Celebramos el Día Internacional de la “Madre Tierra” para recordar que el planeta y sus ecosistemas nos dan la vida y el sustento. Con este día, asumimos, además, la responsabilidad colectiva, como nos recordaba la Declaración de Río de 1992, de fomentar esta armonía con la naturaleza y la Madre Tierra y promover la ecología y protección del medio ambiente. Renato Martinez – Ciudad del Vaticano, Vatican News El Día de la Tierra o de la Madre Tierra – llamado en inglés Earth Day – se celebra cada año el 22 de abril y fue celebrado por primera vez por las Naciones Unidas en 1970, siguiendo las intenciones del movimiento ambientalista de Estados Unidos. Es un momento para celebrar, pero también una oportunidad para informar sobre el estado del medio ambiente y dar consejos sobre cómo contaminar menos y preservar los ecosistemas. La tierra está en riesgo Entre enero y febrero de 1969, en Santa Bárbara, California, se produjo uno de los desastres ambientales más graves en Estados Unidos, causado por el derrame de petróleo de un pozo de la Unión Petrolera, este hecho sirvió para llamar la atención de la opinión pública sobre la situación de nuestro planeta. En más de 45 años, el Día de la Tierra ha contribuido significativamente a las iniciativas ambientales en todo el mundo que, en 1992, condujeron a la organización en Río de Janeiro de la llamada Cumbre de la Tierra, la primera conferencia mundial de Jefes de Estado sobre el medio ambiente. Desde entonces, el Día de la Tierra también se ha convertido en una oportunidad para difundir información científica y concienciar a la gente sobre los riesgos que plantea el calentamiento global y las soluciones que se pueden adoptar para combatirlo. La tierra: educación y cambio climático El cambio climático es una de las mayores amenazas para el desarrollo sostenible en todo el mundo y es consecuencia de las acciones insostenibles de la humanidad, que tienen implicaciones directas en la vida de las generaciones futuras. La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y el Acuerdo de París fomentan la cooperación internacional entre las partes sobre educación, formación, conciencianción pública, participación pública y acceso público a la información sobre el cambio climático. La Cumbre sobre el clima La ONU anuncia que el 23 de septiembre de 2019 se celebrará la Cumbre del Clima, organizada por el Secretario General António Guterres, para hacer frente al cambio climático y acelerar la implementación del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático. El Papa y la tierra El Papa Francisco en diversas oportunidades se ha pronunciado en defensa de la tierra y en la promoción del cuidado de la Casa Común. En uno de sus últimos discursos, dirigido a los Empresarios que participaron en el encuentro con motivo de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, el Pontífice manifestó que, “cada uno de nosotros tiene también una responsabilidad para con los demás y con el futuro de nuestro planeta. Del mismo modo, la economía debe servir al hombre, no explotarlo y robarle sus recursos”. Hoy, dijo el Papa, estamos llamados a aprovechar las posibilidades que la tecnología nos brinda, con un buen uso de los recursos, ayudando en particular a los países más afectados por la pobreza y la degradación a emprender el camino de la renovación y del desarrollo sostenible e integral. “Mi esperanza – concluyó el Pontífice – es que los hombres y mujeres de nuestro tiempo, reconociéndose unos a otros como hijos e hijas del Padre y Creador que está en los cielos, contribuyan cada vez más y más concretamente a que todos puedan compartir los recursos preciosos de la tierra”. Descarga la guía «Nuestra Casa común»: Una guía para el cuidado de nuestro planeta vivo
Maternidad subrogada: Una forma de explotación de la mujer
Nota de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida La Iglesia no cesa de proclamar el “Evangelio de la Vida”, iluminando la obligación de todo Estado de respetar la dignidad de toda vida humana y la defensa de la misma desde el inicio hasta el final. Hoy, como siempre, la Iglesia quiere llevar el amor y la esperanza a la sociedad, a menudo oscurecida por el individualismo y la cosificación de la persona humana. Por eso, ante tanta tiniebla originada por las leyes injustas promulgadas contra la vida y la dignidad de todo ser humano, a la luz de la razón e iluminados por la fe, cumplimos el deber pastoral de recordar al pueblo de Dios, sacerdotes, consagrados y laicos, y a cuantos quieran escuchar con la mejor voluntad la enseñanza de la Iglesia, siempre en favor del hombre y de su dignidad. I.- A favor de la dignidad La importancia y el significado de la vida humana exigen una fundada reflexión, que busque su dignidad en el marco de un humanismo que sea fiel a la verdad del ser humano. El Papa Benedicto XVI afirmaba que “sin el principio fundador de la dignidad humana sería arduo hallar una fuente para los derechos de la persona e imposible alcanzar un juicio ético respecto a las conquistas de la ciencia que intervienen directamente en la vida humana”[1]. Hay que recordar que la dignidad humana es un valor fundamental que debe ser respetado y protegido, independientemente de las creencias religiosas o de la falta de ellas. Cristo, a la luz de su Encarnación, revela el sentido y el misterio del ser humano y su dignidad, y confirma a la razón su vocación trascendente y su anhelo de alcanzar la vida sin fin y la felicidad plena, por eso, la relación de la persona con Dios es esencial para comprender su dignidad. Todo hombre representa una novedad, es único e irrepetible. La vida es un bien fundamental del hombre, que vale por sí misma y que no está a disposición de nadie. II.