Diálogo entre generaciones, educación y trabajo:instrumentos para construir una paz duradera(texto íntegro) 1. «¡Qué hermosos son sobre las montañas los pasos del mensajero que proclama la paz!» (Is 52,7). Las palabras del profeta Isaías expresan el consuelo, el suspiro de alivio de un pueblo exiliado, agotado por la violencia y los abusos, expuesto a la indignidad y la muerte. El profeta Baruc se preguntaba al respecto: «¿Por qué, Israel, estás en una tierra de enemigos y envejeciste en un país extranjero? ¿Por qué te manchaste con cadáveres y te cuentas entre los que bajan a la fosa?» (3,10-11). Para este pueblo, la llegada del mensajero de la paz significaba la esperanza de un renacimiento de los escombros de la historia, el comienzo de un futuro prometedor. Todavía hoy, el camino de la paz, que san Pablo VI denominó con el nuevo nombre de desarrollo integral [1],permanece desafortunadamente alejado de la vida real de muchos hombres y mujeres y, por tanto, de la familia humana, que está totalmente interconectada. A pesar de los numerosos esfuerzos encaminados a un diálogo constructivo entre las naciones, el ruido ensordecedor de las guerras y los conflictos se amplifica, mientras se propagan enfermedades de proporciones pandémicas, se agravan los efectos del cambio climático y de la degradación del medioambiente, empeora la tragedia del hambre y la sed, y sigue dominando un modelo económico que se basa más en el individualismo que en el compartir solidario. Como en el tiempo de los antiguos profetas, el clamor de los pobres y de la tierra [2] sigue elevándose hoy, implorando justicia y paz. En cada época, la paz es tanto un don de lo alto como el fruto de un compromiso compartido. Existe, en efecto, una “arquitectura” de la paz, en la que intervienen las distintas instituciones de la sociedad, y existe un “artesanado” de la paz que nos involucra a cada uno de nosotros personalmente. [3] Todos pueden colaborar en la construcción de un mundo más pacífico: partiendo del propio corazón y de las relaciones en la familia, en la sociedad y con el medioambiente, hasta las relaciones entre los pueblos y entre los Estados. Aquí me gustaría proponer tres caminos para construir una paz duradera. En primer lugar, el diálogo entre las generaciones, como base para la realización de proyectos compartidos. En segundo lugar, la educación, como factor de libertad, responsabilidad y desarrollo. Y, por último, el trabajo para una plena realización de la dignidad humana. Estos tres elementos son esenciales para «la gestación de un pacto social» [4], sin el cual todo proyecto de paz es insustancial. 2. Diálogo entre generaciones para construir la paz En un mundo todavía atenazado por las garras de la pandemia, que ha causado demasiados problemas, «algunos tratan de huir de la realidad refugiándose en mundos privados, y otros la enfrentan con violencia destructiva, pero entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta, siempre hay una opción posible: el diálogo. El diálogo entre las generaciones» [5]. Todo diálogo sincero, aunque no esté exento de una dialéctica justa y positiva, requiere siempre una confianza básica entre los interlocutores. Debemos recuperar esta confianza mutua. La actual crisis sanitaria ha aumentado en todos la sensación de soledad y el repliegue sobre uno mismo. La soledad de los mayores va acompañada en los jóvenes de un sentimiento de impotencia y de la falta de una idea común de futuro. Esta crisis es ciertamente dolorosa. Pero también puede hacer emerger lo mejor de las personas. De hecho, durante la pandemia hemos visto generosos ejemplos de compasión, colaboración y solidaridad en todo el mundo. Dialogar significa escucharse, confrontarse, ponerse de acuerdo y caminar juntos. Fomentar todo esto entre las generaciones significa labrar la dura y estéril tierra del conflicto y la exclusión para cultivar allí las semillas de una paz duradera y compartida. Aunque el desarrollo tecnológico y económico haya dividido a menudo a las generaciones, las crisis contemporáneas revelan la urgencia de que se alíen. Por un lado, los jóvenes necesitan la experiencia existencial, sapiencial y espiritual de los mayores; por el otro, los mayores necesitan el apoyo, el afecto, la creatividad y el dinamismo de los jóvenes. Los grandes retos sociales y los procesos de construcción de la paz no pueden prescindir del diálogo entre los depositarios de la memoria ―los mayores― y los continuadores de la historia ―los jóvenes―; tampoco pueden prescindir de la voluntad de cada uno de nosotros de dar cabida al otro, de no pretender ocupar todo el escenario persiguiendo los propios intereses inmediatos como si no hubiera pasado ni futuro. La crisis global que vivimos nos muestra que el encuentro y el diálogo entre generaciones es la fuerza propulsora de una política sana, que no se contenta con administrar la situación existente «con parches o soluciones rápidas» [6], sino que se ofrece como forma eminente de amor al otro [7], en la búsqueda de proyectos compartidos