XXII Curso de verano para seminaristas mayores El Departamento de Pastoral de la Salud y la Subcomisión Episcopal para los Seminarios de la Conferencia Episcopal Española organizan el XXII Curso de verano para seminaristas mayores. Este año lleva por título: Caridad Pastoral y cuidado de los enfermos. El objetivo del curso es ayudar a redescubrir en el cuidado de los enfermos y en quienes les cuidan una particular manifestación de la caridad de Cristo. En los Evangelios, muchas páginas hablan de los encuentros de Jesús con los enfermos y su compromiso de sanarlos. Él se presenta públicamente como uno que lucha contra la enfermedad y que ha venido para curar al hombre de todo mal: el mal del espíritu y el mal del cuerpo. Y Jesús envía a sus discípulos a cumplir su propia obra y les dona el poder de sanar, es decir, de acercarse a los enfermos y cuidarlos hasta el fondo ¡Esa es la tarea de la Iglesia! Ayudar a los enfermos, no perderse en habladurías, ayudar siempre, consolar, aliviar, estar cerca de los enfermos; esta es la tarea. Papa Francisco, Audiencia general [10.VI.2015]).
XXVII Curso de Formación en Doctrina Social de la Iglesia: La sociedad de los cuidados
MATERIALES PARA EL CURSO Cómo abordar los cuidados y cómo responder a las necesidades de unas sociedades envejecidas donde la soledad empieza a ser endémica, con una pérdida de vínculos sociales y familiares y con una cultura dominada por el individualismo, es todo un reto en nuestros días, y también para la Iglesia. Por eso, la nueva edición del curso de Doctrina Social de la Iglesia que organiza la Comisión Episcopal para la Pastoral Social y Promoción Humana, en colaboración con la Fundación Pablo VI, quiere abordar los próximos 28 y 29 de junio este asunto bajo el título “La sociedad de los cuidados”, la necesidad de recuperar una cultura de los vínculos, los afectos y la humanización del cuidado y la acogida en el ámbito de la salud, la justicia, la emigración, el trabajo, etc. Para ello se contará con expertos de distintas disciplinas, que abordarán en diversas conferencias cómo “Cuidar para un mundo humanizado” (José Carlos Bermejo, director del Centro de Humanización de la Salud de los Padres Camilos, de Tres Cantos); “La crisis de los vínculos en la sociedad” (Sebastián Mora, profesor de la Universidad Pontificia de Comillas); “La fragilidad como condición humana” (Luis Aranguren Gonzalo, profesor de la Universidad Complutense de Madrid); “El cuidado de la sociedad: el bien común” (Carlos García de Andoin, del Instituto Diocesano de Teología y Pastoral de Bilbao); y “Espiritualidad política: la amistad social” (Emma Martínez Ocaña, de la Institución Teresiana). Además, se escucharán experiencias de justicia restaurativa, acogida de inmigrantes, acompañamiento en la trata de personas y víctimas de abusos, de la mano de Cáritas, la Mesa de Hospitalidad de la diócesis de Madrid, Villa Teresita y Proyecto Repara; y de acompañamiento ante la soledad de las personas mayores, en la precariedad laboral y ante la fragmentación social y cultural, desde Cáritas o la HOAC, entre otras instituciones. La apertura del curso correrá a cargo de Mons. Jesús Fernández González, obispo de Astorga y presidente de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social; y el discurso de clausura lo pronunciará la filósofa Victoria Camps, con la ponencia “Tiempo de cuidados. Otra forma de estar en el mundo”. Materiales para el Curso Oración inicial PRESENTACIÓN La sociedad de los cuidados, un reto para la iglesia La Fundación Pablo VI ha acogido, tras el parón de la pandemia, un nuevo curso de Doctrina Social de la Iglesia, que, en su 27 edición, y recuperando la presencialidad, ha abordado el reto de “La sociedad de los cuidados” El Papa Francisco nos recordó que lo vivido en la pandemia ha “desenmascarado nuestra vulnerabilidad y ha dejado al descubierto nuestras falsas y superfluas seguridades”[1]. Como consecuencia de ello, vivimos tiempos de hondo sufrimiento, incertidumbre y perplejidad que agudizan