Momento de recogimiento con los líderes religiosos cerca del Memorial dedicado a los marineros y migrantes perdidos en el mar
Mensaje para la Jornada Mundial del Turismo 2023
En España El Departamento de Pastoral de Turismo celebrará la Eucaristía en la Catedral de Murcia el 17 de septiembre, presidida por Monseñor Lorca Planes y será retransmitida por 13TV Ofrecemos a continuación el mensaje que S.E. Mons. Rino Fisichella, Pro-Prefecto del Dicasterio para la Evangelización, Sección para las cuestiones fundamentales de la evangelización en el mundo, ha enviado con motivo de la Jornada Mundial del Turismo, que se celebra cada año el 27 de septiembre: Mensaje “Turismo e inversiones verdes” 1. “Turismo e inversiones verdes”. Es con esta expresión, propuesta por la Organización Mundial del Turismo, que nos preparamos a celebrar la 44ª Jornada Mundial del Turismo, el próximo 27 de septiembre. La Iglesia desea compartir con los Estados, las Asociaciones y con tantas realidades involucradas, este momento de especial compromiso, para que con el Magisterio del Papa Francisco, pueda incrementar de manera más eficaz y positiva el cuidado de la creación, objetivo esencial para la vida de las personas. Inversiones sostenibles para la tutela de la creación 2. En la Encíclica Laudato si’ el Papa Francisco subraya la necesidad de comprometerse en favor de inversiones sostenibles: “Ha habido algunas inversiones en formas de producción y de transporte que consumen menos energía y requieren menos cantidad de materia prima, así como en formas de construcción o de saneamiento de edificios para mejorar su eficiencia energética. Pero estas buenas prácticas están lejos de generalizarse” (n. 26). Favorecer las inversiones sostenibles es también un testimonio de fe, que se fortalece con el respeto por la naturaleza, creada y confiada a nosotros por Dios. De hecho, la atención por la creación y su salvaguardia pertenece al mensaje bíblico. Es suficiente retomar la primera página de la Sagrada Escritura para evidenciar esta dimensión. La acción creadora de Dios es, ante todo, expresión de su amor que se difunde y que pretende alcanzar el culmen involucrando al hombre y a la mujer en el mismo proyecto: “Creó Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo Dios: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra». Dijo Dios: «Ved que os he dado toda hierba de semilla que existe sobre la haz de toda la tierra, así como todo árbol que lleva fruto de semilla; para vosotros será de alimento»” (Gen 1, 27-29). La hospitalidad cristiana 3. La comunidad cristiana experimenta directamente la exigencia de madurar encuentros sobre las temáticas en objeto, sobre todo en los momentos vacacionales en los cuales, de tantas partes del mundo, las personas se ponen en viaje para un período de descanso, de contacto con la naturaleza y contemplación de la belleza artística. Es difícil no ver en este movimiento, una ocasión propicia para la comunidad cristiana, no solo para apoyar a las diversas organizaciones responsables para permitir que el tiempo de vacaciones sea vivido mejor, sino sobre todo para expresar el sentido de hospitalidad que caracteriza el espíritu de nuestras comunidades en virtud de la fe vivida. El turista es particularmente sensible a la manera en que es acogido. Él, percibe inmediatamente el estilo familiar de quienes lo atienden, y sabe distinguir de la formal hospitalidad frecuentemente separada de quien lo considera solamente un cliente. En un contexto cultural donde se excede en la indiferencia, es decisivo que los cristianos sean testigos de una hospitalidad que haga sentir a la persona como en casa y le haga experimentar la fraternidad. Detenerse para dialogar, interesarse en que las vacaciones sean una experiencia de paz, agilizar las formas para que se tenga entre las manos el Evangelio o lecturas que despiertan interés por la oración y la espiritualidad, son algunos signos para dar sentido al tiempo de vacaciones. Economía sostenible y dignidad humana 4. La atención a la creación permite a los cristianos promover también una forma de economía que no tiene como objetivo maximizar el beneficio que lleva frecuentemente a la violencia hacia la naturaleza, con fuertes repercusiones en la dignidad de la persona. El primado de la ética no puede ser oscurecido por la sed de ganancias. No se pretende con esto bloquear el progreso tecnológico ni tampoco el desarrollo económico. La atención y el apoyo a las inversiones sostenibles, entonces, no pueden ser considerados como un estorbo; constituyen más bien una visión de futuro que abre a proyectos a largo plazo, sin caer en una miopía de la ganancia inmediata. Es necesario dar espacio a la creatividad de las generaciones para permitir redescubrir la dignidad de cada persona. De hecho, como recuerda el Papa Francisco en la Encíclica Laudato si’: “Es más digno usar la inteligencia, con audacia y responsabilidad, para encontrar formas de desarrollo sostenible y equitativo, en