Nota del Departamento de Pastoral Obrera de la CEE para la festividad del 1º de mayo, San José Obrero Desde sus comienzos la Doctrina Social de la Iglesia ha fundamentado la dignidad de toda persona en la condición de hijos e hijas de Dios, y ha proclamado la necesidad de poner en práctica el principio evangélico que invita a la acción: “os aseguro que lo que hayáis hecho a uno solo de estos mis hermanos menores, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40). El primero de mayo, fiesta de San José Obrero y fiesta cristiana del trabajo, supone para los trabajadores que profesan la fe la ocasión de recordar y agradecer, también, esas luchas por la dignidad y la justicia de todos aquellos que han hecho de su vida un compromiso en favor de la dignidad del trabajo humano, que se han esforzado por reconocer en él la dignidad de los trabajadores y trabajadoras que lo realizan. En cada hombre y mujer que diariamente se esfuerza en realizar su trabajo, con el que contribuye a realizar la voluntad creadora y salvífica del Padre, contemplamos el sagrado reflejo de Dios que quiso encarnarse en Jesús de Nazaret para mostrarnos el verdadero camino de humanización y liberación que nos dirige y acerca hacia el Reino de la Paz y la Justicia, hacia el Reino de la Vida y del Amor. Por eso, cualquier ataque a la dignidad del trabajo humano es, intrínsecamente, un ataque a la dignidad de los hombres y mujeres que lo realizan, y por ello una negación de Dios. El desempleo, la precariedad laboral, el subempleo, la economía sumergida, las condiciones de explotación o de inseguridad e insalubridad laboral, el trabajo infantil, la discriminación laboral por razones de sexo o raza, la injusticia de los salarios y otras condiciones laborales, todo ello son heridas a la dignidad humana que se clavan en las personas de los trabajadores, y que repercute gravemente en sus condiciones de vida, y en las de sus familias, deshumanizando su existencia. Cuando la vida social –también el trabajo- pone en el centro al dinero, y no a la persona, negamos la primacía del ser humano sobre las cosas, negamos la primacía de Dios (Evangelii Gaudium 55). La manera de concebir hoy el trabajo humano genera pobreza y exclusión y deshumaniza a los trabajadores. Como creyentes en el Dios de la Vida no podemos permanecer impasibles ante ese sufrimiento humano. Estamos llamados a trabajar por la humanización de nuestro mundo, en caminos de justicia y solidaridad que construyan el bien común, pues como nos ha recordado el Papa Francisco, hacer oídos sordos a ese clamor, cuando nosotros somos los instrumentos de Dios para escuchar al pobre, nos sitúa fuera de la voluntad del Padre y de su proyecto (Evangelii Gaudium 187). Ya el Beato Juan Pablo II nos hizo caer en la cuenta de que en la mayoría de los casos “los pobres aparecen en muchos casos como resultado de la violación de la dignidad del trabajo humano: bien sea porque se limitan las posibilidades del trabajo —es decir por la plaga del desempleo—, bien porque se deprecian el trabajo y los derechos que fluyen del mismo, especialmente el derecho al justo salario, a la seguridad de la persona del trabajador y de su familia” (Laborem Exercens 8). En estas fechas no podemos dejar de recordar a quienes han perdido la vida o la salud en los llamados “accidentes laborales”. La siniestralidad laboral es una lacra, muchas veces fruto de las mismas condiciones de precariedad, de inseguridad, de escasa formación, de temporalidad en la contratación, y de baja remuneración, que pone de manifiesto esas heridas a la dignidad del trabajador y del trabajo humano, pero que sobre todo tiñen de dolor la existencia de tantas familias que se ven abocadas a la pérdida de sus seres queridos, a la incapacidad de sus miembros para poder trabajar, y que se ven condenadas a una existencia más sumida en la pobreza. Precisamente el 28 de abril, unos días antes del primero de mayo, se celebra el Día Internacional de la Salud y la Seguridad en el Trabajo. Para nosotros es ocasión de orar por los “obreros muertos en el campo de honor del trabajo”, como decimos al rezar la oración que marca cotidianamente la existencia de los militantes de los movimientos apostólicos obreros. Es ocasión de reforzar la cercanía misericordiosa y