La Comisión episcopal de Migraciones, reunida el 20 de Abril de 2016 desea con esta nota informativa seguir insistiendo en la necesaria y urgente toma de medidas de acogida, hospitalidad, y acompañamiento a refugiados. A ella se comprometió el Gobierno Español a quien la Iglesia española se ofreció y se sigue ofreciendo para lo que necesitara y pudiera ofrecer. En las diócesis españoles se han establecido ya los mecanismos y previsiones generosas y necesarias para colaborar y sensibilizar en dicha acogida. Y en el trabajo posterior para su integración social . Del trabajo ya hecho estamos seguros se beneficiarán emigrantes, refugiados y demás personas en situaciones de especial vulnerabilidad como lo vienen haciendo hasta la fecha Agradecemos la labor incisiva y solidaria que está haciendo la Red de Entidades eclesiales que trabajan con emigrantes (CEM, Confer, Caritas, Justicia y Paz y Sector Social de la Compañía de Jesús) y la de tantas organizaciones y entidades de Iglesia y otras a propósito de las personas concretas a quienes tan gravemente afecta esta crisis humanitaria necesitada de repuestas eficaces. Deseamos que no se ponga en cuestión la imprescindible necesidad de ayuda a los que huyen de la guerra o del hambre, refugiados e inmigrantes. Muchos en su camino hacia Europa son víctimas de la trata de personas y de muchos otros tipos de violencia. Y deseamos también que no caigamos en estereotipos ni en estigmatizaciones que afecten a su dignidad y a la fraterna y evangélica acogida. Tal y como recientemente ha hecho nuestro Santo Padre Francisco debemos pasar de las declaraciones formales y pronunciamientos a los hechos. Con los refugiados y emigrantes en Europa y con los que están en lugares de conflictos, origen de la gran tragedia que vivimos. Y necesitamos hacerlo con urgencia porque está en juego la vida de muchas personas sobre todo las más vulnerables. Estamos ante una situación muy urgente que necesita también celeridad y eficacia en la toma de decisiones. Mientras tanto continuaremos con nuestra labor humanitaria, de servicio, de acompañamiento y de defensa de los derechos de todos los emigrantes y refugiados. De los que vendrán y de los que ya están entre nosotros, favoreciendo su integración social, cultural y religiosa. Los Obispos de la Comisión episcopal de Migraciones
Nota de la Comisión Episcopal de Migraciones ante los últimos acontecimientos en Europa
Los obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones ante el acuerdo alcanzado ayer en Bruselas entre la Unión Europea y Turquía para devolver a este último país a todos los refugiados que últimamente han llegado a Europa desde las costas del Egeo, manifiesta su inmenso dolor ante esta y todas las ultimas tragedias humanitarias que afectan a emigrantes y refugiados. Nos olvidamos que «detrás de estos flujos migratorios, en continuo aumento, está siempre la inhumanidad de un sistema económico injusto en que prevalece el lucro sobre la dignidad de la persona y el bien común; O la violencia y la ruina que genera la guerra, la persecución o el hambre». Tal y como manifestamos ante la Jornada Mundial de Migraciones del pasado 17 de Enero de 2016 Queremos unir nuestra voz de pastores de la Iglesia a la de las organizaciones eclesiales que trabajan con inmigrantes y refugiados, que han hecho oir su voz en defensa de los derechos de estas personas desvalidas que reclaman con justicia nuestra solidaridad…» Celebramos asimismo como también escribíamos entonces que “ el trabajo, la reflexión y la toma de posturas en común, que se viene realizando entre las diversas organizaciones eclesiales que trabajan con especial preferencia en el campo socio-caritativo, ha sido un signo elocuente de fraternidad y de comunión eclesial». Y tal y como los obispos señalábamos en el citado mensaje, «mantener un discurso común contribuirá más eficazmente a haceros oír, a sensibilizar a nuestra comunidades en la defensa de los derechos de refugiados e inmigrantes y a avanzar en el cultivo de la cultura de la acogida e integración de estos hermanos». Y en este mismo sentido desearíamos para toda Europa proyectos como los que alabó el Santo Padre en el ángelus del pasado 5 de marzo: «Como signo concreto de compromiso por la paz y la vida quisiera citar y expresar admiración por la iniciativa de los pasillos humanitarios para los refugiados, iniciada recientemente en Italia. Este proyecto piloto, que une la solidaridad y la seguridad, consiente ayudar a personas que huyen de la guerra y de la violencia, como los cien de refugiados ya trasladados en Italia, entre los cuales niños enfermos, personas discapacitadas, viudas de guerra con hijos y ancianos. Me alegro también porque esta iniciativa es ecuménica, siendo sostenida por la Comunidad de San Egidio, Federaciones de las Iglesias Evangélicas Italianas, Iglesias Valdenses y Metodistas». Los obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones Madrid 8 de marzo de 2016