y sostenibles. Si sabemos practicar este diálogo intergeneracional en medio de las dificultades, «podremos estar bien arraigados en el presente, y desde aquí frecuentar el pasado y el futuro: frecuentar el pasado, para aprender de la historia y para sanar las heridas que a veces nos condicionan; frecuentar el futuro, para alimentar el entusiasmo, hacer germinar sueños, suscitar profecías, hacer florecer esperanzas. De ese modo, unidos, podremos aprender unos de otros» [8]. Sin raíces, ¿cómo podrían los árboles crecer y dar fruto? Sólo hay que pensar en la cuestión del cuidado de nuestra casa común. De hecho, el propio medioambiente «es un préstamo que cada generación recibe y debe transmitir a la generación siguiente» [9]. Por ello, tenemos que apreciar y alentar a los numerosos jóvenes que se esfuerzan por un mundo más justo y atento a la salvaguarda de la creación, confiada a nuestro cuidado. Lo hacen con preocupación y entusiasmo y, sobre todo, con sentido de responsabilidad ante el urgente cambio de rumbo [10] que nos imponen las dificultades derivadas de la crisis ética y socio-ambiental actual [11]. Por otra parte, la oportunidad de construir juntos caminos hacia la paz no puede prescindir de la educación y el trabajo, lugares y contextos privilegiados para el diálogo intergeneracional. Es la educación la
Conclusiones de las XLIII Semanas Sociales
Regeneración de la vida pública: una llamada al bien común y a la participación En este momento conclusivo de la XLIII Semana social es esencial reconocer el trabajo que en los últimos meses se ha realizado en muchas diócesis de la Iglesia en España. Los diversos encuentros preparatorios, siguiendo un marco de trabajo común, han sido un ejercicio de sinodalidad eclesial desde el diálogo, la deliberación y la elaboración de propuestas para una renovada presencia de la Iglesia en la vida pública. Nuestras sociedades están atravesadas por un profundo individualismo que dificulta las propuestas de proyectos comunes orientados al bien común. Un individualismo, que como declara el papa Francisco en Fratelli tutti, «no nos hace más libres, más iguales y más hermanos y hermanas» (cfr, FT, 105). Desde el compromiso de los católicos en la vida pública es necesario empeñarse en construir una sociedad cada vez más inclusiva, que nos vincule asociativamente entre creyentes y no creyentes, dando protagonismo a la sociedad civil en la edificación de la fraternidad universal. Reconocemos la intensa pluralidad de nuestras sociedades y las diferentes sensibilidades dentro de la Iglesia como una llamada a construir una gran familia humana desde la diversidad. Muchas veces esta pluralidad se presenta de manera polarizada, enfrentada y sin espacio para el diálogo. Los procesos de diálogo público entre ideas encontradas y las experiencias de amistad social entre personas con diferencias ideológicas, culturales o religiosas son parte del compromiso irrenunciable con la vida pública. La llamada de Fratelli tutti a ejercitar un «diálogo persistente y corajudo» (cfr, FT 198) se convierte en un horizonte esencial para la vida pública. El ámbito educativo, en el que la Iglesia católica tiene una amplia presencia, debe potenciar esta educación para la vida pública enraizada en el diálogo social y político como escuela de fraternidad. No podemos pasar por alto que nuestro mundo esta fracturado por la “cultura del descarte”. Millones de hermanos y hermanas nuestras sufren la injusticia, el abandono y el olvido. Las llamadas desde las periferias a un mundo más justo se constituyen en un referente esencial para regenerar la vida pública. Para los cristianos la opción preferencial por los pobres es un fundamento básico para el bien común. No cabe duda de que la presencia de la Iglesia en el campo de lo social es intensa y amplísima, a la vez que reconocida por la sociedad. Sin embargo, en otros ámbitos como el mundo de la cultura o de la política, necesarios para la realización de la «cultura del encuentro», la presencia de los cristianos es mucho menor o incluso irrelevante. El compromiso con la vida pública también nos llama a los cristianos a aportar nuestro bagaje cultural y político para enriquecer y enriquecernos con nuestra participación en la esfera pública. Una Iglesia sinodal y en salida debe promover las vocaciones al mundo político. Laicos y laicas que vivan como misión de servicio su presencia en la vida política activa en la diversidad de opciones existentes. Comprometerse en las dinámicas del poder político, no para sucumbir ante él, sino para convertirlo en servicio para el bien común es una «altísima vocación, una de las formas más preciosas de caridad» (cfr EG, 205) que la Iglesia debe acompañar, formar y cuidar. El acompañamiento personal y comunitario a las vocaciones políticas se constituye como un reto fundamental en el contexto complejo e incierto que vivimos. Para la vida pública de nuestra sociedad es un verdadero don el crecimiento de la conciencia de interdependencia, acrecentada durante la pandemia, la