compasiva con las familias de las víctimas de la siniestralidad laboral. Y es ocasión de sentirnos urgidos en nuestra militancia cristiana a denunciar las condiciones deshumanizadas en que tantas veces se desenvuelve el trabajo humano, y las consecuencias catastróficas de muerte, pérdida de salud, y pobreza familiar que entrañan. Celebrar el primero de mayo desde la fe en Jesucristo es para la Iglesia motivo de esperanza y compromiso. Es querer proclamar que “en el trabajo humano el cristiano descubre una pequeña parte de la cruz de Cristo y la acepta con el mismo espíritu de redención, con el cual Cristo ha aceptado su cruz por nosotros. En el trabajo, merced a la luz que penetra dentro de nosotros por la resurrección de Cristo, encontramos siempre un tenue resplandor de la vida nueva, del nuevo bien, casi como un anuncio de los nuevos cielos y otra tierra nueva» (Laborem Exercens 27). Celebrar el primero de mayo desde la fe es sentirnos nuevamente comprometidos a trabajar por un trabajo digno para todo hombre y mujer. El que nos recordaba Benedicto XVI que, en cualquier sociedad, ha de ser “expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer: un trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad; un trabajo que, de este modo, haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación; un trabajo que permita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos sin que se vean obligados a trabajar; un trabajo que consienta a los trabajadores organizarse libremente y hacer oír su voz; un
Nota del Obispo Promotor del Apostolado del Mar ante un nuevo accidente marinero
Un nuevo siniestro en el mar en la mañana del 17 de abril, Jueves Santo, ha ocasionado el fallecimiento de tres marineros portugueses mientras otros dos siguen desparecidos. Trabajaban junto a otros siete pescadores que han conseguido salvarse, en el buque Mar Nosso, con base en el puerto de Marin, que zozobró a 20 millas al norte de la ría de Navia en Asturias. También ahora, como no podía ser de otra manera, la Iglesia a través del Apostolado del Mar, quiere hacerse cercana a los familiares de las víctimas y hacer suyo el dolor por la pérdida de estos hermanos nuestros. La reiteración de estas tragedias en estos meses no debe hundirnos en la desesperación y el pesimismo sino que debe hacer redoblar nuestra esperanza. Nos duele la soledad de sus familiares para quienes solicitamos toda la ayuda social, humana, justa y necesaria. Y hacemos nuestro también el dolor de todas las gentes del mar, que trabajan en condiciones muy difíciles muchas veces, y que en tan poco espacio de tiempo se han visto golpeadas por estas tragedias. Abogamos a través de la intercesión de Nuestra Señora la Virgen del Carmen, que supo permanecer firma al lado de la Cruz de su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo y encomendamos al Padre, la vida de estos hermanos nuestros para que les alcance la gracia de la Resurrección. + Mon. Luis Quinteiro Fiuza , obispo de Tui-Vigo Obispo Promotor del Apostolado del Mar
Nuevas condolencias por la tragedia del mar
No ha pasado ni un mes y una doble tragedia en el mar ha golpeado de nuevo nuestros corazones. Tres marineros han muerto y otros se encuentran desaparecidos debido, por una parte, a la colisión entre dos barcos en la madrugada del martes 1 de abril en la Ría de Vigo, con el posterior naufragio del pesquero “Mar de Marín”, y, por otra, al incendio del pesquero «L’Escandall», ocurrido ayer en Barcelona. Encomendamos al buen Padre Dios y a su gran misericordia las vidas de estos hijos que han pagado con su vida el duro ejercicio de la noble profesión de las gentes de la mar, a la vez que damos gracias a Dios por los que han conseguido salvarse. Un nuevo sufrimiento en estos tiempos de crisis ha venido a empañar nuestras vidas. Y nuestra mirada se clava de nuevo en el Crucificado, como en muchos otros momentos de las difíciles encrucijadas de la vida. Le pedimos que conceda la salud eterna a los que se han ido y el restablecimiento total de los heridos. Pedimos también el consuelo y la fuerza que tuvo el Crucificado para todas las familias de los fallecidos para que se recuperen de su dolor inmenso, que hoy lo hacemos también nuestro. Todos sabremos responder solidariamente con las familias de