la urgencia del cuidado de la fragilidad, uno de los temas que se ha tratado en este curso. Como bien expresa Laudato si, “en el mundo todo está conectado”[2]. Estamos experimentando a flor de piel (y a veces con dolor) la interdependencia planetaria. Ante ella es imprescindible la corresponsabilidad fraterna y la necesidad de la compasión humana. Por ello, abordar la cuestión de los cuidados requiere un tratamiento integral, “holístico” como dicen los expertos. La ética del cuidado tiene que ir más allá de la protección de la salud. La justicia y el cuidado son valores complementarios pues vivimos el tiempo en que los enormes avances científicos y tecnológicos contrastan con desigualdades lacerantes, exclusiones, pobrezas y marginaciones incomprensibles[3]. La “crisis de los cuidados” tiene su raíz en la crisis de los vínculos y tiene sus manifestaciones en los descuidos hacia “nuestra oprimida y devastada tierra”[4], en los descuidos hacia nuestros hermanos y hermanas bajo la “cultura del descarte”[5], y en el descuido de nuestra vida interior que tanta relación tiene con “el cuidado de la ecología y con el bien común”[6]. Y es un error pensar que el interés por las personas discapacitadas y dependientes es un interés particular y no colectivo. Es un concepto de bien común. Este es uno de los ámbitos en los que se fija el papa Francisco cuando denuncia la actitud de indiferencia ante las necesidades de los demás. Las organizaciones sociales y eclesiales han respondido con prontitud y creatividad al impacto social de esta situación. La Iglesia se ha mostrado “experta en humanidad” (san Pablo VI) en momentos complejos. Por ello, en este curso han visibilizado experiencias que muestran esa dosis de humanidad que tiene el ser humano (justicia restaurativa, ante la trata de personas, las víctimas de los abusos, en la acogida de emigrantes) y que para la Iglesia significa que las personas son creadas para amar. “En medio de los límites brotan inevitablemente gestos de generosidad, solidaridad y cuidado”[7]. Toda la vida está en juego cuando descuidamos la relación con el prójimo, pues tenemos el encargo y el deber de cuidar y custodiar a nuestros prójimos cercanos y lejanos. “Cuando todas estas relaciones son descuidadas, cuando la justicia ya no habita en la tierra, la Biblia nos dice que toda la vida está en peligro”[8]. La Iglesia debe participar en las cadenas globales de cuidados en los distintos ámbitos, debe cuidar a las personas y a la sociedad (trabajar por el bien común). Mesa de experiencias escuchadas durante el curso de Doctrina Social de la Iglesia Espiritualidad del cuidado La paz interior, la profundidad del corazón, la experiencia de sentirse cuidado por un “Dios que es Amor” (1ª Jn 4,8) son condiciones básicas “para una austeridad responsable, para la contemplación agradecida del mundo y para el cuidado de la fragilidad de los pobres y del ambiente”[9]. Sin una mística que nos anime, nos aliente y nos sostenga, es imposible construir una auténtica sociedad de los cuidados. Necesitamos de “la espiritualidad para alimentar una pasión por el cuidado del mundo”[10] y para experimentar que “todo lo puedo con el que me da fuerzas” (Flp 4, 13). La cultura del cuidado no se fundamenta únicamente en el desarrollo ético de nuestras actitudes y prácticas, en una exigencia democrática, como se deriva de una ética civil, sino que exige también que “despertemos el sentido estético y contemplativo”
Jornada «Enjugar las lágrimas»