Nota del Obispo Promotor del Apostolado del Mar ante un nuevo accidente marinero
Los pescadores Borja Alonso, y Filipe Manuel de Brito, marineros del «Látigo» permanecen desaparecidos desde la tarde del viernes a pesar de los intentos por encontrarlos de muchos barcos e instituciones marineras que solo han podido localizar hasta la fecha los restos de su embarcación media milla al sur del islote de Agoeiro, al sur de las Islas Cíes. La angustia y el dolor por la desaparición de estos dos hermanos nuestros, hace que nuestra oración se redoble ante nuestro Padre Dios por mediación de la Virgen del Carmen. Queremos de manera especial que este nuestro mensaje lleno de misericordia, de solidaridad y de cercanía les llegue a las familias de los marineros desaparecidos. Y por supuesto a toda la gente de la mar, tan azotada por tragedias parecidas en su duro y servicial trabajo. “Todos somos conscientes de que la pesca es una de las industrias más complejas y más vastas del mundo, como también una de las profesiones más difíciles y más peligrosas» nos decía el Cardenal Veglió , Presidente del Pontificio Consejo para emigrantes e itinerantes en su Mensaje del 21 de Noviembre de 2015 , para la Jornada Mundial de la Pesca Al sentir el dolor de la familia marinera por estas noticias, recordamos lo que escribíamos el 16 de julio del pasado año con motivo del día de las gentes del mar,: “ Un año más gritamos a toda nuestra sociedad y a nuestros gobernantes para que volvamos nuestros ojos a los grandes problemas de las gentes del mar. El trabajo en el mar es el más duro de nuestra sociedad, tanto para el trabajador como para su familia. Todavía queda una ingente tarea que realizar en la dignificación de las condiciones de vida de los hombres y mujeres del mar.” Reiteramos con este motivo nuestra oración dolorida y también nuestra esperanza en el Dios de la Misericordia D. Luis Quinteiro Fiuza, Obispo de Tui-Vigo y Obispo Promotor del Apostolado del Mar 1 de Febrero de 2016
Nota conjunta Cáritas Española, CONFER, Justicia y Paz y Secretariado C.E. de Migraciones
Hospitalidad, dignidad y derechos: claves del marco común de trabajo con refugiados y migrantes de la entidades de Acción Social de la Iglesia en España Cáritas, la Comisión Episcopal de Migraciones, CONFER, el Sector Social de la Compañía de Jesús y Justicia y Paz aprueban el «Marco Común de la Red Intraeclesial frente a la situación actual» para articular una estrategia conjunta de Iglesia ante el reto de las migraciones. Hospitalidad, Dignidad y Derechos. Estas son las tres claves del trabajo de la Iglesia con las personas migrantes y refugiadas que articulan el «Marco Común de la Red Intraeclesial frente a la situación actual», que acaba de ser aprobado. Con este documento, las entidades promotoras de la citada Red —Cáritas Española, la Comisión Episcopal de Migraciones, CONFER, el Sector Social de la Compañía de Jesús y Justicia y Paz— pretenden consolidar la estrategia estatal conjunta que vienen impulsando para organizar, a la luz del Jubileo de la Misericordia convocado por el Papa Francisco en 2016 para conmemorar el 50 aniversario del Concilio Vaticano II, una respuesta global y coordinada a la realidad de las migraciones en nuestro país, que se ha visto agudizado en los últimos meses con la aparición de nuevos escenarios en el seno de la Unión Europea. Objetivo Según se señala en la introducción, «el objetivo de este Marco Común no es otro que el de continuar con nuestra línea de trabajo conjunta, articulada a través de esta Red Intraeclesial desde la voluntad de impulsar una presencia coordinada de Iglesia y de compartir el núcleo de esta reflexión, que luego alimentará los distintos espacios de cada una de nuestras entidades, según su misión y carisma». Las entidades pretenden «sostener públicamente un discurso común y una mirada compartida sobre el hecho migratorio en todas sus vertientes, así como la convicción sobre la necesidad de sensibilizar a las propias comunidades cristianas en la defensa de los derechos de las personas migrantes y refugiadas, en el cultivo