Durante los días 15 y 16 de Noviembre de 2003 se han celebrado las X Jornadas Generales de Pastoral Obrera en la Casa de Espiritualidad de San José de El Escorial. En estas Jornadas han participado delegaciones diocesanas de 25 diócesis, representantes de religiosos y religiosas en el mundo obrero, responsables y consiliarios de distintos movimientos y comunidades que trabajan en el seno de la Pastoral Obrera. Dichas Jornadas han estado presididas por Mons. D. Antonio Algora, Obispo de Ciudad Real y responsable del Departamento de Pastoral Obrera en la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar. Marco histórico del conflicto social Con el título “Marco histórico del conflicto social, sus manifestaciones y retos a la Pastoral Obrera”, en estas Jornadas se ha presentado el trabajo que, sobre esta cuestión, ha desarrollado un grupo creado para este fin por el Consejo Asesor de Pastoral Obrera. Alfonso Alcaide, sociólogo y militante de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) de Sevilla, ha sido el coordinador de este grupo y la persona que ha presentado el primer resultado de este trabajo. En un primer momento de su exposición, Alfonso Alcaide explicó cuál es la matriz del conflicto social. Partiendo de la relación entre las necesidades humanas y el trabajo, constató la ruptura actual entre estas dos dimensiones en el sistema capitalista, lo cual provoca que el trabajo humano se haya convertido en una mercancía más, en un factor más de producción y de consumo. La inmediata consecuencia de esto es la conversión del ser humano en un instrumento. Se destaca, en este sentido, la creciente precarización de las condiciones laborales (tal y como podemos ver en la sangrante realidad de los accidentes laborales) y la creciente deshumanización de las condiciones de existencia del ser humano (que atrofia dimensiones esenciales de la persona como son la familia, la educación, la cultura y el consumo). Llegados a este punto, hemos definido el conflicto social como el proceso histórico de ruptura progresiva de la naturaleza humana para convertirla en instrumento maximizador de producción y consumo. Dimensión cultural En un segundo momento, la exposición giró en torno a la dimensión cultural del conflicto social, donde se constató la construcción de un modelo productivo basado en un sistema de valores y creencias que identifica al individualismo con las necesidades humanas, el hedonismo con la capacidad de hacer del ser humano y la racionalidad con la única fuerza dinamizadora. Este proceso choca de frente con el planteamiento de la fe, la cual nos impulsa al seguimiento de Jesucristo, nos invita a ensayar formas de vida comunitarias que puedan transmitir un nuevo estilo de vida más coherente y comprometido, y nos exige intensificar la cohesión eclesial, el diálogo y la comunión al servicio de los más pobres y empobrecidos. La consecuencia más importante de este planteamiento es la necesidad de una nueva perspectiva que priorice la dimensión antropológica y teologal del compromiso creyente como medio de encuentro con las víctimas del conflicto social y como medio de transformación del sistema. Todo esto fue debatido por los participantes desde la óptica de las potencialidades, retos y líneas de trabajo que se plantean a la Pastoral Obrera. El Encuentro finalizó con el unánime deseo de que todo este trabajo dé sus frutos en los movimientos, comunidades, grupos de Pastoral Obrera y en toda la Iglesia.
«Iglesia comprometida con la justicia en el mundo obrero»
La HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica), reunida en Asamblea General en Madrid los días 14 al 17 de Agosto, quiere comunicar a todas las personas de buena voluntad y a toda la sociedad las principales líneas de reflexión que han realizado los cerca de un millar de sus militantes procedentes de 44 diócesis de la Iglesia española, sobre los cambios que están ocurriendo en el mundo obrero y qué respuesta tiene que dar la HOAC. En los inicios del tercer milenio nos encontramos un mundo complejo lleno de luces y de sombras. Nunca como hoy el ser humano contó con tantos medios para responder a las necesidades de justicia, libertad y fraternidad. Los avances científicos y técnicos ponen a su disposición cuantiosos medios para responder a los problemas de supervivencia y desarrollo de los pueblos. Un enorme número de personas y organizaciones trabaja en proyectos de justicia, de solidaridad y de conciencia. Los movimientos que buscan una globalización alternativa se movilizan, y las organizaciones sindicales y políticas, Movimientos Sociales y ONGs aportan propuestas para buscar un mundo distinto basado en la paz, la justicia y la libertad. Nuestra Iglesia se esfuerza por hacer oír su voz, apoyando todo lo bueno que se propone para el bien de las personas y denunciando todas aquellas situaciones en que los derechos y la vida de las personas son conculcados. Todos estos signos de esperanza los acogemos como lo que son, fruto de la acción de Dios en el mundo, que alienta el trabajo callado, solidario y a fondo perdido de muchos hombres y mujeres de buena voluntad. Damos gracias a Dios por ello. Estos signos de esperanza pugnan por hacerse presentes e implantarse en medio de otros signos de muerte que traen oscuros presagios sobre la humanidad. Así lo vemos en el destrozo del Derecho Internacional, patrimonio de la humanidad y