Coincidiendo con la Fiesta de la Visitación, la Pastoral de la carretera celebra la VII Jornada Enjugar las lágrimas: Orar y acompañar a las personas que han sufrido un accidente de tráfico o han perdido a un ser querido Con motivo del Año de la Misericordia de 2016, el primer jueves del mes de mayo, mes dedicado a la Virgen María, celebramos por primera vez la jornada: “ENJUGAR LAS LAGRIMAS” dirigido a las personas necesitadas de consuelo, de cariño, de escucha, de compañía, de ánimo… Desde la Pastoral de la Carretera lo tenemos bien claro, lo que pretendemos es llegar a las personas que han perdido en accidente de tráfico a un ser querido, o que ellos mismos han sido víctimas en primera persona y han quedado, mejor o peor parados, para el resto de sus días. Ciertamente también debemos acoger a las demás personas que pasan por un mal momento, sin hacer distinción del origen de sus lágrimas. No se trata de un día en recuerdo de los muertos en accidente de carretera, eso lo hacemos el tercer domingo del mes noviembre; se trata más bien de acompañar y dar una palabra de aliento y de esperanza a los vivos que, no obstante el tiempo transcurrido, siguen sufriendo como el primer día del accidente, suyo o de un ser querido. Es un día especial donde resulta fácil reconocer el rostro materno de la Iglesia. En los evangelios tenemos muchos ejemplos de Jesús donde hace suyos los dolores y lágrimas de los demás. Basten estas dos citas: Jesús acompaña en el dolor a las hermanas Marta y María por la muerte de su amigo Lázaro: “Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó: “¿Dónde lo habéis enterrado?” Le contestaron: ”Señor, ven a verlo”. Jesús se echó a llorar” (Jn 11, 33-35). Jesús enjuga las lágrimas de la Magdalena: “Jesús le dice: “Mujer, ¿por qué lloras?”, “¿a quién buscas?” (Jn 20,15). El año 2020, la jornada “ENJUGAR LAS LAGRIMAS” se fijó como fecha fija el 31 de mayo, día, en el cual celebramos la Visitación de la Virgen a Santa Isabel y de igual modo la Iglesia, que es Madre, tenga el gesto de acercarse a sus hijos que han sufrido un grave accidente o personas que hayan perdido, por accidente de tráfico, a un ser querido. María no solamente llevó a los ancianos esposos Zacarías e Isabel consuelo y alegría, les llevó a Jesús, la causa de su alegría. De hecho, el lema que hemos escogido para la Jornada de Responsabilidad en el Tráfico del 3 de julio de este año es: “María se puso en camino” en cuya compañía deseamos que vayan los conductores por la carretera. No olvidamos, ni podemos olvidar, las palabras que el Santo Padre el Papa Francisco nos dirigió, personalmente a nosotros, el pasado mes de octubre: “Me alegra saber que desde el Departamento de Pastoral de la Carretera estén promoviendo un ejercicio ciudadano capaz de incentivar la cultura del cuidado”. Vemos necesario que en cada diócesis se haga el esfuerzo de ofrecer una Eucaristía e invitar a los afectados, a las Asociaciones de Víctimas, autoridades relacionadas con la Seguridad Vial… Nunca olvidemos que somos el rostro visible de la “Iglesia Madre” y la madre, cuando un hijo ha perdido a un ser querido o sufrido un accidente grave, se vuelca en atenciones y cariño. Deseamos de corazón una Seguridad Vial plena donde nadie tenga que sufrir por haber padecido un grave accidente o perdido a un ser querido, pero, mientras no llegue ese día, no olvidemos de “enjugar las lágrimas” a quienes lo necesiten. Invocamos la protección sobre nuestros hermanos conductores a Nuestra Señora, la Virgen de la Prudencia y a San Cristóbal. José Aumente Domínguez Director del Departamento de Pastoral de la Carretera
Francisco: La vida es un derecho, no la muerte, que debe ser acogida, no suministrada
Catequesis de la audiencia general En la catequesis de la audiencia general dedicada a San José, patrono de la «buena muerte», el Santo Padre agradece por los progresos de la medicina en los cuidados paliativos para acompañar el final de la vida, recordando que la eutanasia y el suicidio son “inaceptables”. Vatican News En la catequesis de la audiencia general del segundo miércoles de febrero, el Papa Francisco continuó profundizando sobre la figura de San José, centrándose hoy en la devoción especial que el pueblo cristiano siempre ha tenido por él como “patrono de la buena muerte”, considerando que “José murió en presencia de la Virgen María y de Jesús”. Una devoción aconsejada por el Papa Benedicto XV hace un siglo, recuerda Francisco, en su Motu proprio Bonum sane, en el que animaba pías prácticas en honor de San José a favor de los