y desarrollo de una cultura de la acogida del diferente inspirada en la hospitalidad». Valoran, además, como una gran oportunidad la corriente de sensibilidad social y comunitaria expresada en múltiples formas hacia las personas en busca de protección internacional. Y señalan, al mismo tiempo, ciertas sombras del actual horizonte político y mediático «al establecer categorías sobre las personas que se encuentran en situación de movilidad, al situar en lugar preferente los derechos de unas personas solicitantes de asilo —que proceden de un determinado conflicto o de un determinado país— ante los de otros solicitantes de asilo y los de otras personas migrantes». Cuatro constataciones En el documento se recogen cuatro constataciones. Primero: la actual situación no es solo una emergencia, sino el resultado de una política orientada exclusivamente al control de flujos. Segundo: estamos ante una situación que no afecta solamente a las personas en busca de protección internacional, sino a la dignidad y a los derechos de todos los migrantes. Tercero: es imprescindible activar en Europa una mirada larga que aborde las causas de las migraciones forzadas. Y cuarto: es urgente transformar el reto en oportunidad, ya que las migraciones son una oportunidad para el desarrollo de los pueblos. Una mirada que aborda las causas de las migraciones forzadas Cáritas, la Comisión Episcopal de Migraciones, CONFER, el Sector Social de la Compañía de Jesús, y Justicia y Paz proponen, junto a la puesta en marcha en Europa de un plan urgente de acogida humanitaria e integración, articular en paralelo medidas que incidan en las causas de los desplazamientos: – Asegurar la paz y el desarrollo tanto en los países de origen como de tránsito hacia Europa es una pieza clave de nuestro futuro común. – Atajar las causas de la migración involuntaria, como son los conflictos armados, la pobreza y la desigualdad, el cambio climático, la competencia por los recursos naturales, la corrupción y el comercio de armas. – Aumentar la Ayuda Oficial al Desarrollo de los países de la UE hasta alcanzar el prometido 0,7 % del PIB. Esta ayuda debe prestar atención prioritaria a los Estados más frágiles y a los países menos desarrollados. – Exigir a la ONU su apoyo a aquellas acciones que aseguren la paz en zonas de conflicto. – Abordar de raíz las causas de la trata de personas. Esto pasa por considerar a las víctimas de trata no como infractores, sino como víctimas de un delito, y proporcionar respuestas eficaces de apoyo y tratamiento a las víctimas de trata. Una mirada inclusiva sobre la acogida, la integración y la interculturalidad La Red Intraeclesial ha acordado trabajar de forma conjunta y coordinada tanto a nivel interno como ante a los poderes públicos, en defensa de unas políticas de acogida e integración que incidan en el cambio de estereotipos y en combatir, a través de una mirada inclusiva, los discursos racistas y xenófobos en nuestra sociedad. Las entidades muestran su convicción de que «las migraciones son una oportunidad para el desarrollo de los pueblos, no solo para las sociedades de origen y tránsito, sino también para nuestras propias sociedades que hoy se configuran ya como espacios de mestizaje, que se enriquecen en la convivencia con los otros». El Buen Samaritano, fuente de inspiración El Marco Común lanza una invitación a encontrar «inspiración en la parábola del Buen Samaritano» y «a superar el miedo para ir al encuentro del otro, del extraño, del extranjero y reconocerlo como ser humano». «Este encuentro –se recuerda— nos cuestionará, nos hará cambiar los planes y tomar una dirección distinta, como hizo el Buen Samaritano al ver al hombre apaleado al borde del camino. Pero nos llevará también a descubrir riquezas humanas insospechadas, allí donde el miedo nos hacía ver sólo riesgos y peligros». En definitiva, con esta iniciativa las organizaciones que integran la Red quieren responder a la pregunta del Papa en su mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y Refugiado 2016: «¿Cómo hacer de modo que la integración sea una experiencia enriquecedora para ambos, que abra caminos positivos a
Comunicado final del Simposium sobre Pastoral Hospitalaria