el marco de una noción más amplia de lo que es la calidad de vida.” (n. 192). En este recorrido, es urgente sobre todo que la política sostenga con convicción y confianza los caminos que se descubren, para discernir con sabiduría los proyectos más adecuados, que miran al bien de todos y que incrementan la calidad de la vida, en particular de las personas que pertenecen a los sectores más débiles. Inversiones y salvaguardia cultural y espiritual 5. La Iglesia siempre ha reconocido y sostenido el valor y la importancia del arte, de la cultura y de su salvaguardia, porque favorecen conocer a Dios y mantener vivas las raíces cristianas. La vía de la belleza es parte integrante de nuestra misión de anunciar el Evangelio y de promover el crecimiento espiritual de los creyentes. Por este motivo, es necesario que las inversiones no miren solo al turismo de masa, que es posible vehículo para la pérdida de identidad cultural y religiosa. Al contrario, es oportuno que mientras se concentran las inversiones en las infraestructuras, se promueva la dignidad de todos los trabajadores del sector turístico, de modo que contribuyan a aumentar la calidad
Mons. Fernando García: La Virgen de la Merced nos habla de Misericordia
Carta pastoral de Fernando García, Obispo de Mondoñedo-Ferrol y Responsable de la Pastoral Penitenciaria de la CEE, con motivo de la la Fiesta de la Merced, patrona de las prisiones La Virgen de la Merced, cuya fiesta se celebra este domingo, está vinculada al mundo de la cárcel. Bajo esta advocación y bajo su protección se sitúa todo el mundo penitenciario, formado por las personas privadas de libertad, sus familias, los funcionarios que trabajan en este campo y todo el voluntariado, especialmente tantos cristianos que regalan su tiempo, su escucha y su compromiso en la pastoral penitenciaria. Una presencia de Iglesia fuertemente valorada en la cárcel, tanto por la propia institución como por las personas privadas de libertad. Esta fiesta nos permite poner nuestra mirada ante esta realidad de la cárcel: un mundo muy desconocido para el gran público, marcado por clichés cinematográficos y condicionado por los casos más mediáticos. Un mundo alejado de la vida cotidiana, situado siempre en el extrarradio de la sociedad y, lo que es más triste, sepultado ante nuestra indiferencia y nuestro olvido. Vivimos en una sociedad fuertemente vindicativa. Aunque parezca que hemos desterrado el “ojo por ojo”, nuestro concepto de justicia sigue buscando más la venganza que la redención. A veces miramos más con las emociones que con la razón, miramos más el delito que la persona. Ello nos impide acercarnos con una mirada serena a esta realidad de sufrimiento y marcada por la pobreza y la enfermedad. La Virgen de la Merced, sin embargo, nos habla de misericordia: la misericordia que define a nuestro Dios y que es la única capaz de generar vida allá donde se implanta. La misericordia que permite fijarse y centrarse en la persona para que, desde el cariño tan ausente en muchas vidas, y desde la libertad, se pueda engendrar un futuro nuevo y diferente. Un futuro que supere el pasado y que posibilite la plena integración en la sociedad. La celebración de este año para nuestra diócesis de Mondoñedo-Ferrol es especialmente significativa. Aunque en el territorio de nuestra diócesis no existe ninguna cárcel física, sí que existen personas privadas de libertad que proceden de nuestras parroquias, de nuestras familias, de nuestras comunidades. Por eso, tras un largo proceso de gestación en el que han estado muy comprometidas Cáritas Diocesana y la Pastoral Penitenciaria, surge un piso de acogida para personas privadas de libertad. Se trata de un nuevo recurso que la Iglesia pone al servicio de los últimos para acompañarlos y posibilitar su proceso de reinserción social. Con la ayuda de los técnicos y de un grupo de voluntarios, se permitirá a gentes de nuestra diócesis que cumplen condena en la cárcel de Teixeiro que puedan disfrutar de sus permisos de segundo grado más cerca de su familia, lo que redundará en un mejor proceso. De esta manera, este recurso se convierte en un nuevo espacio de misericordia situado en la ciudad de Ferrol para hacerla más humana y habitable. El proyecto ha sido bautizado con el nombre de “Alborada”: es el tiempo de amanecer, de rayar el día. Me viene a la memoria aquella parábola en la que el maestro preguntó a sus discípulos cuándo terminaba la noche y comenzaba el día. Un discípulo contestó: “Cuando hay suficiente luz para distinguir un perro de una oveja”. Otro le dijo: “Cuando puedes distinguir una morera de un higo”. Entonces el maestro respondió: “Cuando puedes reconocer a tu hermano en el rostro de otro ser humano. Hasta entonces será de noche”. Me parece un nombre hermoso para un proyecto que nos invita a salir de la noche y acompañar el rostro de hermanos nuestros que un día se equivocaron y que están llamados a vivir su tiempo de condena como tiempo de redención. Mi agradecimiento a los voluntarios de nuestra diócesis que se acercan a la cárcel de Teixeiro, de Bonxe o de Monterroso, por ser las manos de una Iglesia que quiere acoger y escuchar. Mi gratitud también a los voluntarios y agentes que van a poner en marcha este nuevo recurso. Que la Virgen de la Merced acompañe y arrope vuestros esfuerzos. Vuestro hermano y amigo. +Fernando, obispo de Mondoñedo-Ferrol