fundamento de unas relaciones internacionales pacíficas. Nuestros sistemas democráticos, la mejor forma de convivencia política que hemos sido capaces de construir, se muestran incapaces de oponerse a esta barbarie y algunos Gobiernos utilizan sus mayorías parlamentarias para cubrir de legalidad lo que sólo son arbitrariedades. Este nuevo absolutismo político sirve de soporte al nuevo sistema económico mundial que destroza la vida de las personas, especialmente del mundo obrero: Elimina el empleo estable, que es la base de la vida de muchas personas y de sus familias, sustituyéndolo por el paro y la precariedad. Roba el futuro de la juventud, obligándola a estar formándose hasta pasados los treinta años para convertirlos en desechables a los cuarenta, y desecha a los mayores condenándolos a la inactividad y a la pobreza, cuando les queda media vida por vivir. Incrementa el conjunto de los empobrecidos y marginados, al tiempo que impide una respuesta satisfactoria a sus problemas que necesariamente pasa por la obtención de un empleo digno y estable. Margina y explota a la mujer, exigiéndole: trabajar, ser madre, cuidar de la familia y de la casa, de los enfermos y de los mayores… cosas contradictorias con la igualdad dentro de la diversidad a que tiene derecho toda persona. Subordina los tiempos de vida de las personas y por tanto de las familias al tiempo productivo. Desmantela el Estado del Bienestar, convirtiendo en mercadería las necesidades y derechos vitales. Condena a los pueblos al empobrecimiento permanente, explota y destruye los ecosistemas que sirven de hábitat para la vida de muchas especies animales y vegetales y con ello el sistema que hace posible la misma vida humana, expulsando a los inmigrantes que llegan a nuestros países buscando sobrevivir. Este doble absolutismo, político y económico, se presenta recubierto de otro absolutismo, el cultural, que ofrece como proyecto de vida para la persona de hoy el disfrute permanente sin límite alguno, el capricho como única norma moral, y el individualismo posesivo, todo lo cual impide que la vida del otro tenga cabida en la propia vida. Siendo éste el principal reto a la fe y a la Misión de la Iglesia y la mayor dificultad para la comunión universal. Por ello, denunciamos el nuevo orden nacional e internacional que se está construyendo y llamamos a todas las personas de buena voluntad a que definan y asuman su responsabilidad política, sindical y ciudadana. Llamamos igualmente a las organizaciones políticas, sindicales, sociales y solidarias, a que incrementen su lucha por la justicia y por la verdad. Y en ellas nos comprometemos a: Plantearnos un nuevo humanismo que contemple y desarrolle a la persona en todas las dimensiones claves de su existencia: política, económica, cultural, social, religiosa y trascendente. Plantearnos un diálogo nuevo entre fe y cultura, fe y ciencia, fe y política, para construir una nueva moral humanista que sitúe a los empobrecidos de todo el mundo como el centro de la preocupación de las personas y de las organizaciones políticas, sindicales, sociales, solidarias y eclesiales. Y desde los pobres y con ellos, plantearnos las formas de vida que son posibles para que todos vivamos con justicia y libertad en un planeta habitable. Nosotros que somos y nos sentimos Iglesia, hacemos un llamamiento a toda Ella para incrementar nuestra fidelidad a Jesucristo en estos momentos históricos, difíciles y prometedores, que nos ha tocado vivir. Para ello, el mismo Jesucristo nos enseñó el camino que nunca falla: Unir nuestra vida a los empobrecidos del mundo, en nuestro caso a los empobrecidos del mundo obrero, y caminar con ellos en un compromiso por la justicia cumpliendo la voluntad de Dios ayudados por su Espíritu.
II Seminario sobre Pastoral del Ambiente y Ecología Humana
Desde hace cinco años, el Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) viene convocando a los responsables de la pastoral del ambiente de las Conferencias Episcopales de Europa a una reunión anual con el objeto de promover la reflexión teológica sobre la ecología y la creación así como para intercambiar experiencias sobre pastoral del ambiente. No hay una estructura pastoral consolidada y continua que se ocupe de esta temática en nuestro país. Por ello, esta iniciativa de convocar un Seminario de expertos en su segunda edición es un proceso que se va consolidando para que la Iglesia española pueda incorporarse también a una reflexión y una praxis que ya se está desarrollando en otras Iglesias de Europa (Italia, Inglaterra, Alemania, Eslovaquia, Irlanda, Países Bajos…) En las cuatro reuniones que se han celebrado por iniciativa de la CCEE se han tratado los siguientes temas: «Fundamentos teológicos y éticos del compromiso ecológico de la Iglesia» (1999) «Espiritualidad de la creación y política ambiental» «Estilos de vida cristianos y desarrollo sostenible». «El trabajo y la responsabilidad por lo creado» La reunión de este año tratará sobre «La formación en la responsabilidad por lo creado y por un desarrollo sostenible» Objetivos del Seminario Dar una respuesta educativa y formativa como exigencia de nuestro compromiso cristiano Objeto de la respuesta educativa: La educación ambiental se enmarca, por tanto, como un intento de promover la toma de conciencia y las posturas colectivas ante los grandes problemas ambientales siguientes: La utilización