los afectados. Para ellos, pedimos la generosidad de todas las ayudas sociales pertinentes. La vulnerabilidad de las gentes del Mar debe hacer más atenta la solicitud de la Iglesia y de la sociedad en su conjunto para salvaguardar todos sus derechos. Que toda la gente del mar seamos capaces de unir nuestras fuerzas para trasmitir a los afectados y a la familia marinera el cariño y la cercanía de Jesucristo y de su Iglesia. En esta ocasión, de nuevo, recordamos una estrofa de la Salve Marinera como oración dirigida a Nuestra Señora, la Virgen del Carmen: “De tu pueblo, a los pesares Tu clemencia dé consuelo. Fervoroso llegue al cielo Y hasta Ti, y hasta Ti, nuestro clamor.” + Mon. Luis Quinteiro Fiuza , obispo de Tui-Vigo Obispo Promotor del Apostolado del Mar
Mensaje del Obispo Promotor del Apostolado del Mar ante el naufragio en Asturias
Las gentes del mar están de luto nuevamente a causa del trágico naufragio del pesquero «Santa Ana», ocurrido en días pasados, ante el cabo Peñas en Asturias. El Apostolado del Mar llora con las familias de las dos personas desaparecidas y las seis fallecidas, algunas de ellas emigrantes, muertas lejos de sus patrias, al hundirse el pesquero de Muros, y encomienda sus vidas al Señor a través de la Virgen María, Estrella de los Mares. Nuevamente como en otras ocasiones similares y todavía con el corazón encogido y estremecido por esta nueva tragedia, queremos hacer llegar la solidaridad y la oración de la Iglesia, recordando la inseguridad en la que viven día a día los hombres y las mujeres del mar. Es fácil hermanarse en momentos tan crueles, pero hay otras muchas situaciones difíciles en la vida diaria de la gentes del mar que no son noticia, y en las que hay que estar también cerca y hermanados hacia ellos. Con una sensibilidad permanente ante la dureza de su trabajo, su dolor y las dificultades de todo tipo con las que se encuentran. Por eso es necesario volver a repetir una llamada de atención a todas las instituciones implicadas para que procuren siempre unas condiciones de trabajo justas que faciliten una vida digna y protegida. Pedimos también el apoyo y las especiales ayudas sociales que se puedan ofrecer en estas circunstancias. Una vez más quisiéramos que toda la sociedad sea consciente de la dureza del trabajo de los hombres del mar, con jornadas largas y en condiciones a veces difíciles de imaginar, siempre con la incertidumbre del tiempo, siempre con la angustia de «los golpes traicioneros del mar». Las gentes del mar recordaban en la reciente Asamblea del Apostolado del Mar en Huelva que «no podemos olvidar a los pescadores, quienes a menudo son llamados ‘los marineros olvidados’. Las larguísimas horas de trabajo, el esfuerzo y los peligros del mar hacen que su vida sea arriesgada y problemática». Los complejos efectos de la globalización a veces les ocasionan una mayor vulnerabilidad por lo que queremos no bajar la guardia para hacer más atenta la solicitud de la Iglesia. Dirigiéndonos especialmente a las familias de los fallecidos y desaparecidos, y a todos a los que les afecta esta tragedia pedimos, desde el dolor inmenso, que Nuestra Señora la Virgen del Carmen, Stella Maris, alumbre siempre su esperanza. + Mons. Luis Quinteiro Fiuza, obispo de Tui-Vigo Obispo Promotor del Apostolado del Mar
Jornada Mundial del Enfermo 2014
FE Y CARIDAD«Dar nuestra vida por los hermanos» (1 Jn. 3,16) Día del enfermo: 11 de febrero de 2014Pascua del enfermo: 25 de mayo de 2014 Mensaje del Santo Padre Francisco Materiales(Orientaciones, Mensaje del Santo Padre, Subsidio litúrgico) Oración Cartel
Jornada Mundial de las Migraciones 2014
La Comisión Episcopal de Migraciones presenta la Campaña «Ha100do un mundo mejor«, con motivo de la Jornada Mundial de las Migraciones, que se celebrará el próximo 19 de enero, con el título general «Emigrantes y refugiados: hacia un mundo mejor». En estos días, precisamente, las delegaciones diocesanas, que desempeñan una gran labor durante todo el año, tienen en toda España numerosos actos en torno a la Jornada. «Ha100do un mundo mejor» Mensaje del Santo Padre Mensaje de la Comisión Episcopal de Migraciones Vigilia de Oración Dinámica de encuentro Subsidio litúrgico Cartel Un solo corazón (vídeo) Presentación de la Jornada (desayuno informativo) Programa «El Día del Señor» (19-1-2014) Vídeo de la Campaña