emergencia significativa de la conciencia ecológica y la preocupación social por la desigualdad y la pobreza. A pesar de las limitaciones e incluso malinterpretaciones que puedan existir son una buena noticia para un mundo necesitado de ellas. No somos «profetas de calamidades» que condenan el mundo en su totalidad si no que debemos reconocer todo el bien que existe en el mismo. El compromiso en la vida pública nos llama a reconocer, aprender y colaborar con esta creciente, aunque insuficiente, conciencia de interdependencia global. El mundo digital es hoy un espacio fundamental para la constitución de la vida pública. La vida personal y pública se sustenta cada vez más en procesos digitales con toda la ambivalencia que estos generan. Riesgo y oportunidades aparecen de la mano en el mundo digital. A pesar de estas ambivalencias el mundo digital es un espacio privilegiado de conformación de intereses, valores y tendencias al que la Iglesia no puede ni debe renunciar. Comunicar, participar y colaborar en este significativo mundo en el siglo XXI para la construcción del bien común es una llamada urgente para la presencia significativa de la Iglesia. En la vida pública, el papel de las religiones es muchas veces cuestionado o minusvalorado. Creemos firmemente que las religiones tienen un acervo ético, cultural y antropológico riquísimo para aportar a la vida pública. Las religiones están al servicio de la fraternidad en el mundo (cfr, FT cap. 8) y deben ser en las sociedades democráticas dinamismo de solidaridad y participación. Los católicos desde nuestra rica tradición estamos convocados al diálogo interreligioso para reconocer las aportaciones que juntos podemos hacer en la construcción del bien común. Hacemos, a la conclusión de esta Semana social, un llamamiento a todos los cristianos y cristianas a comprometerse en los diversos escenarios de la vida pública. El mundo en el que nos movemos necesita personas que, alimentadas desde la Parábola del Buen samaritano, sean capaces de pararse a los bordes de los caminos y compasivamente comprometerse en la construcción del bien común desde la vida pública. DESCARGA AQUÍ EL DOCUMENTO
Comunicado final de las XXVII Jornadas de Pastoral del Trabajo
Comunicado de las XXVII Jornadas Generales de Pastoral del Trabajo El gran tema es el trabajo Llamadas para la pastoral del trabajo desde Laudato si’ y Fratelli tutti Con el lema “El gran tema es el trabajo. Llamadas para la Pastoral del Trabajo desde Laudato si’ y Fratelli tutti”, se han celebrado del 19 al 21 de noviembre, en Ávila, las XXVII Jornadas Generales de Pastoral del Trabajo. Las jornadas han reunido a un centenar de personas, responsables diocesanos de esta pastoral y militantes de movimientos de trabajadoras y trabajadores cristianos de 25 diócesis, agradeciendo poder celebrarlas presencialmente. El encuentro comenzaba con la oración y el saludo de monseñor don Abilio Martínez Varea, obispo de Osma-Soria y responsable de la Pastoral de Trabajo (Comisión Episcopal de la Pastoral Social y Promoción Humana), que ha tenido un sentido recuerdo agradecido a don Antonio Algora, anterior obispo responsable de esta pastoral, y ha señalado que “estas jornadas nos emplaza a descubrir y compartir las llamadas que nos está haciendo la nueva situación del mundo del trabajo… Es momento de buscar soluciones que nos ayuden a construir un nuevo futuro del trabajo fundado en condiciones laborales decentes, que promuevan el bien común”. La ponencia “Aportaciones de Laudato si’ y Fratelli tutti a la Pastoral del Trabajo” impartida por don Fernando Díaz Abajo, consiliario general de la HOAC, ha tenido como telón de fondo una concepción de trabajo que va más allá del empleo, que habla de relación, de cuidado, de plenitud humana, que contribuye a asegurar un futuro sostenible a las generaciones presentes y futuras. En esa dimensión de cuidado entran en primer lugar las personas trabajadoras. Ha destacado que “que sería muy positivo dar prioridad a quienes se encuentran en los márgenes del mundo del trabajo, empezando por hacer oír su voz en el proceso sinodal”. El diálogo mantenido tras su intervención ha sido cauce para ir profundizando conjuntamente en las llamadas, recogidas en las palabras del papa Francisco. El trabajo es verdadera y esencialmente humano. De esto se trata, que sea humano[1]. Las experiencias compartidas posteriormente han ayudado a visibilizar dinámicas de vida y compromiso que “de hecho” generan nuevos modos de ser y hacer en clave humanizadora, de una ecología integral. Procesos que construyen fraternidad y posibilitan el cuidado de la casa común. Cristianos y Cristianas por el Clima en Córdoba; el Movimiento Laudato si’ de Plasencia; y la experiencia de militancia en organizaciones ecologistas en Ciudad Real, son semilla de una Pastoral del Trabajo que vincula las cuestiones medioambientes, sociales y humanas, desde “la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado” (Laudato si’ nº 16). Una parte importante del encuentro ha estado