Carta pastoral de Mario Iceta, Arzobispo de Burgos Queridos hermanos y hermanas: «Que la cárcel sea laboratorio de esperanza, no solo lugar de pena». Estas palabras del Papa Francisco, pronunciadas en su última visita al personal de la prisión romana Regina Coeli, nos recuerdan la festividad de Nuestra Señora de la Merced, patrona de las instituciones penitenciarias, que celebramos la próxima semana. Esta advocación mariana, que insta a trabajar en comunión para transformar los centros penitenciarios en lugares de redención y pone el foco de manera especial en los internos, sus familias y los trabajadores, evoca la misericordia de Dios. «Tú, oh Dios, haciendo maravillas, mostraste tu poder a los pueblos y con tu brazo has rescatado a los que estaban cautivos y esclavizados». Estas palabras del Salmo 76 fueron repetidas por san Pedro Nolasco, fundador de la Orden de Nuestra Señora de la Merced (los Mercedarios), poco antes de morir. Tenía 77 años y, en la primera mitad del siglo XIII, dejaba a sus espaldas un legado de gracia, compasión y perdón que da sentido a un apostolado que sigue transformando vidas rotas en hogares de luz y salvación. La vida de Pedro Nolasco, llamado para salvar vidas y a preservar la fe, marca el alfa y la omega de una orden religiosa que guarda un detalle sumamente especial: los mercedarios se comprometen con un cuarto voto, añadido a los tradicionales de pobreza, obediencia y castidad de las demás congregaciones, que es el de liberar a otros debilitados en la fe, aunque su vida corra peligro. El fundador, que llegó incluso a comprar esclavos para rescatarlos, jamás dudó en entregar su propia vida si fuera necesario, cumpliendo así ese cuarto voto que distingue a esta Congregación religiosa. Y así se lo hizo saber a todos y cada uno de los hermanos que decidían entrar a formar parte de la Orden. Y así lo hicieron, en aquellas épocas difíciles, ocupando el lugar de algún cautivo que estuviese en peligro de perder la vida y la fe, en caso de que el dinero no alcanzase a pagar por su liberación. Un gesto que hoy, en los tiempos en los que vivimos, interpelan nuestro ser cristiano y que, tal vez, sobrepasan nuestra razón. En los comienzos de este año 2023, la primera celebración del sacramento de la Confirmación que realicé fue precisamente en la cárcel. Todavía hoy recuerdo con especial cariño aquel encuentro, así como el rostro de quienes participaron en aquella celebración donde el Espíritu Santo inundó de luz y calor aquél lugar necesitado de esta presencia que conforta y llena de esperanza. La Pastoral Penitenciaria, que acompaña a las personas privadas de libertad y sus familias a través de diferentes talleres, encuentros y actividades formativas, sella un compromiso de acompañar a quienes atraviesan esos momentos difíciles que marcan la vida. Y ahora me refiero a vosotros, voluntarios que os entregáis a este servicio, porque sois un regalo que siempre está presente para los demás, que acompaña y sana las pobrezas personales y espirituales. Pedro Nolasco reconoció siempre a la Virgen María como la auténtica fundadora de la Orden Mercedaria. Le pedimos a la Virgen de la Merced, patrona de las instituciones penitenciarias, que nos enseñe a amar a su manera y a no claudicar ante las dificultades; para que siempre estemos dispuestos a visitar al Señor sin que sea necesario preguntarle cuándo le vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verle; porque Él ya ha dejado escrito en nuestros corazones el mandamiento de nuestras vidas: «En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25, 39-40). Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga. + Mario Iceta Gavicagogeascoa Arzobispo de Burgos Consulta la memoria de la Pastoral penitenciaria 2023
Aqua fons vitae: Orientaciones sobre el agua
Aqua fons vitae El Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral publica «Aqua fons vitae: Orientaciones sobre el Agua, símbolo del grito del pobre y del grito de la Tierra», como contribución a la reflexión sobre el tema. Este nuevo documento está enraizado en la Enseñanza Social de los Pontífices; y se inspira en el trabajo que miembros de las Iglesias nacionales y locales han venido realizando en varios países. «Agua» es un vocablo que llama la atención sobre varios desafíos para la familia humana. Cabe señalar que, aunque «todo está relacionado», como enseña el Papa Francisco (LS, nn. 16, 117), en este documento se describen tres aspectos o dimensiones del uso del agua: 1) el agua para uso humano; 2) el agua como recurso utilizado en muchas actividades humanas, especialmente en la agricultura y la industria; 3) el agua como superficie, es decir, los ríos, los acuíferos subterráneos, los lagos y, sobre todo, los mares y océanos. Para cada aspecto o dimensión, el documento presenta desafíos conexos y propuestas operativas para la sensibilización y el compromiso a nivel local. La parte final del documento ofrece una reflexión sobre la educación y la integridad. DESCARGA