Al terminar el Simposio de Pastoral Hospitalaria, los participantes queremos comunicar lo que hemos visto y sentido en este encuentro a nuestras Iglesias locales, a los enfermos y sus familias, a los profesionales sanitarios, a los agentes de pastoral de la salud en los hospitales y en las parroquias y a toda la sociedad. Hemos experimentado la presencia de Cristo en medio de nosotros, la fuerza sanante y salvadora de su vida, de su muerte y resurrección, y de los valores del Reino que él anunció sanando. Hemos contemplado las luces y las sombras de los Servicios de Asistencia Religiosa Católica en los hospitales, sus dificultades y las grandes oportunidades de colaborar con el resto de los Servicios en la atención integral a los enfermos. Nos sentimos llamados y enviados al hospital para ser «sacramentos vivos» del Señor y de su Iglesia, que pasa hoy junto a los enfermos, las familias y personal sanitario, mostrando la ternura y la misericordia de Dios a través de nuestra persona, nuestros gestos y palabras, aliviando dolores, consolando penas, compartiendo alegrías, avivando la fe, celebrando los sacramentos, orando con y por los enfermos, acompañándolos en el proceso de la enfermedad o de su muerte como paso a la Vida… Somos conscientes de que esta misión hemos de realizarla, fijos los ojos en el Señor y dejándonos guiar por su Espíritu, en comunión y corresponsablemente los presbíteros, religiosos y laicos que formamos parte de los Servicios Religiosos. La misión en el hospital nos enriquece y nos ayuda a crecer y madurar, nos exige formarnos, trabajar en equipo, de manera organizada e integrada en el hospital y en comunicación con las parroquias. Hemos de ser creativos, audaces, sabiendo que el camino es largo. Pero estar en el hospital nos desgasta y puede quemarnos; por ello necesitamos, además de la gracia del Señor, el apoyo y la ayuda de nuestros pastores y de nuestras comunidades. El Simposio ha sido un encuentro fraternal y gozoso, de trabajo y oración, en el que hemos escuchado las aportaciones de las diócesis en los últimos años, las reflexiones de los ponentes, las experiencias de algunos Servicios Religiosos, lo que esperan de nosotros los enfermos, familiares y el personal del hospital. Los participantes hemos aprobado algunas propuestas de futuro que compartimos con vosotros: • Formación: diseño de un plan de formación básica que capacite a toda persona que vaya a trabajar en un SARCH; e introducción de la pastoral de la salud en los planes de formación de los seminarios. • Revisar los acuerdos entre las provincias eclesiásticas y las comunidades autónomas para ver en qué situación están. • Trabajar en equipo dentro de los SARCH. Coordinación de carismas y tareas; con Planificación y evaluación (en el hospital y a nivel diocesano). • Luchar por el reconocimiento del SARCH en el hospital: Darnos a conocer. Cumplir con nuestro compromiso de presencia en el hospital. «Profesionalizar nuestra tarea, no nuestra misión». Incorporación en los Comités de Ética Asistencial. • Acompañamiento personal y pastoral a los capellanes y personas idóneas que se incorporen al SARCH. Cuidar el aspecto vocacional. • Estudio de implantación de programas informáticos que faciliten un registro del trabajo y ayuden a cumplir la Ley de protección de datos. • Elaborar un modelo común de memoria y planificación del SARCH. • Propiciar encuentros diocesanos e interdiocesanos (SIPs) de Servicios religiosos hospitalarios. • Acción pastoral con los profesionales del hospital. Conocer y dar a conocer ProSaC. • Buscar cauces para potenciar la relación entre la pastoral hospitalaria y las parroquias. • Promover el reconocimiento de la PS dentro de las Diócesis, incluir en los planes diocesanos y catequesis. Que las Delegaciones coordinen, estimulen y animen. Agradecemos la presencia del Secretario del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud y de los obispos que nos han acompañado. Agradecemos, también, el apoyo de quienes nos han acompañado con su oración. El Escorial, 15 de octubre de 2015 Festividad de Santa Teresa
Por una mayor generosidad en la acogida de los refugiados y desplazados en Europa
Día tras día somos golpeados por las noticias de numerosas personas, que, huyendo de la guerra o del hambre, acaban dejando la vida de manera trágica, en mar o en tierra, o se encuentran en situaciones extremas. Son hombres, mujeres y niños, en no pocos casos familias enteras, que lo han perdido todo. Sólo les queda la vida, y ésta amenazada. Sería horrible que la repetición de los hechos acabara anestesiándonos; que, como dice el Papa Francisco, «la globalización de la indiferencia acabara por secarnos las lágrimas»; que dejáramos de clamar contra «este grave crimen contra la familia humana», como ha sido calificado también por el mismo Papa Francisco. Situaciones como las que