Monseñor Chica Arellano es el Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA Deseo transmitir a cada uno de ustedes el cordial saludo del Papa Francisco y agradecer a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) el haber dado a la Santa Sede la oportunidad de participar en esta edición 2023 de los Diálogos de Vigo, centrados esta vez en el tema: “Hacia un sector de la Pesca y la Acuicultura socialmente responsable”. En este contexto, la Santa Sede, con las personas e instituciones que tiene dedicadas al apostolado del mar, quiere subrayar la centralidad que reviste este argumento para la promoción de un sector pesquero verdaderamente sostenible, respetuoso de los derechos humanos y de la tutela del medio ambiente. Hoy es ciertamente urgente afirmar que la responsabilidad social es la perspectiva desde la que hay que afrontar la protección de los derechos de los trabajadores de la mar, que han de gozar en todo momento de un trabajo decente, de adecuadas formas de protección social, de convenientes medidas de seguridad en el ejercicio de sus tareas y de programas eficaces que velen esmeradamente por su salud. Es también desde esa óptica que debemos encarar la espinosa cuestión de la protección del medio marino. Esto nos permite resaltar la interconexión existente entre el grave problema de la violación de los derechos fundamentales de los pescadores y la práctica nociva de la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada. Al hablar de la protección de los derechos de los trabajadores, la Santa Sede siempre ha percibido el recio vínculo existente entre el derecho fundamental del trabajador a un trabajo decente y digno y a disfrutar de un medio ambiente sano, limpio y sostenible (1). Sin embargo, y por desgracia, todos sabemos bien que, a pesar de los progresos en la tecnología, muchos trabajadores marítimos no sólo padecen por verse lejos de su tierra natal y de sus seres queridos, «sino que también siguen sufriendo una variedad de condiciones laborales injustas y otras privaciones, agravadas sobre todo por los efectos del cambio climático. Además, los daños a los ecosistemas marinos, como a los otros, golpean de forma desproporcionada a los más pobres y vulnerables entre nuestros hermanos y hermanas, cuyos medios de subsistencia están incluso amenazados de extinción» (2). Esto nos está diciendo que, también en el sector pesquero, la protección de lo que el Papa Benedicto XVI llamó la ecología humana (3) – para referirse a la protección de la persona como base para la convivencia interpersonal pacífica en la sociedad – ha de caminar unida a la protección de la ecología ambiental (4), nociones ambas que el Papa Francisco englobaría posteriormente en el gran concepto de “ecología integral” (5). Para promover la ecología humana es esencial que el derecho al trabajo decente sea salvaguardado e implementado en todos los contextos en los que se desenvuelven quienes viven de la mar. Esto es importante porque el trabajo en la mar es sumamente arduo y exigente, en no pocas ocasiones arriesgado y peligroso, como lo demuestran los muchos percances y accidentes que no dejan de ocurrir en los barcos de pesca. Las jornadas de trabajo de los pescadores son interminables y el ritmo de sus tareas es estresante y agotador. Todo esto, con frecuencia, la sociedad lo ignora o desconoce, de modo que el esfuerzo de los pescadores se valora muy poco. No olvidar esto es un aspecto fundamental para crear una cadena de valor respetuosa con las personas dedicadas al sector pesquero, dado que la mano de obra es la contribución central para garantizar que la materia prima del pescado se transforme y se haga accesible y comestible para cada beneficiario. En este sentido, es justo evidenciar los esfuerzos que se están llevando a cabo para aliviar las duras condiciones en que llevan a cabo sus quehaceres la gente del mar, afrontando diarias dificultades especialmente en la pesca, captura, cría y procesamiento del pescado. Algunas situaciones límite y degradantes han sido denunciadas tanto en los informes de las organizaciones intergubernamentales, así como en artículos, entrevistas y vídeos de periodistas. De todas estas fuentes