dedicada a la presentación y el posterior diálogo de las prioridades de trabajo del Departamento de Pastoral del Trabajo, para los próximos años. Destacamos las líneas fundamentales: Favorecer el trabajo conjunto en el ámbito de la Comisión de Pastoral Social y Promoción Humana de la Conferencia Episcopal Española; promover y afianzar el trabajo en las Delegaciones diocesanas de esta pastoral; compartir con la sociedad nuestra mirada sobre el mundo obrero y del trabajo, fomentando el encuentro y el diálogo; cuidar la formación de militantes obreros cristianos; extender esta pastoral dando mayor visibilidad a los jóvenes y las mujeres. Con estas prioridades damos respuesta a las Orientaciones Pastorales para 2021-2025 de la CEE, “Fieles al envío misionero”, aprobado en la Plenaria de abril de 2021. Hemos hecho también memoria agradecida del recorrido realizado, especialmente, en este tiempo de celebración del 75 aniversario de la HOAC y el 49º Consejo General de la JOC convocado con el lema: «Somos clase obrera, manos a la obra» y que junto al camino de colaboración con la iniciativa “Iglesia por el Trabajo Decente” son una pequeña muestra de ese empeño. Desde esa experiencia de caminar juntos nos sentimos partícipes del proceso iniciado para el Sínodo “Por una Iglesia Sinodal. Comunión, Participación, Misión”, en este año en el que conmemoramos el 40 aniversario de la publicación de Laborem exercens. Recogemos la invitación del papa Francisco a soñar juntos[2]. Los sueños de libertad e igualdad, de justicia y dignidad, de fraternidad son los que mejoran el mundo y donde se cuelan los sueños de Dios para sus hijos e hijas. Un sueño que pasa por poner la economía al servicio de la persona y los pueblos, construir desde la justicia social y el cuidado de la casa común e impulsar la agenda de tierra, techo y trabajo. En este sentido, el papa Francisco añade dos medidas a explorar, que comparte la Pastoral del Trabajo, y que marcarían un camino positivo: el salario universal y la reducción de la jornada de trabajo, que favorezcan el acceso a un trabajo decente, humano y una vida digna. Este es nuestro tiempo: ¡soñemos!, ¡caminemos juntos, juntas! ¡Es tiempo de actuar! Ávila 22 de noviembre 2021 [1] Francisco “Mensaje con motivo de la 109 reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo”. Ginebra, 17 de junio de 2021 [2] Francisco. Mensaje al IV Encuentro Mundial de Movimientos Populares. (Octubre 2021)
Día Mundial de la Pesca: Violaciones de los Derechos Humanos en el Mar
El día 21 de Noviembre se celebra el Día Mundial de la Pesca. Con ese motivo el Cardenal Turkson, Prefecto del Dicasterio para el servicio del Desarrollo Humano Integral, ha escrito un Mensaje donde subraya que «el sector de la pesca industrial/comercial, está enredado desde hace demasiado tiempo en una red de problemas y desafíos relacionados con las violaciones de los derechos humanos en el mar, cuyas consecuencias se han visto exacerbadas por la pandemia del COVID-19 y han hecho más problemática la vida de los pescadores y sus familias». El Cardenal Turkson señala que cuando el buque pesquero sale de las aguas tranquilas del puerto, los pescadores se convierten en rehenes de circunstancias que son extremadamente difíciles de controlar. También afirma que que: con más de 24.000 muertes al año la industria de la pesca se ha convertido en una industria mortal. PINCHA PARA LEER EL MENSAJE COMPLETO Para celebrar este día el Departamento de Apostolado del Mar de la Conferencia Episcopal Española ha facilitado también una oración que recuerde a las gentes del Mar en este día: Oración inspirada en el Mensaje para el Día Mundial de la Pesca (21 de noviembre de 2021) del Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral Oh Dios, Padre providente, que por medio de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida a todas las cosas y las santificas, te damos gracias por el maravilloso don del mar y del pescado, que nos ofreces para nuestro sustento. Protege a los pescadores que, mientras están en el caladero, se enfrentan a las amenazas e intimidaciones del patrón y de los oficiales, que les obligan a hacer turnos interminables de día y de noche para pescar el mayor número posible de peces, bajo cualquier condición meteorológica. Convierte a los propietarios sin escrúpulos de los pesqueros, que practican la pesca ilegal, no declarada y no regulada, la trata de personas, la esclavitud y el contrabando de drogas y armas. Ilumina a las organizaciones internacionales, a los gobiernos, a las sociedades civiles, a los diferentes actores de la cadena de suministro y a las ONG para que unan sus fuerzas y pongan fin a los abusos y violaciones de los derechos humanos en el mar. Ayúdales a trabajar juntos para crear una industria pesquera en la que se garanticen y apoyen los derechos humanos y laborales de los pescadores, condición indispensable para el desarrollo social y económico de todo país. Bendice a los capellanes y a los voluntarios de Stella Maris, para que continúen su compasiva misión de acoger a los pescadores, reconociendo en ellos la imagen sufriente de tu Hijo Jesucristo, proporcionándoles apoyo espiritual y material. Da el descanso eterno a los innumerables pescadores que murieron y fueron enterrados en el mar, consuela a sus familias y allegados con la esperanza de la vida eterna. Oh Santísima Virgen María, Estrella del Mar, vela por las comunidades de pescadores, guardándolas en Tu Corazón Inmaculado. Amén. DESCARGA LA ORACIÓN
