El Apostolado del Mar nuevamente quiere hacerse eco de otra dolorosa tragedia marinera. Esta vez tres marineros han muerto tras chocar el 26 de abril un pesquero, el “Nuevo Marcos» de Campelo con puerto base en Portonovo, contra una batea en las inmediaciones de la isla de Tambo, frente a Combarro. Los fallecidos son el patrón, Francisco Castiñeiras, Jesús Ligero Abilleira y Florentino Carballo Viñas. Nuevamente unas familias están sumidas en el dolor. Y nuevamente toda la familia marinera – y la sociedad a la que sirven con su abnegado trabajo – se siente conmocionada. Junto a ellos sufrimos los efectos esta nueva desgracia, nos ponemos a su disposición y desde la cercanía a todos ellos compartimos su dolor y elevamos nuestra oración con la esperanza de la vida eterna para los fallecidos Precisamente, hace pocos días, el 30 de marzo, sentíamos como nuestro el dolor por el fallecimiento del percebeiro, poeta y concelleiro Paco Souto vecino de Malpica mientras recogía percebes en Carballo Y diez días antes dos trabajadores emigrantes Mfeddal Sarghini, marroquí de 34 años y Cheikhou Mane, senegalés de 37, lamentablemente fueron localizados sin vida a 170m de profundidad en las proximidades del pesquero El Fairell tras su Hundimiento en las proximidades del puerto de Barcelona Estas tragedias nos hacen recordar que debido a una serie de factores relacionados con su profesión, las gentes del mar a veces son invisibles a nuestros ojos y a los ojos de nuestra sociedad y solo salen a la luz cuando se producen noticias como estas. A la vez que pedimos las mejores condiciones laborales posibles para su trabajo expresamos nuestra gratitud a todos los que trabajan en la industria marítima. Y con un corazón lleno de confianza pedimos a María Estrella del Mar que guíe, ilumine y proteja los pasos y los trabajos de toda la gente de mar acogiendo con solicitud maternal a todos los que dejan su vida en tan duro y sacrificado trabajo + Monseñor D. Luis Quinteiro Obispo de Tui-Vigo y Promotor del “Apostolado del Mar” de la Conferencia Episcopal Española 27 de abril de 2017
Nota de la CE de Migraciones sobre la acogida a los inmigrantes y refugiados en Europa y en nuestro país
1.- En este año en el que por el impulso del papa Francisco la Iglesia está trabajando de manera especial sobre los problemas de los “menores migrantes, vulnerables y sin voz” queremos manifestar nuestra preocupación sobre las consecuencias de las recientes medidas que la Comisión Europea aprobó el 2 de marzo pasado donde se invita a expulsar de la forma más rápida posible a migrantes en situación de irregularidad, entre los que probablemente se encuentren niños. Esta propuesta puede suponer, de hecho, que prime la condición de inmigrante antes que la de ser menor, con lo cual se podrían conculcar los derechos de los menores. De entre las medidas, la más sorprendente es la de prolongar los períodos de detención. Los niños no deberían ser detenidos porque la detención nunca les beneficia. Y hay que recordar que solicitar asilo no es un acto ilegal. Debemos ver a los menores migrantes – especialmente a los no acompañados – como una oportunidad, “un reto y una esperanza “, no como un problema. Así lo manifestábamos en nuestro Mensaje del 16 de enero de 2017 con motivo de la Jornada de las Migraciones. También decíamos que “Alguien ha de gritar con ellos y en su nombre” .Por eso pedimos que se les trate como lo que son: personas inocentes y vulnerables por lo que merecen un trato especial. Insistimos, una vez más, en que los países deben tomar en serio este asunto y tratar el fenómeno de las migraciones con responsabilidad tanto en el origen como en la acogida. Observamos con inmensa tristeza cómo se están construyendo muros y tomando medidas para impedir el flujo migratorio. Las Administraciones públicas tienen la responsabilidad de ordenar las corrientes migratorias; pero teniendo en cuenta siempre la protección de los derechos de los más indefensos y vulnerables. No olvidemos que los menores son muchas veces, junto con las mujeres, víctimas inocentes de la trata de personas con fines de explotación laboral, sexual, de extracción de órganos etc. La Iglesia desea colaborar con la sociedad y caminar junto a estos niños migrantes para dar solución justa a este problema. Para ello cuenta en España con una generosa red de ayuda a estos sectores de la población dentro de las diócesis y de las congregaciones religiosas e institutos de vida consagrada así como de asociaciones laicales. Desde la Comisión Episcopal de Migraciones estamos alentado y apoyando la coordinación de las instituciones eclesiales y su trabajo relacionado con la Infancia y Juventud en riesgo. 2.