Trazos del rostro de Dios desde los migrantes
En el marco de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2023 la Revista Migraciones ofrece esta reflexión de Monseñor José Cobo Dios dibuja su rostro como historia y la hace «historia de la salvación» El migrante nos ayuda a releer las categorías teológicas fundamentales. Desde ellos percibimos que este rostro de Dios se dibuja con nuevos tonos. Las herramientas teologales básicas, como peregrinaje, liberación, promesa, camino, éxodo, resto de Israel, huérfanos, pobres y viudas… Todas cobran nueva fuerza y presentan cercanías nuevas de Dios en medio de su pueblo. No es igual hablar de promesa o de éxodo desde la teoría, o un libro, que desde las colas de entrada por Ceuta, Canarias o la frontera mexicana. Con los relatos de tantos migrantes aprendemos a recuperar una renovada espiritualidad de historia de la salvación. Es un redescubrimiento para esta época, donde recuperaremos la lectura creyente del paso concreto de Dios por la historia personal y por la de su pueblo. Dios abraza: la mística del abandono «Estos son los que vienen de la gran tribulación» (Ap 7,14) y nos anuncian el paso de Dios en la desesperación. Nos ayudan a hablar de Dios en medio de la mística del abandono, tan necesaria para hoy. Cuando tendemos a escamotear y disimular las dificultades, los migrantes ayudan a encarar pascualmente las trabas o la cadena de desarraigos que sufren. Con sus vidas y las de sus familias nos hacen escuchar en lo hondo de sus oraciones el salmo 21. «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Desde ahí nos ayudan a entender los vacíos de la humanidad y los nuestros. En la bajada y despojamiento pasan, en su camino migratorio, como Job, por la herida de sentir que Dios ha desaparecido y preguntan en el punto oscuro de sus crisis: ¿dónde está Dios? Pero en lo hondo del abandono, su fe nos abre a la experiencia de ser rescatados por Dios, aun en medio de tantas oscuridades. Así, nos enseñan a unir la desesperación y la alabanza al mismo tiempo, aun sin ver nada claro. Solo por acoger la presencia de Dios. Narrar el tránsito, el paso y el miedo es la tarea que se nos pone delante en un mundo que lo escamotea. Por eso, la Conferencia Episcopal Española[1] constata la necesidad de formar agentes de pastoral migratoria para atender las necesidades específicas de esta población y recuperar el «espíritu que, desde la experiencia y la trayectoria ya vivida, nos proponen». El reto es: ¿cómo ayudamos a que hagan su relato y nos desinstale su experiencia? En este contexto solo me atrevo a apuntar dos trazos que dibujan su experiencia y que apuntan a mostrar a Dios entre el abandono: – Dios es acompañante en todo momento de intemperie. La intemperie, por tanto, es lugar de anuncio de Dios. – Dios señala que la meta de la vida es la vida eterna. La posibilidad de la muerte es parte de este proceso migrante, por eso, en ellos aprendemos a vivir los dolores de la vida, pero en la clave de eternidad, en marcha y teniendo siempre el horizonte «en busca de una ciudad futura». La muerte en Dios, el futuro cierto de la vida de los pobres, es la realidad que marca el camino de muchos migrantes. Pero algo nos dice que esa esperanza no será posible si el que la espera, aunque creyente, está «instalado» en el presente, en su bienestar, en su mundo, «en su tierra firme». Dios transfigura las dificultades y el horror… sin maquillajes En una sociedad que alumbra depresiones y hace crecer exponencialmente los suicidios, entre ansiolíticos y frustraciones, la experiencia de nuestros maestros migrantes nos dice que la vida, en su dificultad, siempre es capaz de ser transfigurada por la mano del Dios que saben que siempre acompaña misteriosamente. Dios camina entre los últimos En nuestra sociedad de seguridades y de blindajes, el migrante sigue siendo «el último». Ha dejado todo para aventurarse a lo desconocido y peligroso. Muchos son los pobres, pero, además, el migrante asiste a un sucesivo proceso de despojo, primero de familia, tierra, luego raíces y trabajo, más tarde de identidad en una sociedad que a menudo no lo acoge. Jesús es el inmigrante por antonomasia. En su rostro se esconde cada historia de migración y nos dice en cada una de ellas: «Ese inmigrante soy yo» (Mt 25,44). Cada migración, y cada lágrima, nos descubre un nuevo lugar teológico desde donde tenemos la suerte de acercarnos y estremecernos ante la presencia del Dios que sigue haciéndose último. Dios camina entre los CIE, entre los centros de acogida, entre los pisos de alquiler hacinados, o entre los