- Aspectos éticos de la maternidad sustitutiva Son varios los documentos en los que la Iglesia se ha pronunciado sobre la maternidad sustitutiva o gestación subrogada (especialmente la Instrucción Donum Vitae y la Instrucción Dignitas Personae). De hecho, la instrucción Donum Vitae del Dicasterio para la Doctrina de la Fe define la maternidad sustitutiva del siguiente modo: a) la mujer que lleva la gestación de un embrión implantado en su útero, que le es genéticamente ajeno, obtenido mediante la unión de gametos de «donadores», con el compromiso de entregar el niño, inmediatamente después del nacimiento, a quien ha encargado o contratado la gestación; b) la mujer que lleva la gestación de un embrión a cuya procreación ha colaborado con la donación de un óvulo propio, fecundado mediante la inseminación con el esperma de un hombre diverso de su marido, con el compromiso de entregar el hijo, después de nacer, a quien ha encargado o contratado la gestación. A la luz de dichos documentos, queremos destacar los siguientes aspectos éticos: 1.- La maternidad por subrogación es, inequívocamente, una nueva forma de explotación de la mujer, contraria a la dignidad de la persona humana, pues usa el cuerpo femenino, y toda su persona, reduciéndola a ser una incubadora humana. 2.- En toda maternidad subrogada hay una fecundación artificial heteróloga que “es contraria a la unidad del matrimonio, a la dignidad de los esposos, a la vocación propia de los padres y al derecho de los hijos a ser concebidos y traídos al mundo en el matrimonio y por el matrimonio”[2]. Recordemos que el fin nunca justifica los medios y que toda persona humana es fin en sí mismo. Negar estas verdades nos llevaría a afirmar que todo lo técnicamente posible se puede realizar y a legitimar la cosificación y el uso de unas personas por otras. 3.- A todo lo anterior se añade, que con el llamado “útero de alquiler” se convierte la maternidad en objeto de comercio, que se compra y se vende. La mujer queda reducida a un simple instrumento, un “útero” a disposición del contratante, abriendo el camino a la explotación y a la comercialización de la persona humana. El contrato se culmina con la entrega del niño. Como afirma el Papa Francisco: “la dignidad del hombre y de la mujer también se ve amenazada por la práctica inhumana y cada vez más extendida del “vientre de alquiler”, en la que las mujeres, casi siempre pobres, son explotadas, y se trata a los niños como mercancías”[3]. III.- La vida como don y el interés superior del menor 1.- Una vida humana es un don y no un derecho. “La Iglesia reconoce la legitimidad del deseo de un hijo, y comprende los sufrimientos de los cónyuges afligidos por el problema de la infertilidad. Sin embargo, ese deseo no puede ser antepuesto a la dignidad que posee cada vida humana hasta el punto de someterla a un dominio absoluto. El deseo de un hijo no puede justificar la “producción” del mismo, así como el deseo de no tener un hijo ya concebido no puede justificar su abandono o destrucción”[4]. No existe un “derecho a la procreación” y por tanto un “derecho al hijo”. La voluntad reproductiva no puede anular la gestación ni la maternidad. Recordemos lo que afirma la Conferencia Episcopal Española al decir que “La separación entre procreación y sexualidad representa una herida profunda a la naturaleza humana y a la familia. A la naturaleza, porque transforma al hijo en un producto, insinuando la idea de que la vida pueda ser una producción humana. A la sociedad, porque la nueva vida presupone solo una capacidad técnica y no un contexto de amor de esposos que quieren ser padres… La familia natural es así deconstruida y reconstruida artificialmente de muchas formas, siguiendo los deseos de cada individuo”[5]. Esto implica que hay que favorecer “los derechos del niño a una familia compuesta por un hombre y una mujer unidos por un pacto duradero de amor recíproco”[6]. 2.- El bien del niño. Ninguna vida humana debe ser considerada
Cuadernos de Pastoral del Trabajo
El Departamento de Pastoral del Trabajo inicia una serie de cuadernos para la formación y la reflexión Pues bien, con estos Cuadernos de la Pastoral del Trabajo queremos ir facilitando a todos los cristianos una herramienta para la formación y la reflexión en temas que nos puede ayudar a vivir nuestro compromiso evangelizador en el mundo y especialmente en las realidades obreras y del trabajo. En este cuaderno número 1, “Un trabajo que cuida, contribuye a la restauración de la plena dignidad humana”, intentamos desarrollar el comunicado[2] que los obispos de la Subcomisión de Acción Caritativa y Social han presentado públicamente con motivo de la celebración, el próximo 28 de abril, del Día Mundial por la Seguridad y la Salud en el Trabajo. En un próximo número pretendemos recopilar lo que la Iglesia ha venido definiendo como trabajo decente en estos últimos años, si todo sigue los ritmos previstos lo daremos a conocer días antes del 7 de octubre y con motivo de la celebración de la Jornada Mundial por el Trabajo Decente. Esperamos que con estas sencillas publicaciones podamos facilitar la formación de grupos parroquiales y de movimientos de seglares preocupados por la formación social. Antonio Javier Aranda Director del Departamento de Pastoral del Trabajo DESCARGA [1] Conferencia Episcopal Española. La Pastoral Obrera de Toda la Iglesia. LXII Asamblea Plenaria de la CEE (1994). [2] Subcomisión de Acción Caritativa y Social. En el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo: “¡No más muertes en el Trabajo! y esforcémonos en lograrlo”
En el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo: “¡No más muertes en el Trabajo! y esforcémonos en lograrlo”.