- Por otro lado, queremos recordar que hace un año los obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones ante el acuerdo alcanzado entre la Unión Europea y Turquía para devolver a este último país a los refugiados que habían llegado a Europa, manifestábamos “el inmenso dolor ante esta y todas las últimas tragedias humanitarias que afectan a emigrantes y refugiados”. Queremos de nuevo recordar – como dice el Santo Padre – que “detrás de estos flujos migratorios, en continuo aumento, está siempre la inhumanidad de un sistema económico injusto en que prevalece el lucro sobre la dignidad de la persona y el bien común; o la violencia y la ruina que genera la guerra, la persecución o el hambre”. Por eso reiteramos de nuevo el deseo de acompañar como pastores de la Iglesia a las organizaciones eclesiales que trabajan con inmigrantes y refugiados las cuales han hecho pública una nueva Nota el 21 de Marzo, titulada “Un año desde el acuerdo UE- Turquía: pasos en la mala dirección”. En ella han hecho oír su voz en defensa de los derechos de estas personas desvalidas que reclaman con justicia nuestra solidaridad. 3.- Por último, deseamos que se cumplan, cuanto antes, las propuestas que nuestro Gobierno asumió en la acogida de los migrantes, invitándole a una más amplia generosidad en las mismas. La Iglesia, en una labor subsidiaria a la del Estado, está dispuesta a colaborar siempre dando respuestas integrales para responder a estos flujos de migrantes y refugiados. A través de sus instituciones apoya diferentes ofertas de acogida, acompañamiento e integración, como las que especialmente propone la red Migrantes con Derechos (Caritas, Confer, Justicia y Paz y la propia Comisión Episcopal de Migraciones) y la Comunidad de San Egidio con los pasillos humanitarios. A todos los que impulsados por las palabras de Jesús “Fui forastero y me acogisteis” (Mt 25,35) o movidos por la buena voluntad, trabajan por y con los inmigrantes, emigrantes y refugiados, nuestro sincero agradecimiento. Y nuestra bienvenida de todo corazón a los mismos inmigrantes y refugiados. Sabed que la Iglesia también es vuestra familia y vuestra casa. Los obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones Madrid, 27 de marzo de 2017
Nota del obispo responsable del «Apostolado del Mar» de la CEE ante el hundimiento del barco Senefand 1
Ante las noticias que nos llegan del hundimiento del barco Senefand 1, con once tripulantes a bordo y propiedad de la Compañía pesquera viguesa Grupo Profand, frente a las costas de Senegal, queremos manifestar Primero: Nuestra solidaridad y nuestra oración por los tres marineros que no han podido localizarse todavía por parte del equipo de rescate, el patrón del barco, Vicente Pazos, de 52 años y vecino de Marín que embarcado en Octubre tenía previsto regresar en Marzo y dos marineros senegaleses. Vaya nuestra cercanía y máximo afecto a sus familias Segundo: Alegrarnos por el rescate de los otros ocho marineros que ya han recibido el alta hospitalaria entre otros uno gallego, Fernando Argibay, vecino de Moaña y jefe de máquinas del pesquero. Y junto a él un caboverdiano, cinco senegaleses y un marinero de Guinea Bissau expresión de la realidad migratoria que trabaja en este Sector . Tercero : Seguimos al tanto del proceso y gestión así como del seguimiento que tanto la compañía armadora del buque como las distintas administraciones senegalesas, junto con el Consulado de España en Senegal y la Secretaría General de Pesca de la Junta de Galicia, están haciendo de este tema con una activa colaboración para que el incidente se resuelva lo antes posible y lo más favorable para los afectados Cuarto : Manifestar nuestra total disposición desde el Apostolado del Mar para todo aquello en lo que podamos colaborar con los afectados y sus familias. Una vez más han surgido la tragedia marinera a la que están expuestos nuestras gentes del mar por su trabajo y entrega ejemplar ante las muchas dificultades en las que están inmersos al servicio de la sociedad. Para todos ellos pedimos siempre las disposiciones legales más justas y Invocamos a Nuestra Señora del Carmen, como Madre de Misericordia. Y recordamos al respecto y con motivo de estas dolorosas noticias lo que decíamos en el Mensaje episcopal con motivo del Día de las gentes del mar: “Hoy como ayer, la misericordia es el corazón del mensaje del Evangelio. Como dice el papa Francisco, la misericordia es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro, la vía que une a Dios y al hombre y que abre nuestro corazón a la esperanza “ Con nuestra oración y bendición + Monseñor D. Luis Quinterio Obispo de Tui-Vigo y Promotor del “Apostolado del Mar” de la Conferencia Episcopal Española 14 de febrero de 2017
Iglesia comprometida por el trabajo decente