de los recursos (consumo excesivo, reparto inadecuado, monopolio). La alteración de los medios naturales (deterioro, destrucción de masa forestal y extinción de especies). Lo residuos (cantidad, duración, dispersión y repercusión ambiental). Las fuentes de energía (agotamiento de las naturales, peligro de las artificiales, consecuencia de su posesión y comercialización, etc). La solidaridad y responsabilidad participativa en la solución de la crisis ecológica y en la promoción de un desarrollo sostenible. La educación para la paz y la convivencia. La educación ambiental tiene como objetivo el poner a la persona en relación con el medio en el que se tiene que desenvolver, de tal forma que la interacción que se establezca sea positiva, desarrollando una serie de hábitos, actitudes, valores destrezas y conocimientos de respeto, cuidado y colaboración hacia todo aquello que le rodea. Finalidad del proceso educativo 1ª. Ayudar a hacer comprender claramente la existencia y la importancia de la interdependencia económica, social, política y ecológica de las zonas urbanas y rurales. 2ª. Ayudar a comprender cómo los intereses económicos están en el origen de los comportamientos negativos respecto a los bienes creados. Proporcionar a todas las personas la posibilidad de adquirir conocimientos, el sentido de los valores, las actitudes, el interés activo y las aptitudes necesarias para proteger y mejorar el medio ambiente. 3ª. Inculcar nuevas pautas de comportamiento en los individuos, los grupos sociales y la sociedad en su conjunto respecto del medio ambiente. Áreas de trabajo del Seminario La formación ecológica. Introducción Planteamiento del problema. Algunos datos y objetivos Antropología y filosofía presentes en la formación ecológica Dimensión teológica de la respuesta formativa Instituciones promotoras de formación Didáctica y métodos educativos Lugares de formación ecológica Celebración ecológica Dirección del Seminario Organizativa: Fernando Fuentes Alcántara. Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Pastoral Social Técnica: Ángel Galindo García. Catedrático de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca Lugar de celebración: Sede de la Conferencia Episcopal Participantes Gonzalo Fernández, CMF. Ángel Galindo. Catedrático de teología de la Universidad Pontificia de Salamanca Alfredo Colorado. Comisión Episcopal de Enseñanza (Conferencia Ep. Española) Vicente Felipe. OFM Justicia y Paz de CONFER Isabel Francia. Vicepresidenta de la Comisión General Justicia y Paz Ángel Bustamante. Departamento de Formación de Manos Unidas Fernando Fernández Such. Departamento de Promoción de Caritas Española. Cristo Rey García de Paredes, CMF. El Secretariado de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, con esta iniciativa, pretende elaborar y desarrollar una reflexión teológica y ética sobre la formación en el respeto a la creación y su contribución cristiana a la profundización del concepto de desarrollo sostenible. Las conclusiones y propuestas resultantes del Seminario serán asumidas por la Comisión Episcopal de Pastoral Social para la preparación del Informe que se hará público en el Encuentro de las Conferencias Episcopales en Wroclaw (Polonia) 15-18 de mayo de 2003 a la cual asistirán en nombre de la Conferencia Episcopal Mons. D. Alfonso Milián Sorribas, miembro de la CEPS y D. Ángel Galindo, catedrático de teología de la Universidad Pontificia de Salamanca. Fernando Fuentes Alcántara, Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Pastoral Social
El mar no es un vertedero, sino un don de Dios
El petrolero “Prestige” se ha roto en dos a lo largo de las costas españolas de Galicia. Contenía 70.000 toneladas de fuel-oil. Los expertos dicen ahora que el barco no debería haberse hecho a la mar desde hace varios años, dado su evidente mal estado.
Mensaje para la fiesta de la Virgen del Carmen 2002
A todas las gentes del mar: Con motivo de la fiesta de la Virgen del Carmen, a la que tanto queremos y honramos, tengo la oportunidad de dirigirme a todos vosotros por primera vez como Obispo Promotor del Apostolado del Mar, cerca ya de las fechas del XXI Congreso Mundial del Apostolado del Mar, que tendrá lugar en Río de Janeiro y donde se tratará el tema «El Apostolado del Mar en el momento de la globalización». Como nos decía el Papa Juan Pablo II, en la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, el proceso de globalización ha influido de manera importante en la activad de las gentes del mar. Es un hecho constatable la nueva realidad que se observa en muchas de las empresas de la marina mercante, agrupadas bajo los pabellones de los mismos países, que se traduce en abaratamientos de sueldos, en falta de seguridad en el trabajo, en una mezcla de razas y nacionalidades conviviendo en espacios muy reducidos y en la presencia cada vez más numerosa de gente inmigrante en nuestros barcos pesqueros, tanto de altura como de bajura. La realidad previamente descrita nos obliga a unir los esfuerzos de todos para trabajar juntos e intercambiar los conocimientos comunes, ayudando de este modo a la construcción de una relación en paz y armonía. En consonancia con todo lo anterior, podemos hablar también de una globalización espiritual. Sabemos que en la Iglesia nadie es extranjero y la Iglesia no es extranjera para ningún hombre. Es de destacar en este campo el trabajo pastoral