Mensaje de los obispos ante la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación
QUE LA JUSTICIA Y LA PAZ FLUYAN 1 de septiembre de 2023 Obispos de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social El día 1 de septiembre celebramos la Jornada Mundial de Oración por el cuidado de la Creación bajo el lema “Que la justicia y la paz fluyan”. Ese día se inicia el Tiempo de la Creación, que finaliza el 4 de octubre, día de san Francisco de Asís. En su mensaje para esta Jornada, el papa Francisco nos regala esta bella imagen eclesial: “La Iglesia es una comunión de innumerables Iglesias locales, comunidades religiosas y asociaciones que se alimentan de la misma agua. Cada manantial añade su contribución única e insustituible, para que todas confluyan en el vasto océano del amor misericordioso de Dios. Como un río es fuente de vida para el ambiente que lo circunda, así nuestra Iglesia sinodal debe ser fuente de vida para la casa común y para todos aquellos que la habitan”[1]. Para lograr “que el derecho corra como el agua, y la justicia como un torrente inagotable” (Am 5, 24), se hace preciso responder a lo que San Juan Pablo II, ya en el año 2001 formulaba como conversión ecológica [2], que no es otra cosa que realizar “una renovación de nuestra relación con la creación, de modo que no la consideremos como un objeto del que aprovecharnos, sino por el contrario, la custodiemos como un don sagrado del Creador” [3]. Vivir este Tiempo de la Creación es vivir en ese convencimiento de que nuestras acciones son oportunidades de construir modos de existencia respetuosos con la preciosa obra de Dios que nos rodea y con los hermanos y hermanas que comparten con nosotros la casa común. La gozosa sobriedad a la que se nos llama no es otra cosa que saber vivir en comunión con las necesidades de los demás, convencidos de que la Tierra es suficiente para todos y en esa virtud de compartir nos felicitamos. Por eso, la conversión ecológica es un asunto de todos y cada uno de nosotros, no solo por urgencia planetaria, sino también como camino de plenitud, felicidad y sentido. Al igual que proponemos esa mirada personal hacia lo común, también somos conscientes de que existen, como dice el papa Francisco, “políticas económicas que favorecen riquezas escandalosas para unos pocos y condiciones de degradación para muchos” [4]. Estas acciones producen verdaderas deudas ecológicas que deben constituir el centro del debate público y que nos urgen a modificar estructuralmente nuestros modos de funcionar como sociedad. Es necesario habilitar medidas nuevas, valientes y audaces, que reorienten las decisiones y las iniciativas que nos afectan globalmente bajo el prisma de la justicia humana, la sostenibilidad global y la ecología integral. Queremos transmitir la necesidad de concienciarnos como creyentes del vínculo indisoluble entre el cuidado y la justicia, como únicos caminos de paz y, posiblemente, de felicidad. Los cristianos sabemos que el mensaje de Jesús es una Buena Noticia para todos, y que el deseo del Señor es que todas las personas tengan vida, y vida en abundancia (Jn 10,10). En el contexto y coyuntura histórica en la que hoy estamos, no nos cabe duda de que esa vida pasa por entender que detrás de gran parte del sufrimiento humano se intuye una cosmovisión utilitarista del mundo y de su riqueza. La sobreexplotación de los recursos conduce a un escenario de escasez y de pobreza, que se traduce en desastre y dolor para comunidades enteras de personas. Si la gloria de Dios es que el hombre viva (S. Ireneo), nosotros debemos favorecer el cuidado del hermano para ser cocreadores y partícipes de esa gloria divina. No habrá paz sin justicia. Cada rostro, víctima del deterioro de la creación no cuidada, es una acusación de pecado que tendremos que enfrentar como