Comunicado de las XXII Jornadas Generales de Pastoral Obrera Convocados por el Departamento de Pastoral Obrera de la Conferencia Episcopal Española, nos hemos reunido en Ávila, los días 19 y 20 de noviembre, delegados diocesanos, miembros de los Movimientos Apostólicos Obreros, y de equipos de Pastoral obrera, para celebrar las XXII Jornadas de Pastoral Obrera, bajo el lema IGLESIA COMPROMETIDA POR EL TRABAJO DECENTE, para dialogar, reflexionar, compartir experiencias, y abordar propuestas pastorales para seguir impulsando la tarea de ser y hacer visible una Iglesia comprometida por el trabajo decente. En línea de continuidad con jornadas anteriores, hemos abordado este año la reflexión sobre la actual configuración del trabajo, que nos ha invitado a tomar conciencia de su realidad y hemos propuesto retos pastorales para la Iglesia española en el mundo del trabajo. Hemos presentado, igualmente, una propuesta de formación para los equipos de Pastoral obrera. Hemos presentado, también, la iniciativa Iglesia unida por el trabajo decente, impulsada por un conjunto de organizaciones eclesiales, que ha hecho surgir una experiencia de trabajo eclesial a través de la cual se ha puesto de manifiesto la necesidad de seguir apoyando la justa reclamación y la necesaria consecución de un trabajo decente, en el sentido que el papa Benedicto XVI ya describió en Cáritas un veritate 63. Como Iglesia en el mundo obrero y del trabajo, seguimos haciendo nuestro el sufrimiento que la lógica de este sistema genera en las y los trabajadores y sus familias, a quienes vamos acompañando con misericordia. Desempleados de larga duración, jóvenes, mujeres, inmigrantes, trabajadores precarios… conforman el rostro sufriente del mundo obrero. Nuestro empeño de seguir acompañando con misericordia sus vidas ha de seguir siendo prioritario. Como dice el papa Francisco, para contrarrestar la desesperanza, la comunidad cristiana “se mete con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, achica distancias… y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo[1] Es necesario, al término del año de la Misericordia, seguir uniendo misericordia y justicia, seguir denunciando la inmoralidad radical, la inhumanidad profunda con la que se organiza el sistema económico cuando no está al servicio de las personas, de sus necesidades humanas, especialmente de los más pobres. Seguimos clamando contra la lógica inmisericorde de un capitalismo sin entrañas, de un sistema económico que descarta a las personas y, como recuerda con insistencia el papa Francisco, priva radicalmente de dignidad a las personas cuando las priva de su humanidad, impidiéndoles realizar un trabajo decente. Uno de los graves problemas hoy, es que el empleo precario, sin derechos, mal pagado, sin que permita salir de la pobreza, se ha convertido en el empleo normal. La economía, y la política, no están al servicio de las personas, y necesitamos una economía y una política profundamente humanas y humanizadoras. Reclamarlas, y trabajar para que vayan siendo posibles, son exigencias de las implicaciones políticas de nuestra fe cristiana. Hace milenios[2] la Iglesia y los profetas dijeron lo que tanto escandaliza que repita el Papa en este tiempo cuando todo aquello alcanza expresiones inéditas. “Toda la doctrina social de la Iglesia y el magisterio se rebelan contra el ídolo-dinero que reina en lugar de servir, tiraniza y aterroriza a la humanidad.” Nos sentimos nuevamente convocados a ser Iglesia comprometida por el trabajo decente, al servicio de nuestras hermanas y hermanos, de su intrínseca dignidad de hijos e hijas de Dios, que nos urge a trabajar con misericordia, por la justicia. Seguimos invitando a todas las instancias eclesiales a sentirse convocadas a un empeño continuo en favor del trabajo decente, y seguimos reclamando de los poderes públicos un empeño sincero por ir generando condiciones objetivas que lo hagan posible, poniendo en el centro de sus políticas económicas la prioridad del servicio a las personas, no al capital. Nuestra esperanza en Jesucristo, Misericordia de Dios, nos sigue impulsando a una vida de servicio, solidaridad y humildad en favor del mundo obrero, y en especial de los que más sufren.[3] Ávila, 20 de noviembre de 2016 [1] EG 24 [2] Francisco. discurso en el III Encuentro de Movimientos Populares, 5 nov 2016 [3] ídem[/fusion_builder_column][/fusion_builder_row][/fusion_builder_container]
«Redescubrir el don de la hospitalidad»
Comunicado final del Encuentro de obispos y delegados responsables de la pastoral de los migrantes de las Conferencias Episcopales de Europa La gente conoce cada vez más el drama que viven miles de migrantes que cada día se arriesgan tratando de alcanzar el territorio europeo, cruzando el Mediterráneo en barcos en mal estado y el desierto en largas marchas de la muerte; en cambio son menos conocidas las historias de generosidad, historias donde se comparte y se acoge genuinamente, historias que acompaña el fenómeno migratorio de los últimos tiempos. Después de la urgencia de acoger, la Iglesia Católica está en primera línea en la emergencia relacionada con la integración de miles de migrantes. En Madrid, los obispos y los delegados responsables de la pastoral de los migrantes en Europa han dialogado sobre los «modelos» de integración, las buenas