que viven de las migajas de nuestro mundo; entre quienes han dejado todo para salvar a sus familias y para aventurarse a lo desconocido y peligroso con Dios como único sustento. Despojados del derecho a quedarse y de siquiera una mínima libertad de elección. Muestran la fortaleza en la debilidad y nos preguntan, desde el evangelio hecho historia de los últimos, si de verdad creemos que esa pobreza y la debilidad son nuestras herramientas y las de Dios para caminar y cambiar el mundo blindado y encerrado: ¿creemos de verdad que Dios nos rescata por medio de los más vulnerables?, ¿creemos en la fuerza de la pobreza como medio de anunciar el evangelio? O más adentro: ¿pretendemos servir a los débiles desde la sabiduría y fuerza del mundo o desde la novedad del Evangelio?, tal como sintetiza el Apóstol: «Pues ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros, para enriqueceros con su pobreza» (2 Cor 8,9). Dios, desde los migrantes, dice que está liberando y actuando a través de la debilidad y no de la fuerza. Dios sigue dibujando su proyecto. Los migrantes son sus profetas Ellos son una nueva edición del evangelio, pues, entre los caminos de la vida, los migrantes nos invitan ahora al banquete del reino. Son profetas del clamor
Nuestra Señora de la Merced: el alma de la Pastoral Penitenciaria
Carta pastoral de Mario Iceta, Arzobispo de Burgos Queridos hermanos y hermanas: «Que la cárcel sea laboratorio de esperanza, no solo lugar de pena». Estas palabras del Papa Francisco, pronunciadas en su última visita al personal de la prisión romana Regina Coeli, nos recuerdan la festividad de Nuestra Señora de la Merced, patrona de las instituciones penitenciarias, que celebramos la próxima semana. Esta advocación mariana, que insta a trabajar en comunión para transformar los centros penitenciarios en lugares de redención y pone el foco de manera especial en los internos, sus familias y los trabajadores, evoca la misericordia de Dios. «Tú, oh Dios, haciendo maravillas, mostraste tu poder a los pueblos y con tu brazo has rescatado a los que estaban cautivos y esclavizados». Estas palabras del Salmo 76 fueron repetidas por san Pedro Nolasco, fundador de la Orden de Nuestra Señora de la Merced (los Mercedarios), poco antes de morir. Tenía 77 años y, en la primera mitad del siglo XIII, dejaba a sus espaldas un legado de gracia, compasión y perdón que da sentido a un apostolado que sigue transformando vidas rotas en hogares de luz y salvación. La vida de Pedro Nolasco, llamado para salvar vidas y a preservar la fe, marca el alfa y la omega de una orden religiosa que guarda un detalle sumamente especial: los mercedarios se comprometen con un cuarto voto, añadido a los tradicionales de pobreza, obediencia y castidad de las demás congregaciones, que es el de liberar a otros debilitados en la fe, aunque su vida corra peligro. El fundador, que llegó incluso a comprar esclavos para rescatarlos, jamás dudó en entregar su propia vida si fuera necesario, cumpliendo así ese cuarto voto que distingue a esta Congregación religiosa. Y así se lo hizo saber a todos y cada uno de los hermanos que decidían entrar a formar parte de la Orden. Y así lo hicieron, en aquellas épocas difíciles, ocupando el lugar de algún cautivo que estuviese en peligro de perder la vida y la fe, en caso de que el dinero no alcanzase a pagar por su liberación. Un gesto que hoy, en los tiempos en los que vivimos, interpelan nuestro ser cristiano y que, tal vez, sobrepasan nuestra razón. En los comienzos de este año 2023, la primera celebración del sacramento de la Confirmación que realicé fue precisamente en la cárcel. Todavía hoy recuerdo con especial cariño aquel encuentro, así como el rostro de quienes participaron en aquella celebración donde el Espíritu Santo inundó de luz y calor aquél lugar necesitado de esta presencia que conforta y llena de esperanza. La Pastoral Penitenciaria, que acompaña a las personas privadas de libertad y sus familias a través de diferentes talleres, encuentros y actividades formativas, sella un compromiso de acompañar a quienes atraviesan esos momentos difíciles que marcan la vida. Y ahora me refiero a vosotros, voluntarios que os entregáis a este servicio, porque sois un regalo que siempre está presente para los demás, que acompaña y sana las pobrezas personales y espirituales. Pedro Nolasco reconoció siempre a la Virgen María como la auténtica fundadora de la Orden Mercedaria. Le pedimos a la Virgen de la Merced, patrona de las instituciones penitenciarias, que nos enseñe a amar a su manera y a no claudicar ante las dificultades; para que siempre estemos dispuestos a visitar al Señor sin que sea necesario preguntarle cuándo le vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verle; porque Él ya ha dejado escrito en nuestros corazones el mandamiento de nuestras vidas: «En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25, 39-40). Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga. + Mario Iceta Gavicagogeascoa Arzobispo de Burgos Consulta la memoria de la Pastoral penitenciaria 2023