El Papa Francisco en el IV Encuentro de los Movimientos Populares: Lo que está en juego no es el papa sino el Evangelio
En un videomensaje dirigido a los participantes en el cuarto Encuentro Mundial de Movimientos Populares Francisco lanza un fuerte llamamiento a los poderosos del planeta para que trabajen por un mundo más justo, solidario y fraterno. Pide la cancelación de la deuda de los países pobres, la prohibición de las armas, el fin de las agresiones y las sanciones, y la liberalización de las patentes para que todo el mundo tenga acceso a las vacunas. Soñar juntos con un mundo mejor después de la pandemia, tratando de vencer las resistencias que impiden alcanzar «ese buen vivir en armonía con toda la humanidad, con toda la creación» que sólo se consigue con libertad, igualdad, justicia y dignidad. Cambiar «un sistema de muerte» pidiendo, en nombre de Dios, a los que tienen el poder político y económico, que cambien el statu quo y permitan que nuestros sueños se infiltren en «el sueño de Dios para todos nosotros, que somos sus hijos». Es lo que propone el papa Francisco, en un largo videomensaje, a los representantes de los movimientos populares, reunidos por videoconferencia para su cuarto encuentro mundial organizado por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. Poetas sociales que crean esperanza Los movimientos populares y las personas a las que representan y ayudan son los que más han sufrido la pandemia. El Papa los llama «poetas sociales» por su «capacidad y coraje” para crear esperanza y dignidad: Verlos a ustedes me recuerda que no estamos condenados a repetir ni a construir un futuro basado en la exclusión y la desigualdad, el descarte o la indiferencia; donde la cultura del privilegio sea un poder invisible e insuprimible y la explotación y el abuso sea como un método habitual de sobrevivencia. ¡No! Eso ustedes lo saben anunciar muy bien. Los más afectados por la pandemia «La pandemia – reiteró Francisco – transparentó las desigualdades sociales que azotan a nuestros pueblos y expuso —sin pedir permiso ni perdón— la desgarradora situación de tantos hermanos y hermanas. Todos hemos «sufrido el dolor del encierro» y » Experimentamos cómo, de un día para otro, nuestro modo de vivir puede cambiar drásticamente » pero, aunque «en muchos países los Estados reaccionaron», «escucharon a la ciencia» y «lograron poner límites para garantizar el bien común», «a ustedes, como siempre, les tocó la peor parte»: En los barrios que carecen de infraestructura básica (en los que viven muchos de ustedes y cientos y cientos y millones de personas) es difícil quedarse en casa, no sólo por no contar con todo lo necesario para llevar adelante las mínimas medidas de cuidado y protección, sino simplemente porque la casa es el barrio. Los migrantes, los indocumentados, los trabajadores informales sin ingresos fijos se vieron privados, en muchos casos, de cualquier ayuda estatal e impedidos de realizar sus tareas habituales agravando su ya lacerante pobreza. El estrés de los jóvenes y la crisis alimentaria: los efectos ocultos del virus Esta situación es tan evidente que no puede ser ocultada por «tantos mecanismos de post-verdad» y es también una expresión de la cultura de la indiferencia, como si » este tercio sufriente de nuestro mundo no reviste interés suficiente para los grandes medios y los formadores de opinión». Un mundo que permanece «escondido, acurrucado», como otros aspectos poco conocidos de la vida social que la pandemia ha empeorado. El estrés y la ansiedad crónicos de los niños, adolescentes y jóvenes, por ejemplo, agravados por el aislamiento y la falta de contacto real con los amigos. «La amistad es la forma en que el amor resurge siempre», recuerda el Papa, de hecho, y aunque está claro que la tecnología puede ser una herramienta para el bien, «nunca podrá suplantar el contacto». «No es noticia, no genera empatía», ni siquiera la crisis alimentaria, que podría generar más muertes anuales que Covid-19 en el futuro inmediato. Este año, 20 millones de personas más se han visto arrastradas a niveles extremos de inseguridad alimentaria, ascendiendo a [muchos] millones de personas; la indigencia grave se multiplicó, el precio de los alimentos escaló un altísimo porcentaje. Los números del hambre son horrorosos, y pienso, por ejemplo, en países como Siria, Haití, Congo, Senegal, Yemen, Sudán del Sur pero el hambre también se hace sentir en muchos otros países del mundo pobre y, no pocas veces, también en el mundo rico. Sentir el dolor de los demás como propio Sin embargo, en