prácticas y los desafíos para la sociedad europea. Después de haber afrontado la cuestión de la acogida en el año 2015, los directores nacionales de la pastoral de los migrantes se han focalizado en el Año de la Misericordia en el desafío de la integración. El encuentro tuvo lugar en Madrid desde el 26 al 27 de septiembre invitados por el obispo de Albacete, Mons. Ciriaco Benavente Mateos, Presidente de la Comisión Episcopal de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española. La integración de los migrantes y de los refugiados es un fenómeno complejo y de múltiples facetas donde no existe un modelo único, sino diferentes experiencias relacionadas con las necesidades y las posibilidades del territorio que acoge. La Iglesia Católica, como han testimoniado los participantes, está comprometida en todos los países con diferentes actividades y programas. Sin embargo, ya sea la acogida como la integración no son prerrogativas de un sector particular de la sociedad civil y/o de instituciones de la iglesia, sino de toda la sociedad, porque es la persona en su totalidad – es decir, es una persona que necesita un trabajo, una casa pero también necesita el afecto de una familia y un apoyo espiritual – que debe ser acogida. Tampoco es un asunto solamente del migrante o de quién pide asilo, sino que corre por un camino paralelo poniendo en juego también la responsabilidad y la capacidad de la comunidad que acoge, llamada a dar espacio a la diversidad. Con su enfoque, la Iglesia siempre busca promover esta doble dimensión, con un trabajo que tenga en cuenta tanto las necesidades de los migrantes, en su integralidad y en su dignidad de persona, como también las necesidades de la comunidad que acoge. Los muros, antes de ser realidades físicas, son los muros que se elevan en los corazones humanos. La ignorancia y el miedo son, de hecho, los primeros obstáculos que hay que superar. Las personas tienen que comprender qué significa ser un refugiado, qué significa tener la propia vida contenida en una simple mochila. Por lo tanto, es claro que el verdadero desafío de la integración pasa antes que nada a través de un trabajo educativo de toda la sociedad. Es necesario educar a la gente al diálogo y al encuentro. De hecho, el encuentro con los que son diferentes a nosotros, si se realiza con la disposición apropiada, es siempre enriquecedor y se inserta en la óptica del intercambio de dones. Este acompañamiento de la comunidad que acoge debe realizarse junto a todas las realidades sociales y eclesiales presentes en el territorio. Sólo una educación al encuentro y al diálogo permitirá erradicar temores injustificados, sostenidos frecuentemente por estereotipos y cliché, que alimentan cada vez más sentimientos xenófobos en Europa. Entre las distintas experiencias presentadas por los participantes, el medio pedagógico-pastoral privilegiado para promover una real integración parece ser “trabajar juntos”. Es en el hacer juntos, acciones y actividades concretas que el migrante y la comunidad que acoge se perciben como una sóla cosa. En el espíritu del Año de la Misericordia, los directores nacionales luego han recordado la necesidad de volver a descubrir el significado y el valor de la hospitalidad que ayuda a los cristianos a responder mejor al desafío de la integración. En esta óptica, la parroquia es, sin duda, el espacio privilegiado donde se puede realizar una verdadera pedagogía del diálogo y del encuentro. En sus distintas realidades, la comunidad parroquial puede convertirse en un gimnasio de la hospitalidad, el lugar donde se realiza el intercambio de experiencias y de dones, donde se forja la convivencia pacífica que todos aspiramos. En Madrid, los directores nacionales también discutieron algunas cuestiones afrontadas anteriormente y que aún existen, como el tráfico de seres humanos (el trabajo que lleva adelante el Santa Marta Group), la presencia de los inmigrantes católicos chinos en Europa y la dinámica de la evangelización de los chinos en Europa. En la Parroquia “Santa María del Silencio” junto a una delegación de la diócesis de la pastoral de los migrantes de Madrid, los participantes celebraron la Eucaristía, animada por un coro africano y presidida por el arzobispo de la ciudad, S. E. Mons. Carlos Osoro Sierra. Más tarde, en el centro de acogida ‘San Ignacio’ de los padres Jesuitas de Madrid se reunió un numeroso grupo de jóvenes africanos, donde fue posible apreciar concretamente las distintas iniciativas que se realizan en el Centro Ignaciano para promover la integración, especialmente a través del trabajo y la educación. Los trabajos se concluyeron encontrando el Presidente de la Conferencia Episcopal Española, el Cardenal Ricardo Blázquez Pérez, en la sede de la Conferencia Episcopal en Madrid y un encuentro en Toledo – ciudad particularmente comprometida en el trabaja con los migrantes – con el arzobispo local, Mons. Braulio Rodríguez Plaza.