Los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social firman una nota para el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo que se celebra el 28 de abril. “¡No más muertes en el Trabajo! y esforcémonos en lograrlo” es el título que encabeza este escrito. Un título que recoge la llamada que hacía el papa Francisco en su homilía de la Misa de Nochebuena 2021. La presentación del documento corrió a cargo de Don Abilio Martínez, Obispo de Osma-Soria y Responsable del Departamento de Pastoral del Trabajo de la CEE I. Introducción. La vida es el mayor bien que atesoramos y que hemos de honrar viviéndola con dignidad, de acuerdo con nuestra vocación de hijas e hijos de Dios. Cuidar esta dignidad implica cuidar nuestra salud en el más amplio de los sentidos, también en el ámbito laboral, preocupándonos por la de quienes trabajan. Con este mismo objetivo, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) celebra el “Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo” cada 28 de abril. Su objetivo es insistir en la prevención de accidentes y enfermedades en el lugar de trabajo. La celebración nos ofrece la oportunidad de concienciar a la población sobre este gran problema que afecta a tantas personas y familias. A la Iglesia le preocupa este asunto, como demuestran las manifestaciones de apoyo y de compromiso en este ámbito, surgidas en varias diócesis españolas. También se han dado iniciativas, en este sentido, en el seno de la Conferencia Episcopal Española.[1] II. La Salud Laboral. Una realidad dura, injusta y silenciada. Durante 2022, en España, murieron más dos personas cada día a causa de la siniestralidad laboral, registrándose 1.196.425 accidentes, más de 3.277 diarios, y se dieron 22.589 casos de enfermedad relacionada con el trabajo[2]. No son números. Son personas. Tras las cifras, hay personas, con nombre y apellidos, que forman parte de una familia. Cada número nos habla de un proyecto de vida truncado, de personas desprotegidas que deben asumir las consecuencias de un accidente que les deja mermada su capacidad para ganarse la vida y, peor aún, nos habla de la cantidad de hombres y mujeres que, saliendo de casa a ganarse la vida, acaban encontrando la muerte en su lugar de trabajo. «El mayor reto que plantea la inseguridad laboral es, tal como ha destacado la Doctrina Social de la Iglesia, el atentado contra la dignidad de las personas provocado por una cultura materialista y basada en el dinero que suprime a la persona como centro de la vida económica» Monseñor Abilio Martínez Normalizamos lo que no puede ser normal. En muchas ocasiones, las muertes en el trabajo son ignoradas, normalizadas e invisibilizadas. Este problema no aparece en nuestras conversaciones, ni en las noticias de los informativos. Vivimos de espaldas a una tragedia que tampoco está presente en las agendas políticas. Más aún, se tiende a percibir esta lacra como meros episodios individuales, que atañen sólo a quienes los sufren, achacando lo sucedido a la fatalidad o a la negligencia de los propios trabajadores. Pero la falta de salud laboral tiene que ver mucho con la calidad del puesto de trabajo, con los ritmos de producción impuestos en él, con las condiciones objetivas del trabajo o con el incumplimiento de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales en las empresas. Se trata, en definitiva, de un problema social relacionado con profundas y permanentes carencias estructurales de nuestro mercado laboral, que reclama respuesta y soluciones concretas y eficaces, porque cada vida importa. III. La vida: el más sagrado de nuestros bienes… también en el trabajo. “La vida humana (…) es realidad sagrada, que se nos confía para que la custodiemos con sentido de responsabilidad” (EV, 2)[3]. La persona, centro de las relaciones laborales. El trabajo es una dimensión consustancial al ser humano. A través de él colaboramos con el Padre en su tarea de la Creación y, a la vez, vamos experimentando nuestro propio crecimiento personal.