que se realiza entre las gentes del mar en unión con nuestros hermanos separados. De ahí que nuestra presencia deba ser la del buen samaritano que acoge al hermano necesitado sea cual sea su procedencia y credo. Pero también es importante la formación espiritual de nuestros hombres del mar para que sepan dar razón de su fe (cfr. 1Pe 3,15), haciendo de su vida reflejo de Cristo, que pasó por el mundo haciendo el bien. Me hago eco de los problemas que siguen afectando a nuestra flota pesquera con la falta de caladeros accesibles a nuestras redes, la explotación excesiva de los recursos pesqueros, la amenaza de desguace de la flota. Esto nos tiene que hacer reflexionar sobre la corresponsabilidad que todos tenemos con al obra creadora de Dios (cfr. Gn. 1,26) que es beneficio para todos, sobre todo, para los más necesitados. No olvido tampoco los largos periodos que el marino mercante y el pescador de altura pasan alejados de sus hogares, siendo los que sienten y sufren el gran problema dela islamiento y la soledad. Es loable la labor que hacen sus esposas, quienes también experementan en su vida los mismos sentimientos de sus maridos, afrontando con entereza la problemática familiar y la propia estabilidad matrimonial. Nuestra presencia al lado de estos hermanos tiene que ser portadora del mensaje de esperanza que Cristo trae. Él que aprendió sufriendo a obedecer (cfr. Heb. 5,8) nos dice que también en estas pruebas difíciles se puede alcanzar la santidad, ya que los caminos de la santidad son múltiples (cfr. NMI, 30). «Muchas fronteras, pero un solo mar» es el lema elegido este año en consonancia con el tema del Congreso Mundial. Muchos hombres de distintas procedencias se unen sobre las mismas aguas oceánicas para trabajar y llevar el sustento a sus familias. Todos pertenecemos a la gran familia de Dios y aunque hayamos levantado fronteras entre nosotros, nos une la fe y esperanza en un mundo mejor, por el cual todos debemos trabajar, aunando esfuerzos como se hace en un día de tempestad, donde todos ponen lo mejor de sí mismos para lograr que el barco llegue a buen puerto. Que la Virgen del Carmen, Estrella de los Mares, ponga sus ojos llenos de misericordia en nuestros trabajos, nos acoja bajo su manto protector y nos conduzca a Cristo, puerto de salvación. Os saluda con todo afecto y os bendice en el Señor + Luis Quinteiro Fiuza Obispo Promotor del Apostolado del Mar Obispo Auxiliar de Santiago de Compostela
La primacía de la persona «Tú también cuentas»
Mensaje para la fiesta de la Virgen del Carmen – 2001 Los católicos de la gran familia del mar tenemos cada año una cita especial en torno a la festividad de la Virgen del Carmen, Estrella de los Mares, nuestra Patrona y Madre. Es una ocasión propicia para demostrarle nuestro amor y agradecimiento. Lo es también para reflexionar sobre nuestra situación humana y religiosa. La Obra del Apostolado del Mar, encargada por la Iglesia para promover la acción pastoral específica entre las gentes del mar, no puede faltar a esta cita. Con los actos que en diversos ambientes se suelen organizar en torno a esta fiesta mariana, y por medio también de este sencillo mensaje del obispo promotor, quiera Dios que toda la sociedad y, de manera especial, las comunidades cristianas, se preocupen cada vez más de la compleja problemática de tantos millones de hermanos que viven en o de la mar. Preocupación que ha de traducirse en apoyo decidido a la solución de sus graves y urgentes problemas de diversa índole. Porque estos problemas, no solamente no han desaparecido, sino que se van agravando de día en día. Así los resumían las delegaciones asistentes a la reciente Asamblea Nacional del Apostolado del Mar, celebrada en Santa Cruz de Tenerife (abril de 2001): la falta de éxito en el restablecimiento del acuerdo pesquero con Marruecos, con sus lamentables consecuencias para nuestra flota pesquera; el incumplimiento de los acuerdos internacionales sobre inspección de buques; las graves deficiencias en el régimen de pensiones; la fatiga de los trabajadores del mar, entre otras causas por la progresiva reducción de las tripulaciones, el exceso de horas de trabajo, las condiciones inapropiadas para el descanso y las estancias demasiado prolongadas en la mar, particularmente en la pesca de altura; el problema global de los buques con bandera de conveniencia, con sus secuelas de una mayor seguridad y siniestralidad en la mar, el cada vez más frecuente abandono inhumano de buques y tripulaciones en puerto… La singular dureza del trabajo y de la vida a bordo se manifiesta en un dato significativo: entre nosotros son cada vez menos, incluso en ambientes tradicionalmente vinculados a la mar, los jóvenes que buscan un puesto de trabajo en barcos mercantes o de pesca; ello obliga a que, a pesar del número elevado de parados en nuestra sociedad, se tenga que buscar trabajadores extranjeros. Pero el Apostolado del Mar, muy sensible siempre a estos y a otros problemas humanos de las gentes del mar, detectaba también en la Asamblea de Tenerife, tal y como es su misión específica, diversos obstáculos relacionados con la evangelización de estos hermanos: escasa sensibilidad o incluso indiferencia ante el mensaje evangelizador, dificultades crecientes para un acercamiento misionero por el recorte progresivo del tiempo de estancia de los buques en los puertos, por defectos en el lenguaje y