moribundos. El Pontífice inició su reflexión afirmando que nuestra relación con la muerte no se refiere nunca al pasado, sino siempre al presente. “La llamada cultura del ‘bienestar’ – evidenció – trata de eliminar la realidad de la muerte, pero de forma dramática la pandemia del coronavirus la ha vuelto a poner en evidencia. Muchos hermanos y hermanas han perdido a personas queridas sin poder estar cerca de ellas, y esto ha vuelto la muerte todavía más dura de aceptar y de elaborar”. La fe ayuda a afrontar la muerte A pesar de esto, Francisco constata que se trata por todos los medios de alejar el pensamiento de nuestra finitud, engañándonos así para quitarle su poder a la muerte y ahuyentar el miedo. Pero – precisa –“la fe cristiana no es una forma de exorcizar el miedo a la muerte, sino que nos ayuda a afrontarla. La verdadera luz que ilumina el misterio de la muerte viene de la resurrección de Cristo”. Por la resurrección de Jesús, miramos con ojos nuevos toda la vida Y asegura que “solo por la fe en la resurrección nosotros podemos asomarnos al abismo de la muerte sin que el miedo nos abrume”. La muerte, “iluminada por el misterio de Cristo –añade el Santo Padre – “ayuda a mirar con ojos nuevos toda la vida”. ¡Nunca he visto, detrás de un coche fúnebre, un camión de mudanzas! No tiene sentido acumular si un día moriremos. Lo que debemos acumular es la caridad, es la capacidad de compartir, de no permanecer indiferentes delante de las necesidades de los otros. O, ¿qué sentido tiene pelear con un hermano, con una hermana, con un amigo, con un familiar, o con un hermano o hermana en la fe si después un día moriremos? Delante de la muerte muchas cuestiones se redimensionan. Está bien morir reconciliados, ¡sin dejar rencores y sin arrepentimientos! Inmoral el encarnizamiento terapéutico “El Evangelio nos dice que la muerte llega como un ladrón” – prosigue el Papa – recordando que aunque intentemos querer tener bajo control su llegada, quizá programando nuestra propia muerte, “permanece un evento con el que tenemos que rendir cuentas y delante al cual también hacer elecciones”. Y señala dos consideraciones “para nosotros cristianos”. La primera, presente en el Catecismo de la Iglesia Católica: No podemos evitar la muerte, y precisamente por esto, después de haber hecho todo lo que humanamente es posible para cuidar a la persona enferma, resulta inmoral el encarnizamiento. Acompañar a la muerte, no provocarla La segunda consideración tiene que ver con la calidad de la muerte misma, del dolor, del sufrimiento: Debemos estar agradecidos por toda la ayuda que la medicina se está esforzando por dar, para que a través de los llamados “cuidados paliativos”, toda persona que se prepara para vivir el último tramo del camino de su vida, pueda hacerlo de la forma más humana posible. Pero debemos estar atentos a no confundir esta ayuda con derivas inaceptables que llevan a la eutanasia. Debemos acompañar a la muerte, pero no provocar la muerte o ayudar al suicidio asistido. Cuidado para todos, en especial para los más débiles Francisco insiste en que se debe “privilegiar siempre el derecho al cuidado y al cuidado para todos, para que los más débiles, en particular los ancianos y los enfermos, nunca sean descartados. La vida es un derecho, no la muerte, que debe ser acogida, no suministrada. Y este principio ético concierne a todos, no solo a los cristianos o a los creyentes. Una experiencia de la misericordia de Dios “Que San José pueda ayudarnos a vivir el misterio de la muerte de la mejor forma posible”, reza finalmente el Papa. “Para un cristiano – subraya – la buena muerte es una experiencia de la misericordia de Dios, que se hace cercana a nosotros también en ese último momento de nuestra vida”. Y recuerda que “también en la oración del Ave María, nosotros rezamos pidiendo a la Virgen que esté cerca de nosotros “ahora y en la hora de nuestra muerte”. Por eso invita a concluir rezando todos juntos un Ave María “por los agonizantes y por los que están viviendo un luto”.