[4] Como dice s. Juan Pablo II: “el primer fundamento del valor del trabajo es el hombre mismo, su sujeto (…) una consecuencia muy importante de naturaleza ética: es cierto que el hombre está destinado y llamado al trabajo; pero, ante todo, el trabajo está «en función del hombre» y no el hombre «en función del trabajo».” (LE, 6) La economía, al servicio de la vida. En nuestra sociedad, vivimos una situación de profunda injusticia estructural que consiste en dar a los bienes producidos más valor que a la persona que los hace posibles. De esta manera “el hombre es considerado como un instrumento de producción” (LE, 7), lo que supone la negación de nuestra dignidad como hijas e hijos de Dios al convertirnos en simple fuerza de trabajo, en instrumento del que obtener un beneficio económico. El trabajo es para la vida. Por ello, debemos hacer nuestro el lamento del mismo papa Francisco en la Nochebuena del 2021: “En el día de la Vida repitamos: ¡No más muertes en el Trabajo!” y, sobre todo, hagamos mandato de lo que dijo para terminar esa frase: “y esforcémonos por lograrlo”. La Iglesia no puede por menos que implicarse: “El compromiso al servicio de la vida obliga a todos y cada uno. Es una responsabilidad propiamente eclesial, que exige la acción concertada y generosa de todos los miembros y de todas las estructuras de la comunidad cristiana” (EV, 79). Si verdaderamente apostamos por la vida por la defensa de la salud y la seguridad laboral necesitamos, desde la cultura del cuidado, hacer frente al descarte de lo humano. “Si el trabajo es una relación, entonces tiene que incorporar la dimensión del cuidado, porque ninguna relación puede sobrevivir sin cuidado (…) Un trabajo que cuida, contribuye a la restauración de la plena dignidad humana (…) Y en esta dimensión del cuidado entran, en primer lugar, los trabajadores (…)”.[5] IV. “Esforcémonos por lograrlo”. Para revertir esta situación de dolor y generar movimientos comprometidos en la defensa de la salud y la seguridad en el trabajo, debemos seguir el modelo del buen samaritano. En esta parábola encontramos
A sesenta años de la encíclica «Pacem in Terris» de san Juan XXIII
La encíclica conserva una fuerte carga de actualidad en este mundo de la guerra a pedazos que no logra “desarmar el corazón”. ANDREA TORNIELLI, Vatican News «Crece entre los seres humanos la convicción de que las controversias entre los pueblos no pueden resolverse recurriendo a las armas, sino mediante la negociación». Hace sesenta años, el santo Papa Juan XXIII, ya a las puertas de la muerte, entregó al mundo su encíclica sobre la paz, que formaba parte de los primeros pasos hacia el desarme y la distensión. La doctrina de la «guerra justa» llegaba a su fin y, con gran realismo, el Pontífice bergamasco advertía de los riesgos de nuevos y poderosos armamentos nucleares. Sesenta años después, ese texto sigue siendo aun actual y, por desgracia, ignorado. La persuasión sobre los efectos devastadores de una posible guerra atómica no parece hoy tan presente como en aquel abril de 1963: el mundo está desgarrado por decenas de conflictos olvidados, y una terrible guerra, que comenzó con la agresión de Rusia a Ucrania, está en curso en el corazón de la Europa cristiana. La cultura de la no violencia lucha por hacerse un espacio, mientras que incluso las palabras «tratativas» y «negociar» parecen blasfemas para muchos. Incluso el fortalecimiento de una autoridad política mundial capaz de fomentar la resolución pacífica de las disputas internacionales ha dado paso al escepticismo. La diplomacia parece apagada, la guerra y la loca carrera a los armamentos se consideran inevitables. Y, sin embargo, a pesar de este sombrío panorama, los principios enumerados por el Papa Roncalli en «Pacem in Terris» no sólo siguen interpelando a las conciencias, sino que son puestos en práctica a diario por quienes no se rinden ante la inevitabilidad del odio, la violencia, la prevaricación y la guerra. Lo atestiguan los «artesanos de la paz» que hoy llevan a cabo sus misiones en Ucrania y en tantas otras partes del mundo, a menudo poniendo en peligro sus vidas. Lo testimonian todos aquellos que se toman en serio las palabras que el Papa Francisco pronunció en la nunciatura de Kinshasa al encontrarse con las víctimas de una violencia indecible: «Para decir verdaderamente ‘no’ a la violencia no basta con evitar los actos violentos; es necesario arrancar de raíz la violencia: pienso en la codicia, en la envidia y, sobre todo, en el rencor». Hay que tener «el valor de desarmar el corazón». Mª Teresa Compte: Juan XXIII Consiguió superar el esquema liberal-socialista Alfa y Omega: A comienzos del próximo mes de abril se cumplirá el 60 aniversario de la encíclica Pacem in terris. Será esta una oportunidad de oro para detenerse a repensar la contribución del magisterio del Papa Roncalli a la rica tradición de la doctrina