Aqua fons vitae: Orientaciones sobre el agua
Aqua fons vitae El Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral publica «Aqua fons vitae: Orientaciones sobre el Agua, símbolo del grito del pobre y del grito de la Tierra», como contribución a la reflexión sobre el tema. Este nuevo documento está enraizado en la Enseñanza Social de los Pontífices; y se inspira en el trabajo que miembros de las Iglesias nacionales y locales han venido realizando en varios países. «Agua» es un vocablo que llama la atención sobre varios desafíos para la familia humana. Cabe señalar que, aunque «todo está relacionado», como enseña el Papa Francisco (LS, nn. 16, 117), en este documento se describen tres aspectos o dimensiones del uso del agua: 1) el agua para uso humano; 2) el agua como recurso utilizado en muchas actividades humanas, especialmente en la agricultura y la industria; 3) el agua como superficie, es decir, los ríos, los acuíferos subterráneos, los lagos y, sobre todo, los mares y océanos. Para cada aspecto o dimensión, el documento presenta desafíos conexos y propuestas operativas para la sensibilización y el compromiso a nivel local. La parte final del documento ofrece una reflexión sobre la educación y la integridad. DESCARGA
Mensaje de los obispos ante la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación
QUE LA JUSTICIA Y LA PAZ FLUYAN 1 de septiembre de 2023 Obispos de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social El día 1 de septiembre celebramos la Jornada Mundial de Oración por el cuidado de la Creación bajo el lema “Que la justicia y la paz fluyan”. Ese día se inicia el Tiempo de la Creación, que finaliza el 4 de octubre, día de san Francisco de Asís. En su mensaje para esta Jornada, el papa Francisco nos regala esta bella imagen eclesial: “La Iglesia es una comunión de innumerables Iglesias locales, comunidades religiosas y asociaciones que se alimentan de la misma agua. Cada manantial añade su contribución única e insustituible, para que todas confluyan en el vasto océano del amor misericordioso de Dios. Como un río es fuente de vida para el ambiente que lo circunda, así nuestra Iglesia sinodal debe ser fuente de vida para la casa común y para todos aquellos que la habitan”[1]. Para lograr “que el derecho corra como el agua, y la justicia como un torrente inagotable” (Am 5, 24), se hace preciso responder a lo que San Juan Pablo II, ya en el año 2001 formulaba como conversión ecológica [2], que no es otra cosa que realizar “una renovación de nuestra relación con la creación, de modo que no la consideremos como un objeto del que aprovecharnos, sino por el contrario, la custodiemos como un don sagrado del Creador” [3]. Vivir este Tiempo de la Creación es vivir en ese convencimiento de que nuestras acciones son oportunidades de construir modos de existencia respetuosos con la preciosa obra de Dios que nos rodea y con los hermanos y hermanas que comparten con nosotros la casa común. La gozosa sobriedad a la que se nos llama no es otra cosa que saber vivir en comunión con las necesidades de los demás, convencidos de que la Tierra es suficiente para todos y en esa virtud de compartir nos felicitamos. Por eso, la conversión ecológica es un asunto de todos y cada uno de nosotros, no solo por urgencia planetaria, sino también como camino de plenitud, felicidad y sentido. Al igual que proponemos esa mirada personal hacia lo común, también somos conscientes de que existen, como dice el papa Francisco, “políticas económicas que favorecen riquezas escandalosas para unos pocos y condiciones de degradación para muchos” [4]. Estas acciones producen verdaderas deudas ecológicas que deben constituir el centro del debate público y que nos urgen a modificar estructuralmente nuestros modos de funcionar como sociedad. Es necesario habilitar medidas nuevas, valientes y audaces, que reorienten las decisiones y las iniciativas que nos afectan globalmente bajo el prisma de la justicia humana, la sostenibilidad global y la ecología integral. Queremos transmitir la necesidad de concienciarnos como creyentes del vínculo indisoluble entre el cuidado y la justicia, como únicos caminos de paz y, posiblemente, de felicidad. Los cristianos sabemos que el mensaje de Jesús es una Buena Noticia para todos, y que el deseo del Señor es que todas las personas tengan vida, y vida en abundancia (Jn 10,10). En el contexto y coyuntura histórica en la que hoy estamos, no nos cabe duda de que esa vida pasa por entender que detrás de gran parte del sufrimiento humano se intuye una cosmovisión utilitarista del mundo y de su riqueza. La sobreexplotación de los recursos conduce a un escenario de escasez y de pobreza, que se traduce en desastre y dolor para comunidades enteras de personas. Si la gloria de Dios es que el hombre viva (S. Ireneo), nosotros debemos favorecer el cuidado del hermano para ser cocreadores y partícipes de esa