Jornada Mundial del Enfermo: Estar al lado de los que sufren
El 11 de febrero de 2022, memoria de la Bienaventurada Virgen de Lourdes, se celebrará la Jornada Mundial del Enfermo. El mensaje del Santo Padre lleva por título: ««Sean misericordiosos así como el Padre de ustedes es misericordioso» (Lc 6,36). Estar al lado de los que sufren en un camino de caridad» es el lema que propone para este año. Como recuerda el papa Francisco en su mensaje, esta jornada fue instituida hace 30 años por san Juan Pablo II para sensibilizar sobre la necesidad de asistir a los enfermos y a quienes los cuidan. El Santo padre recuerda con agradecimiento que se ha avanzado bastante, pero, puntualiza, «todavía queda mucho camino por recorrer para garantizar a todas las personas enfermas, principalmente en los lugares y en las situaciones de mayor pobreza y exclusión, la atención sanitaria que necesitan, así como el acompañamiento pastoral para que puedan vivir el tiempo de la enfermedad unidos a Cristo crucificado y resucitado». MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCOPARA LA XXX JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO 11 de febrero de 2022(texto íntegro) «Sean misericordiosos así como el Padre de ustedes es misericordioso» (Lc 6,36).Estar al lado de los que sufren en un camino de caridad Queridos hermanos y hermanas: Hace treinta años, san Juan Pablo II instituyó la Jornada Mundial del Enfermo para sensibilizar al Pueblo de Dios, a las instituciones sanitarias católicas y a la sociedad civil sobre la necesidad de asistir a los enfermos y a quienes los cuidan [1]. Estamos agradecidos al Señor por el camino realizado en las Iglesias locales de todo el mundo durante estos años. Se ha avanzado bastante, pero todavía queda mucho camino por recorrer para garantizar a todas las personas enfermas, principalmente en los lugares y en las situaciones de mayor pobreza y exclusión, la atención sanitaria que necesitan, así como el acompañamiento pastoral para que puedan vivir el tiempo de la enfermedad unidos a Cristo crucificado y resucitado. Que la XXX Jornada Mundial del Enfermo —cuya celebración conclusiva no tendrá lugar en Arequipa, Perú, debido a la pandemia, sino en la Basílica de San Pedro en el Vaticano— pueda ayudarnos a crecer en el servicio y en la cercanía a las personas enfermas y a sus familias. 1. Misericordiosos como el Padre El tema elegido para esta trigésima Jornada, «Sean misericordiosos así como el Padre de ustedes es misericordioso»(Lc 6,36), nos hace volver la mirada hacia Dios «rico en misericordia» (Ef 2,4), que siempre mira a sus hijos con amor de padre, incluso cuando estos se alejan de Él. De hecho, la misericordia es el nombre de Dios por excelencia, que manifiesta su naturaleza, no como un sentimiento ocasional, sino como fuerza presente en todo lo que Él realiza. Es fuerza y ternura a la vez. Por eso, podemos afirmar con asombro y gratitud que la misericordia de Dios tiene en sí misma tanto la dimensión de la paternidad como la de la maternidad (cf. Is 49,15), porque Él nos cuida con la fuerza de un padre y con la ternura de una madre, siempre dispuesto a darnos nueva vida en el Espíritu Santo. 2. Jesús, misericordia del Padre El testigo supremo del amor misericordioso del Padre a los enfermos es su Hijo unigénito. ¡Cuántas veces los Evangelios nos narran los encuentros de Jesús con personas que padecen diversas enfermedades! Él «recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas de los judíos, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias de la gente» (Mt 4,23). Podemos preguntarnos: ¿por qué esta atención particular de Jesús hacia los enfermos, hasta tal punto que se convierte también en la obra principal de la misión de los apóstoles, enviados por el Maestro a anunciar el Evangelio y a curar a los enfermos? (cf. Lc 9,2). Un pensador del siglo XX nos sugiere una motivación: «El dolor aísla completamente y es de este aislamiento absoluto del que surge la llamada al otro, la invocación al otro» [2]. Cuando una persona experimenta en su propia carne la fragilidad y el sufrimiento a causa de la enfermedad, también su corazón se entristece, el miedo crece, los interrogantes se multiplican; hallar respuesta a la pregunta sobre el sentido de todo lo que sucede es cada vez más urgente. Cómo no recordar, a este respecto, a los numerosos enfermos que, durante este tiempo de pandemia, han vivido en la soledad de una unidad de cuidados intensivos la última etapa de su existencia atendidos, sin lugar a dudas, por agentes sanitarios generosos, pero lejos de sus seres queridos y de las personas más importantes de su vida terrenal. He aquí, pues, la importancia de contar con la presencia detestigos de la caridad de Dios que derramen sobre las heridas de los enfermos el aceite de la consolación y el vino de la esperanza, siguiendo el ejemplo de Jesús, misericordia del Padre [3]. 