se desprende que numerosas capturas marítimas, en diversas partes del planeta, son con demasiada frecuencia el resultado de un sofisticado y cruel sistema de tráfico y explotación de trabajadores migrantes, muchos de los cuales son trasladados forzosamente de unas regiones y zonas marítimas a otras del mundo, dependiendo exclusivamente de las necesidades de la industria, que a menudo carece de escrúpulos o miramiento alguno. A pesar de todo, se han dado significativos pasos a nivel internacional para confrontar estas penosas condiciones laborales de la gente de la mar. Sin embargo, aún queda mucho por hacer en términos de implementación y aplicación de las disposiciones acordadas internacionalmente a nivel nacional y local. En cuanto a la protección de la ecología ambiental, paulatinamente se ha ido consolidando la sensibilidad de todos los actores que operan en el sector pesquero con el fin de garantizar la importancia de la sostenibilidad ambiental (6) y se ha fomentado la elaboración de instrumentos jurídicos internacionales, tanto de carácter no vinculante, como de carácter vinculante para los Estados ratificantes. Esta normativa está ayudando a crear nuevos modelos de pesca, que garanticen la calidad de las capturas y el respeto por el medio ambiente. Sinembargo, todavía persisten lugares y empresas que siguen explotando a las personas y dañando los ecosistemas marinos y costeros.Ante estos numerosos desafíos, el Papa Francisco ha urgido sin ambages la necesidad de una “conversión ecológica” (7) que obligue moralmente, incluso antes que legalmente, a implementar todas aquellas medidas que la comunidad internacional ha ido negociando con el tiempo y adoptando para que la protección de las personas y el medio ambiente se sitúe en el centro de la actividad económica de la industria pesquera. Esta conversión requiere que dicha industria amplíe su mirada, de modo que la implementación de una estrategia corporativa de responsabilidad social y de constante solidaridad prevalezca sobre las consideraciones meramente centradas en la ganancia. En
Nota de los Obispos de las Islas Canarias ante el aumento de la migración
La Subcomisión de Migraciones y Movilidad Humana se adhieren a la nota En los últimos días, hemos asistido a la llegada de más de 3.000 personas, muchas de ellas menores de edad, procedentes del continente africano. La inestabilidad política en Senegal y otros países del Sahel, la pobreza y el cambio climático, entre otros motivos, están empujando a la población a huir. Se trata de seres humanos que arriesgan sus vidas cruzando el Atlántico con la esperanza de un futuro mejor para sí y sus familias. Las imágenes que hemos visto de los desembarcos en nuestras Islas Canarias y las declaraciones de distintos profesionales nos hacen recordar la inaceptable situación que se está viviendo en Lampedusa y nos entristece contemplar la indiferencia de los gobiernos europeos reunidos en Granada que por desgracia han declinado abordar y dar respuesta al preocupante tema de la migración. La falta de previsión, unida a la insuficiencia de infraestructuras, dificulta una acogida digna y aumentan la probabilidad de que se produzcan vulneraciones de los derechos humanos. Cientos de personas han vuelto a dormir al raso en los muelles canarios ante la falta de espacios de recepción. La escasez de intérpretes, la ausencia de información jurídica comprensible o la asistencia grupal a las personas migrantes son solo algunos ejemplos. Además, los centros de acogida para menores de edad vuelven a estar saturados y las derivaciones a otras comunidades autónomas se encuentran paralizadas. Tampoco podemos olvidar la tragedia de quienes pierden la vida durante la travesía, dejando atrás sus sueños e ilusiones. Paralelamente, están surgiendo peligrosos discursos alarmistas que no deben permitirse. El Papa Francisco declaró en su reciente visita a Francia que “aquellos que arriesgan sus vidas en el mar no invaden, buscan ser bienvenidos” e instó a evitar “discursos alarmistas”. El pasado 24 de septiembre celebrábamos la 109 Jornada Mundial del Migrante y Refugiado bajo el lema “libres de elegir si migrar o quedarse”. En el mensaje del