gloria divina. No habrá paz sin justicia. Cada rostro, víctima del deterioro de la creación no cuidada, es una acusación de pecado que tendremos que enfrentar como sociedad, y de lo que tendremos que dar razón a las futuras generaciones. La pregunta de Caín “¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?” (Gén 4, 9) tiene hoy sentido entre padres e hijos. Porque además de aquellos que ahora están en los márgenes de la historia, los grandes perdedores y las víctimas de este modo de explotar la Tierra que nos ha sido dada serán nuestros hijos. Nos unimos al clamor del papa Francisco y “levantamos la voz para detener esta injusticia hacia los pobres y hacia nuestros hijos, que sufrirán las peores consecuencias del cambio climático” [5]. La exigencia evangélica de fraternidad y solidaridad se cifra hoy en un nuevo modo de entender nuestra relación con el resto de los seres vivientes, expresión y belleza de Dios en el mundo. Por eso denunciamos las prácticas que atentan y pervierten el vínculo sagrado de las personas con el planeta. Un ejemplo es la realidad sangrante y doliente de la migración por causas climáticas. Poblaciones enteras, sometidas a condiciones de vida inequívocamente injustas, están pagando en sus vidas las transformaciones rápidas y extremas de los fenómenos naturales que aparecen por la emisión de gases con efecto invernadero. Esto nos causa gran dolor y lo denunciamos como una de las mayores injusticias de la historia. En nuestro país vemos que la gestión del agua está dibujando un futuro claro de carestía, escasez y conflicto. Con un clima cada vez más seco y caluroso, en determinados territorios va a ser imposible fijar población y pervivir. El agua que nos provee de vida es un bien común que debe ser preservado y compartido. Rogamos a los poderes públicos y a nuestros gobiernos que integren la mirada de lo comunitario, del valor intrínseco del agua y de sus múltiples ramificaciones en lo social, para el diseño de planes hidrológicos, agrícolas y de gestión que sean sostenibles y responsables con todas las dimensiones de este preciado recurso. No se puede hacer política con el agua de todos sin tener en cuenta a las personas y comunidades que enraízan sus historias y sus proyectos vitales en ella: desde la realidad rural de la España vaciada hasta la preservación de nuestros recursos hídricos y agroforestales. El agua y su manejo atraviesa todas estas dimensiones. Por eso pedimos
Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2023: Mensaje de los Obispos
Libres para elegir si migrar o quedarse Mensaje de los obispos de la Subcomisiónde Migraciones y Movilidad Humana de la CEE La Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado que se celebra este año el 24 de septiembre aborda este año las causas del aumento de los flujos migratorios en todo el mundo. Pone el foco sobre las condiciones necesarias que posibiliten a las personas ejercer en libertad su derecho a migrar o quedarse en sus países de origen. Es por eso que nos coloca en la necesidad de promover el “derecho a no migrar”. Así, se nos invita a acoger esta realidad, orar y reflexionar sobre ella desde los ojos misericordiosos de Dios. El Papa Francisco en su mensaje para esta Jornada señala que “entre las causas más visibles de las migraciones forzadas contemporáneas se encuentran las persecuciones, las guerras, los fenómenos atmosféricos y la miseria. Los migrantes escapan debido a la pobreza, al miedo, a la desesperación”. En verdad el planeta está debilitado por la excesiva explotación de sus recursos y desgastado por decenios de contaminación, la desigualdad crece al ritmo de la acumulación de riqueza en manos de una minoría en todos los países. Como Iglesia nos duelen estas heridas que afectan a tantas personas y hermanos nuestros y nos preguntamos qué estamos haciendo o qué debemos dejar de hacer, para globalizar la corresponsabilidad que garantice un desarrollo humano integral y sostenible para las próximas generaciones en todo el planeta. En sintonía con la reflexión del Papa Francisco y sus antecesores, consideramos algunas aportaciones constructivas aprendidas del caminar de la Iglesia Universal junto a los desplazados, migrantes y refugiados: Libres para quedarse En primer lugar, si las personas han de ser libres para elegir si migrar o quedarse en su tierra, es necesario garantizar condiciones de bienestar en las zonas de origen de los flujos migratorios. Tanto allí como aquí, los agentes sociales deberían realizar un mayor esfuerzo para poner fin a las injusticias económicas. La competitividad y la ley del más fuerte, que a menudo llevan a privar a los países más desfavorecidos de los recursos necesarios para su desarrollo, deberían dar paso a las ayudas económicas y a la condonación de las deudas, así como a la reducción de las sanciones internacionales que dificultan que los Estados brinden el apoyo adecuado a sus poblaciones. Sin olvidar la responsabilidad de sus gobernantes, llamados