El cuidado pastoral de los migrantes y refugiados en Europa: una propuesta de comunión
Los obispos y delegados responsables de los migrantes de las Conferencias Episcopales de Europa han mantenido un encuentro en Malta, del 2 al 4 de diciembre de 2013, sobre el cuidado pastoral de los migrantes y refugiados en Europa: una propuesta de comunión. En este encuentro ha ofrecido una ponencia el presidente de la Comisión Episcopal de Migraciones de la CEE y obispo de Albacete, Mons. Ciriaco Benavente, que reproducimos a continuación. También se incluye la ponencia introductoria, las conclusiones y una crónica del encuentro. «Cooperación entre las Iglesias para el cuidado de los emigrantes y refugiados» Mons. D. Ciriaco Benavente Mateos, obispo de Albacete Presidente de la Comisión Episcopal de Migraciones “La Iglesia no ha llegado a ser universal y multicultural en el curso de su historia, lo es por su origen de comunidad de creyentes abierta al mundo entero. La Buena nueva se dirige a toda la creación, no está restringida a un grupo cultural o ciertas razas. Nunca es una Iglesia nacional, siempre es universal…. Tenemos que estar siempre listos para rechazar la tentación de Babel, para poder buscar los caminos que nos permitan vivir Pentecostés. La unidad que buscamos no es la de la uniformidad. Nos inspiramos en la unidad del Dios trino, a la vez uno y distinto, religado esencialmente por el amor (Kurt Koch, obispo de Bâles) 1.- Introducción Probablemente en todas nuestras Conferencias Episcopales hemos tratado reiteradamente el tema de la cooperación entre Iglesias. Tengo delante un texto de la Conferencia Episcopal Española, de 3 de marzo de 2011, cuyo título coincide casi literalmente con el que me ha sido asignado para esta intervención. Bastaría con cambiar lo de cooperación “misionera” por cooperación “para el cuidado de los emigrantes y refugiados”. Todo lo que se ha dicho sobre cooperación, referido a la missio ad gentes , es válido también en el campo de las migraciones. La experiencia de la misión ad gentes puede ser paradigmática tanto en lo referente a la cooperación entre Iglesias como en el trabajo evangelizador. Las gentes no sólo están allende los mares; muchos viene viven ya aquí, entre nosotros, son inmigrantes . En numerosos documentos se nos exhorta a los obispos a esta cooperación. El Pontificio Consejo nos señala posibilidades diversas, desde la “Exul Familia” hasta “Erga migrantes caritas Christi”. Me propongo tres pasos : primero, recordar alguno textos significativos del Magisterio en que se nos exhorta a la cooperación. La rememoración intensifica las convicciones y ablanda las resistencias que en nosotros pudieran existir. Son tantos los campos que reclaman nuestra solicitud pastoral que, sin darnos cuenta, los límites de nuestro horizonte pueden acabar coincidiendo con los de la Diócesis. En segundo lugar recordaré algunas experiencias de colaboración ya realizadas. Finalmente apuntaré algunas otras posibles pistas de colaboración. Nuestra iglesia ha recibido la gracia y, por tanto, la gozosa obligación de ser signo de comunión y colaboración en medio de un mundo globalizado, pero con fuertes divisiones y con intereses nacionalistas fuertes: ”La sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos”(Caritas inveritate,19) La globalización, con el creciente fenómeno de la movilidad y la imposibilidad de responder individualmente a los desafíos, reclaman intensificar en cantidad y en calidad la colaboración entre Iglesias. La Iglesia no tiene fronteras. La llamada a la colaboración resuena, pues, con especial fuerza hoy. 2.