sociedad, y de lo que tendremos que dar razón a las futuras generaciones. La pregunta de Caín “¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?” (Gén 4, 9) tiene hoy sentido entre padres e hijos. Porque además de aquellos que ahora están en los márgenes de la historia, los grandes perdedores y las víctimas de este modo de explotar la Tierra que nos ha sido dada serán nuestros hijos. Nos unimos al clamor del papa Francisco y “levantamos la voz para detener esta injusticia hacia los pobres y hacia nuestros hijos, que sufrirán las peores consecuencias del cambio climático” [5]. La exigencia evangélica de fraternidad y solidaridad se cifra hoy en un nuevo modo de entender nuestra relación con el resto de los seres vivientes, expresión y belleza de Dios en el mundo. Por eso denunciamos las prácticas que atentan y pervierten el vínculo sagrado de las personas con el planeta. Un ejemplo es la realidad sangrante y doliente de la migración por causas climáticas. Poblaciones enteras, sometidas a condiciones de vida inequívocamente injustas, están pagando en sus vidas las transformaciones rápidas y extremas de los fenómenos naturales que aparecen por la emisión de gases con efecto invernadero. Esto nos causa gran dolor y lo denunciamos como una de las mayores injusticias de la historia. En nuestro país vemos que la gestión del agua está dibujando un futuro claro de carestía, escasez y conflicto. Con un clima cada vez más seco y caluroso, en determinados territorios va a ser imposible fijar población y pervivir. El agua que nos provee de vida es un bien común que debe ser preservado y compartido. Rogamos a los poderes públicos y a nuestros gobiernos que integren la mirada de lo comunitario, del valor intrínseco del agua y de sus múltiples ramificaciones en lo social, para el diseño de planes hidrológicos, agrícolas y de gestión que sean sostenibles y responsables con todas las dimensiones de este preciado recurso. No se puede hacer política con el agua de todos sin tener en cuenta a las personas y comunidades que enraízan sus historias y sus proyectos vitales en ella: desde la realidad rural de la España vaciada hasta la preservación de nuestros recursos hídricos y agroforestales. El agua y su manejo atraviesa todas estas dimensiones. Por eso pedimos
Festividad del Corpus Christi 2023, Mensaje de los Obispos
FESTIVIDAD DEL CORPUS CHRISTI, DÍA DE LA CARIDAD (11 de junio de 2023) Mensaje de los obispos de la Subcomisión para la Acción Caritativa y Social. TÚ TIENES MUCHO QUE VER. SOMOS OPORTUNIDAD. SOMOS ESPERANZA 1. Entrar en el misterio eucarístico La fiesta del Corpus Christi nos invita a entrar en el misterio de la Eucaristía. Un misterio que, como nos decía el recordado Benedicto XVI, “actualiza sacramentalmente el don de la propia vida que Jesús ha hecho en la Cruz por nosotros y por el mundo entero. Al mismo tiempo la Eucaristía nos hace testigos de la compasión de Dios por cada hermano y hermana”[1] (SCa 88) La Eucaristía, sacramento del amor, aviva en nosotros la conciencia de que donde se vive de amor brilla también la esperanza (cf. SS 31)[2], pues allí donde el ser humano se siente amado, experimenta la salvación de Dios y descubre que es posible la esperanza.[3] Desde este misterio de amor y de esperanza, que es la Eucaristía, los obispos invitamos a todos los cristianos, y de manera especial a cuantos trabajáis en la acción caritativa y social, a abrir los ojos al sufrimiento de nuestros hermanos más pobres, a escuchar sus clamores y a dejarse tocar el corazón para ser oportunidad y esperanza para todos ellos. 2. Nos duele la situación de las personas y familias afectadas por la crisis «He visto la opresión de mi pueblo» (Ex 3,7), dice Dios. La caridad comienza por abrir los ojos a la realidad y dejarse afectar por ella. “El Señor Jesús, Pan de vida eterna, nos apremia y nos hace estar atentos a las situaciones de pobreza en que se halla todavía gran parte de la humanidad” (SCa 90). Vivimos tiempos de crisis acumuladas. Tras la pandemia provocada por el Covid-19, vino la guerra de Ucrania, el aumento de la movilidad humana, la evolución del coste energético y la inflación… Esta situación, tanto en el ámbito local como mundial, ha acrecentado la pobreza y la desigualdad y ha alimentado la desesperanza. El Informe de Cáritas y la Fundación Foessa, “Evolución de la cohesión social y consecuencias de la covid-19 en España”[4], nos