Santo Padre con motivo de este día, nos recordaba que “mientras trabajamos para que toda migración pueda ser fruto de una decisión libre, estamos llamados a tener el máximo respeto por la dignidad de cada migrante; y esto significa acompañar y gobernar los flujos del mejor modo posible, construyendo puentes y no muros, ampliando los canales para una migración segura y regular. Dondequiera que decidamos construir nuestro futuro, en el país donde hemos nacido o en otro lugar, lo importante es que haya siempre allí una comunidad dispuesta a acoger, proteger, promover e integrar a todos, sin distinción y sin dejar a nadie fuera”. No debemos olvidar que solo cuando cese la injusticia actual del comercio internacional, cuando cesen las guerras inducidas en países con riquezas mineras, cuando los dictadores que expolian a su pueblo dejen de contar con la complacencia de gobiernos y empresas multinacionales, cuando cese el comercio de armas, la inmigración de ciertas zonas del mundo se podrá regular. Cuando se acabe con la injusticia actual la migración se moderará. Hay que evitar migraciones no necesarias creando en los países de origen posibilidades concretas de vivir con dignidad. Como sabemos, también existe el derecho a no emigrar, y muchos de estos hermanos nuestros no iniciarían un viaje tan incierto si en sus pueblos y países se vivieran situaciones más justas La Iglesia en las Islas Canarias trabaja diaria e incansablemente con las personas migrantes en distintos ámbitos con el objetivo de favorecer su promoción e inclusión laboral y social. El trabajo humano y asistencial diario para atender las necesidades de los migrantes, la puesta en marcha de los Corredores de Hospitalidad o el acompañamiento a los internos en los CIE, que tanto sufrimiento provocan, son una muestra del esfuerzo de la Iglesia por estar junto a los más necesitados. Por ello, no podemos mirar hacia otro lado y mostramos nuestra máxima preocupación ante esta situación. Desde una lectura creyente de la realidad, los Obispos canarios, queremos exponer: Nos encomendamos a la Virgen María, a la que todos veneramos con gran devoción -con distintas advocaciones- en cada una de nuestras islas. A ella le confiamos las esperanzas de todos los emigrantes y refugiados, también le encomendamos el eterno descanso de los que han dejado sus vidas en el océano y le pedimos para que los que huyen de sus países encuentren en nosotros un testimonio de esperanza y solidaridad. Domingo 8 de octubre de 2023. † José Mazuelos Pérez, obispo Canariense.† Bernardo Álvarez Afonso, Obispo Nivariense.† Cristóbal Deniz Hernández, Obispo Auxiliar de Canarias . Lee también la Nota de los Obispos de la Subcomisión de Migraciones y Movilidad Humana
El desafío del Obispo de Soria: Ni una diócesis sin delegación de Pastoral del Trabajo
La pastoral del trabajo no es un aderezo de la misión evangelizadora. Esta es una de las conclusiones que podría sacarse tars escuchar las reflexiones que el pasado sábado compartió en voz alta el obispo de Soria, Abilio Martínez, en el Marco de la celebración del Día Mundial por el Trabajo Decente Léelo en la Revista Vida Nueva
¿A dónde camina la nueva movilidad?
Jornadas de Delegados diocesanos de pastoral de la Carretera Los delegados de Pastoral de la Carretera se trasladan este año a Granada para celebrar sus jornadas anuales. El encuentro tendrá lugar del 16 al 19 de octubre y el tema será «Encomienda tu camino al Señor y el actuará ( Sal 37, 5), lema de la Campaña de Responsabilidad en el tráfico de este año, organizada por este mismo departamento. Programa e inscripción
Poner a Dios en el centro para mirar la humanidad y la casa común con misericoridia