social de la Iglesia (DSI). Entre todas las claves que configuran su enseñanza, hay una que podría considerarse el núcleo duro de la DSI y que se aprecia especialmente en Pacem in terris. No es otro que la antropología teológica o trascendente expresada en el trinomio encarnación-filiación-redención. Juan XXIII fue muy consciente de los nuevos retos a los que se enfrentaba la Iglesia en su misión de anunciar la verdad sobre Dios y sobre el hombre. Y para hacerlo, la DSI estaba llamada a pasar de la refutación a profundizar en su naturaleza antropológico-teológica para escapar definitivamente de las tentaciones de la llamada tercera vía. Este Pontífice inició un camino que el Vaticano II y sus sucesores han ido profundizando hasta conseguir que la DSI deje de ser vista a modo de inventario o como un simple análisis social. Consiguió superar el esquema liberal-socialista y lograr que en la DSI emergieran la justicia social y el bien común como criterios prácticos capaces de responder a las exigencias de la naturaleza humana. En este sentido, el magisterio social de Juan XXIII ofrece un modelo de discernimiento a través de unos elementos de juicio —amor, verdad y justicia— que la DSI ha incorporado como criterios de verificación de la justicia de los sistemas económicos y políticos. En sus enseñanzas, la edificación de relaciones de convivencia, sean políticas o socioeconómicas, no es una tarea de naturaleza técnica, sino eminentemente moral y espiritual. Y el discernimiento cristiano debe conducirnos necesariamente al fortalecimiento de la conciencia social de la comunidad católica. Esto es, precisamente, lo que los católicos debían aprender, escribió este Papa, en el ejercicio de sus tareas cotidianas: ajustar su actividad a los principios y normas sociales de la Iglesia, y no al revés.
Semana Santa y Pascua en las cárceles
El Obispo de Jaén, Sebastián Chico, celebró el Jueves Santo en la cárcel Diócesis de Jaén: .El Obispo de Jaén ha celebró la Cena del Señor en la Prisión Provincial. Ha rememorado la institución de la Eucaristía junto a un grupo de presos en la recoleta capilla de cárcel. Pocos minutos después de las 9:30 horas llegaba Don Sebastián Chico Martínez a la institución penitenciaria. Allí era recibido por el Delegado de Pastoral Penitenciaria, D. José Luis Cejudo; los capellanes de la Prisión, D. José González y Dª Carmen Fernández y una representación de los voluntarios de esta Pastoral de atención y acompañamiento a los privados de libertad. Tras saludar a los funcionarios, a la Subdirectora de tratamiento y al jefe de servicio, se ha dirigido a la capilla, para allí saludar a los internos congregados antes de revestirse para presidir la Santa Misa. En un ambiente de profundo recogimiento, los internos han participado en una celebración preciosamente preparada. Las lecturas de la Misa han estado participadas por los internos y el Evangelio, del pasaje evangélico de San Juan relataba el lavatorio de los pies, ha sido proclamado por el sacerdote salesiano y capellán, D. José González. En su homilía, Don Sebastián ha mostrado su alegría por comenzar el día del Amor Fraterno entre aquellas personas que están privadas de libertad, porque “es aquí donde el amor de Dios se hace palpable de una manera especial”. “Celebrar el Jueves Santo en la cárcel- continuaba el Prelado- es un día donde se reafirma mi sacerdocio, mi ser obispo, en este día tan sacerdotal”. En este sentido, remontándose al Génesis, ha recordado, “Desde que en el origen, el hombre desobedeció a Dios, el hombre quiso ser como Dios, el Padre trazó un plan de salvación donde se despojó de su rango y se hace uno como nosotros”. Para, continuar recordando el gesto del lavatorio de los pies podemos hacerlo vida cada día, “dejándonos lavar por el Señor nuestra vida, nuestro corazón, y así volver a Dios y volviendo a Él, servirle mejor a Él y a los demás”. Por último, ha resaltado que “dejarnos lavar los pies por Jesús nos capacita para el servicio”. Al finalizar sus palabras, se ha vivido uno de los momentos más emotivos de esta celebración eucarística. Tras tres largos años sin poderse hacer, por la pandemia, en este 2023 se ha recuperado el gesto del lavatorio de los pies. Un momento que el Obispo ha vivido con mucha emoción, cuando, despojado de su casulla y con una toalla prendida a su cintura, se ha agachado para lavar y besar los pies de algunos internos, rememorando así lo que hizo Jesús con sus