3. Tocar la carne sufriente de Cristo La invitación de Jesús a ser misericordiosos como el Padre adquiere un significado particular para los agentes sanitarios. Pienso en los médicos, los enfermeros, los técnicos de laboratorio, en el personal encargado de asistir y cuidar a los enfermos, así como en los numerosos voluntarios que donan un tiempo precioso a quienes sufren. Queridos agentes sanitarios, su servicio al lado de los enfermos, realizado con amor y competencia, trasciende los límites de la profesión para convertirse en una misión. Sus manos, que tocan la carne sufriente de Cristo, pueden ser signo de las manos misericordiosas del Padre. Sean conscientes de la gran dignidad de su profesión, como también de la responsabilidad que esta conlleva. Bendigamos al Señor por los progresos que la ciencia médica ha realizado, sobre todo en estos últimos tiempos. Las nuevas tecnologías han permitido desarrollar tratamientos que son muy beneficiosos para las personas enfermas; la investigación sigue aportando su valiosa contribución para erradicar enfermedades antiguas y nuevas; la medicina de rehabilitación ha desarrollado significativamente sus conocimientos y competencias. Todo esto, sin embargo, no debe hacernos olvidar la singularidad de cada persona enferma, con su dignidad y sus fragilidades [4]. El enfermo es siempre más importante que su enfermedad y por eso cada enfoque
La trata es un pecado contra el Espíritu Santo. Es muy difícil de perdonar
El Departamento de Trata de personas de la Conferencia Episcopal Española celebra la Jornada Mundial de Oración contra la Trata de Personas Juan Carlos Elizalde, Obispo de Vitoria y responsable del Departamento, emitió un videomensaje en el que denunció de forma contundente a los grupos criminales que comercian con seres humanos, que han aumentado durante la pandemia. Por la mañana el Departamento de Trata participó en la Maratón Mundial de Oración organizada con motivo de esta Jornada. Y ya por la tarde, al término de la oración mundial, se celebró en la Iglesia de los Jerónimos en Madrid, la Vigilia contra la Trata en memoria de Santa Josefina Bakhita. Archidiócesis de Madrid: El Departamento de Trata de Personas de la Conferencia Episcopal Española junto con la Archidiócesis de Madrid celebró el 8 de febrero, la VIII Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas con una vigilia de oración en la parroquia San Jerónimo el Real que se pudo también seguir online y cuya visualización te ofrecemos más abajo. Coincidiendo con la festividad litúrgica de santa Josefina Bakhita, y unidos a la Iglesia universal, el encuentro estuvo presidido por José Luis Segovia, vicario para el Desarrollo Humano Integral y la Innovación. La jornada se contemplaba como una forma de rezar y celebrar el cuidado, ante todo, del «buen Dios que apuesta con locura por todas las víctimas». «Él mismo, en la cruz, se hizo víctima para poder abrazar a todas y sanar de este modo su sufrimiento», explicó el vicario. También, «por escandaloso que resulte», se rezó por los abusadores y traficantes, «porque creemos en el infinito poder de la oración y porque con Dios todo es posible». José Luis Segovia concluyó dando las gracias a las mujeres: «Sois mujeres, benditas mujeres, las que estáis en primera línea de este pacífico y sanador frente de batalla contra la trata». A lo largo de la oración, en la que se fueron leyendo textos para la meditación y la reflexión al hilo de la vida de Josefina Bakhita, los asistentes fueron colocando velas en torno a la imagen de la santa como ofrenda por las víctimas, y también por aquellos comprometidos en la transformación de estructuras económicas injustas. Se colocaron asimismo unas tenazas como símbolo de la ruptura de las cadenas que esclavizan. «Este es el momento oportuno de redescubrir y de dar perdón –se escuchó–. Ante el mal cometido, incluso crímenes graves, es el momento de escuchar el llanto de personas inocentes». El odio «es solo fuente de falsa ilusión y tristeza».