en los métodos de los evangelizadores, por el carácter plural de los tripulaciones en cuento a nacionalidades, lenguas y creencias. Señalaba asimismo la Asamblea la insuficiente sensibilidad de algunas parroquias y diócesis para integrar la pastoral marina en la pastoral general, y la falta de marinos que actúen como agentes pastorales entre sus propios compañeros… La Asamblea de Tenerife no se limitó, naturalmente, al análisis de los problemas, sino que trató de buscar también algunas pistas de solución. Insistió, en primer lugar, en la necesidad de tener un concepto integral de la evangelización, de modo que el anuncio explícito del mensaje de Cristo acompañe al valiente testimonio de amor a favor de los hermanos necesitados, colaborando con renovada entrega en la solución de sus graves problemas. Por ello, como acuerdo para el futuro inmediato, recogía los siguientes: intensificar la captación, formación y reciclaje de los agentes de pastoral marítima; aprovechar las fiestas y las vacaciones para conectar con los marinos y prestar mayor atención a sus familias; coordinar en lo posible las acciones evangelizadoras del Apostolado del Mar con los planes y programas pastorales de diócesis y parroquias, propagar los fines y la misión del Apostolado del Mar en los ámbitos universitarios y escolares, así como también en asociaciones apostólicas y grupos humanos, invitándolos a que se incorporen a la pastoral marítima; petición a la Dirección Nacional del Apostolado del Mar para que organice cursos de mentalización y formación de los agentes pastorales encargados de visitar a los marinos a bordo… Esta última Asamblea sintonizaba así con el Motu Proprio del Papa Juan Pablo II “Stella Maris”, al poner un énfasis especial en los mismos laicos marinos, no como simples destinatarios del apostolado marítimo, sino como sus primeros y más cualificados protagonistas, con un papel tan propio y notable que todos debemos reconocer, agradecer y fomentar. Cada año, en torno a la fiesta del Carmen, la Obra del Apostolado del Mar quiere también transmitir un mensaje peculiar a través de un cartel mural. El cartel de este año nos muestra dos barcos, el uno de pesca y el otro mercante y, en primer plano, un marino que sale a tierra. El lema “Tú también cuentas” quiere fijar la atención de todos en la primacía del hombre, del trabajador del mar, sobre buques, puertos, tecnologías…, con ser éstos muy importantes. Porque la persona del marino y del pescador, su singular vinculación con su familia, su dignidad y derechos, deben primar sobre cualesquiera otros intereses legítimos e importantes. Legisladores, políticos, sindicatos, cofradías y todos los responsables de la suerte de estas gentes tan sacrificadas y necesitadas deberían tenerlo muy en cuenta, especialmente en una época como la nuestra, en la que otros intereses de tipo económico o estratégico tienden a sobreponerse al interés humano. La Obra del Apostolado del Mar se compromete, por su parte, a seguir defendiendo al dignidad humana de las gentes del mar y sus derechos. Al término del Gran Jubileo y al comienzo del nuevo milenio, el Santo Padre nos ha dirigido una bella y rica Carta Apostólica, “Novo millennio ineunte”, invitándonos a recordar con gratitud el pasado, a vivir con pasión el presente y
VI Congreso Nacional de Pastoral Penitenciaria
En el Año Jubilar 2000 del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, que «vino a anunciar a los pobres la Buena Noticia y a los presos la libertad» (Lc.4,18), reunidas más de 600 personas de las diócesis del Estado Español, en el VI Congreso Nacional de Pastoral Penitenciaria, acogiendo la invitación del Papa Juan Pablo II para repensar la respuesta al delito y la acción pastoral que requieren el infractor y la víctima, habiendo trabajado en los sectores de lo pastoral, de lo social y de lo jurídico PROCLAMAMOS Nuestra mirada esperanzada en el futuro, en una Pastoral Penitenciaria de Justicia y de Libertad, fruto de nuestra fe profunda en el Dios libertador de todas las cautividades y de nuestra firme confianza en las ingentes posibilidades de todos los seres humanos sin excepción. Apostamos por una Pastoral de Justicia y de Libertad, encarnada «entre los más pobres de entre los pobres», capaz de prevenir las causas económicas, sociales, educativas y laborales del delito, implicada en la defensa de los derechos fundamentales de las personas que padecen la precariedad y la exclusión social, comprometida con las personas privadas de libertad, defensora de sus derechos, buscadora de alternativas a la cárcel, corresponsable del proceso de integración social y la plena normalización de vida, sin estigmas, de las personas liberadas. Aspiramos a una Pastoral de Justicia y de Libertad con vocación integradora en la vida diocesana y presente en todos los ámbitos de acción eclesial (parroquia, arciprestazgo etc…), en coordinación con las entidades eclesiales y extra-eclesiales comprometidas en el ámbito penitenciario y en comunión fraterna con la Pastoral Penitenciaria de otras confesiones cristianas, unidos en la causa común de dar respuesta a las necesidades espirituales y materiales de las personas presas. Nos comprometemos a promover en nuestra sociedad la viabilidad de medidas de reparación del daño, mediación y reconciliación entre los infractores y sus víctimas, fruto de una Justicia más centrada en la protección