El día 4 de octubre el Papa Francisco nos regaló una nueva exhortación apostólica, Laudate Deum, alertándonos, una vez más, sobre la crisis climática y poniendo de nuevo el acento en la crisis ecosocial que vivimos y que expone a toda la humanidad, especialmente a los más pobres, a los impactos del cambio climático. Coincidía su publicación con la apertura del Sínodo, un momento eclesial fundamental, en el que la Iglesia se pone a la escucha del Espíritu Santo para discernir el camino a seguir en la misión evangelizadora, desde la comunión y la participación. Un Sínodo cuya principal tarea, dice el santo padre, es volver a poner a Dios en el centro de nuestra mirada, para ser una Iglesia que ve a la humanidad con misericordia. No es casualidad esta coincidencia, pues una de las primeras cuestiones a debatir en la asamblea sinodal es sobre el servicio de la caridad, el compromiso por la justicia y el cuidado de la casa común. Laudate Deum es un grito profético ante la falta de reacciones suficientes mientras el mundo que nos acoge se va desmoronando, tanto por parte de los poderes políticos y económicos, como por parte de las comunidades eclesiales y caritativas y por muchos de nosotros, ciudadanos de a pie. El cambio climático no es algo secundario, sino un drama que nos daña a todos y que pone de manifiesto un impactante ejemplo de pecado estructural. En ese sentido, el papa es firme en su denuncia ante quienes pretender negar o ridiculizar sus efectos, incluso en ciertos sectores de la Iglesia. Por más que se pretenda negar, esconder o relativizar, los signos del cambio climático están ahí, cada vez más presente y amenazantes. Es necesario reaccionar y tomar medidas con políticas decididas, sugiere Francisco, porque detrás está la mano humana y un modelo tecnocrático, que no pone límites a los deseos y aspiraciones humanas con las últimas novedades tecnológicas. Lamentablemente este asunto no interesa a los poderes económicos más preocupados por el mayor rédito posible al menor coste y en el tiempo más corto que se pueda. Es la lógica del máximo beneficio que hace imposible cualquier sincera preocupación por la casa común y por los descartados de nuestra sociedad. La Exhortación es una llamada a recorrer juntos un camino de reconciliación con el mundo que nos alberga y embellecerlo con la aportación de cada uno. Ciertamente el daño está hecho, pero aún estamos a tiempo de evitar que sea mayor y crear una nueva cultura más respetuosa con la casa común. Fe y cuidados son realidades inseparables, por ello alabemos a Dios y no pretendamos suplantarle porque nos convertiremos en el peor peligro para nosotros mismos. Vicente MartínDirector de la Subcomisión de Acción caritativa y Social
Fabio Baggio, en España: «Las migraciones siempre han formado parte de la historia de la humanidad»
El colaborador del Papa Francisco ha visitado la diócesis de Cádiz y Ceuta: «El Santo Padre fue a Lampedusa para vivir la tragedia y llorar con los familiares de las víctima» Por Ecclesia Cope “Gracias al proceso migratorio que la Iglesia consiguió extenderse, entendiendo que los misioneros eran los encargados de llevar la fe a diferentes partes del mundo, haciendo florecer a esta”. Así lo ha explicado el padre Fabio Baggio, colaborador del Papa Francisco, uno de los responsables de la Santa Sede a cargo de las migraciones. Baggio ha visitado la diócesis de Cádiz y Ceuta para tratar el tema de la migración, “un tema que siempre ha formado parte de la historia de la humanidad, recordando incluso que los primeros misioneros escaparon de Jerusalén y formaron comunidades por el Mediterráneo”. El sacerdote comenzó su visita en Ceuta para hablar sobre el fenómeno migratorio, en una ponencia titulada Experimentar la diversidad como una oportunidad y no como una amenaza, donde expuesto a todos los que se dieron cita en el salón de actos del Colegio San Agustín, su visión sobre la Iglesia y los inmigrantes. “Con esta visita se busca conocer de primera mano la vida de la Iglesia en la ciudad con relación al área que le compete, la inmigración, agradeciendo su asistencia y el compromiso de la Santa Sede con este asunto”, ha expresado el vicario general de Ceuta, Francisco Jesús Fernández Alcedo. Llorar con las víctimas El colaborador de Francisco aseguró el firme compromiso del Santo Padre con esta situación, resaltando que el primer viaje que realizó el papa Francisco fuera de Roma fue a Lampedusa para vivir la tragedia y “llorar” con los familiares de las víctimas. El sacerdote visitó a su llegada, el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes, el Centro de Distribución de Cáritas Ceuta, a los hermanos de la Cruz Blanca y las