Se han celebrado del 14 al 16 de septiembre, en la casa de Ejercicios de Cristo Rey, en Pozuelo de Alarcón, las XXII Jornadas Nacionales de Pastoral Gitana. Centradas en el X aniversario de la beatificación de Ceferino Giménez Malla, primer beato de raza gitana elevado a los altares, y presididas por el Obispo promotor de la Pastoral Gitana, Monseñor D. Ciriaco Benavente, Obispo de Albacete, un centenar de gitanos y payos han reflexionado cuestiones importantes referidas a esta pastoral específica. Ha sido emotiva la presencia de un sacerdote gitano ponente en las mismas y de una religiosa gitana que transmitió la profunda experiencia de su profesión. Fruto del trabajo de los grupos se ha llegado a las siguientes conclusiones: Que la Iglesia se encarne en la realidad del pueblo gitano e introduzca en su pastoral y su liturgia la Cultura Gitana. Fortalecer y reforzar la Pastoral de calle de estar con y entre los gitanos. Proponer en los ambientes gitanos la experiencia de Dios y el primer anuncio de Jesucristo para lograr una Pastoral seria y comprometida con el mensaje cristiano. Vivir como una gracia el sentirnos todos hijos de Dios y ayudarnos así en un camino de comunión e integración de culturas. Promover y preparar animadores y evangelizadores dentro de la etnia Gitana.
Juntos construimos: el barrio, la ciudad, la iglesia, el mundo
Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado 2006 La celebración, el 15 de Enero próximo, de la 92ª Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado es una excelente ocasión para actualizar y acrecentar nuestra toma de conciencia ante el fenómeno migratorio, su naturaleza, sus causas, sus implicaciones y sus consecuencias. 1. Las Migraciones, un signo de nuestro tiempo El Santo Padre Benedicto XVI, en su Mensaje para la 92ª Jornada Mundial del Emigrante y el Refugiado, que se celebra el próximo día 15 de Enero de 2006, hace notar que las migraciones pueden considerarse hoy como uno de los signos de los tiempos. El concilio Vaticano II, de cuya clausura acabamos de celebrar el 40º Aniversario, nos exhortaba vivamente a “escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad…” (GS, 4). Debemos, pues, conocer bien el mundo en que vivimos y los signos de los tiempos, desde los cuales hemos de sentirnos interpelados y llamados a dar la respuesta adecuada desde el Evangelio. A este respecto se nos dice en Ecclesia in Europa, Exhortación Apostólica Postsinodal: “Entre los retos que tiene hoy el servicio del Evangelio de la esperanza se debe incluir el creciente fenómeno de la inmigración, que llama en causa la capacidad de la Iglesia para acoger a toda persona, cualquiera que sea su pueblo o nación de pertenencia. Estimula también a toda la sociedad europea y sus instituciones a buscar un orden justo y modos de convivencia respetuosos de todos y de la legalidad, en un proceso de posible integración”. Por lo que se refiere a España, llama poderosamente la atención el cambio experimentado en el movimiento migratorio en las dos últimas décadas. El Siglo XX, que desde el comienzo hasta los años 80 se caracterizó por las sucesivas emigraciones de españoles a América y a determinados países europeos, experimenta en los últimos años una inversión de tendencia. En el año 1990 había en España una población extranjera aproximada de un cuarto de millón, sólo quince años más tarde ha sobrepasado los 3 millones y medio. El porcentaje de extranjeros sobre la población total es ya aproximadamente del 8,4%. Este dato es suficientemente elocuente y confirma el hecho de todos conocido de que España ha pasado de ser un país de emigración a un país de inmigración. Sin embargo, conviene seguir teniendo muy presente ese 2,7% de españoles (algo más de un millón) que aún viven en el extranjero. No hay una sola provincia donde no haya una presencia inmigrante aunque es cierto que la oscilación es bastante variable de unas provincias a otras: Va del 1,7% al 5% en las que menos hasta el 10%-18,5% en las que más. En algunos lugares concretos puede haber un 30% de extranjeros inmigrantes. En la actualidad la mayor parte de los extranjeros en nuestro país proceden por este orden de América Latina, Unión Europea, África, Europa del Este y Asia. 2. Una realidad compleja Pero el hecho de las migraciones no puede ser contemplado solamente como una realidad puramente numérica o de rentabilidad económica, o como un problema, sin más; menos aún como un peligro o una amenaza. Hemos de contemplar y afrontar el fenómeno de las migraciones desde una perspectiva más amplia, que abarque la totalidad de la persona del inmigrante, con sus referencias familiares, culturales, sociales, religiosas…, así como la realidad de su país de origen y del de acogida. 