este contexto, los trabajadores del movimiento popular han sentido el dolor de los demás como propio. «Cristianos y no -dice el Papa- han respondido a Jesús, que dijo a sus discípulos frente al pueblo hambriento: ‘Denles ustedes de comer’” Al igual que los médicos, enfermeros y el personal de salud en las trincheras sanitarias, ustedes pusieron su cuerpo en la trinchera de los barrios marginados. Tengo presente muchos, entre comillas, “mártires” de esa solidaridad sobre quienes supe por medio de muchos de ustedes. El Señor se los tendrá en cuenta. Si todos los que por amor lucharon juntos contra la pandemia pudieran también soñar juntos un mundo nuevo, ¡qué distinto sería todo! Cambiar el sistema económico El Papa reitera que nunca se sale igual de una crisis. De la pandemia » o se sale mejor o se sale peor, igual que antes, no». Por ello, para aprovechar una oportunidad de mejora es necesario «reflexionar, discernir y elegir», porque «retornar a los esquemas anteriores sería verdaderamente suicida», «ecocida y genocida». Para salir mejor parados, es » pero es imprescindible también ajustar nuestros modelos socio-económicos para que tengan rostro humano, porque tantos modelos lo han perdido». Modelos que se han convertido en «estructuras de pecado» que persisten y que estamos llamados a cambiar. Este sistema con su lógica implacable de la ganancia está escapando a todo dominio humano. Es hora de frenar la locomotora, una locomotora descontrolada que nos está llevando al abismo. Todavía hay tiempo «En nombre de Dios», el llamamiento del Papa a los poderosos de la tierra De ahí el enérgico llamamiento al cambio dirigido nueve
Tiempo de la Creación. Carta pastoral de Agustí Cortés
Carta Pastoral de Agustí Cortés, Obispo de Sant Feliu de Llobregat Tiempo de la Creación (I) Nos hacemos eco de la invitación que nos llega, vía el papa Francisco, de adherirnos a celebrar “el Tiempo de la Creación”. Una celebración con carácter ecuménico que ya goza de una cierta tradición. Desde 1989, por iniciativa del Patriarcado Ecuménico, se viene celebrando, entre el 1 de septiembre y el 4 de octubre, el precioso don de la Creación, mediante una llamada a reflexionar y orar. Este año nuestro lema es “¿Un hogar para todos?” Nadie podrá negar la oportunidad, y hasta la urgencia, de esta celebración. Algunos la presentan como una forma de “tomar conciencia” del grave problema ecológico y favorecer compromisos a favor de la conservación del planeta. Sería un muy buen deseo que se dieran estos frutos. Pero debemos antes ser conscientes de dos importantes factores. El primero es que, si hablamos de “Creación”, ya estamos interpretando la realidad de la naturaleza y el cosmos como resultado de un acto, el acto creador de Dios. Este supuesto no es compartido hoy por muchos, para quienes el cosmos y la naturaleza solo son el resultado de una evolución casual desde un punto de acumulación y explosión de energía… Quienes piensan así, también buscan, quizá, la conservación de la naturaleza. ¿Por qué? Cada uno sabrá, quizá por instinto de conservación o por un buen sentimiento de compasión, etc. Quienes creemos en Dios Padre Creador entendemos la naturaleza y el cosmos como un don que Dios hace a la persona humana, también creada por Él, por amor. De ello se deducen consecuencias decisivas: – Afirmamos que el cosmos, el ser humano y la naturaleza no son dios (como creen algunas religiones). La naturaleza está para el ser humano (de ahí su dignidad y valor) y no al revés. – El ser humano vive en el mundo como en “su casa”. Así fue la voluntad del Creador, de forma que de ella depende su existencia. – Esta casa (naturaleza, cosmos) es de Dios y, por tanto, de todos; todos la hemos de cuidar y compartir. De ahí que su cuidado es un acto de justicia y de amor hacia los seres humanos actuales y futuros. Cuidando el “oikos”, la “domus”, la casa de Dios, alabamos a Dios y servimos a la humanidad concreta, especialmente a quienes menos pueden disfrutar de la creación. El segundo factor es que la gran iniciativa del “Tiempo de la creación” consiste, entre otras cosas, en una llamada a la oración en común, ecuménica. Una oración que culminará para nosotros en la celebración que tendrá lugar el próximo 3 de octubre, en la Sagrada Familia. Pero la oración se justifica, tiene valor, por sí misma, en cuanto comunicación de amor con Dios. Eso es lo esencial de la oración. La oración tiene también otros efectos: mentaliza y educa, realizada públicamente constituye un testimonio y una difusión de la causa que la convoca. Pero la oración no se puede instrumentalizar para lograr este objetivo, no es herramienta para sensibilizar. Perdería su valor real y auténtico. Mejor buscar otro tipo de manifestaciones y de difusión del mensaje. Hoy esta iniciativa es abrazada por la vasta comunidad ecuménica. Quienes creemos en Dios Padre Creador le alabamos y le pedimos que su obra llegue a ser realmente un hogar para todos. Tiempo de la Creación (II) He de confesar, sin que ello suponga minusvaloración