presenta algunas situaciones sangrantes en nuestro país: Estas cifras corresponden siempre a personas que se van quedando al margen de los sueños y de las expectativas. Nos duele profundamente la situación de las personas que: Ante esta realidad no podemos permanecer como espectadores, ni siquiera como meras voces críticas, sino que estamos llamados a “ser parte activa en la rehabilitación y auxilio de las sociedades heridas” (FT 77)[5]. Se nos invita, porque celebramos el sacramento del amor y de la esperanza, a ser agentes de vida buena y nueva: “Dios sigue derramando en la humanidad semillas del bien… La esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna” (FT 54-55). Por consiguiente, cuando nuestras comunidades celebran la eucaristía han de ser conscientes de que el sacrificio de Cristo es para todos y que, por eso, impulsa al creyente a hacerse “pan partido” para los demás, es decir, a trabajar por un mundo más justo y fraterno (cf. SCa 88). Los obispos españoles también hemos insistido en esta dimensión transformadora de la actividad caritativa y hemos manifestado que “nuestra caridad no puede ser meramente paliativa, debe ser preventiva, curativa y propositiva. La voz del Señor nos llama a orientar toda nuestra vida y nuestra acción desde la realidad transformadora del reino de Dios”.[6] 3. Una sociedad desvinculada y polarizada, que descarta y excluye Como dijimos en nuestro último documento, nos preocupa la desvinculación social creciente en nuestro entorno. En este mundo en el que predomina lo virtual y líquido, las relaciones se vuelven frágiles. Como consecuencia de ello, se corre el riesgo de convertirlas en simples conexiones y de transformar los vínculos en meros contactos. La desvinculación lleva a no responsabilizarse suficientemente del otro y se traduceen crisis de cuidados y de pertenencia (a la sociedad, a la historia, a las iglesias, a los barrios, a la familia)[7]. Y, sin embargo, “la vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fraternidad” (FT 87). También vivimos en una sociedad fuertemente ideologizada, que lleva a polarizaciones y tensiones en los ámbitos de la economía, de la política, de la cultura, incluso de la religión[8]. La Eucaristía, sacramento del Encuentro, nos capacita para nuevos tipos de relaciones sociales y nos abre al diálogo inclusivo: “la mística del Sacramento tiene un carácter social. En efecto, la unión con Cristo es al mismo tiempo unión con todos los demás a los que Él se entrega… así refuerza la comunión entre los hermanos y, de modo particular, apremia a los que están enfrentados para que aceleren su reconciliación, abriéndose al diálogo y al compromiso por la justicia” (SCa 89). 4. Ser oportunidad, ser esperanza. “La caridad no es una simple asistencia material y social, sino que se preocupa de toda la persona y desea volver a ponerla en pie con el amor de Jesús: un amor que ayuda a recuperar belleza y dignidad. Hacer caridad significa tener la valentía de mirar a los ojos”[9]. Desde esta clave estamos convencidos de que tú tienes mucho que ver en las oportunidades que otras personas pueden tener. Lo que tú hagas, como tú te sitúes en el mundo y ante los otros, puede abrir puertas, dar vida, aliviar la soledad, sanar el alma, hacer que otros y otras sientan que la vida brota nueva en ellas. Nuestra tarea no consiste solamente en cubrir las necesidades de los otros, sino en descubrir sus posibilidades para abrir caminos de esperanza. Es lo que hacéis cada día las personas voluntarias y los agentes comprometidos en la acción sociocaritativa. ¡Gracias por vuestra vida y testimonio! La Eucaristía que celebramos en esta fiesta del Corpus es cuerpo entregado y sangre derramada de Jesús para la vida del mundo. Que la celebración y la
Mensaje de los obispos para la Pascua del Enfermo 2023: No abandonar a quienes añaden a la enfermedad el peso de los años