3. Una respuesta diferenciada de la Iglesia La Iglesia debe estar siempre atenta a esta realidad migratoria, en constante evolución, y tratar, en la medida de sus posibilidades, de responder adecuadamente a sus demandas y salir al paso de sus necesidades, a fin de que los inmigrantes no sean simplemente mano de obra barata que sostiene nuestra economía, sino ciudadanos de igual dignidad y con los mismos derechos y deberes que los autóctonos, capaces de integrarse plenamente en nuestra sociedad. Por lo mismo y en lo que se refiere a la misión específica de la Iglesia con los inmigrantes, no basta ni es adecuado considerarlos y tratarlos como objeto de Caritas y simples destinatarios de sus servicios, sino que caen plenamente dentro del campo de la pastoral de la diócesis y de sus parroquias, comunidades, instituciones y organizaciones, con una particularidad: Que, además necesitan una pastoral específica, dadas sus especiales características y circunstancias. Entre los cristianos extranjeros tenemos una buena parte de católicos, una minoría de protestantes y anglicanos, un número creciente de cristianos ortodoxos, además de los católicos de rito oriental. La respuesta pastoral de la Iglesia habrá de tener en cuenta las circunstancias concretas de cada persona y de cada grupo. Por ejemplo, será posible la pronta y plena integración de los católicos en la comunidad, mientras que con los miembros de otras religiones y con los no creyentes la pastoral estará marcada más por la acogida, el diálogo interreligioso y los servicios de la caridad. La relación entre comunidades cristianas de distintas tradiciones habrá de regirse por los principios y normas del Ecumenismo y habrán de respetarse los diferentes ritos y ofrecer a los miembros de estas comunidades las posibilidades y los recursos necesarios. A nadie se oculta el considerable aumento de las personas que profesan el Islam en España y en Europa. En su mayoría los que vienen a España proceden del mundo árabe; pero también hay de los países de Europa del Este, del África Negra y de Asia. Suelen venir primero los hombres solos. Después vienen sus familias o las forman en los países de acogida. España como Europa es en su mayoría cristiana, pero la presencia significativa del Islam es innegable. El Papa Juan Pablo II nos dejó escrito que “la presencia de inmigrantes no cristianos en los países de antigua tradición cristiana representa un desafío para las comunidades eclesiales. Es un fenómeno que fomenta en la Iglesia la caridad, por lo que se refiere a la acogida y ayuda a estos
Conclusiones de las XX Jornadas Nacionales de Pastoral Gitana
Durante los días 16 – 18 de Septiembre de 2005, se han celebrado la XX Jornadas Nacionales de Pastoral Gitana en Pozuelo de Alarcón (Madrid), con la asistencia de Mons. D. José Sánchez, Obispo de Sigüenza-Guadalajara y Presidente de la Comisión Episcopal de Migraciones y Mons. D. Ciriaco Benavente, Obispo de Coria-Cáceres y promotor de la Pastoral Gitana, que juntamente con más de cien personas que trabajan en el campo de la Pastoral Gitana han vivido en comunión eclesial desde la oración, el trabajo, la fraternidad y la alegría. “La Parroquia, casa de todos” ha sido el tema central de las mismas, teniendo como trasfondo el Objetivo: “Ofrecer y recordar pistas de acción que refuercen el trabajo pastoral con gitanos. Intentar responder a esta pregunta a diversos niveles: ¿Qué tenemos que hacer hermanos? (Conferencia Episcopal Española, “La Iglesia y los gitanos”, cap. Vi.). Todas las exposiciones han sido dirigidas a personas que viven la evangelización en el mundo gitano como un mandato de Jesucristo para que llegue la Buena Noticia a toda criatura. De ahí, la importancia que se ha dado al laicado cristiano, ya que el mundo es el lugar teológico donde Dios nos llama a ser santos. De todo lo dicho, se deprenden las siguientes conclusiones: El amor es condición para ser y hacerse cristiano, lo que exige un testimonio personal y eclesial permanente. Quien evangeliza es la Iglesia desde la encarnación y la escucha de la Palabra, pasando por la denuncia profética hasta la celebración gozosa de la alabanza a Dios, tomando conciencia de que en la tarea de la transmisión de la fe no somos dueños del Evangelio, sino servidores del mismo. La parroquia es casa, hogar y escuela de amor donde se celebra el arte de orar al único Dios y el espacio de acogida para crecer como hermanos y vivir la solidaridad; donde el acompañamiento, la formación, el diálogo y la comunión deben ser el estilo de todo creyente. Todas la Parroquias deben estar abiertas a personas de distintas culturas, donde la interculturalidad, el respeto y la comunión serán cauces que converjan en el único fin que es conocer a Jesucristo. Estas Jornadas han estado enriquecidas por la presentación de una serie de experiencias de inserción y acción Pastoral que manifiesta la riqueza de la Iglesia y el compromiso de los distintos carismas en el mundo de los gitanos.