a ejercitar la buena política, transparente, honesta, con amplitud de miras y al servicio de todos, especialmente de los más vulnerables. Pero allí donde las circunstancias permitan elegir si migrar o quedarse, también se ha de garantizar que esa decisión sea informada y ponderada, para evitar que tantos hombres, mujeres y niños sean víctimas de ilusiones peligrosas o de traficantes sin escrúpulos. En esta línea, el Departamento de Migraciones trabaja en un proyecto internacional junto a las diócesis concernidas por la “Ruta atlántica” en África y Europa para promover una Guía de hospitalidad internacional y campañas de información en los países de origen o de tránsito. Libres de migrar Como dice Francisco “mientras trabajamos para que toda migración sea fruto de una decisión libre, estamos llamados a tener el máximo respeto por la dignidad de cada migrante; y esto significa acompañar y gobernar los flujos del mejor modo posible, construyendo puentes y no muros, ampliando los canales para una migración segura y regular”. En este sentido, compartimos algunos signos de esperanza de nuestra Iglesia que acompaña a quienes deciden migrar a nuestro país: 1.- En muchas parroquias, vida consagrada y otros espacios eclesiales vamos conformando transversalmente un “nosotros” integrador que promueve “Comunidades Acogedoras y Misioneras” donde crecer en la experiencia de Dios, en comunión y en participación. Para los católicos, cada migrante es “otro Cristo” porque el Señor Jesús se ha identificado con ellos (Mt 25). En esta línea estamos alentando en cada diócesis, la constitución de Mesas de Migraciones que coordinen y promuevan esta acogida, promoción integral e inclusión pastoral y social. 2.- Son muchas las personas en parroquias, vida consagrada, Cáritas y otras realidades eclesiales, trabajando en la pastoral con migrantes en contextos bien diferentes de nuestro país. Ellos contribuyen a encarnar el rostro de una Iglesia samaritana y que develan el rostro del Dios de Jesús en los migrantes. También crece la implicación de los migrantes luchando por el reconocimiento de su “plena ciudadanía” junto a quienes los acompañan dentro o fuera de la Iglesia. 3.- Se ha propuesto a las diócesis los “Corredores de hospitalidad” para promover la espiritualidad y la cultura de la hospitalidad, el patrocinio comunitario y la solidaridad interdiocesana. Este es un proyecto que debiera interpelar a las diferentes administraciones públicas del Estado a implicarse en una solidaridad entre territorios que permita el tránsito voluntario y el acompañamiento de jóvenes extutelados y otros colectivos vulnerables desde Canarias a la Península o hacia otros países. 3.- Conectando con otros desafíos de nuestro país, hemos descubierto las oportunidades del mundo rural, queremos contribuir a cuidarlo favoreciendo la revitalización de los pueblos y sus parroquias. La Mesa del Mundo Rural se ofrece para contribuir al arraigo de familias migradas y al futuro de los pueblos y del campo. Fomenta la creatividad y el trabajo en red a favor de una repoblación sostenible. 4.- La experiencia de estos últimos años constata la diversidad cultural que configura un nuevo rostro del Pueblo de Dios y de la sociedad en España, nos hace decir que los migrantes son condición de futuro de nuestra Iglesia. Y también para esta sociedad que esperamos no se conforme con el invierno demográfico ni se deje contaminar por actitudes o comportamientos racistas a nivel individual o estructural. Siempre diremos no al racismo. Hemos de cultivar una espiritualidad de la hospitalidad y seguir dando a conocer la Enseñanza Social de la Iglesia. En coherencia con ese magisterio social, la Iglesia aboga por políticas, leyes y buenas prácticas a nivel europeo y nacional, que contribuyan a facilitar los permisos de trabajo y residencia de las personas migrantes, regularizar su situación administrativa y el acceso a una vivienda digna. Consideramos que es
Día de las gentes del mar 2023: festividad de Nuestra Señora del Carmen
MENSAJE DE LOS OBISPOSDan mucho, merecen más Este es el lema de este año para la celebración de la fiesta de la Virgen del Carmen, día de la gente de mar.Su contenido es bien elocuente: la gente de mar da mucho. El mundo de la pesca nos proporciona una parte importante de nuestra alimentación. Para hacernos una idea, en 2021 se consumieron a nivel mundial 160 millones de toneladas de pescado. En cuanto a la marina mercante, se calcula que un 90% del transporte de mercancías a nivel mundial se realiza por mar. A eso hay que sumarle el intenso tráfico de pasajeros a bordo de transbordadores y barcos de cruceros. El trabajo de la gente de mar proporciona, por tanto, mucho bienestar a la población mundial. Y ¿cómo se les protege? La Organización Internacional del Trabajo establece en su Convenio 188, del año 2017, unas normas mínimas que regulan el trabajo delos pescadores y a través del Convenio de Trabajo Marítimo 2006, que entró en vigor en 