discípulos antes de la Última Cena. Uno de los internos, lloraba de emoción ante el gesto de amor del Prelado. Al concluir la celebración de la Eucaristía, Don Sebastián se ha despedido de los internos, y les ha deseado una feliz Pascua de Resurrección. El Nazareno entra en prisión por primera vez en la historia en la cárcel de Soto del Real Alfa y Omega: Desde hace años, los internos pedían una procesión en Semana Santa al estilo de las que se hacen en otros centros penitenciarios del país y nunca cuajó. Pero este año, Paulino Alonso, capellán de la cárcel, se empeñó, «no sé muy bien por qué», en que la idea cogiera fuerza. Al final del camino estaba esperando un Jesús con la cruz a cuestas, titular de la Hermandad de Jesús el Nazareno de Colmenar Viejo, que el pasado lunes, 3 de abril, fue llevado a la prisión, su nueva casa durante toda esta semana. Hablamos con Martín Berrio, hermano mayor del Nazareno, en plena operación de traslado. «Llevamos en un camión la imagen, la cruz, las andas, la cruz de guía y el estandarte de la hermandad», señalaba ilusionado. Las flores para el paso llegarán el mismo viernes. No se esperaban en la hermandad, reconocía, algo «tan grande» como ser los elegidos para llevar a su titular a la cárcel. «Estamos muy orgullosos», y muestra de ello es que en la junta extraordinaria que se convocó para aprobar la procesión todos votaron a favor. También en la comunidad parroquial sede de la hermandad, la basílica de Nuestra Señora de la Asunción, se está viviendo esto como algo único. El párroco, José Francisco García, lo anunció en las Misas. «Estamos muy conmovidos con que esta imagen pueda procesionar y ayudar a otros a que se encuentren con Otro», explica Patricia, una de las feligresas. Y, como apunta el hermano mayor, que pueda «llevar paz» a los presos, que es lo que en definitiva derrocha el Nazareno. Continúa leyendo Histórica visita de la Virgen de la Soledad a la prisión de Castelló El Periódic.com: En el marco de la celebración de la Semana Santa que organizó la capellanía católica del Centro Penitenciario, una delegación de la Cofradía de la Purísima Sangre de Jesús de Castelló -que este año cumple 475 años de historia- junto a una delegación de la Cofradía del Santísimo Cristo del Calvario de Alcora visitó el Centro Penitenciario Castellón I, hasta el cual llegó la venerada imagen de Nuestra Señora de la Soledad, la «Mare de Déu dels llauradors castellonencs». Esta será la segunda imagen significativa de la devoción castellonense que cruce los umbrales de la prisión, pues, en 1999, la imagen de la Virgen del Lledó lo hizo, a propósito de la celebración del 75 aniversario de su coronación. Foto: celebración de la Vigilia Pascual en la cárcel de Castelló 1
El derecho de asilo en entredicho
Ante el rechazo del Reino Unido de negar el auxilio a los migrantes que llegan a sus costas El grupo de expertos en legislación migratoria del Departamento de Migraciones de la CEE han realizado su primera reflexión que comparten con las diócesis, respecto al intento del gobierno del Reino Unido de negar auxilio y rechazar a los migrantes que lleguen en patera a sus costas o de reenviarlos a terceros países a la espera de resolver sus demandas de asilo o refugio. Una propuesta muy contestada y rechazada por las Iglesias católica y anglicana de Inglaterra, Gales y Escocia. Nuestro Departamento, sumándose a ese rechazo ajeno al derecho internacional, los derechos humanos, la Doctrina Social de la Iglesia y el valor de la dignidad de la persona, ofrece así, una primera reflexión al respecto La Declaración Universal de Derechos Humanos es sin duda el documento central que posibilita pensar al individuo desde unas garantías inalienables que han de serles respetadas a todo ser humano. En este contexto, se debe entender que, el asilo debe ser concebido como la protección territorial que proporciona un Estado en su territorio a personas que se encuentran bajo su jurisdicción por motivos relacionados con la protección de los Derechos Humanos. Personas con riesgo de ser perseguidas -por motivos de raza, religión, nacionalidad, opiniones políticas o grupo social en el caso de los refugiados-, o personas que en su país de origen podrían sufrir pena de muerte, tortura, tratos inhumanos o degradantes o incluso ser víctimas de violencia generalizada derivada de conflictos armados. Una propuesta muy contestada y rechazada por las Iglesias católica y anglicana de