y satisfacción de las víctimas, que en la retribución y castigo de los infractores. Tras las reflexiones que hemos efectuado estos días, desde el talante jubilar que preside este singular Congreso, y con el deseo de mirar siempre hacia adelante con renovada esperanza, apuntamos algunos caminos que humildemente nos atrevemos a PROPONER: 1. A nosotros mismos: Seguir creciendo en la dimensión del agente de la Pastoral Penitenciaria como testigo de esperanza, desde el convencimiento de que toda persona puede cambiar, que todos tienen potencialidades que deben ser descubiertas y cultivadas y, al tiempo, sin perjuicio de la responsabilidad que corresponde al Estado, procurar generar respuestas concretas y creativas que incidan en los terrenos de la prevención, la intervención penitenciaria y la reinserción social. Continuar avanzando en la nueva «conciencia eclesial» acerca de la realidad penitenciaria, abriéndonos a una normal integración en la vida diocesana y sus recursos, en coordinación con cuantas iniciativas se empeñen en dignificar la vida de las personas presas. Insistir en los programas globales de acción pastoral y trabajo social sistemático con las personas privadas de libertad, que contemplen no sólo su realidad durante el paréntesis forzado que supone la prisión, sino también su familia y el entorno al que necesariamente habrán de volver. Formarnos continuamente, tanto en el cultivo de la espiritualidad y de la gratuidad, como en el conocimiento de las ciencias humanas, sociales y jurídicas, procurando la incorporación de profesionales de las mismas a nuestra tarea evangelizadora en la actual etapa de la nueva evangelización. 2. A la sociedad Que adquiera una «nueva sensibilidad», no se deje llevar por los tópicos, se acerque más a sus cárceles, y tome conciencia de que las personas privadas de libertad siguen siendo parte de la misma. Que detecte y denuncie los problemas sociales que están en la base de no pocos delitos, solicitando medidas preventivas que los eviten. Que posibilite oportunidades a nuestros hermanos presos y evite estigmatizar a las personas que salen en libertad, creando un clima favorable a la reinserción social, fin último en el que ella misma debe estar comprometida. Que tenga en cuenta los valores de la dignidad de toda persona, de la no violencia activa, el diálogo, la reconciliación, el principio de la solidaridad y la justicia social. 3. Al legislador y a los poderes públicos: Que conforme al mandato constitucional oriente las penas de modo efectivo hacia la reeducación y reinserción social. Nos preocupa se hallen en prisión: *personas extranjeras en número tan elevado y creciente, a las que habría que posibilitar el cumplimiento de las penas, cuando sea posible y no contrario a los Derechos Humanos, en el país de origen. * enfermos mentales, drogodependientes y enfermos de sida: las prisiones no fueron concebidas para este perfil de población, necesitada de una atención específica. Pedimos se modifique el Código Penal, ampliando las posibilidades de alternativas a la prisión y suspensión del fallo en los supuestos de condenados de hasta 5 años de privación de libertad. Asimismo pedimos se establezcan cláusulas atenuatorias que permitan dar respuestas proporcionadas en determinados delitos de escasa entidad contra la salud pública. Solicitamos que la dimensión de lo social se haga presente a lo largo del proceso penal y en la intervención penitenciaria, de forma rigurosa y sistemática, incorporando informes sociales, procurando medidas que eviten el desarraigo de la persona y faciliten su reinserción, tanto en la materialidad de la medida como en la forma y lugar de cumplimiento de la misma. Igualmente, como forma de participación del tejido social en la resolución de los conflictos, pedimos se incorpore a la legislación la mediación comunitaria, con la consiguiente libertad a prueba para el culpable y el aseguramiento para la víctima de la reparación, con un fondo especial para el caso de infractores insolventes. A los responsables penitenciarios pedimos articulen medios personales para que el tratamiento no sufra menoscabo alguno respecto al régimen, se multipliquen las ofertas de actividades que prevengan el tedio de horas de patio, se ideen fórmulas que impidan efectivas «cadenas perpetuas», se establezcan límites máximos temporales en los regímenes especiales de aislamiento
La festividad de la Virgen del Carmen en el marco del Jubileo
Mensaje para la fiesta de la Virgen del Carmen – 2000 La festividad de la Virgen del Carmen nos convoca año tras año al lado de la Estrella de los Mares: en primer lugar, a las gentes del mar, para buscar en Ella luz, fuerza y consuelo y reforzar así el sentido cristiano de su vida; también a los demás fieles, para que nos sintamos fraternalmente cercanos a los gozos y penalidades de tantos miles de hermanos a los que, por desgracia, solemos tener demasiado olvidados. Confiamos en que el hecho de que en el año 2000 esta fiesta mariana cae en domingo será una buena ocasión para que el mensaje de este apostolado peculiar pueda llegar a mayor número de fieles. Este año lo hacemos en el marco del gran Jubileo, unidos a toda la Iglesia, en espíritu de gratitud a Dios Padre que con amor inmenso nos ha dado como Salvador a su único Hijo, nacido de la Virgen María por obra del Espíritu Santo. La acción de gracias va unida también a la