Declaración final del IX Congreso nacional de Pastoral Penitenciaria
Convocados por el Departamento de Pastoral Penitenciaria de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Española nos hemos reunido 300 congresistas para debatir y reflexionar sobre el lema “Abrazados en la Misericordia”. Este ha sido el centro de reflexión del IX Congreso Nacional de Pastoral Penitenciaria celebrado los días 16 al 18 de septiembre en el Escorial, en Madrid. Un Congreso que se ha visto enriquecido por la pluralidad de los participantes: capellanes, voluntarios de Pastoral Penitenciaria, funcionarios de prisiones, abogados, magistrados, trabajadores sociales, una participación de todos los agentes que intervienen en el mundo de la prisión, enriquecida por las ponencias, testimonios y reflexiones de los trabajos en grupo. Como Iglesia en salida de nuestras comunidades cristianas nos dirigimos a las periferias de la cárcel y su entorno para llevar la misericordia de Dios a las personas privadas de libertad. Hemos recibido la misericordia de Dios como don para ser entregado y compartido en un entorno penitenciario. Este reto comporta vocación y responsabilidad. En este IX Congreso Nacional de Pastoral Penitenciaria hemos trabajado las tres áreas que configuran nuestra pastoral, Religiosa, Social y Jurídica. Desde ellas queremos seguir trazando el futuro de nuestra Pastoral Penitenciaria. Desde el Área Religiosa – Constatamos que todavía hay comunidades cristianas y movimientos eclesiales que no están suficientemente sensibilizados con la realidad penitenciaria. Proponemos hacernos presentes en esas realidades eclesiales como son Arciprestazgos y Parroquias, para hacerles llegar los “gritos y necesidades” de nuestros hermanos en prisión. – Deseamos ser iglesia samaritana y misericordiosa de Dios en la cárcel, con nuestros gestos y con nuestra persona. En una sociedad cada día más vulnerable, somos “misericordia”, personas elegidas por Él para gritar que el amor y la misericordia de Dios se derraman dentro y fuera de la cárcel. Queremos ejecutar acciones religiosas, sociales y jurídicas que lleven a las personas a Dios, que es amor y libertad. – Llevamos la alegría del evangelio a la cárcel, para anunciar la liberación de los hombres y mujeres en prisión, “Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad” (E.G. 187). Una alegría que libera e integra en la sociedad y en la comunidad cristiana. – Reconocemos nuestra propia debilidad y nuestra limitación personal, porque igual que los privados de libertad estamos necesitados de la misericordia de Dios. Sólo reconociendo nuestra limitación, nuestra necesidad de misericordia y perdón podremos ser agentes transmisores de amor, misericordia, y “Ser instrumentos del perdón, porque hemos sido los primeros en recibirlo de Dios” (M.V. 14). Nuestra limitación nos ayuda a comprender la limitación y necesidad de misericordia del hombre y mujer en prisión. Todo esto llevará a la conversión personal, al cambio de corazón y de mente, como motor que lleve a la plena reinserción y liberación integral. – Queremos ser voz de los sin voz en la iglesia y en la sociedad. Somos conscientes de la invisibilidad de la cárcel, de nuestra acción pastoral. Deseamos dar a conocer las necesidades de nuestros hermanos en prisión y la acción pastoral que la iglesia realiza en este campo concreto, en sus tres niveles de prevención, prisión y reinserción. – Desarrollaremos y mantendremos un perfil evangélico que incluya la acogida, la escucha, la equidad, la esperanza y una defensa de los derechos humanos. Tendremos presente una acción basada en cuatro pilares fundamentales de nuestro compromiso con la cárcel: la misericordia, la liberación, la redención y la evangelización. – Daremos a conocer la labor de la pastoral penitenciaria en Parroquias y en las Delegaciones de las diócesis y trabajaremos para que esté integrada en el plan de Pastoral de cada diócesis. Desde el Área Social – Necesitamos formación e información de los recursos que tienen las diócesis y entidades del ámbito penitenciario públicas y privadas, para una mejor respuesta a las necesidades de los privados de libertad. A la vez que necesitamos potenciar, a través de las parroquias, un núcleo de unión entre la cárcel y la sociedad. – Impulsaremos la organización y consolidación de los equipos de cada área, religiosa, social y jurídica, facilitando la formación continua. – Impulsaremos canales de comunicación y de coordinación entre la Pastoral Penitenciara, las Caritas Diocesanas, Parroquias, entidades de Iglesia y Servicios Sociales, para un trabajo conjunto centrado en las necesidades de la persona. – Potenciaremos líneas de acción con las