Jornada Mundial de Oración contra la Trata. Las diócesis españolas celebran sus vigilias
El 8 de Febrero, memoria litúrgica de Santa Josefina Bakhita se celebra la VIII Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de personas. que se convoca por iniciativa del papa Francisco, desde el año 2015. Con este motivo la Santa Sede y el Departamento de Trata de la Conferencia Episcopal Española han organizado varios actos. Colaborar en favor de la justicia y de la dignidad humana Monseñor Juan Carlos Elizalde, Obispo de Vitoria es el presidente de la Subcomisión Episcopal de Migraciones y Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Española y Responsable del Departamento de Trata. En su mensaje de este año nos transmite su entusiasmo por la vida de Santa Josefina Bakhita: «Santa Bakhita nos brinda la ocasión de reconocernos mutuamente como activos colaboradores en favor de la justicia y de la dignidad humana conculcada en la trata«. Puedes leer el mensaje completo en la revista editada para esta ocasión. Día 2 de Febrero, Círculo de Silencio online Un año más, se nos invita a celebrar la Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas. Una jornada promovida por la Unión Internacional de Superiores y Superioras Generales, y coordinada por Talitha Kum, red internacional fundada por la UISG y comprometida contra la trata de personas. La primera jornada tuvo lugar el día 8 de febrero del año 2015 por voluntad del papa Francisco, día en que se celebra la memoria litúrgica de Santa Josefina Bakhita. El lema escogido para este año 2022, sin dejar el tema central del pasado año 2021, “Economía sin trata de personas”, viene a poner el foco en la fuerza del cuidado. Un cuidado con rostro femenino, donde la mujer adquiere un papel significativo. Se trata de un llamamiento a las mujeres para ser agentes de transformación desde la fuerza del cuidado, hacia las personas y la casa común. Se trata de un llamamiento a las mujeres para ser agentes de transformación desde la fuerza del cuidado, hacia las personas y la casa común. Mª Francisca Sánchez Vara El 30 de julio, Día Mundial contra la Trata de Personas, el papa Francisco ya nos invitaba “a trabajar juntos para transformar la economía de la trata en una economía del cuidado.”. Destacaba también la importancia del cuidado, “para dar valor, para dar fuerza al bien, enfrentándose al mal con la fuerza del bien.” El cuidadocomo expresión del bien, que es el arma más eficaz que tenemos para combatir el mal, causa de tanto dolor en el mundo. Así lo experimentó Santa Josefina Bakhita a lo largo de su vida. Ella fue sin duda profeta y testigo de la cultura del cuidado. Por ello, el papa Francisco escogió este día para la celebración de esta jornada,donde la oración y la reflexión juegan un papel significativo. El paso previo es conocer y saber de qué estamos hablando. Y este es el objetivo de esta revista; aproximarnos a esta realidad para conocerla mejor, reflexionar sobre ello y orar por las víctimas, por los perpetradores y por todas aquellas personas y entidades implicadas en el acompañamiento y en la lucha contra la trata. En su mensaje para la LIV Jornada Mundial de la Paz 2021, nos animaba a todos a convertirnos “en profetas y testigos de la cultura del cuidado, para superar tantas desigualdades sociales. Y esto será posible sólo con un fuerte y amplio protagonismo de las mujeres, en la familia y en todos los ámbitos sociales, políticos e institucionales.” A las mujeres se nos confía una gran responsabilidad, que está en