llamada a una continua conversión a Dios y a los auténticos valores del Reino predicado e instaurado por Jesucristo. El cartel tiene un evidente colorido jubilar: el faro que ilumina a los marinos y pescadores en las aguas agitadas no es otro que el Hijo de la Virgen, la luz que ilumina a todos. María, Madre solícita, atenta siempre a las necesidades de sus hijos, como en las bodas de Caná, nos invita con su escapulario jubilar a acoger con confiada docilidad la palabra salvadora de su Hijo: «Haced lo que El os diga». Reafirmemos en El nuestra confianza, con la bellísima profesión de fe de Pedro, el pescador de Galilea: «Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna». La celebración del Jubileo junto al Santo Padre A primeros del pasado mes de junio, representantes de las gentes de mar del mundo entero tuvimos la dicha de reunirnos en Roma para celebrar el Jubileo: primero, la tarde del día 1, en las basílicas de Santa María de los Angeles y de Santa María la Mayor, participamos en la catequesis y entramos por la puerta santa; al día siguiente, en la plaza de San Pedro, participamos en la solemne Eucaristía, presidida por el Santo Padre, juntamente con muchos miles de hermanos encuadrados en el variado mundo de la movilidad humana: migrantes e itinerantes. Unos encuentros cargados de emoción religiosa, que nos ayudaron, sin duda, a agradecer a Dios el don de la fe cristiana y a intensificar la fidelidad a nuestra vocación al servicio del Reino de Dios. Significativa fue también la peculiar peregrinación de la nave que, con el patrocinio del Apostolado de Mar, había zarpado de Tierra Santa y, siguiendo la ruta de San Pablo, arribó al puerto de Fiumicino (Roma), habiendo hecho escala en los puertos visitados por el Apóstol de las Gentes. Traía a bordo una barca de madera, construida sobre el modelo de la que recientemente se encontró en el fondo del lago de Tiberíades y era, al parecer, del tiempo de Jesús y de los Apóstoles. En el momento de las ofrendas, esta barca fue entregada al Papa, para subrayar así la singular presencia del mar en la vida apostólica del Señor y en la difusión del evangelio por todo el mundo desde los primeros tiempos. El Arzobispo Mons. Fumio Hamao, Presidente del Pontificio Consejo de la Pastoral para los Migrantes e Itinerantes, en sus palabras de presentación de los diversos grupos, se había referido a las gentes del mar como «a menudo invisibles, pero que llevan en el corazón tanta soledad durante las interminables horas transcurridas en la inmensidad de las aguas y un profundo deseo de sentirse parte viva de la Iglesia y de la humanidad». El Papa, en la homilía de la Eucaristía, comentando las palabras de Jesús en el evangelio proclamado en la liturgia de la Palabra (Mt 25, 31-46), nos recordaba a todos que nuestro Jubileo expresaba con singular elocuencia el puesto central que en la Iglesia debe ocupar la caridad de la acogida, ya que, desde el momento en que el Hijo de Dios ha puesto su tienda de campaña en medio de nosotros, todo hombre ha llegado a ser, en alguna manera, el lugar de encuentro con El. «Acoger a Cristo en el hermano y en la hermana necesitados es la condición para poder encontrarlo cara a cara y en un modo perfecto al final del camino de esta tierra», nos dijo textualmente el Papa. Haciendo suyas unas palabras de su predecesor Pablo VI, Juan Pablo II nos recordó que «para la Iglesia católica nadie es extraño, nadie es excluido, nadie es lejano». Y añadió: «En una sociedad como la nuestra, compleja y marcada por múltiples tensiones, la cultura de la acogida pide conjugarse con leyes y normas prudentes y de visión amplia, que permitan valorizar lo positivo de la movilidad humana, previniendo sus posibles manifestaciones negativas. Todo ello ha de hacerse de tal forma que toda persona sea efectivamente respetada y acogida». Mensaje válido para el amplio mundo de los migrantes e itinerantes, con aplicación necesaria también para nuestras gentes del mar. Fruto de este generoso espíritu de brazos abiertos para todos son los diversos esfuerzos que el Apostolado del Mar viene haciendo a bordo de las naves y en los numerosos hogares llamados «Stella Maris», acogiendo y sirviendo con amplitud de miras a marinos y pescadores, sin distinción de razas, lenguas, credos y nacionalidades. Algunos graves problemas de las Gentes del Mar La fiesta de la Virgen de Carmen nos invita, un año más, a ser cada vez más sensibles a los muchos y graves problemas de las gentes del mar para contribuir a su pronta solución. Siendo como son hermanos nuestros, ¿cómo vamos a poder olvidar a los más de 2 millones de marinos y pescadores de altura, a esos otros 30 millones de pescadores de bajura, y a tantas otras personas que trabajan
«Padre nuestro… que estás en los mares»