familias antes del ingreso (prevención), les acompañaremos durante su estancia (prisión) y en las salidas (reinserción), implicando a las parroquias. Nos acercaremos en prisión, de manera especial, a aquellos internos que no reciben visitas, indigentes y con más dificultades de vinculación con la comunidad y con la sociedad. – Constatamos la necesidad de trabajar en procesos de apoyo y acompañamiento a la persona antes de su salida de prisión y a través de talleres específicos de preparación para la libertad. Desde el área social fomentaremos y crearemos dichos talleres que faciliten el acceso e incorporación a la sociedad libre. – Participaremos en la sensibilización y motivación de las parroquias, asociaciones y movimientos de iglesia para acoger a personas con medidas alternativas a la prisión Trabajos en Beneficio de la Comunidad (TBC) u otras medidas como un medio para evitar el ingreso en prisión. – Colaboraremos y nos coordinaremos con la Administración Penitenciaria y con los centros penitenciarios para detectar necesidades, con la participación de las personas privadas de libertad, con el fin de generar programas útiles adaptados a la realidad actual. – Participaremos como Pastoral Penitenciaria en el Consejo Social Penitenciario y en los Consejos Sociales de cada centro penitenciario. Estaremos presentes en aquellos foros y mesas sociales del ámbito penitenciario para el análisis, sensibilización y proyección de actividades que afectan a las personas privadas de libertad y donde se fomenten medidas alternativas a la prisión. – Trasladaremos a la Administración la revisión del subsidio de excarcelación. Vemos que esta ayuda llega dos meses después de la libertad, generando un tiempo de indigencia
Comunicado final XLI Jornadas Pastoral de la Salud
Con el tema “Pastoral de la salud y ecología integral. Cuidar la tierra, cuidar personas”, hemos celebrado en Madrid, del 19 al 22 de septiembre, las XLI Jornadas nacionales de Pastoral de la Salud, con la asistencia de 90 personas representando a casi todas las Diócesis, y presididos por don Jesús Fernández, obispo responsable del departamento de Pastoral de la Salud de la CEE y obispo auxiliar de Santiago de Compostela. Tomando como marco la carta encíclica ‘Laudato Si’ hemos querido acercarnos con una mirada integral a nuestra realidad social, a la situación medioambiental y a los retos que hoy nos presenta el cuidado de nuestra casa común y de quienes vivimos en ella. La contaminación, la desertización, la pérdida de biodiversidad, la escasez de agua potable, la sobreexplotación de recursos naturales está agrandando la brecha de la desigualdad, el aumento de los migrantes que huyen de la degradación ambiental, y ello genera enfermedad, pobreza y exclusión, negando la dignidad y la salud a muchas personas de nuestro planeta. Desde la convicción de que ‘en el mundo todo está conectado’ (LS 16), no podemos entender la naturaleza como algo separado de nosotros, o como un mero marco de nuestra vida. La ecología afecta directamente a la salud; degradar el mundo es degradar la salud y provocar enfermedad. Por tanto, cuidar de la tierra es apostar por la salud de las personas. Y para cuidar a las personas, es fundamental buscar soluciones integrales y cuidar la tierra. Recordando las palabras del Génesis, el plan de Dios sitúa al ser humano dentro de la creación, con el encargo de labrar y cuidar el jardín del mundo, lo que significa protegerlo y custodiarlo. Es necesario hacer un uso responsable de las cosas, reconocer que los demás seres vivos tienen un valor propio. La humanidad necesita cambiar (LS 202). Tenemos un desafío cultural, espiritual y educativo. Debemos generar una mayor responsabilidad, un fuerte sentido comunitario, una especial capacidad de cuidado, una creatividad más generosa, un entrañable amor a la propia tierra, una denuncia profética de los posibles riesgos a la salud. La crisis socio-ambiental es una llamada a vivir una conversión ecológica, respondiendo a la vocación de protectores de la obra de Dios: cuidar la tierra, cuidar personas. Ante esta realidad, como agentes de Pastoral de la Salud sentimos la responsabilidad de hacer presente esta concepción socio-ambiental en nuestros ámbitos de misión: hospitales, residencias, domicilios, parroquias. Entendiendo por Salud el conjunto de relaciones armónicas entre Dios, la Creación y la humanidad, lo que sucede al conjunto del planeta no nos es ajeno, y debemos asumir la responsabilidad de predicar el desequilibrio creado y trabajar por una salud integral de la tierra y de las personas. Nuestra misión no es solo cuidar a las personas enfermas, sino “dar vida, y vida en abundancia” (Jn 10,10).