de otras aportaciones, que la verdadera ecología cristiana posee una belleza y una profundidad que no he hallado en ningún otro sistema de pensamiento. Kilian Jornet, el mejor corredor de montaña del mundo, ganador de mil competiciones y campeón batiendo récords en su especialidad, explicaba desde un escenario público su “filosofía de la vida”. “Ser libre es no seguir a nadie… Lo que me gusta de la montaña es la incertidumbre, elegir la ruta por la que bajarás, tú creas tu destino. Y, si es en solitario, mejor… La soledad es como estar delante de un espejo”. A renglón seguido, proclamaba, junto a su austeridad, su decidido ecologismo y su lucha por la conservación de la naturaleza. Esta fue una declaración sorprendente. Una persona que se había criado en plena naturaleza, que hallaba su identidad en su relación con la montaña, admirado por tantos, no solo a causa de sus triunfos, sino también por sus valores vinculados al deporte, reivindicaba la soledad como garantía de libertad y afirmaba su lucha ecológica. Esto en la ecología cristiana sería una contradicción. La mirada de este gran deportista ve en una montaña, además quizá de una elemental belleza, un desafío. Es lo que se suele sentir cuando alcanzamos una cumbre: junto al disfrute del paisaje, una satisfacción, una especie de afirmación de uno mismo. Por extensión, podríamos decir que “una prueba del triunfo del ser humano sobre el cosmos”. Por suerte este disfrute tiene un efecto positivo: ayuda a valorar y respetar la misma naturaleza. También, por suerte, este buen sentido ecológico, en general, no cultiva proyectos individualistas, sino que ha dado lugar a movimientos sociales y políticos… El análisis de la realidad social que suelen hacer estos movimientos tiene en su punto de mira crítico aquellos sistemas de producción que explotan la naturaleza, destruyéndola. Los cristianos damos a esto una sincera bienvenida. Descubrimos además una rendija por donde el hombre moderno supera un materialismo cerrado. Los cristianos propugnamos una ecología integral. Para nosotros es una concreción de las virtudes. Por eso tiene su fuente en la fe, que nos permite mirar todo con unos ojos nuevos. Estos ojos de la fe mirando el mundo, en realidad, son muy antiguos en el tiempo (recordamos, por ejemplo, el himno inicial de la Carta a Colosenses, San Basilio de Cesarea y San Gregorio Nacianceno, en el siglo IV, y hace apenas 60 años con la teología de Teilhard de Chardin y su reflejo en el Concilio Vaticano II). Son ojos nuevos en el sentido de distintos, novedosos, respecto a la mirada del mundo pagano.
7 de octubre, Jornada Mundial por el Trabajo Decente
El gran tema es el trabajo (Papa Francisco) La Jornada Mundial por el Trabajo Decente (JMTD) se viene celebrando desde 2008 cada 7 de octubre. Es un evento emblemático para el mundo del trabajo e intenta dar visibilidad a las actuales condiciones en las que se desarrolla esta actividad humana y busca promover un entorno saludable de trabajo en el que se respeten los derechos de los trabajadores y se democraticen las empresas. El concepto de “trabajo decente” fue acuñado en 1999 por el Director General de la OIT y se refiere a la generación de oportunidades para que todos los hombres y mujeres accedan a un empleo en condiciones de libertad, igualdad, seguridad, y dignidad humana. El año siguiente y en el marco del Jubileo de los Trabajadores, San Juan Pablo II lanza un llamamiento para la creación de «una coalición mundial a favor del trabajo decente». A finales de 2014, el Dicasterio Pontificio de Justicia y Paz convoca unas jornadas para abordar el tema del trabajo. A dicha reunión son convocados representantes de movimientos cristianos y sindicales, participando también representantes del Vaticano. Uno de los acuerdos adoptados fue poner en las agendas sociales, políticas y eclesiales el objetivo del “trabajo decente”. Fruto de esta reunión fue la Iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD), que en España nace en mayo de 2015 impulsada por Caritas, CONFER, Justicia y Paz, HOAC, JOC y JEC. Este 2021 es el séptimo año que la ITD lanza una campaña para sumarse a los objetivos de la Jornada Mundial por el Trabajo Decente. Son más de cincuenta las diócesis que vienen respondiendo a esta llamada promoviendo la realización de gestos públicos, vigilias y celebraciones eucarísticas. Desde el Departamento de Pastoral del Trabajo queremos invitaros a que respondáis generosamente a la convocatoria que nos hacen desde esta iniciativa y que desde nuestros movimientos, asociaciones, comunidades y parroquias organicemos actos que promuevan el trabajo decente. San Juan Pablo II nos dice que “La Iglesia está vivamente comprometida en esta causa (la del mundo del trabajo), porque la considera como su misión, su servicio, como verificación de su fidelidad a Cristo, para poder ser verdaderamente la Iglesia de los pobres” (LE 8). Antonio Javier Aranda Director Departamento de la Pastoral del Trabajo
Carta Pastoral de Francisco Cerro: ¡Cuidemos la Creación!