Adoratrices. El responsable en temas migratorios de la Santa Sede hizo lo propio al día siguiente en Cádiz, pronunciando la misma conferencia en la Fundación Centro Tierra de Todos, acompañado por el obispo Rafael Zornoza. Después de haber explicado brevemente el significado y las tareas de la Curia Romana y, en particular, la misión del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, donde él mismo trabaja en la sección de Migrantes y Refugiados, el padre Fabio Baggio continuó presentando el panorama actual del fenómeno migratorio y el mensaje que el Papa Francisco promulgó con motivo de la última Jornada Mundial de los Migrantes y Refugiados: Libres para elegir si migrar o quedarse. «La libertad de permanecer en el propio país es un derecho tan evidente y primario que ningún texto legal lo menciona. Por tanto, para que esta libertad sea efectiva es necesario que en el propio país se garanticen las condiciones para una vida segura y digna». Fue la oportunidad del padre Fabio de compartir con los participantes sus inquietudes y las del Papa Francisco ante tantas tragedias y muertes provocadas por la aventura migratoria… Por otra parte, su primer viaje como Papa, fuera del Vaticano, fue a Lampedusa, donde formuló esta pregunta extraída del libro del Génesis: «¿Dónde está tu hermano?». La última parte de la conferencia estuvo dedicada a los desafíos pastorales que presenta la presencia de migrantes y refugiados dentro de nuestras comunidades y sociedades. ¿Cómo puede responder la Iglesia y cada comunidad parroquial a este desafío pastoral y humanitario? «A corto plazo, la prioridad es salvar vidas, salvar la vida. Nadie debería morir de esperanza, morir por culpa de la migración, esperando una vida mejor. A largo plazo, es necesario eliminar las causas que provocan las migraciones forzadas».
Monseñor Chica Arellano en los diálogos de Vigo 2023: «Para promover la ecología humana es esencial que el derecho al trabajo decente sea salvaguardado»
Deseo transmitir a cada uno de ustedes el cordial saludo del Papa Francisco y agradecer a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) el haber dado a la Santa Sede la oportunidad de participar en esta edición 2023 de los Diálogos de Vigo, centrados esta vez en el tema: “Hacia un sector de la Pesca y la Acuicultura socialmente responsable”. En este contexto, la Santa Sede, con las personas e instituciones que tiene dedicadas al apostolado del mar, quiere subrayar la centralidad que reviste este argumento para la promoción de un sector pesquero verdaderamente sostenible, respetuoso de los derechos humanos y de la tutela del medio ambiente. Hoy es ciertamente urgente afirmar que la responsabilidad social es la perspectiva desde la que hay que afrontar la protección de los derechos de los trabajadores de la mar, que han de gozar en todo momento de un trabajo decente, de adecuadas formas de protección social, de convenientes medidas de seguridad en el ejercicio de sus tareas y de programas eficaces que velen esmeradamente por su salud. Es también desde esa óptica que debemos encarar la espinosa cuestión de la protección del medio marino. Esto nos permite resaltar la interconexión existente entre el grave problema de la violación de los derechos fundamentales de los pescadores y la práctica nociva de la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada. Al hablar de la protección de los derechos de los trabajadores, la Santa Sede siempre ha percibido el recio vínculo existente entre el derecho fundamental del trabajador a un trabajo decente y digno y a disfrutar de un medio ambiente sano, limpio y sostenible (1). Sin embargo, y por desgracia, todos sabemos bien que, a pesar de los progresos en la tecnología, muchos trabajadores marítimos no sólo padecen por verse lejos de su tierra natal y de sus seres queridos, «sino que también siguen sufriendo una variedad de condiciones laborales injustas y otras privaciones, agravadas sobre todo por los efectos del cambio climático. Además, los daños a los ecosistemas marinos, como a los otros, golpean de forma desproporcionada a los más pobres y vulnerables entre nuestros hermanos y hermanas, cuyos medios de subsistencia están