Nota de la CE de Migraciones ante la cumbre de las Naciones Unidas sobre Refugiados y Migrantes
Las organizaciones eclesiales Cáritas, CONFER y Justicia y Paz se han sumado al llamamiento conjunto que Caritas Internationalis y el Servicio Jesuita a Refugiados han dirigido a los líderes de todo el mundo que van a participar el 19 de septiembre, en Nueva York, en una Cumbre de las Naciones Unidas sobre Refugiados y Migrantes. La Comisión Episcopal de Migraciones se une al llamamiento de estas organizaciones pidiendo que las deliberaciones de la citada Cumbre se traduzcan en acuerdos efectivos, que velen por un reconocimiento, acogida, trato y protección lo más dignos posibles en favor de los emigrantes y refugiados. Como manifestábamos ante la Jornada Mundial de Migraciones del pasado 17 de enero, así como en la Nota del pasado 8 de marzo, no debemos de olvidar que “detrás de estos flujos migratorios, en continuo aumento, está siempre la inhumanidad de un sistema económico injusto en que prevalece el lucro sobre la dignidad de la persona y el bien común; o la violencia y la ruina que genera la guerra, la persecución o el hambre”. También hemos de recordar, ante las medidas de devoluciones sumarias en nuestras fronteras en estos días, lo pronunciado a propósito de la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado 2015. En dicho Mensaje además de mostrar la tristeza cuando nos llegan noticias como las devoluciones sumarias nos adheríamos “a la denuncia contra cualquier actuación en que no se tengan en cuenta los derechos humanos”. Y pedíamos que se cumplieran los tratados internacionales y se verificara “al menos, si las personas pudieran ser acreedoras del asilo político, ser víctimas de la ´trata´ o necesitadas de asistencia sanitaria urgente”. El Santo Evangelio –“ fui forastero y me acogisteis” (Mt 25, 35 )-, la consecuente Doctrina Social de la Iglesia, las reiteradas llamadas del Papa Francisco, las recientes orientaciones de la Conferencia Episcopal Española, contenidas en la Instrucción Pastoral “Iglesia, servidora de los pobres” (24 de abril de 2015), así como la línea mantenida por esta misma Comisión nos estimulan a seguir trabajando en favor de los emigrantes y refugiados y a pedir a las autoridades pertinentes “ser generosas en la acogida y en la cooperación con los países de origen en orden a lograr unas sociedades más humanas y más justas”. Madrid, 19 de septiembre de 2016 Los Obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones
La Eucaristía nos configura con Jesús compasivo y misericordioso
Festividad del Corpus Christi, día de la Caridad 2016 Al celebrar la fiesta del Corpus Christi en el marco del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, la contemplación y adoración del Señor en el sacramento de la Eucaristía nos ayuda a crecer y avanzar en el camino de la compasión. Este camino, recorrido por Jesús hasta el extremo, se hace presencia y memoria permanente para nosotros en este sacramento. La Eucaristía, sacramento de la compasión de Dios La Eucaristía, centro y fuente de toda la vida de la Iglesia, es el gran sacramento de la compasión de Dios: [1] Discípulos de Jesús compasivo y misericordioso En la fiesta del Corpus Christi celebramos el amor de Dios que, en el sacramento de la Eucaristía, nos ha revelado la plenitud de su amor compasivo. Con Él nos alimentamos sentándonos a la mesa con los hermanos para hacernos uno comiendo del mismo pan. Con Él nos identificamos haciendo nuestro su proyecto salvador: El proyecto de una cultura de la compasión y de la vida entregada en el servicio. En la raíz de toda la vida y actividad de Jesús está su amor compasivo. Se acerca a los que sufren, alivia su dolor, toca a los leprosos, libera a los poseídos por el mal, los rescata de la marginación y los devuelve a la convivencia[8] Entre los que siguen a Jesús están los desposeídos que no tienen lo necesario para vivir: vagabundos sin techo, mendigos que andan de pueblo en pueblo, jornaleros sin trabajo o con contratos precarios, arrendatarios explotados, viudas sin rentas mínimas ni seguros sociales, mujeres obligadas a ejercer la prostitución. Son los excluidos, los vulnerables, los descartados de ayer… y los de hoy. Por eso nosotros, ante Jesús-Eucaristía, queremos renovar nuestra unión con Él y nuestro seguimiento[9] y lo hacemos manteniendo vivo su proyecto compasivo, como nos pide el papa Francisco: «En este Año Santo, podremos realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea. ¡Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento existen en el mundo hoy! Cuántas heridas sellan la carne de muchos que no tienen voz porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de la indiferencia de los pueblos ricos».