Inglaterra, Gales y Escocia. Nuestro Departamento, sumándose a ese rechazo ajeno al derecho internacional, los derechos humanos, la Doctrina Social de la Iglesia y el valor de la dignidad de la persona, ofrece así, una primera reflexión al respecto Por tanto, el asilo es una expresión de la soberanía territorial de los Estados que protegen a personas que han dejado de gozar de la protección del Estado de su nacionalidad (o residencia habitual en el caso de los apátridas). En virtud de su soberanía, cualquier Estado puede ejercer una función de asilo en la medida en que participa en la Comunidad Internacional ante la que se encuentra la persona que ha huido de su país o bien no puede volver a él. Tanto el derecho a huir como el derecho a buscar asilo están reconocidos como Derechos Humanos en la Declaración Universal de 1948. Así las cosas, no ha sido reconocido en ningún instrumento de Derecho Internacional general un derecho a obtener asilo por parte de las personas que buscan protección. En este sentido el derecho de asilo se correspondería con la potestad del Estado de concederlo. Este derecho debe ejercerse de conformidad con normas, principios y estándares internacionales que lo circunscriben. El principio de non refoulement que obliga a no rechazar a nadie en donde su vida, su libertad, o sus Derechos Humanos más esenciales, podrían estar amenazado interpretado a la luz de la protección internacional de estos derechos en tanto que limita de un modo determinante el ejercicio de las potestades estatales de control fronterizo y de admisión en el territorio. No cabe duda que, los Estados tienen el derecho de decidir admitir a personas extranjeras en su territorio o bien no hacerlo, pero el ejercicio de este derecho debe ajustarse a los postulados de la protección de los Derechos Humanos y del Derecho Internacional del asilo y el refugio. La tensión entre estas dos perspectivas que se proyectan sobre las migraciones forzosas es particularmente compleja en la Unión Europea en que el acceso al territorio de uno de los Estados miembros por parte de personas extranjeras, sean o no demandantes de asilo o refugiadas, de facto les proporciona la oportunidad de circular libremente por el espacio Schengen. No debe caer en el olvido que, las personas que ejercen su derecho a buscar asilo reconocido en el Derecho Internacional de los Derechos Humanos en un Estado miembro de la Unión Europea se enfrentan a las mismas dificultades fácticas que en cualquier otra parte del mundo en cuanto al acceso al territorio o a situaciones en que estén bajo su jurisdicción. En la Unión Europea, además de estas dificultades, la infraestructura normativa y operativa armonizada y coordinada de control de fronteras y de acceso al territorio se proyecta sobre los demandantes de asilo como una fortaleza física y jurídica. De este modo, entendemos que, abordar las causas fundamentales de la migración irregular y el desplazamiento forzado requiere una cooperación sostenida con los países de origen y receptores dado que, disponer, de un plan migratorio eficaz redunda en interés de los países socios, la Unión Europea y los propios refugiados y migrantes. Ello implicará buscar modos de mejorar la cooperación con los países de origen y tránsito, garantizar procedimientos efectivos, una integración lograda de los refugiados y el retorno de aquellos que no tienen derecho a quedarse. Ninguna solución en materia de migración puede satisfacer a todas las partes en todos los aspectos, pero, con el trabajo conjunto, la UE puede encontrar una solución común. En este sentido, y a la luz de los planteamientos expuestos, llama poderosamente la atención la actuación que va a llevar a cabo Reino Unido respecto de los inmigrantes irregulares, pues a priori no concederá asilo salvo que existan «circunstancias excepcionales» en tanto en cuanto una persona pudiera sufrir riesgos graves e irreversibles como consecuencia de su deportación a su país de origen. El argumento esgrimido por su primer ministro se sustenta en que la migración ilegal no es justa para los contribuyentes británicos, no es justa para quienes acceden al país de manera legal y no es correcto que se permita a bandas de delincuentes continuar con su comercio inmoral. En cualquier caso, la mayoría las personas que buscan vivir fuera de su estado de origen sienten que la experiencia de abandonar su propio país es compleja de aceptar en los territorios receptores.