Mensaje para la fiesta de la Virgen del Carmen – 1999 Se acerca, un año más, la fiesta de la Virgen del Carmen, tan entrañable para las gentes del mar que viven su fe cristiana dentro de la Iglesia católica. Puertos, pueblos enteros y parroquias, siguiendo una tradición muy querida, se volcarán de nuevo en diversas manifestaciones de fervor mariano y, por intercesión de la «Stella Maris», la Reina de los Mares, presentarán al Padre de todos sus alegrías y esperanzas, sus angustias y peticiones. Creo conveniente que, en comunión con la Iglesia universal, celebremos esta fiesta mariana en el espíritu del Gran Jubileo promulgado por el Papa Juan Pablo II para el año 2000. Así nos lo sugieren el cartel y el lema escogidos: «Padre nuestro… que estás en los mares». Después de haber dedicado los dos primeros años de preparación del Jubileo a Jesucristo y al Espíritu Santo, respectivamente, el Papa nos ha invitado a profundizar este último año en el misterio insondable de un Dios que en su Hijo Jesús se nos mostró como Padre lleno de misericordia: «Quien me ve a mi, ha visto al Padre». De esa forma podremos llegar a la apertura de la Puerta Santa del Gran Jubileo en la Vigilia de la Navidad con las debidas disposiciones para celebrarlo con fruto a lo largo del año 2000. Por acuerdo de los Coordinadores Regionales del Apostolado del Mar en Europa, los navegantes son invitados a inaugurar de una forma peculiar el Año Santo: haciendo sonar las sirenas de sus barcos la noche de Navidad. «Padre nuestro… que estás en los mares». La figura del padre está especialmente presente entre las gentes del mar: el padre, que durante largas y duras ausencias del hogar, no solo no puede olvidar, sino que añora continuamente a su familia y es, al mismo tiempo, el gran ausente cuya memoria y nombre están a cada momento en el corazón y en boca de los suyos, en la espera de su pronto retorno a casa. La figura del padre se complementa con la de la madre, protagonista excepcional de la vida de la familia marinera. Por ello nuestras gentes pueden sintonizar más fácilmente con esa imagen de Dios Padre, misterio siempre más profundo e insondable que los océanos. Un Padre con entrañas maternales, como se nos descubre en la Biblia. Nuestro Dios combina la fuerza del amor paterno con la ternura del corazón de la mejor de las madres. Así nos lo presenta el Catecismo de la Iglesia Católica: «La ternura paternal de Dios puede ser expresada también mediante la imagen de la maternidad, que indica más expresivamente la intimidad entre Dios y su criatura». Si la expresión de la oración dominical «… que estás en el cielo» no designa un lugar, sino la majestad divina y su presencia trascendiéndolo todo, las palabras peculiares de nuestro lema «… que estás en los mares» nos invita a descubrir su paternidad amorosa para tantos hijos suyos en la inmensidad de los mares y océanos. Ojalá podamos todos aprovechar la gracia del Jubileo para que el Espíritu Santo nos ayude a descubrir en Jesús al Hijo que nos manifiesta en sus palabras y obras la cercanía, la ternura, la paciencia y el amor misericordioso de Dios, Padre también de todos nosotros. En este descubrimiento nos servirá de ayuda la Virgen María, «el gran signo de rostro materno y misericordioso, de la cercanía del Padre y de Cristo, con los cuales nos invita a entrar en comunión» (Puebla, 282). La inmensa mayoría de las gentes del mar no podrá peregrinar a Roma para celebrar junto al Santo Padre, como está programado, la Jornada para Migrantes en los tres primeros días de junio del año 2000. Pero, por voluntad del Papa, el Gran Jubileo será celebrado simultáneamente también en las Iglesias locales. Por ello convendrá que las comunidades cristianas sensibilizadas con la problemática de las gentes del mar, en comunión con la Iglesia universal y siguiendo las orientaciones de sus diócesis, concreten y centren su actividad preferente en aquellos aspectos del Jubileo que, a su juicio, exigen una atención y dedicación urgente en su propio ambiente. Dirijamos también nuestra atención a la acción que, muchas veces de forma callada, la Iglesia viene desarrollando en favor de marinos y pescadores y de sus familias. Gracias a Dios, son muchos los creyentes que en puertos y parroquias, a bordo y en tierra, siguen entregando sus personas y su esfuerzo a la atención espiritual y humana de las gentes del mar. Así lo pudimos comprobar con gozo en la Asamblea Nacional del Apostolado del Mar que celebramos en Santander el pasado mes de febrero. La Asamblea centró su reflexión en la situación de la «familia marinera» en sus distintos niveles de bajura, altura y mercante, y presentó las siguientes conclusiones: 1) Establecer, en los distintos puertos, la intervención de profesionales del Trabajo Social (animadores socio-culturales, asistentes sociales, expertos en psicología y terapia familiar, etc.) para que ayuden a jóvenes, mujeres y hombres de la mar en los problemas de comunicación interpersonal, convivencia, soledad e integración social. 2) Determinar compensaciones económicas equitativas para armadores y tripulantes durante los períodos de paro del buque. 3) Crear centros de «Stella Maris» (Apostolado del Mar) en todos los puertos más importantes de la nación e incrementar la comunicación entre los mismos. 4) Exigir a profesionales, instituciones y autoridades de la mar el respeto riguroso a los paros biológicos y al tamaño de las especies. Como ocurre en muchas de las asambleas, no menos importante que los estudios, reflexiones y conclusiones es la convivencia de los asambleistas, oportunidad excepcional para el intercambio de noticias y de proyectos apostólicos. A todos nos llenó de renovada ilusión la presencia inusitadamente grande de representantes y, en especial, la incorporación de savia nueva proveniente de puertos de las Islas Canarias y del Mediterráneo. Representantes de otros varios puertos se vieron obligados a excusar su ausencia por problemas derivados del tráfico aéreo. Dentro de la modestia