nuestras manos asumir, y que también se nos ha de facilitar. No se trata de establecer roles, sino de poner el foco en los valores y capacidades de las mujeres para el cuidado. En este mismo mensaje el papa Francisco nos recuerda que “la promoción de la cultura del cuidado requiere un proceso educativo”, un proceso que nace en la familia, y que requiere la colaboración de “otros sujetos encargados de la educación”, haciendo especial énfasis en el papel que juegan las religiones y los líderes religiosos. “No hay paz sin la cultura del cuidado”, así finaliza este mensaje; no hay trata de personas sin cultura del cuidado, porque la cultura del cuidado promueve una economía solidaria que pone en el centro a lapersona y la promueve. Hemos querido destacar en esta revista la figura de Santa Bakhita, y, para ello, hemos contado con la colaboración de Sandra Maggiolo, asistente de la Madre General de las Religiosas Canossianas, donde hizo sus votos el 8 de diciembre de 1893, tras tres años de noviciado, y donde permaneció hasta su muerte el 8 de febrero de 1947. También hemos querido dar voz a las “Bakhitas” de hoy, aquellas que han sido tratadas como objeto de explotación y abuso. Mujeres que han recuperado sus vidas, poniéndolas al servicio de quienes han comenzado caminos de liberación; testimonios vivos de la fuerza y la importancia del cuidado. Hacemos un llamamiento a toda la comunidad cristiana para unirnos en oración, ya sea de forma presencial o telemática.Para ello, la vigilia propuesta para este año nos sitúa en tres momentos con tres intenciones muy concretas: perdón, sanación e intercesión. Muchas son las personas que, a través de diferentes proyectos, están comprometidas con esta causa. Es relevante el trabajo preventivo que se está realizando en los países de origen, porque para acabar con la trata es importante incidir y trabajar sobre las causas que lo provocan. También el acompañamiento que realizan muchas entidades de la sociedad civil o que pertenecen a otras confesiones cristianas. Todas y todos sumamos. Por ello impulsamos desde este departamento el trabajo en red. La creación de equipos diocesanos pone de manifiesto la voluntad de hacer un camino juntos, en sinodalidad. Un estilo de trabajo al que se nos invita especialmente en este año, en el que como Iglesia estamos llamados a caminar juntos, a participar, a vivir en comunión y hacerlo así realidad en el día a día de nuestra misión. Agradecemos a todas
XVIII Jornadas de Teología de la Caridad
Cada cuatro años, desde la Confederación Cáritas Española, se convocan las Jornadas de Teología de la Caridad. El tema escogido es: La Iglesia, una comunidad fraterna y cuidadora. Se celebrarán en Málaga del 18 al 22 de febrero de 2022. El tema de reflexión es el cuidado. El reconocimiento de la propia vulnerabilidad y las grandes desigualdadessociales, agravadas por la pandemia y el deterioro del medioambiente, nos enseñan la importancia de hacernoscargo los unos de los otros y también de la Creación, para construir una sociedad basada en relaciones defraternidad. La Biblia revela, desde el principio, la importancia del cuidado o de la custodia en el proyecto de Dios por lahumanidad. Y el Papa Francisco nos anima a colaborar en la cultura del cuidado para erradicar la indiferencia,el rechazo y la confrontación.Cáritas está llamada a ser una comunidad de cuidados compuesta de hermanos y hermanas que se acogenrecíprocamente y se preocupan los unos de los otros en la sociedad de los cuidados. DESCARGA AQUÍ EL PROGRAMA