VII Congreso Nacional de Pastoral Penitenciaria
Acordándonos de los presos como si nosotros mismos estuviésemos encarcelados con ellos (cf. Heb 13,3), más de 500 personas de las Diócesis de España, acompañados por representantes de las administraciones penitenciarias y de la pastoral penitenciaria católica y ecuménica a nivel internacional, nos hemos reunido en el VII Congreso Nacional de Pastoral Penitenciaria, animados por la fuerza ilusionante del Espíritu del Señor Jesús que, una vez más, nos impulsa a ser Buena Noticia liberadora para los hombres y mujeres internados en nuestras prisiones. Somos conscientes de que todo delito provoca un inmenso sufrimiento a la persona que lo padece y abre una herida social necesitada de cura y de cuidado. Igualmente, la persona que lo comete es un ser humano, mediado por circunstancias muchas veces adversas, pero sujeto digno, responsable, siempre perfectible y susceptible de modificar el rumbo de su vida por muchos errores que haya podido cometer. Nos sentimos convocados para ser en nuestra sociedad un instrumento eficaz de reconciliación y auténtica mediación de paz social y de convivencia segura en libertad. Por ello, queremos reiterar nuestras convicciones más profundas y queridas para apuntar nuevos caminos preñados de esperanza. Consiguientemente, PROCLAMAMOS: Nuestra fe en un Dios locamente enamorado de la humanidad, que está profundamente encariñado con la causa de los más vulnerables y que mira con infinita ternura a cuantos sufren en el cuerpo o en el espíritu. Nuestro Dios no sólo no aliena sino que levanta, perdona, anima y dignifica. Nuestra confianza en el ser humano, en todo ser humano y en sus inmensas posibilidades de “nacer de nuevo” y de roturar nuevos e inexplorados senderos en la vida. Por eso descubrimos en el “otro” y en el “diferente” no una amenaza o un enemigo, sino un don y una preciosa oportunidad para un encuentro mutuamente personalizador. Nuestra certeza de que nuestra sociedad, que anhela legítimamente seguridad, es también abierta, plural, tolerante, democrática, solidaria y capaz de seguir avanzando para alcanzar cotas mucho más altas de justicia en su organización y de paz social en su convivencia. Nuestra convicción de que necesitamos el cultivo de una ética de la dignidad personal, de la responsabilidad, del cuidado, de la hospitalidad, y de la reconciliación como bases del ordenamiento jurídico y político. Para ello, invitamos a las instituciones del Estado, al tejido asociativo, y a toda la sociedad civil a intentar nuevos caminos que sean menos dolorosos, más eficaces, incluso económicamente menos gravosos, que aquellos transitados en exclusiva de la mano del resentimiento o de la venganza. Como Iglesia estamos gozosamente dispuestos a asumir nuestra parte de responsabilidad. A través del voluntariado generoso de la Pastoral Penitenciaria, plenamente inserto en la sociedad, abierto al trabajo en red, en continuo esfuerzo de formación y respuesta a los cambios y nuevas necesidades, decididamente APOSTAMOS: Por una Justicia auténticamente restaurativa. Que no desoiga el clamor de las víctimas pero que no lo convierta en mera retorsión contra el agresor. Que acoja las necesidades de quienes han soportado los delitos y, al mismo tiempo, tienda la mano a los infractores para que no reincidan y puedan incorporarse socialmente. En definitiva, que sea más dialógica que dialéctica y más reparadora que vindicativa. Por la mediación penal comunitaria, como la vía más adecuada para romper la espiral de la violencia y lograr al propio tiempo la