Mensaje de los Obispos de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y SocialPascua del Enfermo, 14 de mayo de 2023 Déjate cautivar por su rostro desgastado No me rechaces ahora en la vejez, no me abandones (Sal 71,9) La cultura del descarte viene afectando a todo aquel que no es rentable ni favorece el bienestar, y particularmente a las personas mayores. Así lo reconoce el Santo Padre, el Papa Francisco, en la carta encíclica “Fratelli tutti”: “sucedió con las personas mayores en algunos lugares del mundo a causa del coronavirus. No tenían que morir así. Pero en realidad algo semejante ya había ocurrido a causa de olas de calor y en otras circunstancias: han sido cruelmente descartados”[1]. Tenemos que aprender de esta lección la importancia del cuidado y de la compasión de los mayores para no repetir ese descarte. Es particularmente necesario y urgente no abandonar a quienes añaden a la enfermedad el peso de los años. Por ello, en la Campaña del Enfermo de este año 2023, hemos querido poner el acento en la importancia del cuidado de los mayores y nos proponemos de nuevo “dejarnos cautivar por su rostro desgastado” para tener sobre ellos una mirada “según el estilo de Dios, que es cercanía, compasión y ternura”[2]. El documento de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida, “La ancianidad: riqueza de frutos y bendiciones”, nos será de gran ayuda para fomentar esa “mirada”, que nos permite descubrir el valor de la vejez y promover una actitud de estima hacia los mayores; nos hará más sensibles ante los particulares retos que se les presentan: la soledad no deseada ni buscada, la merma de sus facultades, la dependencia respecto de los demás, etc; nos ayudará a descubrir que no sólo son objeto de la actividad pastoral, sino, también, miembros activos, imprescindibles, en la tarea de evangelización, que pueden tener un papel educativo esencial en la transmisión de la fe, en la memoria de las raíces, en el testimonio de la oración; nos servirá para cuidar la espiritualidad de los ancianos, su necesidad de intimidad con Cristo y de compartir su fe, como una tarea de caridad en la Iglesia; y, en fin, nos enseñará a acompañarlos y dejarnos acompañar por ellos. Es mucho lo que está en juego. “La vida es un don, en todo momento, y mientras sigamos sin dar valor a la vejez tampoco sabremos dar valor ni siquiera a la vida naciente y a los niños, a los enfermos y a cualquiera que manifieste una forma de ser diferente de ese ideal ficticio de perfección hedonista y narcisista del que están empapados la posmodernidad y el mercado. Es hora de actuar, para que los que avanzan en años puedan envejecer con dignidad, sin temor de ser rechazados y de no contar para nadie. Por esta razón, debemos cambiar el activismo de algunos contextos eclesiales en una actitud de mayor escucha, cuidado y discernimiento de las necesidades de aquellos que van más despacio porque sus fuerzas se debilitan, pero que pueden ser una parte viva y activa de la sociedad”. [3] Conviene más que nunca realizar una reflexión cuidadosa, clarividente y honesta sobre cómo la sociedad contemporánea debería “acercarse” a la población de edad avanzada. En ese sentido, las diócesis, las parroquias y todas las comunidades eclesiales están invitadas a realizar una reflexión honesta que nos permita una nueva visión, un nuevo paradigma, para cuidar mejor a nuestros mayores. Más que estrategias, se necesitan relaciones humanas de las que surjan redes de colaboración y solidaridad entre diócesis, parroquias, comunidades laicas, asociaciones y familias. Necesitamos redes sólidas con raíces fuertes, no iniciativas fragmentadas y frágiles. [4] Tengamos en cuenta que los proyectos más grandes surgen a veces de las semillas más pequeñas, como del grano de mostaza, siendo germen de una nueva humanidad. Encomendamos a la intercesión de María a los mayores, a sus familiares y a cuantos los acompañan. Al mismo tiempo, le pedimos a nuestra Madre que nos ayude a no rechazarlos ni abandonarlos en la vejez, justamente cuando más nos necesitan. + Jesús Fernández González + Vicente Ribas Prats + Abilio Martínez Varea + Javier Vilanova Pellisa + Fernando García Cadiñanos + Ernesto Jesús Brotóns Tena [1] Papa Francisco, Carta Encíclica Fratelli tutti, sobre la fraternidad y la amistad social, 3 de octubre 2020, n 19. [2] Papa Francisco, «Cuida de él». La compasión como ejercicio sinodal de sanación, Mensaje para la XXXI Jornada Mundial del Enfermo 2023. [3] Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, Conclusiones del primer Congreso Internacional de la pastoral de las personas mayores, “La riqueza de los años”, 21-23 de enero de 2020. [4] cf. Academia Pontificia para la Vida, La vejez: nuestro futuro. La condición de los ancianos después de la pandemia, 2 de febrero de 2021.
En el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo: “¡No más muertes en el Trabajo! y esforcémonos en lograrlo”.