Alabado seas mi Señor, (Laudato Si´, mi´ Signore), con estas palabras del cántico de las criaturas de san Francisco de Asís, con las que comenzaba el Papa Francisco su encíclica “LaudatoSi´”, quiero iniciar yo también esta carta pastoral sobre el cuidado de la creación con el objeto de revitalizar nuestra fe en Dios Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, e impulsar nuestro papel como custodios de la creación y buenos administradores de la casa común en que vivimos. De hecho, el curso pastoral lo abrimos en la Iglesia con el denominado Tiempo de la Creación , un tiempo para unirnos en oración con todos los cristianos y pedirle al Señor santidad de vida en nuestra relación con la creación, para que vivamos responsablemente, sin dañarla y atendiendo siempre al clamor de los más pobres. Y por ese motivo el curso pasado creé la nueva delegación episcopal para el cuidado de la creación, para que nuestra archidiócesis renueve su compromiso en este ámbito y colabore en la medida de sus posibilidades con las estrategias más sensatas y respetuosas con el medio ambiente. CONTINÚA LEYENDO
Comunicado final de la Jornada de la Comisión General de Justicia y Paz en Valladolid
Celebramos la Jornada de la Comisión General de Justicia y Paz de España, del 24 al 26 de septiembre en Valladolid, organizada por la Comisión de Justicia y Paz de esta diócesis. Según podemos leer en el comunicado final que lleva por título Desarrollo sostenible y ciudadanía global: Estamos viviendo tiempos globales que conectan elementos del desarrollo, reconocidos en la Agenda 2030, y con este encuentro contribuimos a la reflexión desde los ámbitos de las migraciones, los Derechos Humanos, las nuevas tecnologías, la interdependencia que impulsa la cultura del cuidado, y la urgente necesidad de cambio de modelo económico. Celebramos la Jornada de la Comisión General de Justicia y Paz de España, del 24 al 26 de septiembre en Valladolid, organizada por la Comisión de Justicia y Paz de esta diócesis. Unas setenta personas, representantes de 7 comisiones diocesanas estuvieron presentes en ella de una forma presencial o por videoconferencia. En el acto de inauguración participaron D. Luis Argüello, obispo auxiliar y secretario general y portavoz CEE; D. Fco. Javier Alonso, presidente Comisión General Justicia y Paz (CGJP); D. Javier Vilanova, obispo auxiliar de Barcelona y acompañante de la CGJP; D. Carlos Imaz, presidente JP Valladolid. Tras recordar a personas queridas que nos antecedieron, como Antonio Garrosa y Arcadi Oliveres, se habló de uno de los orígenes de los Derechos Humanos en los debates de la Junta de Valladolid (1550-1551) donde se abordaron los derechos de los pueblos indígenas. En la conferencia inaugural «Migrantes, paradigma de nuestro tiempo», Mons. Santiago Agrelo arzobispo emérito de Tánger, nos recordó que las personas migrantes y creyentes somos caminantes en pos de una esperanza, ya que no se cree sin emigrar y no se migra sin creer. No se trata sólo de migrantes, se trata también de nuestra vocación cristiana. Denuncia a quienes se adueñan del lenguaje para priorizar el miedo y socializar el odio a este colectivo. No se trata sólo de migrantes, se trata de nuestra forma de actuar, del lugar que queremos ocupar en las relaciones. Y ese lugar puede ser el individualismo, la mentalidad utilitarista, la indiferencia, la cultura del descarte, la marginación, la exclusión; pero puede ser también la humanidad. Nos invita a la fraternidad y apertura al diálogo, claves en Fratelli tutti.