incluso amenazados de extinción» (2). Esto nos está diciendo que, también en el sector pesquero, la protección de lo que el Papa Benedicto XVI llamó la ecología humana (3) – para referirse a la protección de la persona como base para la convivencia interpersonal pacífica en la sociedad – ha de caminar unida a la protección de la ecología ambiental (4), nociones ambas que el Papa Francisco englobaría posteriormente en el gran concepto de “ecología integral” (5). Para promover la ecología humana es esencial que el derecho al trabajo decente sea salvaguardado e implementado en todos los contextos en los que se desenvuelven quienes viven de la mar. Esto es importante porque el trabajo en la mar es sumamente arduo y exigente, en no pocas ocasiones arriesgado y peligroso, como lo demuestran los muchos percances y accidentes que no dejan de ocurrir en los barcos de pesca. Las jornadas de trabajo de los pescadores son interminables y el ritmo de sus tareas es estresante y agotador. Todo esto, con frecuencia, la sociedad lo ignora o desconoce, de modo que el esfuerzo de los pescadores se valora muy poco. No olvidar esto es un aspecto fundamental para crear una cadena de valor respetuosa con las personas dedicadas al sector pesquero, dado que la mano de obra es la contribución central para garantizar que la materia prima del pescado se transforme y se haga accesible y comestible para cada beneficiario. En este sentido, es justo evidenciar los esfuerzos que se están llevando a cabo para aliviar las duras condiciones en que llevan a cabo sus quehaceres la gente del mar, afrontando diarias dificultades especialmente en la pesca, captura, cría y procesamiento del pescado. Algunas situaciones límite y degradantes han sido denunciadas tanto en los informes de las organizaciones intergubernamentales, así como en artículos, entrevistas y vídeos de periodistas. De todas estas fuentes se desprende que numerosas capturas marítimas, en diversas partes del planeta, son con demasiada frecuencia el resultado de un sofisticado y cruel sistema de tráfico y explotación de trabajadores migrantes, muchos de los cuales son trasladados forzosamente de unas regiones y zonas marítimas a otras del mundo, dependiendo exclusivamente de las necesidades de la industria, que a menudo carece de escrúpulos o miramiento alguno. A pesar de todo, se han dado significativos pasos a nivel internacional para confrontar estas penosas condiciones laborales de la gente de la mar. Sin embargo, aún queda mucho por hacer en términos de implementación y aplicación de las disposiciones acordadas internacionalmente a nivel nacional y local. En cuanto a la protección de la ecología ambiental, paulatinamente se ha ido consolidando la sensibilidad de todos los actores que operan en el sector pesquero con el fin de garantizar la importancia de la sostenibilidad ambiental (6) y se ha fomentado la elaboración de instrumentos jurídicos internacionales, tanto de carácter no vinculante, como de carácter vinculante para los Estados ratificantes. Esta normativa está ayudando a crear nuevos modelos de pesca, que garanticen la calidad de las capturas y el respeto por el medio ambiente. Sin embargo, todavía persisten lugares y empresas que siguen explotando a las personas y dañando los ecosistemas marinos y costeros. Ante estos numerosos desafíos, el Papa Francisco ha urgido sin ambages la necesidad de una “conversión ecológica” (7) que obligue moralmente, incluso antes que legalmente, a implementar todas aquellas medidas que la comunidad internacional ha ido negociando con el tiempo y adoptando para que la protección de las personas y el medio ambiente se sitúe en el centro de la actividad económica de la industria pesquera. Esta conversión requiere que dicha industria amplíe su mirada, de modo que la implementación de una estrategia corporativa de responsabilidad social y de constante solidaridad prevalezca sobre las consideraciones meramente centradas en la ganancia. En este sentido, sólo una ética respetuosa de las personas puede conducir al correcto funcionamiento de la economía, ya que permitirá centrarse en el objetivo del bien de toda
¿Que entiende la Iglesia por trabajo decente?