se están viviendo, que muchos califican de verdadera catástrofe humanitaria, reclaman respuestas urgentes, eficaces y generosas. Europa, a cuyas puertas llaman angustiadas estas personas pidiendo refugio, ha de implicarse con mayor empeño en buscar soluciones globales. Han de comprometerse manera efectiva en primer lugar los gobiernos, pero también los ciudadanos. En nuestro mensaje para la Jornada de las Migraciones, decíamos los obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones que » hay que ponerse dentro de la piel del otro para entender qué esperanzas y deseos les mueven a dejar su tierra, su familia, los lugares conocidos; de qué situaciones busca escapar». Clama al cielo constatar, junto a las abismales desigualdades de renta media per cápita y de esperanza media de vida, la violencia y las persecuciones desatadas por fanatismos inhumanos o por otras razones políticas. Desde la Comisión Episcopal de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española, nos unimos, una vez más, al clamor de tantas organizaciones y comunidades cristianas, a hombres y mujeres de buena voluntad, que se sienten interpelados por esta dramática realidad que nos llega al corazón. No queremos quedar en el silencio para no ser cómplices de la indiferencia y de la llamada política del descarte que denuncia el Papa Francisco. Hace dos años, ya pedimos al Gobierno desde la Conferencia Episcopal, sin obtener respuesta, la acogida en España de algún grupo de refugiados sirios. Reiteramos nuestra petición de la más amplia generosidad en este momento, para la acogida de quienes piden refugio y acogida de manera urgente. Pedimos también la comprensión y colaboración de todos los ciudadanos, a la vez que ofrecemos la de nuestras comunidades y centros de acogida. Los cristianos tenemos por razones humanitarias y evangélicas un especial deber de justicia y caridad, distintivo de nuestra condición. Invitamos a orar para que nuestro Dios, el Dios de la Misericordia, conceda la paz y el gozo eterno a los que han muerto buscando un mundo mejor. Pedimos el consuelo de la esperanza para sus familiares, así como la luz y la generosidad para todos los responsables de encontrar las repuestas que, en actual situación, reclaman, a gritos y con lágrimas, tantos hermanos desplazados ante nuestras fronteras de Europa, como un día lo hicieron compatriotas nuestros. 1 de Septiembre de 2015 COMISION EPISCOPAL DE MIGRACIONES
La Eucaristía, antídoto frente a la indiferencia
Festividad del Corpus Christi, día de la Caridad 2015 El papa Francisco ha denunciado con frecuencia la indiferencia como uno de los grandes males de nuestro tiempo. El olvido de Dios y de los hermanos está alcanzando dimensiones tan hondas en la convivencia social que podemos hablar de una «globalización de la indiferencia» . Ante esta dolorosa realidad, los obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral Social os invitamos a contemplar, celebrar y adorar a Jesucristo en el sacramento de la Eucaristía como el medio más eficaz para vencer y superar la indiferencia. La Eucaristía tiene el poder de trasformar el corazón de los creyentes, haciendo así posible el paso de la «globalización de la indiferencia» a la «globalización de la caridad», impulsándonos a la vivencia de la comunión fraterna y del servicio a nuestros semejantes. 1. La Eucaristía, sacramento de comunión con Dios y los hermanos: «Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1Cor 12,26) El apóstol Pablo les decía a los cristianos de Corinto que la recepción del Cuerpo y la Sangre de Cristo tiene el poder de establecer una comunión tan fuerte entre quienes creen en Él que aleja del corazón humano la indiferencia y la división: «El cáliz de bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo? Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan» (1Cor 10,16-17). Esta comunión eucarística, que nos transforma en Cristo y nos permite crecer como miembros de su cuerpo, nos libera también de nuestros egoísmos y de la búsqueda de los propios intereses. Al entrar en comunión con los sentimientos de Cristo, muerto y resucitado por nuestra salvación, se nos abre la mente y se ensancha el corazón para que quepan en él todos los hermanos, especialmente los necesitados y marginados. «Quien reconoce a Jesús en la Hostia santa, lo reconoce en el hermano que sufre, que tiene hambre y sed, que es extranjero, que está desnudo, enfermo o en la cárcel; y está atento a cada persona, se compromete, de forma concreta, en favor de todos aquellos que padecen necesidad» . «Nuestra participación en el cuerpo y la sangre de Cristo sólo tiende a convertirnos en aquello que recibimos» (San León Magno) : cuerpo de Cristo entregado y sangre derramada para la vida del mundo. Desde la comunión con Cristo llegamos a ser siervos de Dios y de los hombres. De este modo, la Eucaristía constituye, en palabras de Benedicto XVI, «una especie de antídoto» frente al individualismo y la indiferencia, y nos impulsa a lavar los pies a los hermanos. 