2013, ofrece una normativa dirigida a garantizar una serie de derecho de los marinos mercantes. Ambos convenios son instrumentos muy importantes que ayudan al bienestar de la gente de mar, pero como suele ocurrir, de un ladobuscan garantizar mínimos y por otro lado, en la práctica, su aplicación no siempre es la más adecuada. El trabajo en la mar es exigente, en muchos casos peligroso, como muestran lamentablemente los accidentes que, especialmente en la pesca, todos los años se producen. Las jornadas son largas y los ritmos detrabajo cada vez más estresantes. Sin embargo, nos encontramos con que la sociedad los valora muy poco. La gente de mar merece mucho más:Merece más atención, seguridad física y laboral, una acogida humana cuando llegan a puerto, un contacto lo más fluido posible con sus familias, suficientes vacaciones y salarios acordes a sus circunstanciasde vida y trabajo. Por otro lado, la globalización, la proliferación de barcos bajo bandera de conveniencia, la entrada masiva de marinos y pescadores de países del Tercer Mundo, con menores pretensiones salariales, han traído un retroceso general de las condiciones laborales de la gente de mar. Y en medio de esta situación, nos disponemos a celebrar un año más la fiesta de la Virgen del Carmen, la fiesta de nuestra patrona. Una fiesta que se vive con autentica devoción popular, como nos lo demuestran las innumerables procesiones marineras que se producen a lo largo de la costa española. Cualquier puerto, por pequeño que sea, quiere honrar a su patrona. «¡Que todos la vean!», exclaman frecuentemente los pescadores cuandosalen con sus barcos engalanados en homenaje a la Virgen del Carmen. Celebrémoslo con alegría, hagamos fiesta, pero al mismo tiempo, rindamos homenaje a la gente de mar, cada uno desde su circunstancia, y unámonos a lo expresado por el papa Francisco con motivo del XXV Congreso Mundial de Stella Maris celebrado en Glasgow el pasado mes de octubre: «Sabed que no estáis solos y que no os olvidan… Vuestro trabajo en el mar nos mantiene a menudo apartados de los demás, pero estáis cerca de mí en mis pensamientos y oraciones, y en los de vuestros capellanes y de los voluntarios de Stella Maris.» La gente de mar ha sufrido y sufre aún en parte las consecuencias de la guerra de Ucrania. Mucho marinos han visto cómo sus familias huían y huyen a otros países, con dificultades para comunicarse con ellos y con la incertidumbre de no saber cuándo y dónde volver a reunirse. Debemos hacer una breve reflexión sobre la vulnerabilidad de la gente de mar, tanto pescadores como marinos mercantes; sobre lo necesitados que están de asistencia y de ayuda para a salir del aislamiento que frecuentemente sufren. El cardenal Mons. D. Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, destacó el valor del servicio que el Apostolado del Mar viene realizando desde sus inicios en favor de la gente de mar y sus familias, y en particular en los últimos años, marcados primero por el flagelo de la pandemia y luego por el conflicto en Ucrania, que ha exacerbado las condiciones laborales de la gente de mar, a menudo privada de sus derechos y dignidad. Cuán importante es que, en los puertos, haya un servicio de asistencia a las tripulaciones, que se tengan en cuenta sus necesidades humanas, así como las de los pescadores, y que se vele por su dignidad. La Organización Internacional del Trabajo lo indica y la Organización Marítima Internacional repite una y otra vez que el bienestar de las gentes del mar es también básico para el buen funcionamiento del tráfico marítimo. De esas personas vulnerables depende, en gran medida, el abastecimiento de nuestra sociedad y el desplazamiento de muchas personas. Pidamos pues a la Virgen del Carmen por todas las gentes del mary sus familias, recemos para que reciban una mayor atención general a sus necesidades recordando siempre que: «dan mucho, merecen más».Con mi bendición y afecto, +Luis Quinteiro FiuzaObispo de Tui-VigoObispo promotor del Apostolado del Mar Descarga los carteles en castellano, euskera, gallego y catalán El mensaje del cardenal Czerny: conocer los tesoros espirituales y las necesidades de la gente humilde La Iglesia celebra el primer domingo del mes de julio el Domingo del Mar. El Cardenal Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral nos invita a conocer este año el imprescindible pero desconocido mundo de las Gentes del Mar. Mensaje para el Domingo del Mar 2023(9 de julio de 2023) Queridos hermanos y hermanas en Cristo, Ya desde el principio, el Evangelio llegó a todos los rincones del mundo a través de grandes embarcaciones. En los Hechos de los Apóstoles, así como en otros escritos del Nuevo Testamento, se nos narra, de diferentes maneras, cómo los mensajeros de la Buena Nueva vivían y transcurrían su tiempo con los trabajadores del mar, a veces, incluso durante meses, compartiendo con ellos una cotidianidad y abriéndoles la mente y el corazón a la fe. Cada año, el Domingo del Mar ofrece a