Ponemos en tus manos este segundo Cuaderno de Pastoral del Trabajo, en esta ocasión dedicado a profundizar en lo que dice la Iglesia sobre el Trabajo Decente. Uno de los ejes que desarrolla la Doctrina Social de la Iglesiadesde la Rerum Novarun hasta Laudate Deum es el trabajo humano. Nos hablan de la dignidad del trabajo y del trabajo digno. Este cuaderno quiere ser un instrumento para que profundicemos en este concepto de trabajo decente,especialmente desde las aportaciones que el Papa Francisco ha hecho al magisterio de la Iglesia.Reflexiónalo, invita a otros a compartir el contenido de este cuaderno. ¿Quieres ser acompañado en esta reflexión? Ponte en contacto con la delegación de Pastoral Obrera o del Trabajo en tu diócesis o con nosotros p.trabajo@conferenciaepiscopal.es Agradecemos a Abraham Canales el servicio que ha prestado a este departamento asumiendo la realización de este documento y al Consejo Asesor de la Pastoral del Trabajo las aportaciones realizadas. Antonio Javier Aranda, Director del Departamento de la Pastoral del Trabajo Descarga el documento
Carta del Obispo de Mallorca: «Implicados en el presente y el futuro del planeta»
Porque nada de este mundo nos resulta indiferente, hace 33 años, en el año 1990, los obispos de las Islas Baleares publicaban una Carta Pastoral titulada «Ecología y Turismo en nuestras Islas» junto con unas «Pautas para una actuación cristiana» que ayudasen a una forma de comportamiento según el Evangelio y el pensamiento social de la Iglesia. La escribieron después de una extensa consulta en cada diócesis, a todos los estamentos de cada isla y a todos los niveles tanto seculares como eclesiales, para que hubiese la máxima participación. Y así fue. Salió a luz un documento muy valorado que hoy puede ser leído, reflexionado y vivido como actual en casi su totalidad. Decían: «La Ecología y el Turismo. Dos temas en los cuales nos jugamos el presente y el futuro de nuestros pueblos y de nuestra tierra». La intención era «la iluminación de nuestra realidad desde la fe en Jesucristo y la sugerencia de las actuaciones coherentes con esta visión creyente». La reflexión sigue abierta y tenemos que continuarla hoy más que nunca por la urgencia de respuestas coherentes. El tema de la ecología ha sido tratado siempre por el pensamiento social de la Iglesia. El Compendio de Doctrina Social, en el capítulo décimo, cuando se refiere a «Salvaguardar el medio ambiente», se fija en cuestiones como los aspectos bíblicos, el hombre y el universo de las cosas, la crisis en las relaciones entre el hombre y el medio ambiente, el medio ambiente: un bien colectivo, el uso de las biotecnologías, medio ambiente y el compartir los bienes, nuevos estilos de vida. Todo ello ha hecho que los Papas, sobre todo los últimos, se fijasen en la incidencia que el comportamiento ecológico tiene en la paz, la justicia y el bienestar de los pueblos. Ahora, recogiendo este legado, el papa Francisco dice que «frente al deterioro ambiental global, quiero dirigirme a cada persona que habita este planeta» (LS 3). Conviene leerlo con detalle y extraer convicciones y conclusiones. Por eso, hace ahora 8 años, en 2015, el papa Francisco escribe la Carta Encíclica Laudato si’ (Alabado seas) sobre el cuidado de la casa de todos, donde comienza citando a san Francisco de Asís en su Canto de las Criaturas: «En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos» (LS 1). Ya en el año 1971, san Pablo VI se había referido a la problemática ecológica presentándola como una crisis, consecuencia dramática de la actividad descontrolada del ser humano. Subrayando la urgencia y la necesidad de un cambio radical en el comportamiento de la humanidad, deja claro que «los progresos científicos más extraordinarios, las proezas técnicas más sorprendentes, el crecimiento económico más prodigioso, si no van acompañados por un auténtico progreso social y moral, se vuelven en definitiva contra el hombre» (LS 4). Os sugiero nuevamente la lectura de esta encíclica de cara a asegurar una mejor formación y actuación. Del 1 de septiembre al 4 de octubre, los cristianos en todo el mundo estamos llamados a celebrar que vivimos hermanados con la Creación. Francisco de Asís es el patrono de la ecología, el santo que veneraba la naturaleza como un don maravilloso que Dios ha regalado a la humanidad. Su fiesta es una nueva ocasión para reflexionar sobre nuestra relación con el universo, como él lo hacía. Tenemos que seguir maravillándonos con la belleza de todo lo que nos rodea y trabajar sin descanso para que -como dice el papa Francisco- en este Tiempo de la Creación, como seguidores de Cristo en nuestro camino sinodal común, vivamos, trabajemos y oremos para que nuestra casa común se llene nuevamente de vida. Que el Espíritu Santo siga aleteando sobre las aguas y nos guíe a la «renovación de la superficie de la tierra» (cf. Sal 104,30). +Sebastià Taltavull Obispo de Mallorca