2. La Eucaristía, sacramento que nos compromete con los hermanos: «¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9). De la Eucaristía derivan el sentido profundo de nuestro servicio y la responsabilidad en la construcción de una Iglesia fraterna y esperanzada, así como de una sociedad solidaria y justa. Esta sociedad no se construye ni se impone desde fuera, sino a partir del sentido de responsabilidad de los unos hacia los otros. Como miembros del Cuerpo de Cristo descubrimos que el gesto de compartir y la vivencia del amor es el camino más adecuado para superar la indiferencia y globalizar la solidaridad. En este mismo sentido, la campaña de Cáritas nos plantea este año una pregunta muy directa y concreta: «¿Qué haces con tu hermano?» . A esta pregunta, no podemos responder como Caín: «¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?» (Gn 4,9). Hoy y siempre estamos llamados a preguntarnos dónde está el hermano que sufre y necesita nuestra presencia cercana y nuestra ayuda solidaria. La solidaridad, como nos recuerda el papa Francisco, es «más que algunos actos de generosidad esporádicos. Es pensar y actuar en términos de comunidad (…), es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, la tierra, la vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales» . Ante esa multitud de hermanos que sufren, debemos mostrar nuestra especial cercanía y afecto hacia quienes claman y esperan de nosotros una mayor solidaridad. No podemos ser indiferentes: • Ante la muerte violenta de miles de cristianos, en distintos países de la tierra, por el simple hecho de mostrar el amor de Dios a sus hermanos y por confesar a Jesucristo como único salvador de los hombres. • Ante la situación de tantos cristianos y no cristianos que, a pesar de la corrupción y de las dificultades de la vida diaria, actúan con honestidad, trabajan por la justicia y se esfuerzan por atender a las necesidades más inmediatas de los empobrecidos. Hemos de colaborar en la promoción de su desarrollo integral y en la transformación de las estructuras sociales injustas. • No podemos ser indiferentes ante los millones de hermanos nuestros que siguen sin acceso al trabajo, tienen puestos de trabajo que no les permiten vivir con dignidad y se ven abocados a la emigración. Pensamos de manera especial en los jóvenes, en los parados de larga duración, en los mayores de 50 años a los que se les cierra el acceso a un puesto de trabajo y en las mujeres víctimas de discriminación laboral y salarial. • Tampoco podemos pasar por alto a los que no tienen vivienda o se ven privados de ella por los desahucios. Ésta es otra de las muchas heridas sociales que acentúa la precariedad y la desesperación de miles de personas y familias. • Nos duele y nos debe seguir doliendo la pobreza y el hambre en el mundo, sobre todo cuando la humanidad dispone de los medios y recursos necesarios para acabar con ella, como nos recuerda Cáritas Internationalis en la campaña «Una sola familia. Alimentos para todos». • No queremos acostumbrarnos a las historias de sufrimiento y de muerte que se repiten en nuestras fronteras. A las de los miles de hombres y mujeres que huyen de las guerras, del hambre y la pobreza y no ven respetados
Comunicado final de la Comisión Mixta del Mediterráneo
Del 3 al 5 de mayo 2015, se ha celebrado en Madrid la reunión de la Comisión Mixta del Mediterráneo que reunió a trece obispos, cinco sacerdotes, dos laicos y una religiosa. Todos ellos, provenientes del norte de África (Marruecos, Túnez, Argelia), de Francia, Portugal, Italia y España, son los responsables de la pastoral de los migrantes, del diálogo islámico-cristiano y de la misión universal de la Iglesia. Y junto a ellos participaron en la reunión directores y técnicos de los servicios nacionales. El Encuentro se clausuró con una Eucaristía en la Catedral de Toledo, presidida por el Sr. Arzobispo D. Braulio González. Este Comisión se reúne cada dos años desde 1989 para compartir información, experiencias y orientación sobre cuestiones y eventos