- La cooperación en el Magisterio de la Iglesia En la carta apostólica “Novo Millenio Ineunte” de le Beato Juan Pablo II, que trazaba los rasgos del programa pastoral para el nuevo milenio, leemos: «Otro aspecto importante, en que será necesario poner un decidido empeño programático en el ámbito tanto de la Iglesia universal como de las Iglesias particulares, es el de la comunión (koinonía) que encarna y manifiesta la esencia misma de la Iglesia. La comunión es el fruto y la manifestación de aquel amor que, surgiendo del corazón del eterno Padre, se derrama en nosotros a través del Espíritu que Jesús nos da (cf. Rom 5, 5), para hacer de todos nosotros «un solo corazón y una sola alma» (Hch. 4, 32). Realizando esta comunión de amor, la Iglesia se manifiesta como «sacramento», o sea, «signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad del género humano». Con estas palabras el Beato Juan Pablo II no sólo recogía y sintetizaba la doctrina del Vaticano II sobre la Iglesia como comunión, sino que le hacía dar un paso adelante: «La comunión encarna y manifiesta la esencia misma del misterio de la Iglesia», dice el Papa. La Iglesia es, pues, comunión. La comunión tiene su expresión en la cooperación. El texto citado señala la fuente de que mana esta corriente de comunión y la consiguiente exigencia de colaboración: De “aquel amor que, surgiendo del corazón del eterno Padre, se derrama en nosotros a través del Espíritu que Jesús nos da”. La cooperación no es demandada, pues, sólo por exigencias sociológicas o de eficacia. Está en juego el ser y la identidad de la Iglesia. La Exhortación postsinodal “Ecclesia in Europa” se expresaba con idéntico sentido, refiriéndose, en este caso, a las Iglesias de Europa: “La fuerza del anuncio del Evangelio de la esperanza será más eficaz si se une al testimonio de una profunda unidad y comunión en la Iglesia. Las Iglesias particulares no pueden estar solas a la hora de afrontar el reto que se les presenta. Se necesita una auténtica colaboración entre todas las Iglesias particulares del Continente, que sea expresión de su comunión esencial; colaboración exigida también por la nueva realidad europea. En este contexto se debe situar la contribución de los organismos eclesiales continentales, comenzando por el Consejo de las Conferencias Episcopales Europeas. Este es un instrumento eficaz para buscar juntos vías idóneas para evangelizar Europa (cf. Discurso a los Presidentes de las Conferencias Episcopales Europeas , 16 de abril 1993) . Mediante el “intercambio de dones” entre las diversas Iglesias particulares , se ponen en común las experiencias y las reflexiones de Europa del Oeste y del Este , del
«No os dejéis robar la esperanza»
Comunicado de las XIX Jornadas de Pastoral Obrera Bajo el lema “No os dejéis robar la esperanza” se han celebrado, en Ávila, los días 16 y 17 de noviembre, las decimonovenas Jornadas Generales de Pastoral Obrera, que organiza el Departamento de Pastoral Obrera de la CEAS, presidido por Mons. Antonio Algora Hernando, Obispo prior de Ciudad Real, con asistencia de delegaciones y secretariados diocesanos de pastoral obrera de 40 diócesis, y participación de los Movimientos Apostólicos Obreros. Hemos contado con la presencia y las palabras de ánimo de Mons. Jesús García Burillo, Obispo de Ávila. Constatamos que el desempleo, las condiciones indignas de trabajo, y la falta de esperanza asociada a esta larga crisis, generan precariedad y vulnerabilidad no solo laboral, sino precariedad vital. Nuestra sociedad es una sociedad fracturada, que genera exclusión, que deshumaniza, porque ha puesto al dinero en el centro de la vida económica, social y política. Nuestra sociedad ha olvidado que la persona es siempre lo primero, y que sólo el servicio al bien común de toda la persona y de todas las personas legitima la acción política y el dinamismo económico.[1] Y constatamos que esta situación es fruto de la acción interesada de poderes financieros, económicos y políticos, cuya acción inhumana hemos de seguir denunciando, por ser contraria al Evangelio. Constatamos que la precariedad afecta no solo a las personas individualmente consideradas, sino a las familias enteras, a los niños y jóvenes, a los mayores, y a la misma estructura de la convivencia social. El deterioro humano que el desempleo creciente y la precariedad constante van generando clama ante el Dios de la Vida. Donde no hay trabajo, falta la dignidad. No podemos seguir recorriendo esos caminos. En nombre de Dios pedimos, como clamaba recientemente el Papa Francisco: ¡trabajo, trabajo, trabajo! [2] Como miembros de la Iglesia somos conscientes de la necesidad de seguir reivindicando un trabajo decente para todos que sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer: un trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad; un trabajo que, de este modo, haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación; un trabajo que permita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos sin que se vean obligados a trabajar; un trabajo que consienta a los trabajadores organizarse libremente y hacer oír su voz; un trabajo que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, familiar y espiritual; un trabajo que asegure una condición digna a los trabajadores que llegan a la jubilación.