Los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social firman una nota para el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo que se celebra el 28 de abril. “¡No más muertes en el Trabajo! y esforcémonos en lograrlo” es el título que encabeza este escrito. Un título que recoge la llamada que hacía el papa Francisco en su homilía de la Misa de Nochebuena 2021. La presentación del documento corrió a cargo de Don Abilio Martínez, Obispo de Osma-Soria y Responsable del Departamento de Pastoral del Trabajo de la CEE I. Introducción. La vida es el mayor bien que atesoramos y que hemos de honrar viviéndola con dignidad, de acuerdo con nuestra vocación de hijas e hijos de Dios. Cuidar esta dignidad implica cuidar nuestra salud en el más amplio de los sentidos, también en el ámbito laboral, preocupándonos por la de quienes trabajan. Con este mismo objetivo, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) celebra el “Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo” cada 28 de abril. Su objetivo es insistir en la prevención de accidentes y enfermedades en el lugar de trabajo. La celebración nos ofrece la oportunidad de concienciar a la población sobre este gran problema que afecta a tantas personas y familias. A la Iglesia le preocupa este asunto, como demuestran las manifestaciones de apoyo y de compromiso en este ámbito, surgidas en varias diócesis españolas. También se han dado iniciativas, en este sentido, en el seno de la Conferencia Episcopal Española.[1] II. La Salud Laboral. Una realidad dura, injusta y silenciada. Durante 2022, en España, murieron más dos personas cada día a causa de la siniestralidad laboral, registrándose 1.196.425 accidentes, más de 3.277 diarios, y se dieron 22.589 casos de enfermedad relacionada con el trabajo[2]. No son números. Son personas. Tras las cifras, hay personas, con nombre y apellidos, que forman parte de una familia. Cada número nos habla de un proyecto de vida truncado, de personas desprotegidas que deben asumir las consecuencias de un accidente que les deja mermada su capacidad para ganarse la vida y, peor aún, nos habla de la cantidad de hombres y mujeres que, saliendo de casa a ganarse la vida, acaban encontrando la muerte en su lugar de trabajo. «El mayor reto que plantea la inseguridad laboral es, tal como ha destacado la Doctrina Social de la Iglesia, el atentado contra la dignidad de las personas provocado por una cultura materialista y basada en el dinero que suprime a la persona como centro de la vida económica» Monseñor Abilio Martínez Normalizamos lo que no puede ser normal. En muchas ocasiones, las muertes en el trabajo son ignoradas, normalizadas e invisibilizadas. Este problema no aparece en nuestras conversaciones, ni en las noticias de los informativos. Vivimos de espaldas a una tragedia que tampoco está presente en las agendas políticas. Más aún, se tiende a percibir esta lacra como meros episodios individuales, que atañen sólo a quienes los sufren, achacando lo sucedido a la fatalidad o a la negligencia de los propios trabajadores. Pero la falta de salud laboral tiene que ver mucho con la calidad del puesto de trabajo, con los ritmos de producción impuestos en él, con las condiciones objetivas del trabajo o con el incumplimiento de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales en las empresas. Se trata, en definitiva, de un problema social relacionado con profundas y permanentes carencias estructurales de nuestro mercado laboral, que reclama respuesta y soluciones concretas y eficaces, porque cada vida importa. III. La vida: el más sagrado de nuestros bienes… también en el trabajo. “La vida humana (…) es realidad sagrada, que se nos confía para que la custodiemos con sentido de responsabilidad” (EV, 2)[3]. La persona, centro de las relaciones laborales. El trabajo es una dimensión consustancial al ser humano. A través de él colaboramos con el Padre en su tarea de la Creación y, a la vez, vamos experimentando nuestro propio crecimiento personal.[4] Como dice s. Juan Pablo II: “el primer fundamento del valor del trabajo es el hombre mismo, su sujeto (…) una consecuencia muy importante de naturaleza ética: es cierto que el hombre está destinado y llamado al trabajo; pero, ante todo, el trabajo está «en función del hombre» y no el hombre «en función del trabajo».” (LE, 6) La economía, al servicio de la vida. En nuestra sociedad, vivimos una situación de profunda injusticia estructural que consiste en dar a los bienes producidos más valor que a la persona que los hace posibles. De esta manera “el hombre es considerado como un instrumento de producción” (LE, 7), lo que supone la negación de nuestra dignidad como hijas e hijos de Dios al convertirnos en simple fuerza de trabajo, en instrumento del que obtener un beneficio económico. El trabajo es para la vida. Por ello, debemos hacer nuestro el lamento del mismo papa Francisco en la Nochebuena del 2021: “En el día de la Vida repitamos: ¡No más muertes en el Trabajo!” y, sobre todo, hagamos mandato de lo que dijo para terminar esa frase: “y esforcémonos por