Stella Maris hace llegar su solidaridad a la comunidad marítima de Cantabria
Lamentamos profundamente este nuevo dramático suceso, que plantea, una vez más, muchas preguntas en torno a la seguridad marítima y que causa tanto dolor y desconsuelo. Un nuevo accidente ha golpeado a la gente de mar, habiendo perecido dos pescadores (uno español y el otro de Ghana) y permaneciendo desaparecido uno de Perú y hallándose en estado grave otro de Senegal. El pesquero Vilaboa Uno, con sede en Santander, salió a la mar sobre la medianoche y unas horas después naufragaba cerca de Cabo Mayor en el mar Cantábrico, al parecer debido a una vía de agua. En total había 10 tripulantes a bordo. En estos momentos, sigue la búsqueda del tripulante desaparecido. Desde Stella Maris – Apostolado del Mar de España, lamentamos profundamente este nuevo dramático suceso, que plantea, una vez más, muchas preguntas en torno a la seguridad marítima y que causa tanto dolor y desconsuelo. Deseamos hacer llegar a las familias directamente afectadas y a la comunidad marítima de Cantabria nuestro afecto, nuestra oración y nuestra solidaridad. No hay palabras para describir el dolor de los familiares de las víctimas y la incertidumbre de los del desaparecido. Dirigimos nuestra oración a la Virgen del Carmen por todos ellos. Todo esto sucede justo en esta Semana Santa, en la que revivimos la pasión de Cristo, pero siempre a la luz de la Resurrección, que es fuente de esperanza en el amor infinito de Dios. Monseñor Luis Quinteiro Fiuza, Obispo de Tui Vigo y responsable del Apostolado del Mar de la Conferencia Episcopal Española Ricardo Rodríguez Martos-Dauer, Director del Departamento de Stella Maris
El mestizaje cultural de la inmigración también enriquece nuestra lengua
Intervención del Centro Tierra de Todos en el Congreso Internacional de la lengua Española en Cádiz La Fundación Tierra de Todos, perteneciente a la Delegación de episcopal de Migraciones de Cádiz y Ceuta ha recogido una serie de relatos fruto de más de 12 años de trabajo con personas migrantes en el aprendizaje de la lengua española. Os dejamos el vídeo de la intervención: Intervención completa de Jerónimo Vicente De todos es sabido que el IX Congreso Internacional de la Lengua Española, que se está celebrando en Cádiz es un acontecimiento muy importante y una oportunidad merecida para reivindicar el protagonismo de esta ciudad en la expansión de la lengua española por muchos motivos, que a lo largo del congreso se han ido explicando. El tema central que abarca el Congreso Internacional de la Lengua Española, como también sabéis es el mestizaje e interculturalidad, y es aquí, en la interculturalidad, donde la Fundación Centro TIERRA DE TODOS quiere aportar a este Congreso, y a la ciudad su granito de arena, poniendo en valor a las personas que vienen de otros países y aprenden el español gracias a otras personas que les enseñan, como proceso necesario para poder alcanzar una inclusión social y laboral. Queremos dar voz a los migrantes, últimos en nuestra sociedad en muchos sentidos, pero a la vez primeros en valorar la lengua española como herramienta eficaz para su empoderamiento real. Y sucede que, en éste cruce de caminos que supone la inmigración, se produce un mestizaje cultural que enriquece con mil matices la lengua española, ese idioma que acaso sea la más preciada herramienta que le fue dada al ser humano. En el libro “El Síndrome de Ulises”, su autor el Doctor Joseba Achotegui, -psiquiatra y profesor de la Universidad de Barcelona desarrolla la teoría de que hay siete lutos o traumas en las personas migrantes que afectan a todas las áreas de la vida. Son: La familia y los seres queridos, la lengua, la cultura, la tierra, el estatus social, el contacto con el grupo y los riesgos para la integridad física. Pone en segundo lugar por importancia la falta de conocimiento de la lengua del país de destino como elemento que paraliza, estresa y hace vulnerable al que no la conoce. La Delegación Episcopal de Migraciones de Cádiz y Ceuta, a través de la Fundación Centro Tierra de Todos y la Asociación Cardijn, lleva más de 15 años enseñando español a los migrantes que llegan a nuestra provincia, y por consiguiente, sanando parcialmente cicatrices y minimizando los traumas que todo migrante trae consigo por el simple hecho de serlo. Aseveramos que el aprendizaje de la lengua es una acción contrastada para la humanización de la sociedad. El Congreso Internacional de la Lengua Española es un espacio ideal para elevar al colectivo migrante, por cuanto de bueno aporta a nuestra sociedad y también para confirmar que la lengua española se erige como un elemento aglutinante de personas y culturas. A lo largo de los años hemos tenido muchas experiencias de superación y anécdotas muy entrañables en torno a la enseñanza del español para migrantes, y hemos pensamos que podría ser una buena idea editar un pequeño librito -dentro del marco de la celebración del Congreso-, donde se recogieran las más sobresalientes, y quede para la posteridad en el recuerdo del congreso. La publicación de estos relatos ilustra lo intercultural, que forma parte del lema del IX congreso Internacional de la Lengua Española. Les aseguro que la lectura de estas historias, les hará ver la importancia del aprendizaje de la Lengua Española en los procesos de integración social de las personas migrantes. Presentamos ahora este librito con páginas llenas de vivencias reales, conmovedoras, que servirán para acercar la realidad del fenómeno migratorio a la ciudadanía, perdurará en el tiempo, y valdrá para recordar el Congreso Internacional de la Lengua española que se celebró en Cádiz en Marzo de 2023. Una de esas historias que aparecen en el libro la va a leer ahora Mohamed el Harrak, un chico marroquí que ostenta el record, por decirlo de alguna manera, de ser el menor no acompañando que llegó solo a las nuestras costas en patera con menos edad: 7 años. Es por ello que su acento no dista mucho de un gaditano. Después de mucho acompañamiento y de muchos esfuerzos por su parte, entre ellos el de aprender español, está en el último curso de grado universitario de trabajo social. Él quiere ayudar para que otros chicos no pasen por lo que él pasó.