que afectan a cuestiones pastorales comunes a ambas orillas del Mediterráneo. Este año hemos trabajado el tema de la recepción y el acompañamiento de los catecúmenos que vienen de otras religiones. Cuando se producen estas peticiones especiales se requiere un camino catecumenal que debe tener en cuenta sus tradiciones religiosas y culturales. Asimismo fueron presentadas herramientas de catequesis específicas que pueden ayudar a los nuevos conversos a seguir un rico itinerario de encuentro con Cristo, insertados en la vida de la Iglesia. También se trató la cuestión de los matrimonios entre cónyuges cristianos y de otras religiones constatando la complejidad de las situaciones a causa de las diferencias culturales y las tradiciones de la familia sobre el matrimonio, o por la distinta situación social y la legislación de cada país, o por el interés en la elección de la educación religiosa de los niños etc. Un punto importante de atención en el plano pastoral fue estudiar la recepción, preparación y celebración de los matrimonios y como acompañar mejor en su proceso a estas familias También pudimos intercambiar noticias sobre la situación de los países del norte de África. Estamos muy preocupados por lo que está ocurriendo en Libia y las consecuencias dramáticas que sufren los cristianos en este país. También abordamos la presión migratoria creciente en el Mediterráneo con resultados extremadamente peligrosos y trágicos para la vida de los emigrantes. Tras los muchos naufragios, algunos de ellos muy recientes, los miembros de la Comisión llaman fuertemente la atención e interpelan a los Estados y a la Unión Europea para que asuman conscientemente su responsabilidad no sólo para que promuevan todos los recursos necesarios para los caminos y rescates humanitarios en todas sus modalidades , sino sobre todo, para que promuevan políticas globales de migración y asilo con el total respeto y defensa de la dignidad y de los derechos humanos fundamentales, incluido , por supuesto, el derecho a la integridad de la vida, de los migrantes. El trabajo de estos días será tenido muy en cuenta por los distintos servicios nacionales de nuestros países. Y así poder contribuir en cada país y en cada Iglesia con las mejores propuestas para nuestras prácticas pastorales y sociales en el ámbito de las migraciones. +Arzobispo Laurent Dognin, Obispo auxiliar de Burdeos. +Arzobispo Vincent Landel , Arzobispo de Rabat Co-presidentes de la Comisión Mixta Nota : Por parte de la Conferencia Episcopal Española participaron, Monseñor D. Ciriaco Benavente, Presidente de la Comisión Episcopal de Migraciones, Monseñor D. Rafael Zornoza, Obispo de Cadiz-Ceuta, el P. Jose Luis Pinilla S.J. , Director del Secretariado de la CEM , y la Hermanita de Jesus Maria Jesús Arandia.
Iglesia sin fronteras, Madre de todos
Mensaje de la C.E. de MigracionesJornada Mundial del Emigrante y del Refugiado 2015 Introducción Queridos hermanos y hermanas: El papa Francisco, con motivo de la celebración de la 101 Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, del año 2015, ha dirigido a toda la Iglesia un mensaje estimulante, luminoso y profético. Los obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones, siguiendo el surco abierto por el santo padre, queremos, por nuestra parte, invitaros a acoger su palabra, a releerla desde nuestras realidades concretas y a llevarla a la práctica. Nos invita el santo padre, en primer lugar, a contemplar a Jesús, «el evangelizador por excelencia y el Evangelio en persona», a dejarnos sorprender por su solicitud en favor de los más vulnerables y excluidos, a reconocer su rostro sufriente en las victimas de la nuevas formas de pobreza y esclavitud, a acoger su palabra, tan clara, tan contundente: «Fui forastero y me hospedasteis» (Mt 25, 35-36). 1.- Iglesia sin fronteras, Madre de todos La Iglesia, heredera de la misión de Jesús, a la vez que anuncia a los hombres que «Dios es amor» (1 Jn 4, 8.16) abre sus brazos para acoger a todos, sin discriminaciones. Ya en Pentecostés, los discípulos, empujados por el Espíritu, vencen miedos, superan dudas, se arriesgan al encuentro con quienes los judíos conocían como nacionalidades diversas, y, a pesar de las diferencias de lenguas, se entendían. Los hombres podemos entendernos cuando hablamos el lenguaje de Dios, que es el amor. Y cuando nos encerramos en nuestra torre, para evitar al que consideramos extranjero, pretendiendo preservar así nuestras seguridades, no hay entendimiento, sino división, violencia y marginación. Hoy, como