responsabilización del infractor respecto al delito cometido y la reparación del daño causado injustamente a la víctima. Por ser una auténtica Pastoral de Justicia y de Libertad, que se afane en el cultivo de las medidas alternativas a la prisión y no “tire la toalla” ante las dificultades que presentan «los más pobres de entre los pobres». Que sea capaz de prevenir las causas económicas, sociales, educativas, familiares y laborales del delito, que se implique en la defensa de los derechos fundamentales de quienes padecen la exclusión social y de quienes viven privados de libertad y sea auténticamente corresponsable de la plena integración social de quienes ya cumplieron sus condenas. Por seguir trabajando para ser una Pastoral de la esperanza desde un acompañamiento comprometido de las personas, respondiendo de manera global, afectiva y efectiva a sus necesidades espirituales, sociales y jurídicas, tanto en tareas de prevención, intervención penitenciaria como de reinserción social. Por demandar al legislador y a las instituciones medidas normativas que posibiliten la generalización de los procedimientos mediadores tanto en el ámbito del proceso penal como en el de la propia institución penitenciaria, como forma de minimizar sufrimiento a las partes y alcanzar mayor seguridad y paz social. Por solicitar de las autoridades un amplio abanico de medidas que contribuyan a dignificar la situación de colectivos especialmente vulnerables como los enfermos mentales, los discapacitados, los drogodependientes, los extranjeros indocumentados, los gravemente enfermos o las mujeres con cargas familiares y que respondan de manera más humana, dignificante y diversificada a sus particulares necesidades. Por continuar abriendo la Pastoral Penitenciaria católica a una normal integración en la vida diocesana y en sus recursos, en continua coordinación con cuantas iniciativas de Iglesia, y aún fuera de ella, se empeñen en humanizar la sociedad en general y los sistemas penal y penitenciario en particular. Finalmente, agradecidos por el estímulo de la representación del grupo de teatro penitenciario «Yeses», tenemos la convicción de que “el perdón vencerá al odio y la indulgencia a la venganza”. Con el deseo de que esta auténtica reconciliación sea posible, ponemos nuestros esfuerzos y todo el sufrimiento asociado al mundo del delito en las manos vigorosas de Jesucristo y de Ntra. Sra. de la Merced, nuestra principal intercesora.
Conclusiones del encuentro de Mechelen (Bélgica) con los Directores Nacionales de Pastoral de Migraciones en Europa
Los directores nacionales de la pastoral de migrantes de 24 Conferencias Episcopales se han reunido del 17 al 19 de Septiembre de 2004 en Malines, Bélgica, para su Asamblea General anual. La Asamblea fue preparada y organizada por la CCEE bajo la presidencia de Mons. Louis Pelatre, Vicario Apostólico de Estambul, Turquía. Los Directores nacionales habían elegido como tema de trabajo: “La Europa de los 25: consecuencias para las migraciones en toda Europa”. La ampliación de la Unión Europea a 25 miembros; bien acogida por las Conferencias Episcopales respectivas, tiene consecuencias evidentes para la sociedad y para la Iglesia en todos los países de Europa. Las consecuencias se manifiestan en los ámbitos siguientes: Globalización Pluralismo socio-cultural y religioso Protección de los derechos de los migrantes, refugiados, personas en situación irregular y nacionales de terceros países Los directores nacionales de la pastoral de migraciones recuerdan que la complejidad de estos tres ámbitos influye