[3] (CV 63) Nuestra sociedad debe buscar caminos para hacer posible un trabajo humano digno para todas las personas. Queremos reconocer, valorar, y agradecer cuantos esfuerzos de solidaridad y humanización, y en pro de estructuras políticas y económicas más justas van surgiendo en nuestro mundo, y a cuantas personas –creyentes o no- hacen de la solidaridad con los últimos y de la lucha por la justicia, su camino de vida. Por eso: -Reafirmamos la dignidad inalienable de todas las personas. El trabajo humano es digno porque son los hombres y las mujeres quienes lo realizan. -Queremos abrir horizontes más allá de la precariedad. En Cristo Resucitado, vencedor de la muerte, podemos avanzar en nuevas posibilidades de vida para todos. Hemos de seguir alumbrando, nuevas formas de organización social, económica y política, más justas y humanas. -Hemos de sostener la utopía del Reino, y fomentar el discernimiento cristiano que nos ayude a articular lo utópico, lo posible, y lo concreto. -Queremos ayudar a que las personas descubran y activen sus fortalezas y se abran a la esperanza; queremos suscitar la esperanza en los demás. -Queremos potenciar espacios y experiencias de encuentro y acompañamiento de quienes sufren. Solo desde la solidaridad demostrada seremos capaces de suscitar esperanza. A esta tarea invitamos de corazón a los militantes obreros cristianos, a los miembros de los movimientos apostólicos obreros, de las congregaciones religiosas, de las comunidades parroquiales, de nuestras diócesis, para seguir haciendo “una pastoral obrera de toda la Iglesia”. Ávila, 17 de noviembre de 2013 [1] Cfr. CDSI 398. Cfr. Papa Francisco, Viaje pastoral a Cagliari, Encuentro con el mundo del trabajo 22.09.2013; Discurso 03.10.2013 en el aniversario de Pacem in Terri;, y Discurso 25.05.2013 a la Fundación Centessimus Annus. [2] Papa Francisco. Viaje pastoral a Cagliari. Encuentro con el mundo del trabajo 22.09.2013 [3] Cáritas in Veritate 63
Conclusiones de las XXVIII Jornadas Nacionales de Pastoral Gitana
Desde el Departamento de Pastoral Gitana de la Conferencia Episcopal se han organizado las XXVIII Jornadas Nacionales de Pastoral Gitana, bajo el tema marco “Creo en Dios, Creo en la Iglesia”. Presididas por Mons. Xavier Novell Obispo promotor, contando también con la presencia de Mons. Ciriaco Benavente, Presidente de la Comisión de Migraciones. Este año el lugar elegido ha sido Guadarrama, en la provincia de Madrid, en los días del 20 al 22 de septiembre. La cita ha reunido a más de un centenar de personas, delegados diocesanos, religiosos, religiosas, laicos, gitanos y no gitanos, agentes de pastoral gitana provenientes de distintas diócesis españolas: Madrid, Pamplona, Orihuela-Alicante, Córdoba, Granada, Málaga, Jaén, Valladolid, León, Valencia y Zaragoza. Todos los participantes han mostrado una misma inquietud, “que nuestros hermanos gitanos se conviertan al evangelio. Que se acerquen a la Iglesia Católica como madre que los acoge y les da no sólo el pan, cuando lo necesitan, sino lo más valioso que ella tiene, la fe en Jesucristo”. En este encuentro los agentes han vivido unos días llenos de entusiasmo y entrañabilidad, con tiempos de formación a través de charlas, testimonios, talleres, y de celebración litúrgica marcada con tintes de la propia idiosincrasia de los gitanos. Finalmente, en la reflexión conjunta de estas Jornadas, se ha visto con claridad, “la necesidad urgente de ponerse en camino. Hacer un proyecto común fruto de las experiencias pastorales de las distintas diócesis, con el fin de concretar el Plan Pastoral 2011-2015, para seguir avanzando en esta misión, siguiendo las palabras del Papa Francisco, que invita a ir a las periferias de la existencia, para sembrar la semilla del Evangelio, con la palabra y el testimonio. “pues es allí donde se encuentran nuestros hermanos gitanos”.