lograrlo”. La Iglesia no puede por menos que implicarse: “El compromiso al servicio de la vida obliga a todos y cada uno. Es una responsabilidad propiamente eclesial, que exige la acción concertada y generosa de todos los miembros y de todas las estructuras de la comunidad cristiana” (EV, 79). Si verdaderamente apostamos por la vida por la defensa de la salud y la seguridad laboral necesitamos, desde la cultura del cuidado, hacer frente al descarte de lo humano. “Si el trabajo es una relación, entonces tiene que incorporar la dimensión del cuidado, porque ninguna relación puede sobrevivir sin cuidado (…) Un trabajo que cuida, contribuye a la restauración de la plena dignidad humana (…) Y en esta dimensión del cuidado entran, en primer lugar, los trabajadores (…)”.[5] IV. “Esforcémonos por lograrlo”. Para revertir esta situación de dolor y generar movimientos comprometidos en la defensa de la salud y la seguridad en el trabajo, debemos seguir el modelo del buen samaritano. En esta parábola encontramos
Pastoral del trabajo denuncia la muerte de tres trabajadores en las minas de Súria
Comunicado de la Pastoral del Trabajo: Estadísticamente, en lo que llevamos de año, se habrán producido unas 150 muertes por accidente laboral. Pocos medios de tirada nacional se han hecho eco de estas muertes. Hoy un gran número de ellos reflejan la pérdida de vidas en un accidente ocurrido en una mina de Súria (Barcelona), tres muertos han hecho falta para despertar el interés social por esta sangría que cada día se cobra 2 ó 3 vidas diarias. Durante 2022 se registraron 826 muertes en el trabajo. La perdida de salud y de vida es una sangría que se produce diariamente en el mundo del trabajo. Es necesario afrontar esta calamidad social y en primer lugar que Gobierno y agentes sociales prioricen en sus agendas en buscar medidas eficaces para abordar este gran problema. La Estrategia Española 2023-2027 sobre Seguridad y Salud en el Trabajo ha sido un gran paso, ahora toca concretar y desarrollar cada uno de los objetivos planteados en este acuerdo y hacer que su eficacia llegue a los lugares de trabajo y se transforme en una herramienta útil para la protección de la vida de trabajadoras y trabajadores. La verdadera tragedia es que estas muertes se convierten en frías cifras estadísticas que nos ocultan las tragedias personales y familiares que hay detrás de cada uno de estos accidentes. El Papa Francisco nos recuerda que “no son números, son personas (…). Trabajar en seguridad permite que cada uno exprese lo mejor de sí mismo ganándose el pan de cada día. Cuanto más prestamos atención a la dignidad de la obra, más seguros estamos de que aumentará la calidad y la belleza de las obras creadas”[1] Hoy toca expresar nuestro profundo pesar y nuestras condolencias a familiares, amigos y compañeros de trabajo de estas personas que hoy no volverán a sentir el calor de sus hogares. Pero hoy también debemos recordar que “la situación de la salud laboral urge a los cristianos a comprometerse activamente por un trabajo sin víctimas”[2]. Como Iglesia estamos profundamente comprometidos en esta causa que nos urge a visibilizarla, señalar las condiciones de trabajo que las provocar y a acompañar a las víctimas. Nos unimos a la petición del Papa Francisco y a la de tantos trabajadores: “¡No más muertes en el Trabajo! y esforcémonos en lograrlo”[3] Madrid, 10 de marzo de 2023 Departamento de Pastoral del Trabajo [1] Audiencia del Papa Francisco con Miembros de la Asociación Nacional de Constructores de Edificios (ANCE), 20.01.2022 [2] LXXIV Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española. Nota sobre la defensa y promoción de la vida en el trabajo. 2000 [3] Papa Francisco, mensaje pronunciado en la Misa del Gallo de 2021, en la Basílica de San Pedro.
Iglesia por el Trabajo Decente denuncia la situación de precariedad laboral que sufren miles de personas y que hoy en día sigue teniendo mayoritariamente rostro de mujer
Nota de prensa Con el lema “Igualdad y Dignidad – La precariedad laboral se escribe en femenino”, ITD pide políticas de empleo activas y pasivas vinculadas a la educación para el empleo y dirigidas a reforzar las probabilidades de que las jóvenes encuentren un empleo. La ratificación del Convenio y posterior aprobación del Real Decreto-ley 16/2022 que da lugar a modificaciones de distintas normativas relacionadas con el trabajo del hogar, ha supuesto un avance en el reconocimiento de derechos, sobre todo en la histórica reivindicación del acceso a la protección frente al desempleo. Pero se han quedado fuera otras reivindicaciones que habrían supuesto una verdadera equiparación de derechos laborales y de seguridad social, fundamentalmente todo lo relativo a las condiciones particulares que conlleva el trabajo de interna. En su manifiesto, “Igualdad y Dignidad – La precariedad laboral se escribe en femenino” hecho público con motivo del Día Internacional de la Mujer, la Iniciativa Iglesia por un Trabajo Decente (ITD) reivindica un cambio en la organización de la sociedad donde el centro sea la persona y