gravemente en la vida de las personas desplazadas. Comparten con las Conferencias Episcopales de Europa que la calidad de acogida al extranjero manifiesta claramente la misión evangélica de la Iglesia, tanto con la sociedad como con los migrantes y refugiados. Recomendaciones Es por esto que ellos proponen y piden: Sensibilizar a los responsables de la Iglesia de los desafíos pastorales que provoca esta nueva situación, según la Instrucción del Pontificio Consejo para la Pastoral de los migrantes e itinerantes., “Erga migrantes Caritas Christi” Elaborar conjuntamente un análisis y unas declaraciones públicas para denunciar los peligros de una armonización reducida a las políticas de la Unión Europea en inmigración y asilo Insistir a los gobiernos para que firmen la Convención Internacional para la Protección de los derechos de los trabajadores inmigrantes y sus familias Promover la corresponsabilidad de todos los fieles, independientemente de sus orígenes, en la vida de la comunidad eclesial, puesto que la nueva situación implica que esta pastoral no es solo para migrantes sino, sobre todo, con los migrantes Considerar las parroquias territoriales, las capellanías y misiones lingüísticas, así como las comunidades de diferentes ritos como necesarias y complementarias valorarlas al mismo nivel en la realización de la misión de la Iglesia Promover la colaboración entre las Conferencias Episcopales de los países de salida, de tránsito y de acogida Aprovechar la oportunidad de la ampliación de la Unión Europea para reforzar el diálogo ecuménico Tener en cuenta que la migración ofrece posibilidades nuevas para el diálogo interreligioso en un contexto intercultural
Nota ante el dramático accidente del “O Bahía” en la ría de Vigo
De nuevo hoy Galicia está de luto, y nosotros, el Apostolado de Mar, nos unimos a ellos. De nuevo nuestro querido mar, el mismo mar que da la vida a tantas y tantas familias ha vuelto a arrebatarnos a 10 hermanos cuando cumplían con su trabajo. Hermanos que con inmenso dolor y al mismo tiempo un inmenso cariño estuvieron limpiando de fuel sus heridas. La muerte les ha llegado de repente, sin avisar. El Apostolado de Mar quiere dar un inmenso abrazo a esas 10 familias y que sepan que en la distancia sufrimos con ellos. Pero debemos levantar nuestra mirada más allá de este mundo. No podemos comprender estos golpes tan duros e inesperados. Solo la fe nos da fuerza para reponernos y mirar adelante, aunque el sufrimiento permanezca vivo. Pedimos que Dios les dé valentía y arrojo para que puedan sobrellevar este triste y duro momento. Condiciones duras de los hombres del MarUna vez más quisiéramos que se despierte nuestra conciencia a uno de los mundos más desconocidos y duros que existen, el de los hombres del Mar, con jornadas largas y en condiciones a veces difíciles de imaginar, siempre con la incertidumbre del tiempo, siempre con la angustia de “los golpes traicioneros del mar”. Pedimos a las autoridades civiles que mitiguen en lo posible este dolor mediante el apoyo y las especiales ayudas sociales que se pueden ofrecer en estas circunstancias. No debemos permitirnos mañana olvidar esta tragedia como una fecha más en el calendario de los desastres. El hombre de mar está acostumbrado a mirar al cielo. Su trabajo depende de lo que él le muestra. Pero, además, tenemos una Estrella especial, que es Madre y patrona nuestra la Virgen del Carmen. A Ella encomendamos la vida de estas personas que han partido ya hacia el puerto definitivo y la nuestra propia, para que nos siga guiando en nuestro andar cotidiano.
