y su incidencia en la casa común, en el orden de la Creación. Cuando ya estaba naciendo un cierto consenso para afrontar los problemas de fondo de la humanidad en el orden energético y en el orden alimentario, con la guerra se ha puesto en peligro el equilibrio en la disponibilidad de recursos alimentarios para numerosas poblaciones que dependen de los graneros sometidos a la violencia del conflicto y, sobre todo, están en riesgo alimentario importantes poblaciones de los países más pobres, pues son preferentemente esos países los que se están viendo especialmente afectados por las múltiples crisis sanitarias, geopolíticas y climáticas. También los expertos, en su reciente Informe sobre Desarrollo Sostenible del año 2022, confirman el camino para superar el delicado momento actual: paz, diplomacia y cooperación internacional son las condiciones necesarias para que el mundo progrese hacia la consecución de los objetivos de la Agenda 2030. La guerra de Ucrania y otros conflictos militares son tragedias humanitarias que tienen un gran impacto en la prosperidad y en las sociedades del mundo entero, especialmente en los pobres, y tienen la capacidad de ampliar las crisis climáticas y de biodiversidad (5). La comunidad internacional, y también nuestro país, se ha comprometido en estos últimos años, a realizar una transición hacia el uso de energía no contaminante y lograr una agricultura sostenible, pues “sabemos que la tecnología basada en combustibles fósiles muy contaminantes – sobre todo el carbón, pero aún el petróleo y, en menor medida, el gas – necesita ser reemplazada progresivamente y sin demora” (6). Afrontar
¿Prisión sin fecha de salida?
Prisión permanente revisable: No era necesaria una nueva ley Florencio Roselló, Director del Departamento de Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española, para Alfa y Omega. «Una condena sin futuro no es una condena humana: es una tortura». El Papa Francisco pronunció estas palabras en enero de 2018 en su visita a la cárcel de San Joaquín, en Santiago de Chile. Era una prisión de mujeres que, expectantes y esperanzadas, escucharon al Papa con espíritu de futuro y de libertad. Mi reflexión quiere enfatizar que nos conmueven y nos revuelven las entrañas los crímenes execrables que han motivado la promulgación de la pena de prisión permanente revisable. No tenemos ninguna duda en condenar todo tipo de violencia y crímenes, algunos de ellos cometidos con verdadera saña y violencia, que revuelven los más profundos sentimientos del ser humano. Los rechazamos y condenamos. Pero nos crea la duda si la solución a estos delitos pasa por quebrar todo futuro y oscurecer un horizonte de esperanza. Nos parece que esta ley es fruto de una respuesta más emocional que racional. ¿En nuestro sistema era necesaria esta pena?, ¿no había otro camino para hacer justicia y condenar estos crímenes horrendos y detestables? Pensamos que nuestro Código Penal, con la legislación que había, podía juzgar ya este tipo de delitos. No era necesaria esta nueva ley. En la actualidad hay en España 150 personas que están cumpliendo penas de prisión de 40 años efectivos. También hay 480 personas presas que ya han pasado más de 20 años seguidos en prisión. Son personas que, por el tipo de delitos, podrían cumplir más condena que los presos condenados a la prisión permanente revisable, pero con un pequeño matiz: saben cuándo comienzan y saben cuándo van a terminar. Con esto no estamos cuestionando los delitos, los rechazamos sin ningún tipo de dudas; lo que nos preguntamos es si esta es la mejor forma de cumplir la pena. España es el segundo país de Europa con menos delitos violentos y, en cambio, es el país que tiene una media de cumplimiento de prisión más alta. Mientras que en Europa la media oscila entre los nueve y los diez meses, en España es de 21 meses. El Papa Francisco pone en el centro de todas sus reflexiones a la persona. Y le cuesta entender, y mucho más admitir, que se pueda encerrar a una persona en la cárcel sin futuro, sin horizonte y sin esperanza. La prisión permanente revisable quiebra toda esperanza, porque el hombre o la mujer que ingresa en prisión con este tipo de pena sabe el día de su ingreso, pero no sabe cuándo termina su condena. No sabe la fecha de su salida. Anulando la esperanza, anulamos a la persona y privamos al preso del «derecho a comenzar de nuevo», que es lo que dijo el Pontífice a la Policía Penitenciaria de Roma, en septiembre de 2019. Florencio Roselló El pasado 6 de octubre de 2021, el Tribunal Constitucional rechazó el recurso contra la Ley 1/2015 y la declaró plenamente constitucional, quedando incorporada a nuestro Código Penal. Una ley con un inicio claro del cumplimiento de la pena, pero sin un horizonte ni un final concreto de dicho cumplimiento. En este momento todo es incierto: la fecha final, el tratamiento que realizar, la reacción de los propios presos condenados a esta pena. Esta pena deja en el aire el artículo 25.2 de nuestra Constitución, el cual aboga porque «las penas privativas de libertad estarán orientadas a la reinserción social». La Ley 1/2015 de Prisión Permanente Revisable pone más el acento en el cumplimiento de la pena que en la reinserción. Se centra más en la forma de cumplimiento que en el tratamiento para la recuperación de la persona, pero, sobre todo, en la falta de futuro y de horizonte para el cumplimiento de la pena; nunca sabrá el final de la misma. El Tribunal Supremo, en sus sentencias, manifiesta que un internamiento prolongado en prisión hace muy difícil la recuperación de la persona; hay muchas, pero expongo las sentencias STS 15.4.94 o 17.4.94. El tiempo está demostrando que el efecto disuasorio de la pena no se cumple. Desde la promulgación de la Ley 1/2015 de Prisión Permanente Revisable, y después de pasar el trámite parlamentario, han sido condenadas con sentencia firme 25 personas, 19 hombres y seis mujeres, además de varios presos que en este momento tienen la sentencia recurrida. Estos condenados, cuyos nombres y casos conocemos por la gran presión mediática a la que han sido sometidos sus procesos, son consecuencia en muchos casos del populismo punitivo que nuestra sociedad exige al Legislativo. La popularidad de la pena no supuso ninguna disuasión para cometer estos delitos rechazables. Como Iglesia, como Pastoral Penitenciaria, somos personas de esperanza. Nuestra presencia en la cárcel quiere ser futuro, reinserción, esperanza, pensar en un mañana. Y la prisión permanente revisable nos dificulta hablar de futuro porque no sabemos cuándo va a llegar, no sabemos la fecha final de la condena. Nos cuesta hablar de un mañana, porque no viene expresado en la sentencia, y eso también limita nuestra pastoral en prisión. Pero, a pesar de todo, la Iglesia, la Pastoral Penitenciaria, va a seguir transmitiendo la esperanza en la que creemos y la que queremos para todos los que cumplen condena de prisión. Como nos dice el Papa Francisco, no hay condena sin esperanza.