[10] Frente al descarte, una cultura de la compasión Contemplando el misterio de la Eucaristía y configurados por él, apostamos por una cultura de la compasión. Una cultura con unos rasgos que la identifican y unas implicaciones prácticas que queremos señalar: 1. Estar atentos: La compasión nace de tener ojos abiertos para ver el sufrimiento de los otros y oídos atentos para escuchar su clamor. Así pues, «abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio»[11] 2. Acercarnos: Es un criterio que subraya Francisco: «La proximidad como servicio al prójimo, sí; pero la proximidad también como cercanía».[12] «Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad».[13] 3. Salir al encuentro: «[El camino de la Iglesia es] no sólo acoger e integrar, con valor evangélico, a quienes llaman a la puerta, sino salir a buscar, sin prejuicios y sin miedos, a los alejados, manifestándoles gratuitamente aquello que también nosotros gratuitamente hemos recibido».[14] 4. Curar las heridas: Ante el sufrimiento no basta la indignación. Tampoco basta acoger. Hay que curar las heridas, aliviarlas con el óleo de la consolación, vendarlas con la misericordia y curarlas con la solidaridad y la debida atención.[15] 5. Acompañar: «La compasión auténtica se hace cargo de la persona, la escucha atentamente, se acerca con respeto y verdad a su situación, y la acompaña en el camino. El verdaderamente misericordioso y compasivo se comporta como el buen samaritano».[16] 6. Trabajar por la justicia: «Practica la justicia, ama la misericordia y camina humildemente con tu Dios» (Mi 6,8). Este precioso mensaje del profeta Miqueas es recogido por Cáritas en el lema de su campaña institucional «Vive la caridad, practica la justicia», recordándonos así que la primera exigencia de la caridad hecha compasión es la justicia. La cultura de la compasión implica la vivencia de unas actitudes concretas: En primer lugar, la libertad: «La lógica del amor no se basa en el miedo, sino en la libertad, en la caridad, en el sano celo (…) Jesús, nuevo Moisés, ha querido curar al leproso, ha querido tocarlo, ha querido reintegrarlo a la comunidad, sin autolimitarse por los prejuicios (…). Él no piensa en las personas obtusas que se escandalizan incluso de una curación o de cualquier apertura o cualquier paso que no entre en sus esquemas mentales o espirituales».[17] En segundo lugar, superar la lógica de la ley y entrar en la lógica de la misericordia: «Hoy nos encontramos en la encrucijada de estas dos lógicas: la de los doctores de la ley, que se alejan del peligro apartándose de la persona contagiada, y la lógica de Dios que, con su misericordia abraza y acoge, reintegrando y transfigurando el mal en bien, la condena en salvación, y la exclusión en anuncio (…) La caridad no puede ser neutra, aséptica, indiferente, tibia o imparcial».[18] Por último, Verificar la autenticidad de nuestro culto en la práctica de la justicia y de la compasión: Jesús sitúa el centro de la verdadera religión en el campo de la compasión. En dos ocasiones recoge Mateo[19] esta cita de Oseas: «misericordia quiero y no sacrificios» (Os 6,6). Con esta expresión Jesús no rechaza el culto, pero rechaza la falsedad, la trampa, la manipulación, y reclama un culto verdadero que pasa necesariamente por hacer justicia y ser compasivos. Iglesia, comunidad de amor La Iglesia, allí donde está presente, está llamada a ser «un oasis de misericordia».[20] Invoquemos la ayuda del Señor: «Danos entrañas de misericordia ante toda miseria humana,inspíranos el gesto y la palabra oportunafrente al hermano solo y desamparado,ayúdanos a mostrarnos siempre disponiblesante quien se siente solo y deprimido.Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de