Comunicado final de las X Jornadas generales de Pastoral Obrera
Durante los días 15 y 16 de Noviembre de 2003 se han celebrado las X Jornadas Generales de Pastoral Obrera en la Casa de Espiritualidad de San José de El Escorial. En estas Jornadas han participado delegaciones diocesanas de 25 diócesis, representantes de religiosos y religiosas en el mundo obrero, responsables y consiliarios de distintos movimientos y comunidades que trabajan en el seno de la Pastoral Obrera. Dichas Jornadas han estado presididas por Mons. D. Antonio Algora, Obispo de Ciudad Real y responsable del Departamento de Pastoral Obrera en la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar. Marco histórico del conflicto social Con el título “Marco histórico del conflicto social, sus manifestaciones y retos a la Pastoral Obrera”, en estas Jornadas se ha presentado el trabajo que, sobre esta cuestión, ha desarrollado un grupo creado para este fin por el Consejo Asesor de Pastoral Obrera. Alfonso Alcaide, sociólogo y militante de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) de Sevilla, ha sido el coordinador de este grupo y la persona que ha presentado el primer resultado de este trabajo. En un primer momento de su exposición, Alfonso Alcaide explicó cuál es la matriz del conflicto social. Partiendo de la relación entre las necesidades humanas y el trabajo, constató la ruptura actual entre estas dos dimensiones en el sistema capitalista, lo cual provoca que el trabajo humano se haya convertido en una mercancía más, en un factor más de producción y de consumo. La inmediata consecuencia de esto es la conversión del ser humano en un instrumento. Se destaca, en este sentido, la creciente precarización de las condiciones laborales (tal y como podemos ver en la sangrante realidad de los accidentes laborales) y la creciente deshumanización de las condiciones de existencia del ser humano (que atrofia dimensiones esenciales de la persona como son la familia, la educación, la cultura y el consumo). Llegados a este punto, hemos definido el conflicto social como el proceso histórico de ruptura progresiva de la naturaleza humana para convertirla en instrumento maximizador de producción y consumo. Dimensión cultural En un segundo momento, la exposición giró en torno a la dimensión cultural del conflicto social, donde se constató la construcción de un modelo productivo basado en un sistema de valores y creencias que identifica al individualismo con las necesidades humanas, el hedonismo con la capacidad de hacer del ser humano y la racionalidad con la única fuerza dinamizadora. Este proceso choca de frente con el planteamiento de la fe, la cual nos impulsa al seguimiento de Jesucristo, nos invita a ensayar formas de vida comunitarias que puedan transmitir un nuevo estilo de vida más coherente y comprometido, y nos exige intensificar la cohesión eclesial, el diálogo y la comunión al servicio de los más pobres y empobrecidos. La consecuencia más importante de este planteamiento es la necesidad de una nueva perspectiva que priorice la dimensión antropológica y teologal del compromiso creyente como medio de encuentro con las víctimas del conflicto social y como medio de transformación del sistema. Todo esto fue debatido por los participantes desde la óptica de las potencialidades, retos y líneas de trabajo que se plantean a la Pastoral Obrera. El Encuentro finalizó con el unánime deseo de que todo este trabajo dé sus frutos en los movimientos, comunidades, grupos de Pastoral Obrera y en toda la Iglesia.
«Iglesia comprometida con la justicia en el mundo obrero»
La HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica), reunida en Asamblea General en Madrid los días 14 al 17 de Agosto, quiere comunicar a todas las personas de buena voluntad y a toda la sociedad las principales líneas de reflexión que han realizado los cerca de un millar de sus militantes procedentes de 44 diócesis de la Iglesia española, sobre los cambios que están ocurriendo en el mundo obrero y qué respuesta tiene que dar la HOAC. En los inicios del tercer milenio nos encontramos un mundo complejo lleno de luces y de sombras. Nunca como hoy el ser humano contó con tantos medios para responder a las necesidades de justicia, libertad y fraternidad. Los avances científicos y técnicos ponen a su disposición cuantiosos medios para responder a los problemas de supervivencia y desarrollo de los pueblos. Un enorme número de personas y organizaciones trabaja en proyectos de justicia, de solidaridad y de conciencia. Los movimientos que buscan una globalización alternativa se movilizan, y las organizaciones sindicales y políticas, Movimientos Sociales y ONGs aportan propuestas para buscar un mundo distinto basado en la paz, la justicia y la