ayer, hemos de salir al encuentro de los hermanos emigrantes, haciendo visible la maternidad de la Iglesia, que, superando razas y fronteras, a todos acoge y «abraza con amor y solicitud como suyos». Es lo que resume admirablemente el lema elegido para esta Jornada del Emigrante y del Refugiado: «Iglesia sin fronteras, Madre de todos». La Iglesia en su conjunto y cada cristiano en particular hemos de practicar y difundir la cultura del encuentro, de la acogida, de la reconciliación, de la solidaridad. Para una madre ningún hijo es inútil, ni está fuera de lugar, ni es descartable. Las madres, cuando se trata de los hijos, no saben de fronteras, como no lo sabía Jesús, al que vemos pasar al otro lado del lago, país extranjero, adentrarse en territorio sirio-fenicio, atravesar el país de los samaritanos, comer con publicanos y pecadores. No son las fronteras lo que le detiene, sino, más bien, los reencuentros, donde las diferencias son asumidas y transformadas en una acogida enriquecedora recíproca. Admira la fe de la sirio-fenicia (Mt 15, 21-28), hace que la samaritana se encuentre consigo misma y se convierta en evangelizadora para sus convecinos (Jn 4, 1-26). Al hilo de sus reencuentros Cristo reacciona, y a veces se irrita por el uso duro e ideologizado de las diferencias (Mc 1, 40-45; Mt 15, 1-20, Mt 9, 9-13). 2.- Por un mundo nuevo, superando desconfianzas y rechazos Las migraciones son un signo de nuestro tiempo, que está cambiando la faz de los pueblos. En España había a principios de 2014 cinco millones de personas extranjeras empadronadas. Entre ellas, son numerosas las que emprenden viajes muy arriesgados con la esperanza de encontrar un futuro mejor para ellos y sus familias. También ha vuelto a repuntar el número de españoles que emigran, para quienes las Misiones Católicas en Europa son una gran referencia. «No es extraño, sin embargo —advierte el santo padre— que estos movimientos migratorios susciten desconfianza y rechazo, también en las comunidades eclesiales, antes incluso de conocer las circunstancias de persecución o de miseria de las personas afectadas. Esos recelos y prejuicios se oponen al mandamiento bíblico de acoger con respeto y solidaridad al extranjero necesitado». Hay que ponerse dentro de la piel del otro para entender qué esperanzas y deseos le mueven a dejar su tierra, su familia, los lugares conocidos; de qué situaciones busca escapar. Clama al cielo constatar las abismales desigualdades de renta media per capita o de esperanza media de vida entre muchos de los países de origen y los países de destino de los emigrantes. ¿Quién de nosotros no buscaría escapar del hambre, de la persecución o de la guerra, cuando no de la muerte?. El mapa de la desigualdad entre países es una afrenta clamorosa a la dignidad de millones de seres humanos. Con el agravante de que las migraciones forzosas e irregulares dan lugar frecuentemente a la aparición de las mafias, a que surjan viejas y nuevas formas de pobreza y esclavitud (mujeres víctimas de la prostitución, menores no acompañados y en situaciones de riesgo, refugiados…). Son llagas por las que el Señor sigue sangrando. 3.- «Salir del propio amor, querer e interés. Unir esfuerzos» El santo padre ha invitado reiteradamente: Consuela el hecho de que en los últimos años hayan sido un millón largo de personas las que han conseguido la nacionalidad española por residencia. Pero nos duele que, a pesar de los planes de integración, sigan siendo numerosos los que se ven obligados a vivir en asentamientos inhumanos o hacinados en viviendas indignas. Nos preocupa la llamativa caída en cooperación internacional a niveles tan bajos como los actuales, porque mientras no cambien las condiciones inhumanas de vida en los países pobres y sea factible el derecho a no emigrar, nada ni nadie detendrá las migraciones. Reconocemos el derecho de los Estados a regular los flujos migratorios y de las dificultades que ello implica. Sabemos y valoramos las muchas vidas salvadas por las patrullas de vigilancia y los servidores del orden público en las proximidades de nuestras costas. Pero hay derechos que son prioritarios. Por eso, qué tristeza se siente cuando nos llegan noticias de muertes y de violencia, o que se adopten medidas como las devoluciones sumarias. También nos duele que no se sigan buscando alternativas más dignas que los Centros de Internamiento. En este sentido, nos adherimos a la denuncia contra cualquier actuación en que no se tengan en cuenta los derechos humanos. Pedimos que se