pueda tener acceso a un trabajo decente que suponga que mujeres y hombres trabajemos en igualdad, dignidad, libertad y seguridad. Por ello, se sigue denunciando la desigualdad salarial que mantiene a las mujeres en situación de inferioridad y desde ITD se exige que se corrijan las desigualdades existentes tanto a nivel salarial como de las situaciones que las originan. Frente a la situación de los jóvenes, ITD “encuentra una especial dificultad de acceso al mercado laboral de mujeres jóvenes”. Por ello, “pedimos políticas de empleo activas y pasivas vinculadas a la educación para el empleo y dirigidas a reforzar las probabilidades de que las jóvenes encuentren un empleo”. En este sentido, la iniciativa urge a que el trabajo que las mujeres realicen sea socialmente reconocido y goce de las condiciones laborales de un trabajo decente. Ante todo esto, tenemos que situarnos en otra lógica, hemos de afrontar la realidad del mundo obrero y del trabajo desde la fraternidad, de la dignidad de la persona y el bien común. Situarnos en la lógica de la defensa de la dignidad del trabajo y de un trabajo con condiciones dignas y saludables para las personas que lo realizan.” Siguiendo el lema “Igualdad y Dignidad – La precariedad laboral se escribe en femenino”, ITD se une al constante llamamiento del papa Francisco para poner fin a las desigualdades de las mujeres en el mercado laboral, como la menor consideración de los riesgos laborales en los trabajos altamente feminizados y que traen problemas de salud, y acabar con la brecha salarial, un “escándalo que los cristianos deben rechazar firmemente”, junto con las consecuencias que todo ello acarrea anima a ., pide la iniciativa en su manifiesto. *** La iniciativa Iglesia por el trabajo Decente (ITD) comenzó su andadura en 2014 y está formado por organizaciones de inspiración católica y congregaciones religiosas, entre las que se encuentran Cáritas, la Conferencia Española de Religiosos (CONFER), la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), Justicia y Paz, la Juventud Estudiante Católica (JEC) y la Juventud Obrera Cristiana (JOC). Su objetivo es sensibilizar, visibilizar y denunciar una cuestión esencial para la vida de millones de personas: el trabajo humano y reivindicar el trabajo decente «hacia el interior de estas organizaciones, hacia la Iglesia en general y hacia la sociedad». DATOS SOBRE LA MUJER TRABAJADORA EN ESPAÑA La brecha salarial de género es de 4.721 euros año. La mujer cobra un 20,9% menos que los hombres Las ocupaciones que cuentan con mayor salario medio están masculinizadas, mientras que las ocupaciones con salarios bajos están feminizadas. Del total de personas desempleadas 3.024.000, más de la mitad son mujeres, 1.623.000 La tasa de empleo de las mujeres disminuye a medida que tienen descendencia El 75% de la población asalariada en España a jornada parcial son mujeres. Hay 1.488.550 mujeres que ya no buscan empleo, para encargarse de las labores de cuidado En 2022, el 53% de los accidentes de trabajo in itinere los han sufrido mujeres Fuentes: Ministerio de Trabajo y Economía Social. EPA. CCOO. www.noticiasobreras.es
La Cuaresma, un camino sinodal para recorrer juntos
En su mensaje, a la luz del texto evangélico de la Transfiguración (Mt 17, 1-9), el papa Francisco nos invita a reflexionar sobre la relación que existe entre el camino cuaresmal y el sinodal. “Ponerse en camino” La cuaresma es un compromiso para superar nuestras faltas de fe y nuestras resistencias a seguir a Jesús, para ello es necesario “ponerse en camino”, dejándonos conducir por Él, distanciándonos de mediocridades y vanidades. Un camino cuesta arriba, que siempre requiere” esfuerzo, sacrificio y concentración”, exigencias también necesarias para el camino sinodal. Este camino no lo hacemos en solitario. A Jesús hemos de seguirlo juntos para descubrir el verdadero rostro del Señor. Camino arduo, lo que a veces nos puede desalentar. Pero lo que nos espera al final es sin duda algo maravilloso y sorprendente, que nos ayudará a comprender mejor la voluntad de Dios y nuestra misión al servicio de su Reino. “Artesanos de la sinodalidad” La meta es la transfiguración personal y eclesial, y para alcanzarla hemos de transitar por dos vías: la primera es la escucha del Señor, ante todo en la Palabra, pero también a través de los hermanos y hermanas necesitadas de ayuda. También, escuchar “a nuestros hermanas y hermanas en la Iglesia”, algo que “siempre es indispensable en el método y en el estilo de una Iglesia sinodal”. La segunda vía es la de evitar refugiarse en un modelo de religiosidad y de prácticas “piadosas”, que no ayudan a afrontar cristianamente la realidad con sus fatigas cotidianas, sus dificultades y sus contradicciones. Es necesario bajar al llano y, sostenidos por la gracia experimentada en el monte, ser artesanos de la sinodalidad en nuestras comunidades desde la escucha, el diálogo y el caminar juntos, especialmente con los más pobres. Vicente Martín Muñoz Director del Secretariado de la Subcomisión de Acción Caritativa y Social de la CEE