libertad. Nuestra Iglesia se esfuerza por hacer oír su voz, apoyando todo lo bueno que se propone para el bien de las personas y denunciando todas aquellas situaciones en que los derechos y la vida de las personas son conculcados. Todos estos signos de esperanza los acogemos como lo que son, fruto de la acción de Dios en el mundo, que alienta el trabajo callado, solidario y a fondo perdido de muchos hombres y mujeres de buena voluntad. Damos gracias a Dios por ello. Estos signos de esperanza pugnan por hacerse presentes e implantarse en medio de otros signos de muerte que traen oscuros presagios sobre la humanidad. Así lo vemos en el destrozo del Derecho Internacional, patrimonio de la humanidad y fundamento de unas relaciones internacionales pacíficas. Nuestros sistemas democráticos, la mejor forma de convivencia política que hemos sido capaces de construir, se muestran incapaces de oponerse a esta barbarie y algunos Gobiernos utilizan sus mayorías parlamentarias para cubrir de legalidad lo que sólo son arbitrariedades. Este nuevo absolutismo político sirve de soporte al nuevo sistema económico mundial que destroza la vida de las personas, especialmente del mundo obrero: Elimina el empleo estable, que es la base de la vida de muchas personas y de sus familias, sustituyéndolo por el paro y la precariedad. Roba el futuro de la juventud, obligándola a estar formándose hasta pasados los treinta años para convertirlos en desechables a los cuarenta, y desecha a los mayores condenándolos a la inactividad y a la pobreza, cuando les queda media vida por vivir. Incrementa el conjunto de los empobrecidos y marginados, al tiempo que impide una respuesta satisfactoria a sus problemas que necesariamente pasa por la obtención de un empleo digno y estable. Margina y explota a la mujer, exigiéndole: trabajar, ser madre, cuidar de la familia y de la casa, de los enfermos y de los mayores… cosas contradictorias con la igualdad dentro de la diversidad a que tiene derecho toda persona. Subordina los tiempos de vida de las personas y por tanto de las familias al tiempo productivo. Desmantela el Estado del Bienestar, convirtiendo en mercadería las necesidades y derechos vitales. Condena a los pueblos al empobrecimiento permanente, explota y destruye los ecosistemas que sirven de hábitat para la vida de muchas especies animales y vegetales y con ello el sistema que hace posible la misma vida humana, expulsando a los inmigrantes que llegan a nuestros países buscando sobrevivir. Este doble absolutismo, político y económico, se presenta recubierto de otro absolutismo, el cultural, que ofrece como proyecto de vida para la persona de hoy el disfrute permanente sin límite alguno, el capricho como única norma moral, y el individualismo posesivo, todo lo cual impide que la vida del otro tenga cabida en la propia vida. Siendo éste el principal reto a la fe y a la Misión de la Iglesia y la mayor dificultad para la comunión universal. Por ello, denunciamos el nuevo orden nacional e internacional que se está construyendo y llamamos a todas las personas de buena voluntad a que definan y asuman su responsabilidad política, sindical y ciudadana. Llamamos igualmente a las organizaciones políticas, sindicales, sociales y solidarias, a que incrementen su lucha por la justicia y por la verdad. Y en ellas nos comprometemos a: Plantearnos un nuevo humanismo que contemple y desarrolle a la persona en todas las dimensiones claves de su existencia: política, económica, cultural, social, religiosa y trascendente. Plantearnos un diálogo nuevo entre fe y cultura, fe y ciencia, fe y política, para construir una nueva moral humanista que sitúe a los empobrecidos de todo el mundo como el centro de la preocupación de las personas y de las organizaciones políticas, sindicales, sociales, solidarias y eclesiales. Y desde los pobres y con ellos, plantearnos las formas de vida que son posibles para que todos vivamos con justicia y libertad en un planeta habitable. Nosotros que somos y nos sentimos Iglesia, hacemos un llamamiento a toda Ella para incrementar nuestra fidelidad a Jesucristo en estos momentos históricos, difíciles y prometedores, que nos ha tocado vivir. Para ello, el mismo Jesucristo nos enseñó el camino que nunca falla: Unir nuestra vida a los empobrecidos del mundo, en nuestro caso a los empobrecidos del mundo obrero, y caminar con ellos en un compromiso por la justicia cumpliendo la voluntad de Dios ayudados por su Espíritu.
El mar no es un vertedero, sino un don de Dios
El petrolero “Prestige” se ha roto en dos a lo largo de las costas españolas de Galicia. Contenía 70.000 toneladas de fuel-oil. Los expertos dicen ahora que el barco no debería haberse hecho a la mar desde hace varios años, dado su evidente mal estado.